Lenguaje Perú

Poesía

Canción del manicomio: Antología intensa de la obra poética de Gloria Portugal

POEMAS DE GLORIA PORTUGAL

 

De Insanías (Carpe Diem, 2010)

UN ZANCUDO

Pasa

Repara en mí

Se detiene

Me examina

Presta atención a mi piel y

Las hilachas de mis vestidos

Revolotea en torno a mi angustia

Acaricia mi pelo

Se posa en mí

Solo quiere una gota de mi sangre

Se la doy

Nunca antes alguien había hecho

Tanto por mí

Por tan poco.

LOS GRILLOS

Me despiertan otra vez

Me siento

Y mientras la almohada recupera su forma

Hurgo dentro de mi cuerpo

Y no hallo nada.

 

GIRASOL

¿A dónde miras al caer el sol?

Ahora entiendo que al anochecer

Quién más sufre

No soy yo.

 

 

De Estrellas en el cielorraso (Paracaídas, 2016)

 

 

EL MONSTRUO

 

 

Un día mi madre dijo

que papá era un monstruo

Empecé a observarlo a escondidas

tratando de encontrar evidencias

tal vez unos cuernos      una cola     unos colmillos

o un número impreso en la cabeza

Nada encontraba

aparte de la creciente calvicie     los brillantes anteojos

el terrible aliento y las extremidades macilentas

No  —insistía mi madre—

él es malo     siempre nos miente     no nos quiere

¡ya vas a ver!

Entonces dejé de acercarme

Hasta que tuve que mudarme con el monstruo

cobijarme bajo su ala de dragón

sentarme a su mesa

y esperar…

Nada ocurrió

sus maldades eran poca cosa

solo él creía sus mentiras

Dejó de asustarme el viejo monstruo

dejé de temerle     de odiarlo

hasta empecé a quererlo

Pero ser la cría de un monstruo

por tanto tiempo

tiene consecuencias:

ahora mis hijos me temen a mí

 

 

 

CANCIÓN DEL DIENTE DE LEÓN

 

No me resistiré

me dejaré acariciar

sacudir

arrancar

me dejaré descuartizar

Conozco mi destino de mata

sin precio

Mi redención está en el viento

 

 

 

APUNTES PARA UN POEMA

 

Lima, ciudad muda…

  1. HERNÁNDEZ

Voy a escribir sobre un lugar

que he hice mío a la fuerza

voy a decir que en verano

me gusta caminar bajo su sol chirriante

y en invierno disfruto deslizándome

cual pez en su humedad

Diré que me gusta esta ciudad

porque le soy indiferente

no le interesa si alguien llega o decide largarse

(el día que llegué ni se enteró

y si de pronto desaparezco tampoco se dará cuenta

siempre habrá espacio para otros como yo)

Me gusta porque

se está callada

escuchando su propia voz

no interrumpe mis divagaciones

ni me quiere hacer conversación

Está dibujada en grises

no tengo que esforzarme por percibir colores que

mis torpes ojos    igualmente   no me dejarían apreciar

Me gusta su estado basal:

aceras resbalosas

semáforos grasientos

transeúntes desconfiados

palomas amistosas

luces de neón

codazos    empellones

zapatillas colgando de los cables

del alumbrado público

Me gusta porque

cuando salgo de casa en la mañana

no puedo evitar dudar que regresaré al anochecer:

la duda le da sentido a mi existencia

Y si por ser tan deslumbrante

ver las estrellas no me deja

he de pintarlas fugaces en mi techo

para pedir deseos cada noche

Sé que si me esfuerzo por creerlo

también me alumbrarán

 

 

SI MI CASA PUDIERA HABLAR

 

Si mi casa pudiera hablar

me contaría lo que pasó en mi ausencia:

Una mariposa entró por la ventana que dejaste abierta

y no supo salir

 

Un niño quiso jugar contigo

tocó el timbre y se fue corriendo

 

El teléfono sonó varias veces

por lo menos una llamada debió haber sido urgente

 

La planta de la maceta terminó de morir ayer

si te hubieras tardado menos

lo habrías impedido

 

Los insectos que solían danzar alrededor de la lámpara

tuvieron que emigrar en busca de luz

 

Las solemnes conversaciones de los relojes

pasaron desapercibidas por tu insomnio ausente

 

Qué decir de los amaneceres:

los hubo espectaculares

pero no estuviste para descorrer las cortinas

 

Por lo demás

la mesa crujió sin uso

el polvo floreció sobre los libros que no leíste

la voz del refrigerador adquirió un tono lastimero

y es evidente que jamás se sintieron tan vacíos los espejos…

Seguramente    si mi casa hablara

no mencionaría

la paz de la estufa     al fin sin grasa

el placentero descanso de la escoba

el prolongado reposo de los resortes del sillón

el alivio del retrete…

Y es que los que podemos hablar

no siempre decimos toda la verdad

POEMAS INÉDITOS

 

 

De Por favor deme algo para los nervios

 

 

 

VOLVERÉ MAÑANA

Siempre puntual como la decrepitud

o un tiburón,

el sol

nos deja en tinieblas.

