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El dulce sonido de la estática en la televisión & Otro poema más – Martín Zúñiga Chávez

Martín Zúñiga Chávez (Cusco, 1983)
Es poeta, editor, gestor cultural y catedrático. Acaba de publicar el libro de no-ficción No siga ese pájaro (Paracaídas editores, Perú, 2017). También publicó Gavia (Ediciones Fecit, España, 2009), Pequeño estudio sobre la muerte (Ediciones Cope, Perú, 2010), Cover (Editorial Difacil, España, 2011), entre otros. Su obra ha recibido importantes premios en España, México y Perú. Es maestrista en Literatura en la especialidad de Análisis del Discurso por la Universidad Nacional de San Agustín. Coorganiza el Festival Internacional de Poesía de Arequipa, gestiona espacios literarios (encuentro con autores, club de lecturas, etc.) en el sur de Perú y desde hace varios años gestiona el proyecto Urbanotopia.

  1. EL DULCE SONIDO DE LA ESTÁTICA EN LA TELEVISIÓN.

Eran los mudos comienzos del siglo. Un chico perdido de dieciséis, luego de celebrar año nuevo durante dos semanas, tomó un bus y viajó al oeste. Al siempre viejo y peligroso oeste. Nadie podía decirle qué tan era el oeste: las ciudades casi costeras donde crecían trampas en cada esquina, donde cualquier sueño puede terminar en algo que devora. Lo de siempre: un migrante con muchos sueños, sueños criados poco a poco en las pantallas de televisión. Sin nadie quien viese por él. Ni él mismo. Siempre se está así de solo en el mundo. La familia es la forma que tienen para hacernos creer que no estamos solos, y en realidad nadie puede asegurarlo: cada familia tiene un criminal o un santo entre sus filas. Un pequeño caníbal totalmente solo. Total que llegó a una ciudad perdida en medio del viejo oeste, una ciudad blanca como un escupitajo de tuberculoso. No sabía cómo comenzar, así que fue anotando poco a poco lo que le sucedía y leyéndolo antes de dormir. Entre escribir lo que le pasaba y leerlo, se iba todo el tiempo. Entonces se vio a sí mismo convertido en palabras sin dirección ni peso, garabateadas en cuadernos escolares y amarillos. Por eso se tiró bajo las ruedas de los trenes en movimiento. Por eso toda la noche previa se dedicó a escribir lo más rápido posible sobre los días que hubiese, las calles vueltas a oscurecer, el agua que no iba a beber. Por eso puso música en la casetera –en aquel tiempo todavía existían caseteras–, juntó su poca ropa en el centro del cuarto, esparció todo con querosene –en aquel tiempo todavía en los grifos vendían querosene– y empezó a quemar todo. Nunca llegó a tener dieciocho, pero poco a poco su imagen se distorsionó con modulación. Por eso de muerto hizo milagros y el pueblo lo santificó. Esto fue antes que todos tengan cámaras a la mano. La calle donde dormía terminó en cenizas, pero no hubo ningún muerto, como sucede con los santos. Esa calle tiene su nombre. No la encontrarás en las guías de turismo, pues es una calle que ha ido viajando por el mundo. Y algunas noches los televisores de la ciudad, sin venir a cuento, se prenden solos, y hay estática y armónicos y la imagen se distorsiona, y algo entre todo ese error pronuncia su nombre. En algunos programas llaman a eso mancias, pero casi nadie se da cuenta, entre tantos televisores olvidados por los que duermen. Por cierto, bróder, ¿qué tanto duermes?

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leí mientras despertaba en el periódico oficial de la nación:
solas se oyen las calles no se garantiza la vigencia de los derechos
y libertades constitucionales en su huir brutal de carnicería
por eso cuando grande como consecuencia de la declaratoria
cesa la plena vigencia de los derechos ciudadanos quisiera ser
lector, algo que es por libertad de acción, detención legal,
interrogatorio a detenidos o presos, libertad de locomoción mucho
más civil, honrado y modesto que este miedo con caries
derecho de reunión y manifestación y portación de armas, contenidos
en los artículos citados pero mientras tanto, escarbo días a mano.

2. PAÍS ABIERTO
Alarico, todista

mi país es tan pequeño que si me levanto
por el lado izquierdo de la cama
ya soy un extranjero. mi país
no tiene más que una estación solo de salida
de buses. en mi país cuando trajeron
un cristo crucificado para la única iglesia
tuvieron que cortarle un brazo para
que entrara. en mi país los días
duran la mitad. y la gente tiene
herramientas que a la vez son una taza
un taladro una espada un tambor una silla.
para que la comida dure el doble
comemos frente a los espejos.
ahora que viajo me doy cuenta
que solo se puede hacer bien el amor
en mi país. cuando vino la sequía
nadie se dio cuenta. cuando llegó
el invierno incendiamos la iglesia
y creamos al menos tres religiones más.
mi país tiene la misma cantidad
de alfabetos que de personas.
al miedo no lo conocemos pues hemos
sembrado tanto horror en el mundo,
que solo le tenemos pánico a dormir
porque en mi país nadie sabe
convertido en qué se puede despertar.

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