Lenguaje Perú

Poesía

A Víctor Humareda & otros poemas/ Nielson Rodríguez

 

De la profunda relación entre signos y lienzos nacen estos versos, tres pintores peruanos -su vida, su sensibilidad, su mundo interno- que son también tres puertas para internarnos al mundo poético que nos abre Nielson Rodríguez. Me animo a rescatar un puñado de versos del conjunto de poemas que, en breve, leerás anónimo lector: “Buscando el éxtasis de los abismos/tropecé con la belleza profunda”; “Ay madre, si supieras que te busco en cada trazo/cuando pinto tu recuerdo con el lápiz de ojos”; “El deseo finalmente se consume en un retrato”

En los tres versos, pescados a ojo de pájaro, persiste la búsqueda de una estética personal, el peso del conocimiento de lo que se dice, el vahído de la expresión de un sentido más hondo: conocimiento y deseo, es decir, trabajo. Nielson nos invita a observar de nuevo el misterio, a re-descubrir detrás de los cuadro la sed de la búsqueda de cada pintor, a inundarnos de los abismos que abren sus lienzos. Es decir, nos invita a detener la mirada y profundizar -como quién pela una fruta deliciosa- el latido silencioso detrás de las atmósferas ingrávidas. Y hay que hablar de su aporte: dentro de la mucha poesía de estos tiempos, Nielson rescata la tradición y le devuelve nuevos brillos, es decir, la reinventa. Eso, ya de por sí, es un aporte.
                                 
                              

     Julio Barco / Seremsa, 2019

 

A Víctor Humareda

 

Y es que entre los prejuicios manieristas e imitativos del arte moderno –no solo en pintura- reina la impronta de la espontaneidad instintiva arrastrada por las euforias de la improvisación”. J M Ugarte Eléspuru

 

Buscando el éxtasis de los abismos
tropecé con la belleza profunda
era la celebración de un ritual nuevo sobre la misma piedra.

Una procesión avanza pesadamente floja y oscura
es negro el cristo que llevan y negras son sus sombras
todas sus huellas se leen como melodías anhelantes
todos van cabisbajos manos en los bolsillos
por momentos la fe es angustia.

Es inevitable turbarse ante los arlequines de Humareda
y sus perfiles que yacen inmersos en mundos de alta tensión.

Desde una habitación de Hotel / Lima se abre de piernas
dándole paso a la procesión del caballo, el payaso y las prostitutas;
a mis apetitos por lo absoluto.

Yacen tendidas aquellas calles mugrientas
y sus balcones con pisos de cielo,
la vieja Quinta Heeren y el humo de una paleta de colores
se ofrendan al vagabundo incomprendido.

Hace treinta años el dandi recorría la ruta del Centro a la Parada
hoy su espectro descansa en el viejo sillón
en donde se dejaba ser el payaso enfermo de furia,
hoy su ánima nada contemplando
los flancos de las venus desnudas,
al caballo encabritándose
a la esquina de viejas casonas y faroles obnubilantes
ya no quedan rastros de seres en su mundo
solo perfiles de un puñado de condenados que no tienen rostros
pero cuyos movimientos graban en el tiempo poemas y nostalgias.

Danzan las notas de carbón en un remolino de figuras
vuelve la Lima virreinal a hundirse en nuestro tiempo
sublimes visiones para el centinela más atento
para el hombre curado de la enfermedad angustiante.
Los ascetas como tú sabemos que el arte corre como corcel sin ataduras.

 

 

El Cristo en la pared de Sérvulo Gutiérrez

 

Es la ceremonia pública del hombre
que hace del mundo su bitácora
calles y bares son talleres
una pared de adobe el lienzo


Abre tus alas inflamadas de humo del Atlántico
para volver a la campiña
al patio trasero en donde atesora mi infancia
la sombra del guarango

Si la vida se vive en movimiento
me persigno ante la niña y el señor
antes de seguir la senda de las dunas cambiantes
y la luna a la deriva
que me lleva de vuelta al Jr. Callao
cuando el tiempo hunde sus jabs en mis callejones
y yo le peleo a la contra.

Resuena una lección desde los mantos de Orfeo
“La vida bohemia te dejará hecho un Cristo”
Ay madre, si supieras que te busco en cada trazo
cuando pinto tu recuerdo con el lápiz de ojos
en cada mujer que se parece a ti
hago la comunión de la soledad
y a pesar de ir contra la corriente
siempre despierto con la resaca moral del domingo

desde tu refugio observa la sangre y el óleo
en medio de mi rostro
en las servilletas de la mesa
en las paredes resquebrajadas.

 

Navegantes del silencio

A César Calvo de Araujo


Al final del túnel se abren horizontes vírgenes
y en el caminos nos recibe la ardiente brisa
un buen momento para callar y decidirnos
verde o azul
como el resonar del beso crujen los ecos del sol
entre la atmósfera que recibe las visitas ajenas
de esos seres que nos perturban
con ellos convivimos entre nubes de plantas
bajo techos de agua
somos navegantes del silencio
perdidos en medio de la selva oscura

se despliega largo el día en que vamos por el surco
de aguas, té y rosas
cortando las gotas con los dedos
salpican las estrellas
en los árboles vibran los mundos
en sus brazos refulgen seres de sangre inundada

Y entonces con un pie en lo hondo
anhelas aquello que nunca tuvimos
verlo todo desde arriba
El deseo finalmente se consume en un retrato

Al margen de los aguajales
se ahorcan las damas hundidas
se detienen las oropéndolas vespertinas
es hora de buscar a los seres que intentan darnos caza
para liberarlos de sus grilletes

En el vaivén del bote hacia la noche
cortará el cielo los aromas de la tarde
el fuego se hunde en el agua
dos combatientes cayendo entre los árboles


“Oh caimán adormecido
anaconda de agua turbia
termita en su guarida de tierra
dónde está la hierba oculta
salvación de mis tropiezos
el pescador paciente sabe que
hacen falta curas para el tiempo”

 

Rezamos el himno que la jungla
oye en su soledad de hombres
se envuelve de oscuridad la fatiga del viajero
déjame a la sombra del árbol más antiguo
mis hojas se las llevará la corriente

Los recuerdos flotan
y marchita la vida aun atesora el día de su florecimiento
una oda a la eternidad breve del viaje.

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