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Encuentros y complicidades con Gabriel García Márquez/crónica de Germán Carnero

**Germán Carnero Roqué**   

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El generoso Destino me ha colocado en la vida en situaciones  que me han permitido hacer amistad con gente  extraordinaria y maravillosa.

Sin duda alguna, una de esas personas ha sido Gabriel García Márquez, nuestro  entrañable Gabo, con quien compartí a lo largo de más de veinte años algunos momentos inolvidables: importantes complicidades y jugosas anécdotas – jocosas las mas de las veces- que mucho dicen de la grandeza y generosidad de este singular ser humano, para quien los justos y preciso calificativos se nos andan acabando.

Y es que nos dio tanto con su imponente creación literaria, con su hombría de bien, con su vital y nunca desfalleciente compromiso con los desposeídos que, por todo ello, la verdad, es sumamente enorgullecedor asegurar que el Gabo fue, siempre, un hombre de izquierda.

Gracias a mis labores en la UNESCO lo conocí en el mes de Noviembre de 1977, cuando en esa Organización me nombraron como Consejero Regional en Comunicación Social para América Latina,  con sede en Quito.

Eran los años de la guerra fría y de los intensos debates a nivel internacional sobre el rol de la Comunicación y la Información, particularmente en el seno de los países del movimiento de los No Alineados y, en consecuencia, en la propia UNESCO. Recuérdese, al respecto, que los Estados Unidos e Inglaterra se retiraron por muchos años de esa Organización, en virtud de la soledad en la que se encontraban sus puntos de vista hegemónicos frente a un Tercer Mundo batallador por lo que se conocía como un Nuevo Orden Mundial de la Comunicación (NOMIC).

En esas fragorosas circunstancias, la UNESCO, que en esa época dirigía el senegalés Amadou Mahtar M·Bow, promovió la creación de una  “Comisión Internacional sobre los problemas de la Comunicación”, compuesta por 16 destacadas personalidades provenientes de todas las regiones del planeta y que fue presidida por el irlandés  Sean Mac Bride, Premio Nobel y Premio Lenin de la Paz.

Pues bien, en función de mi cargo en la región de América Latina se me pidió que propusiese a dos destacados latinoamericanos para integrar el grupo. Propuse a Gabriel García Márquez, que gozaba ya de una espectacular fama por la aparición de “Cien años de Soledad” y al chileno Juan Somavía, quien es esos momentos dirigía, en la ciudad de México, el Instituto Latinoamericano de Estudios Trasnacionales (ILET) y que , años después, seria nombrado Director de la Organización Internacional de Trabajo (OIT).

Se me solicitó que hablara con ambos para que integraran la Comisión, que, tras dos años de debates y reuniones,  presentó el resultado de  sus trabajos bajo el título de “Un solo mundo, voces múltiples”, mas conocido como el “Informe Mac Bride”.

Juan era muy amigo mío, pues habíamos trabajo bastante en los temas de información y comunicación, especialmente sobre  el dominio que ejercían  (y aún ejercen)  las grandes Agencias de Noticias de los países occidentales. Por supuesto, aceptó encantado inmediatamente. En el caso del Gabo, lo llamé por teléfono desde Quito a Cartagena, en donde se encontraba en esos momentos, para participarle mi deseo de entrevistarme con él y platicarle de “un asunto muy importante que tiene que ver con la UNESCO”.

Convinimos en que nos encontraríamos en Bogotá a los pocos días y me solicitó que lo llamase por teléfono  a mi llegada a la capital colombiana, cosa que hice puntualmente:

“¿Dónde estás alojado?”, preguntó al teléfono,” en el Hotel Bacatá”, respondí. “Okey, nos vemos en dos horas…yo paso a verte”, contestó.

Y así fue. En un primer momento, cuando nos sentamos en los sillones del lobby del Hotel, yo quise trasmitirle que no deseaba que viese en mí solamente a un funcionario internacional , sino a una persona comprometida.

“¿Qué eres tu de Genaro Carnero Checa?”, me preguntó, a lo que respondí: “soy su hijo mayor”…”no sigas, me dijo, con eso me basta”.