El ocaso

es el viejo día que expira

en brazos de un gran mar

o de un humilde cerro.

Pero el sol no muere.

Solo se marcha lánguidamente

y en las rojizas nubes del crepúsculo

parece dejar escrita una promesa

que jamás incumple:

Volveré mañana.

 

 

 

LAS HORAS NOCTURNAS

Anoche me visitó el Hada del Sueño.

Tú no tienes el alma limpia

─me dijo─,

no mereces dormirte.

Yo miré mi pequeña píldora

largamente

antes de tragármela.

 

BIPOLAR

Life

I am of both your directions

MARILYN MONROE

O estás con Dios o con el Diablo

─solía decir mi madre.

Claro, como si fuera fácil distinguirlos.

Si se tratara de aureolas o de cuernos.

¿Cuántas veces tomé partido por uno,

creyendo hacerlo por el otro?

Ya no lo recuerdo.

En alguna ocasión intenté el término medio:

mantenerme en la mitad de la cuerda,

pero el funambulismo nunca fue uno de mis talentos.

Me acostumbré a moverme en apretado zigzag,

a ir del amor al odio,

de la angustiosa nada al todo opresivo,

de la feroz euforia

a la miseria de la melancolía.

Pobre de aquel que se cruzara en mi camino.

Lo juzgaba totalmente bueno al principio

y al minuto siguiente

se convertía en el ser más perverso.

Solo podía moverme dando saltos.

Nunca aprendí a dar simples pasos.

Sigo allí, en un polo o en el otro

y no es cómodo.

El frío es intenso.

 

 

 

CANCIÓN DEL MANICOMIO

entró el olor del día/ por los huecos/ de la cortina

amaneció temprano/ se confundió/ el pobre gallo

el café / bang-bang/ asesina mi disforia

cerró el ojo/ con una llave/ con un cerrojo

todos los árboles/ tienen/   la piel fugaz

la alegría/ cuelga/ de los postes de luz

la nota se escribió sola/ en la servilleta/ como la historia

la acera lame la suela/ mi lengua/ el zapato entero

el día es circular/ cuadrado el sol/ en el espejo retrovisor

estás vacío como el eco/ mudo/ como jirafa

olas/ no me traigan/ más que mar

¿si no uso sombrero/ para qué/   tengo cabeza?

la ganzúa se rompió/ ábrete/ sésamo

te domestica/   finalmente/   la violencia

no son clavos/ son plumas/ sobre las que sangro

música anda/ de caza/ de pesca

una bala/ dibujó/ una rosa

ciempiés/ mil dedos/ solo una hoja

¿en qué/ estás pensando/ mi amor?

qué manera/ tan elegante/ de estar muerto

lo que me queda/ de ti/ es un cabello

cuando te vea/   te diré/ que no te vi

tristeza/ perdóname/ si me gusta reír

cría cuervos/ que yo criaré/ caracoles

te leerá el ciego/ si estás hecho/ de puntitos

acaricia al gato/ descuartiza/ al diente de león

quisiera ser reloj/ y que me miren todos/ con preocupación

recoge tus pasos/ como monedas/ de un sol

el crepúsculo se sentó/ a la mesa/ del comedor

todos tienen/   razón/   menos yo

abrígate/   en la caja/   del refrigerador

TEST DE RORSCHAR

Há uma coisa oculta em cada coisa que vês.

ALBERTO CAEIRO

1

El asesinato no es mi fuerte

salvo por alguna mosca indiscreta

o una cucaracha

en el lugar y hora incorrectos.

Tacho las alas del insecto,

soplo el carbón.

El ángel ya no puede volar.

2

Quid pro quo, Clarice.

Algo por algo.

Tengo tus alas.

Tú tienes mi corazón hambriento.

(H. Lecter Ph. D.)

3

Para siempre siempre

es demasiado tiempo.

Te odiaré/amaré

hasta el fin del mundo.

Te soñaré muy fuerte

hasta que (des)aparezcas.

(Marilyn, en una foto de Playboy)

4

Pero el día de su cita con el cardiólogo,

en el trayecto su corazón falla

¿cuánto le tomó morir?

¿cinco minutos?

                (Brubeck tocaba el piano y Desmond el saxo alto)

5

La anciana tía Sarah se despierta cada día

y pregunta: ¿aún estoy viva?

Nuestro silencio no le basta

como respuesta.

6

Oh Lord,

ya no deseo un Mercedes-Benz,

tampoco una TV a color.

Respirar, como cantar, cansa.

Déjame entrar ya.

(Y los pantalones de Janis cuelgan de la pared

                                    en un Hard Rock Cafe de Hollywood)

7

Podría colgar de una rama,

viva como una flor o una hoja.

Podría florecer sin pétalos,

florecer solamente.

(Ofelia de Millais)

8

Desearía ser más que un par de piernas,

un torso, una cabeza huérfana.

Mírenme: un día laborable y yo

con traje de domingo.

Yo, el eterno habitante

de la transparencia.

(Los sueños del maniquí)

9

Una muchacha camina apurada por la vereda.

Va en dirección norte.

