Lenguaje Perú

Poesía

Preludio& otros poemas de Grover Gonzales Gallardo

PRELUDIO

El sueño empaña espejos de flores,

paisajes de pájaros:

el mundo ha de flotar sin embargo;

a la deriva como el cadáver

que hemos arrojado al fango:

¿Cómo estar solo si aún me hundo

en el fulgor de los astros?

¿Despegar sin más alas que mis propias manos?

La noche habita las sombras

que se aferran a tu piel de garzas sobre un lago;

nos observa y se pregunta por qué un corazón

ha de esfumarse como una gota de fuego

en las olas del pasado:

olvidemos la niebla, los tonos azules del oasis

que jamás abandonamos:

no habrá temor al rodar, al oír los gritos

que ensordecen acantilados;

porque nada persiste salvo las advertencias de Heráclito;

y hasta la muerte ha de acabar

como cualquier ser humano:

en sus sueños titubea, recuerda también;

su luz está envejeciendo desde el primer paso.

Del poemario «El sueño de las sombras» (2,016)

EL CIELO SE DESNUDA DE SUS PÁJAROS

El cielo se desnuda de sus pájaros

cuando elevas la mirada

y no hallas más alas que tus ojos

al abarcar la oquedad de los astros.

Lágrimas de fuego se precipitan

sobre los confines de este horizonte agujerado.

La soledad mora la oscuridad de mis pasos.

En el silencio más feroz te has ensimismado,

pero esta flama no se ha de agotar

si la noche anida en algún resplandor lejano,

si tu luz se sume hasta el fondo

de los huesos que ya me han abandonado,

si las llamaradas de tu ser

pueden colmar mis sueños de astros y de pájaros.

Del poemario «El sueño de las sombras» (2,016)

EN LA NIEVE VAGA EL FRESNO

En la nieve vaga el fresno.

Sombra sordamente blanquecina,

va en pos de un compañero.

Pero el sol cabalga la noche,

el fuego que sólo arde en los espejos.

Me acerco.

El árbol tiene el grosor del río

que divide al mundo en donde envejezco.

Con gran dificultad subo hasta la copa

y me ovillo en la fronda de su silencio.

A salvo del frío,

observo la soledad de mi sexo y duermo…

Al despuntar el alba, bajo de prisa;

el mundo delira en mis adentros.

Sobre los ramajes apenas queda cielo.

¿El día languidece o la luz,

como mi esposa, también ha muerto?

El sol ya no cabalga,

a duras penas desliza sus dedos.

De pronto, el árbol se ha marchado:

ya no volveré a soñar en sus sueños.

Luego veo pasar otro fresno

pero yo también me marcho

al abrigo de la desnudez de mis deseos.

Dejo atrás el bosque. En adelante,

seré la nieve y el bosque entero;

el yugo del frío sobre los cuerpos,

el hombre que cabalgue

hasta saciar la sed de sus huesos.

Del poemario «La piel en la distancia» (2,017)

MUERTE, NO TEMAS MIS PALABRAS

                                                           «Rage, rage against the dying of the light»

                                                                                                       Dylan Thomas.

Porque tu sombra será tan fugaz

como la putrefacción de tu propio cuerpo:

me resisto, me rebelo,

alimento diariamente a tus voraces insectos.

¿Cicatrices o ventanas?

¿Centinelas que descubren cenizas de murciélagos?

No debemos palpar la piel

que se desprende de la faz del tiempo;

tampoco tatuar la claridad que reúne nuestros huesos:

el mundo podrá caber en un espejo

pero delira en la mirada de quien osa cuestionar

el esplendor de este misterio.

Un relámpago se alarga, otro anochece;

tal es el sino que comparten náufragos

y navíos en estas aguas de las que todos bebemos;

pero habrás de ser tan tenue

como el jardín donde sepultaré tus restos,

tan frágil como el artífice del silencio:

serás el cadáver de un pájaro

que se mantendrá por siempre en vuelo;

porque habré dispersado la oscuridad

empozada en tus ojos, en ese sucio corazón,

en las abismales entrañas que cegaban todos mis sueños.

Del poemario «La piel en la distancia» (2,017)

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