Comencé entonces a explicarle lo que la UNESCO le proponía y los alcances e importancia de la creación de la  Comisión Mac Bride en el contexto internacional que se vivía, precisándole que la primera reunión del grupo tendría lugar pocas semanas después en la sede la Organización en París

“De acuerdo”, aceptó y añadió: “Pero eso si, tengo que pedirte algo especial: …sucede que yo le tengo un miedo atroz a viajar en avión y quisiera que me colocaran el pasaje en primera clase y no en segunda”.

Le contesté  que eso no se lo podía asegurar, porque escapaba  a mis atribuciones y le señalé que “conociendo la mentalidad  burocrática reinante en la UNESCO era complicado….no obstante, déjame ver”, añadí.

Nos despedimos muy cordialmente y regresé a Quito, desde donde envíe el correspondiente informe a la UNESCO, dando cuenta de la aceptación del Gabo y de Juan a conformar la Comisión Mac Bride y pidiendo, casi rogando, que a García Márquez se le enviara  un pasaje en primera clase, como era su deseo.

Un par de semanas después. El  6 de diciembre para ser exactos -lo recuerdo como si hubiese sido ayer, ya que se celebraban las Fiestas de Quito- y nos habían visitado y estaban alojados en mi casa Alfredo Bryce y Arturo Corcuera. Nos encontrábamos en pleno almuerzo, después de una corrida de toros disfrutando de una formidable paella, como correspondía en aquellos tiempos en que yo no había tomado aún conciencia de lo  salvaje que es, en realidad, la “fiesta brava”,  cuando sonó el teléfono. Era el Gabo.

“Germán, me dijo,- sinceramente irritado- te había solicitado el pasaje en primera clase y me lo han enviado en segunda…”

“Gabo -le respondí- yo te había dicho  que mi capacidad de maniobra en ese sentido era casi nula y no puedo hacer nada. Además –añadí, ante la atónita mirada de Adita, mi esposa y de Alfredo y Arturo- los aviones, Gabo, se caen igual en  primera o segunda clase…”

Pensé: ahorita me manda a la mierda….pero, tras un silencio, para mi interminable, respondió: “si pues…” y colgó.

A los pocos días se inauguraba en París  la primera sesión de la Comisión Mac Bride. Llegué diez minutos antes al lugar de la reunión, en la Sede de la UNESCO y lo encontré sólo, paradito en la puerta de la sala de sesiones, con un sobrio abrigo azul…”pagué la diferencia”, me dijo escuetamente.

En ciudad de México, donde tanto García Márquez como Juan Somavía vivían, nos reunimos un par de veces a desayunar en la casa del Gabo. Para testimoniar que él ya formaba parte del grupo de “activistas” internacional, del que éramos parte Juan y Yo, y  que batallaba por un nuevo orden informativo  (el network lo llamábamos), me puso la siguiente dedicatoria en un ejemplar de “Cien años de Soledad “:

Para Ada y Germán, en el “network” ;

Con todo afecto,  Gabriel, 1978

La Comisión Mac Bride concluyó sus trabajos en noviembre de 1979 y su informe fue presentado por el Director General de la UNESCO en mayo de 1980.

Pasaron los años. En 1982 el Gabo fue galardonado con el Nobel y a fines de 1988 la UNESCO me nombró  Representante en México y en República  Dominicana, con sede en la Ciudad de México.

Se iniciaba el año de 1992 cuando coincidimos en una actividad cultural y me acerqué a él con un ejemplar de “El amor en lo tiempos del cólera” para que me lo dedicara. “¿Qué ha sido de ti”, preguntó :“¿Porqué no me has buscado?”…” ¿Para qué te voy a molestar”, le contesté… “¡Ah!,  dijo, tu eres de los que no molesta”… y me puso la siguiente dedicatoria;

Para Ada y Germán,

del  viejísimo amigo joven.

Gabriel  92

Pareciera que lo de “no molestar” hubiese sido un equivocado juicio o una de esas raras premoniciones de mi amigo, pues muy poco tiempo después tuve que buscarlo en circunstancias muy especiales y sumamente importantes.

En efecto, desde los primeros meses del año anterior en la oficina de la UNESCO que yo dirigía  en México habíamos empezado  a reunir puntos de vista  y elementos de lo que se convertiría en el Proyecto cultural más importante de la Organización en Iberoamérica: el Proyecto “Periolibros”. Basado en una idea que muchos años atrás había planteado el poeta  Manuel Scorza, consistía en publicar cada mes, en una cadena de diarios en toda Iberoamérica, con tirajes millonarios, suplementos con  un texto literario de un gran escritor de ese ámbito cultural, ilustrado por un destacado artista plástico de la  misma región.