Aún solloza cuando en su bolsillo palpa

los pedazos de su corazón roto.

(Banksy usa una bolsa de papel en la cabeza)

 

10

Querido tú, te hablo yo,

ese que pretendo conocer

porque lo visto, lo alimento

y le guardo los secretos.

Sé que tú también escondes

más de lo que muestras.

(Juana se detiene a descansar junto al féretro

                                                           de su amado Felipe)

 

 

 

 

 

 

 

 

De Tarde llegaron las hadas

Puse mi alma en venta. No pedía mucho: necesitaba unas cuantas monedas con urgencia para completar el precio de las obras completas de Emily Dickinson. Había estado ahorrando.

Nadie se mostró interesado, salvo el Diablo. Sin embargo, al no contar con efectivo, me la cambió por un paquete de cigarrillos.

Fue así que empecé a fumar.

-oOo-

Cuando terminé la primaria, le pregunté a papá: ¿y ahora qué hago? Tienes que estudiar la secundaria, me contestó. Así lo hice y volví a preguntar: ¿y ahora qué hago? Debes ir a la universidad, dijo. Mejor, que busque marido, gritó mi madre desde la cocina.

Obedecí a ambos y volví donde mi padre para que me dijera qué seguía después. Ya no lo encontré ahí.

Se había jubilado y vivía solo en una azotea. Criaba conejos blancos que vendía a los magos de la ciudad. A veces hacía bolitas de arcilla y las arrojaba a los transeúntes.

Parecía feliz.

-oOo-

Al caminar contábamos nuestros pasos, los sincronizábamos: izquierda, izquierda; derecha, derecha… Decidimos vivir como palomas e hicimos un nido con plásticos y papeles la misma tarde en que dijimos “para siempre” detrás de una iglesia vieja.

Nadie pudo advertirnos que “siempre” era demasiado tiempo. Tampoco, cuán inflamables eran los papeles y los plásticos.

Un día, las violentas chispas de nuestra ira incendiaron el nido. Entonces, una palabra rotunda que no quisimos pronunciar, emergió de los escombros. “Final”, se leía en el humo.

Los bomberos, como las hadas, llegaron después. Solo pudieron hacer el balance de los daños.

-oOo-

Querida Virginia: ¡al fin tengo una habitación propia! Por años tuve que compartir cuarto. El primero fue un aposento, dividido con biombos, en el que apiñados cabíamos mis cuatro hermanos, yo, mi madre y su marido nuevo. En otro, mi padre me ordenaba que dejara de escribir estupideces y que me durmiera ya, a pesar de sus ronquidos. Finalmente, me mudé a un salón con un nuevo compañero. Con él intercambiaba las horas de los días, pero por las noches nunca coincidíamos en nada: mientras él, dormido, decidía qué hacer con mi vida, yo tenía pesadillas infernales.

¡Ay Virginia! mi codiciado espacio siempre estuvo frente a mis narices. Tal vez nunca escriba un poema épico, una novela, un libro de cuentos. Lo cierto es que mientras restriego ollas y sartenes, al fin sola, me siento libre.

-oOo-

De todas las que invoqué, el Hada de la Soledad es la única que ha aparecido en el acto. ¿De veras quieres que me quede?, me pregunta. Yo adivino su expresión incrédula detrás del velo con el que suele tapar su rostro.

¿Por qué no?, le digo, pero te advierto que ya fracasé muchas veces en mi rol de acompañante. Siempre termino absorbiendo al otro, me adhiero como alimaña y causo más malestar que placer.

No importa ―responde, al tiempo que se acomoda junto a mí y curiosea el libro que examino―, veremos qué pasa.

-oOo-

El gras se torna azul cuando pasta mi unicornio. Le ofrezco la incondicionalidad de los árboles. Pasarán por mí las estaciones. No me moveré de aquí a menos que me arranquen.

El sol nos lame. Un taxi hace sonar su bocina.

Se acerca y con su único cuerno, me toca sin herirme.

No existo, murmura.

-oOo-

Comienza la función. Hoy debo ser Ofelia. Los espectadores conocen el libreto. Saben que voy a enloquecer. Solo que ahora hay modos de neutralizar a una histérica suicida. No es necesario morir.

Dejo de cantar y salgo de escena aferrada a mi prescripción médica. Hamlet, solitario, acaricia la corona florida de su calavera. Le cuesta decidir entre ser o no ser.

 

GLORIA PORTUGAL, TRUJILLO 1976.

Ha publicado los poemarios Insanías (2010), ganador del II Concurso de Poesía de Mujeres Scriptura, y Estrellas en el cielorraso (2016). El 2014 ganó el primer premio en la VI Bienal de Cuento Infantil ICPNA, por su libro Cuatrojos. El 2017 obtuvo menciones honrosas en el X Concurso Nacional de Poesía “Premio José Watanabe Varas” y en la VII Bienal de Poesía para niños ICPNA.

Desde setiembre del 2011, es miembro de The Cloud Appreciation Society. Actualmente reside en Lima. De lunes a viernes se gana la vida como profesora de inglés. Los domingos es vendedora ambulante de baratijas. Los sábados, descansa.

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