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¿Por qué no hubo bolivianos en el Índice de la nueva poesía americana? : Por Giovanni Bello

Alberto Hidalgo fue un escritor y agitador literario peruano que vivió la mayor parte de su vida en Buenos Aires. Es famoso por haber fundado una publicación vanguardista en los años veinte, la revista Oral, pero fundamentalmente por haber compilado la primera antología latinoamericana de poesía vanguardista, Índice de la nueva poesía americana en 1926, que además contó con un texto introductorio de Borges y otro de Huidobro, hoy considerados manifiestos vanguardistas por valor propio. La historia de esa antología nos toca por un dato a primera vista curioso: los únicos dos países suramericanos ausentes en el Índice son Bolivia y Paraguay. Pero el tema es menos anecdótico de lo que parece, porque iría a constatar la idea de que en Bolivia no hubo vanguardia, por lo menos durante los años veinte. Hidalgo dice al respecto de la ausencia de bolivianos y paraguayos en el Índice: “Bolivia no tiene representación en este libro debido a que en mis afanosos viajes por los mares del mundo no me he encontrado con sus costas ¿Es que no existe? De Paraguay sé que no conoce ni de oídas la palabra arte”.

Revisando la prensa paceña de esa época se comprueba que, entre otros hechos que podrían contradecir la asunción de que no hubo vanguardia en Bolivia en los veinte, existía un grupo llamado Círculo Futurista en la ciudad de La Paz ¿Quiénes lo conformaban y en qué consistía su actuación? Me limitaré, entre otras cosas por falta de mucha más información, a decir que se trataba de un grupo inspirado efectivamente en Marinetti y que sus miembros centraban sus actos en el teatro cómico, la sátira y la polémica. Es decir, probablemente no hayan producido nada de mucho valor artístico que quede como testimonio de su trabajo. Pero yendo más a fondo en esta historia, Gustavo Adolfo Otero en sus memorias prologadas significativamente por Jaime Saenz, nos informa –y aquí es donde entra Hidalgo- sobre el famoso Círculo: “El año de 1916 fundamos, un grupo de amigos, el Circulo Futurista, que se llamó así de un modo muy casual y espontáneo. Llegó a nuestra ciudad un joven peruano, Alberto Hidalgo, que posteriormente adquiriría alguna notoriedad como panfletista y poeta, y se presentó a la prensa con un libro titulado ‘Oda futurista al Emperador de Alemania’. Tenía el tal Hidalgo una petulancia hiriente, un desenfado que llegaba a la impudicia y una personalidad toda ella agresiva. Isaac Tamayo, que frecuentaba ‘El Fígaro’, sin escribir sino muy pocos artículos, una mañana nos propuso a Alberto de Villegas y a mí el dar una fiesta humorística a Hidalgo. Perfilamos el asunto y decidimos darle un banquete que debía pagarlo él. El banquete debía estar sazonado con tantos asistentes como discursos. Yo fui el encargado de visitar a Hidalgo y plantearle la cuestión del pago del banquete. Le expresé que al banquete concurriría lo más selecto de la intelectualidad de La Paz, y que las cuotas recaudadas solo ascendían a la mitad del costo de la manifestación. Agregué que el programa fracasaría si él no aportaba su contribución correspondiente a la otra mitad (que en verdad era el costo total del banquete) y que esperaba su decisión. La vanidad del bichorro se hinchó y sin más me dijo que estaba de acuerdo. Lo llevé al hotel llamado Westing House y allí pago la suma cuyo monto no recuerdo exactamente. Se produjo el banquete, en el que se pronunciaron más de 15 discursos de una categoría ditirámbica, malévola. Yo pronuncié uno leído bajo la inspiración del Buscapié de Juan Montalvo, que fue celebrado”.

Otro hecho, más contundente aún que el anterior y que también contradiría la idea de que no hubo vanguardia en la Bolivia de los veinte es la página que sacaba el jovencísimo Oscar Cerruto en el periódico paceño La Razón en los años 1926-1927. Llamado Palabra e Imagen, el suplemento dirigido por Cerruto fue un espacio donde se discutió concretamente sobre las vanguardias y sus posibilidades en un medio como el boliviano. Allí Cerruto, sin embargo, defendió a Hidalgo una vez salido el Índice: “No es primera vez que se estraña y aun se protesta de la ausencia de Bolivia en la Antología editada por Alberto Hidalgo. En Bolivia mismo, contra toda lógica, hubieron gritos y denuestos. Poetillas tristes de cancionero o gacetilleros hipertrofiados y bastos se indignaron, vociferando contra Hidalgo desde su miopía egotista. Para ellos este asunto era un problema de sensiblería patriótica, sin sospechar que, en efecto, en el mapa espiritual de la nueva poesía –nueva en el espíritu y el tiempo- Bolivia apenas si raya una débil presencia.”

Dejando de lado la justa defensa de Cerruto a la antología de Hidalgo –es decir, en realidad ¿qué importa si hubo o no bolivianos en la famosa antología?- lo que se infiere de toda esta historia es que el ácido recibimiento que le dieron los miembros del Círculo Futurista a Hidalgo en 1916 tal vez haya sido pagado con la no inclusión de bolivianos en el Índice.

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