Federico Mayor, Director General de la UNESCO en ese entonces, se convirtió en un gran aliado de la idea. Coincidimos en que se hacía necesario vincular a una gran casa editorial con prestigio regional y, siguiendo sus instrucciones, conversé con el ex- Presidente de México, Miguel de la Madrid, que dirigía el Fondo de Cultura Económica (FCE). Con igual entusiasmo acogió el planteamiento y nombró a, mi hoy muy querido amigo, Adolfo Castañón, quien ejercía la Gerencia Editorial del Fondo, para codirigir conmigo el Proyecto.

Se trataba de un emprendimiento de enormes proporciones, pues había que conseguir un diario en cada país iberoamericano que estuviese dispuesto a publicar los Periolibros. Además, teníamos que conseguir  gran parte del financiamiento, batallar con los derechos de autor de los escritores y convencer a numerosos artistas plásticos  para las ilustraciones.

Fue así que a la primera persona a quien llamé fue a Gabriel García Márquez, con quien nos citamos en un café del sur de la ciudad de México, para tratar un asunto “importantísimo”, según le dije.

No bien nos sentamos comencé a explicarle apasionadamente las dimensiones, aspiraciones y virtudes que tendría ese gran Proyecto de “democratización de la lectura”. La idea le pareció “fabulosa”.

-¿Y qué quieres de mi?, preguntó

-Que me regales un título, libre de los derechos de autor, le contesté, tratando de mantener la mayor naturalidad.

-¿Cómo???  Me interrogó dubitativo.

-Si, le dije, imagínate… de dónde vamos a sacar el dinero para pagarte los derechos si se trata de millones de ejemplares…, además, agregué, se trata de un Proyecto de bien social que beneficiará a muchísima gente en nuestra región.

Me miro fijamente y sentí que no podía creer el alcance de mi audacia. Tras un largo silencio, moviendo la cabeza y metiéndose los dedos repetidamente entre sus cabellos,  comenzó a repetir:   ”Carmen me va a matar….Carmen me va a matar….Carmen me va a matar….”

-¿Y qué título quieres? preguntó.

-“El coronel no tiene quien le escriba”, respondí.

-“Okey”, dijo. Después de un  momento y tras mirarme fijamente, se levantó.

Nos despedimos con un abrazo y se marchó. Ni siquiera habíamos tenido tiempo de solicitarle un café al mozo que merodeaba por allí. Yo si pedí el café, brutalmente emocionado. Permanecí un largo rato meditando en la generosidad, grandeza y  suma coherencia del genial escritor, mi amigo.

Empezó entonces una  peregrinación por todos los países iberoamericanos para conformar la gran red de diarios, autores, pintores y patrocinadores del proyecto. Respecto a los derechos de autor, coincidimos con Adolfo Castañón  en que era  fundamental visitar, en Barcelona,  a Carmen Balcells, exitosísima agente literaria que fue, a no dudarlo,  pieza fundamental del llamado Boom literario de aquellas épocas y que representaba a una gran cantidad de los autores que queríamos publicar.

No recuerdo si era abril o mayo de aquel año cuando  visitamos a Carmen en sus  oficinas, gracias a una cita conseguida por Adolfo, quien, como Gerente Editorial el Fondo de Cultura Económica, tenía una fluida relación con la agente literaria.

Nos recibió al caer la tarde en sus oficinas barcelonesas. Desde un primer momento, sentí que me encontraba  frente a una persona de gran carácter y que la leyenda que la pintaba como una auténtica fiera en el negocio editorial parecía  comprobarse.

Me sentó frente a ella en un sillón bastante mullido que, de alguna manera, te hundía un poco, mientras ella tomaba asiento en una especie de butaca de teatro, muy sólida. Adolfo, a mi lado izquierdo sentado en una silla, en absoluto silencio,  tomaba notas de nuestra conversación. Su recato era comprensible dada su ubicación en el Fondo de Cultura Económica, que le impedía cualquier comentario  que pudiera poner en riesgo esa relación de negocios y porque de lo que se trataba era, justamente, de convencer a Carmen de que nos permitiese la publicación de sus representados sin el cobro de los derechos de autor.

Tras los saludos de rigor le expliqué a grandes rasgos las características de ese proyecto, esencialmente democratizador de la lectura, que habían  decidido sacar adelante la UNESCO y el FCE. Le pareció “sumamente interesante” y preguntó:

-¿Y en qué los puedo ayudar?

-Verá Señora Balcells, le dije, dado que se trata de un ambicioso proyecto de estimulación de la lectura, que llegará a millones de lectores a través de una  red de diarios en todo Iberoamérica, quisiéramos solicitarle que pudiésemos publicar  a los distintos autores que Ud. representa sin tener que pagar los derechos de autor…

– ¡¿Cómo?!…me interrumpió, verdaderamente alterada. “Ud. me está pidiendo que me haga el “ Hara Kiri”… manifestó con un nerviosismo que iba montando en intensidad.

.            –No se trata de eso, Señora, le respondí…”nosotros le tenemos una enorme estima y estamos convencidos de que su participación en la valoración y dignificación de los grandes escritores de América Latina ha sido  fundamental  y digna de todo reconocimiento.”

-Lo que Ud. me está pidiendo es IMPOSIBLE! …me respondió   tajantemente.

Nos enfrascamos entonces en una apasionada discusión, ante el mudo testigo que era Adolfo Castañón, quien se limitaba a observarnos. La situación era realmente tensa por momentos e, incluso, hizo que Carmen soltara algunas lágrimas, pues era clarísimo que  no concebía que se le pidiera que renunciara a su accionar profesional, a su razón de ser en este mundo, en realidad.

-Bueno, me dijo,  al cabo de más de media hora de argumentos encontrados… ¿Y cuáles son los autores en los que están pensando?

-Le leí una lista que habíamos preparado y en donde figuraban, entre otros,  Neruda, Saramago, Vargas Llosa, Cortázar. Fuentes Roa Bastos, Jorge Amado, Bryce Echenique, Sábato, Donoso, Carpentier y Alberti. Deliberadamente no le mencioné a García Márquez.

– ¿Y el Gabo?, preguntó  algo inquieta.

– El Gabo no, pues ya nos regaló sus derechos, sentencié.

-¿¿¿COOOMO?, gritó e inmediatamente, con el mismo  tono, llamó a  sus asistentes: LLAMEN AL GABO!….LLAMEN AL GABO!!! , exigió.

Efectivamente, a los pocos minutos, segundos diría yo, la conectaron telefónicamente con García Márquez. Sumamente contrariada  le dijo:

– Gabo,¡¡¡.. que aquí hay un SEÑOR que dice que tu le has regalado los derechos de un título….!!!???

No sé, realmente, que explicaciones le estaría dando el Gabo, pero, a medida que lo iba escuchando  iba  moderando el tono airado y repetía: “entiendo….entiendo…entiendo”. Colgó y dijo:

-Claro…el Gabo dice que le cobre más por los otros para cobrar lo suyo…

-Señora, le señalé tras un instante de reflexión, Ud. me ha ofendido.

-¿Porqué?

-¿Ud. cree, le dije, que yo soy una  especie de estafador que va por el mundo utilizando a la UNESCO;  al Fondo de Cultura Económica; a Federico Mayor y a Miguel de la Madrid  para conseguir turbias maquinaciones?… ¿Porqué ha tenido Ud. que llamar a García Márquez para comprobar que lo que le decía era cierto?…Para mi es ofensivo, créame.

Con una expresión verdaderamente tierna me contestó: “discúlpeme… no he querido ofenderlo”.

“No se preocupe, le respondí…creo que hemos agotado bastante el tema y  si Ud. está de acuerdo Adolfo y yo analizaremos la situación y regresaremos mañana”.  Convinimos en volvernos a encontrar en la mañana del día siguiente y nos retiramos.

Tomando un café frente a la imponente catedral de Barcelona, llegamos a la conclusión con Adolfo que Carmen no iba a ceder de ninguna manera y que había que ofrecerle algo a cambio de los derechos para que el Proyecto siguiera adelante. Yo propuse cinco mil dólares por autor, pero Castañón me convenció que le ofreciésemos siete mil por título.

A estas alturas del relato debo hacer mención al hecho de que, después de interminables y difíciles negociaciones, con el apoyo de Federico Mayor habíamos conseguido que IBERIA nos otorgara un importante patrocinio a cambio de que en cada Periolibro apareciese en toda una página  publicidad de esa compañía.

Fue así que, como acordado, llegamos la mañana siguiente al mismo escenario de la discusión del día anterior. Apenas habíamos tomado asiento Carmen dijo:

-Por si acaso…he hablado con Mario y me ha dicho que tenemos que cobrar de todas maneras…

-Señora, le respondí, vamos a hacerle una propuesta, pero,  con toda amabilidad, le advierto que si Ud. no la acepta, voy a ir de autor en autor para convencerlos… (Yo había ya auscultado a Jorge Amado y a Bryce Echenique, que me habían asegurado su apoyo)

-¿Y cual es la propuesta?

-Siete mil dólares por autor…incluido el Gabo, por supuesto.

-No sigas. Acepto.

Después todo fueron comentarios agradables e, incluso, nos regaló una edición especial que su Agencia Literaria había hecho del discurso del Gabo en Estocolmo  cuando recibió el Premio Nobel. Edición que, por cierto, conservo con mucho cariño. Pocas semanas después, Alfredo Bryce me contó que Carmen le había comentado nuestro encuentro y le había preguntado: ¿cómo está mi novio…?

En junio de 1992, gracias a gestiones personales con cada uno de los diarios en cada uno de los países iberoamericanos, quedó  constituida la red de diarios asociados a Periolibros. Se trató de un esfuerzo editorial sin precedentes  ya que la suma de esa cadena de periódicos garantizaba la publicación mensual de tres millones de ejemplares. En esa red había todo tipo de orientación, pues iban desde ABC de España hasta Juventud Rebelde en Cuba. En el Perú los  publicó el diario La Republica.

Pasaban los años y Periolibros iba cosechando éxitos. Con los directores de los periódicos de la red realizamos varias reuniones en diferentes países. A  una de ellas, en Junio de 1994 en Cartagena en Colombia, invitamos a García Márquez. Conversé largo con él, sin mencionar para nada el encuentro con Carmen Balcells .Sin embargo, en un ejemplar de la editorial NORMA de su libro “Del amor y otros Demonios” me puso la siguiente dedicatoria, que yo interpreté como un guiño:

Para Germán,

de su socio,

Gabriel  94

Curiosamente, hoy que reviso el libro, me encuentro que en la misma página  aparece el nombre de la persona a quien dedicó esa obra:

Para Carmen Balcells

bañada en lágrimas

La vida siguió su curso y Periolibros continuó  cumpliendo con sus objetivos hasta octubre de 1997. En cinco años  se publicaron  obras de  61 autores ibeoramericanos y  se calcula que se distribuyeron, de acuerdo a los reportes de los diarios de la red, alrededor de 120 millones de ejemplares en toda la región.

Meses antes de la publicación del último Periolibro , que  estuvo dedicado a “Marinero en Tierra” de Rafael  Alberti y fue ilustrado por Antoní Tapìes, decidimos realizar una gran ceremonia, el 30 de octubre de ese año de 1997,en la Casa de América de Madrid, coincidiendo con la inauguración de la Muestra “Iberoamérica Pinta”, que reunió obras de todos los artistas plásticos que ilustraron los Periolibros y que itineró  por museos  importantes de 19 países de Iberoamérica.

Habíamos considerado que García Márquez era la persona mas indicada para hacer el elogio de Alberti, que se encontraba muy disminuido y enfermo por su avanzada edad, por lo que era muy difícil que pudiese desplazarse de Cádiz a Madrid para  estar en persona en su homenaje. Ante esa situación, producimos un hermoso video, de pocos minutos de duración, que  de alguna manera suplió la ausencia del  insigne poeta.

Ocurrió que, dos o tres meses antes, con  motivo de una visita a México de Federico Mayor, se organizó una cena privada en el Hotel Niko de la capital mexicana con el Gabo y su esposa. Asistimos, además de los esposos García Márquez, Ana Isabel Prera, asistente del Director General de la UNESCO, Carlos Ortega, funcionario ya fallecido de es organización y  entrañable amigo mío, y yo. El motivo  de la cena era un proyecto que se preparaba para la revista “Diálogo” que Ortega dirigía en la UNESCO.

En los postres, muy suelto dije:

-Gabo, debo contarte que, con motivo de la aparición del último periolibro, que estará dedicado a Alberti, le estamos preparando un gran homenaje en la Casa de América de Madrid y desearíamos que fueses tú la persona que haga su elogio.

En forma inmediata me preguntó:

-¿No me digas que ya se lo comunicaste a los Alberti?

-Claro, le dije, acabo de estar en Cádiz y hablamos de eso…

-Ya me fregaste, respondió visiblemente contrariado, porque yo no pienso pisar la Casa de América y no puedo aceptar ese compromiso…

-Disculpa, le dije, pero no sabíamos de tus reservas….fue lo único que no se nos ocurrió.

Se hizo un tenso silencio entre los comensales, hasta que el Gabo volvió a tomar la palabra:

-Ya sé lo que vas a hacer…llama a Saramago a Lanzarote en mi nombre y pídele que sea él quien  rinda el homenaje a Rafael. Estoy seguro que va a aceptar encantado. Además, agregó, ojo…porque va a ser el próximo Premio Nobel.

Así lo hice. Llamé a José Saramago, quien, por supuesto, había sido publicado en Periolibros  y, tal como había dicho el  Gabo,  aceptó encantado. La ceremonia de clausura de los Periolibros y la inauguración de “Iberoamérica Pinta”, en la Casa de América en Madrid, se constituyeron en  todo un éxito.

El proyecto de DIÁLOGO de Carlos Ortega al que me he referido y que buscábamos poner en marcha en la UNESCO,  motivo varias reuniones con diversas personalidades,  en una de ellas el renombrado fotógrafo peruano Rogelio Cuellar, que vive en la ciudad de México, tomo una curiosísima fotografía en la que pareciera que yo estoy  reclamándole airadamente  al Gabo por algo, cuando en realidad Cuellar tomo el instante preciso en que yo, de la manera mas insistente  –actitud muy común en mi- le decía, simplemente ,“ no te olvides Gabo que nos reunimos en mi oficina tal día a tal hora”.

Cuento esto porque  dicha reunión vinculada al proyecto DIALOGO, en la que participaríamos tan solo el Gabo y yo, se realizó efectivamente en las oficinas de la Representación de la UNESCO en México a mi cargo. Desde que el personal de la oficina se enteró de la visita de García Márquez  hubo un revuelo enorme y a mi no se me ocurrió otra cosa que decirles: “salgan a comprar libros del Gabo para que se los  dedique y de paso compren también uno para mi”-

En efecto llegó puntualmente y tuvimos la conversación necesaria y, al final de la misma, le dije: Gabo la gente aquí se ha emocionado  mucho al saber que vendrías y han comprado libros para que se los dediques”. “Encantado” me respondió.

Llegaran los libros, que eran alrededor de diez, y se los entregué. Apenas los tuvo entre sus manos los revisó y acto seguido los depositó airadamente sobre la  mesa y me increpó:

-“Pero cómo carajo me traes libros PIRATA!!!  para que firme…”

Me quedé helado. Era lo último que se me hubiera  podido ocurrir que pasaría. Respiré hondo y le contesté:

-“Discúlpame…discúlpame… Gabo, en ningún momento se me ocurrió que algo así pasara…”

Respiré hondamente otra vez y temiendo  que me mandara a la mismísima mierda, le dije  tratando de mantener el máximo de compostura:

-“Además, te jodiste porque esta  gente está muy  ilusionada con tener un libro tuyo autografiado y creo, sinceramente, que no puedes defraudarlos…”

-Me miró muy fijamente y respirando, esta vez él hondamente, agarró uno a uno los libros y los fue dedicando de acuerdo a los papelitos que cada libro traía con el nombre de la persona agraciada. Cuando llegó al mío dibujó una flor  a lo largo de la página y puso lo siguiente:

Una flor para

Para Ada, y a veces

para  Germán;

este libro ilegible,

del  amigo,

Gabriel 98

Han pasado lo años, en 1999 me jubilé de la UNESCO y me radiqué en Lima. No lo volví a ver, pero su enorme presencia y generosidad me han acompañado siempre. Hoy, al concluir la redacción esta nota, a escasas semanas de su fallecimiento, sólo puedo decir que me  invade un extraño sentimiento de nostalgia y desamparo.

Lima 1 de junio de 2014

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