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Simbología Churata

BOCETOS DE UNA FILOSOFÍA SALVAJE

1.- SIMBOLOGÍA MATERIALISTA

La Pakarina o el dios Penates han sido representación de una necesidad objetiva satisfecha por el trabajo… Dioses fueron en su tiempo el Ají o el Puma, y en tanto se mantuvieron sometidos a la voluntad de dominio del hombre, igualmente todos los seres de la naturaleza. Así, los mochicas adoraron a un dios aiapaeco como los Antis adoraron a uno hidrocarbonado.

Proteo nace en el Quersoneso, y es una imagen del mar cambiante y comercial; el Achachila nace en el Titikaka, y representa a la tierra múltiple e inagotable; y esta relación entre naturaleza que produce e individuo que aprovecha la maravillosa fecundidad, es lo que ha venido a constituir nuestra mitografía o zoología mental.

¿Puede indagarse por la naturaleza numinosa que forma este mundo primitivo? ¿Su conjunto de hechos? El positivista Smoller (en un tratado de sociología) sostiene que en sana doctrina hacienda, enserío, aldea o ciudad son palabras unívocas, y tiene sobrada razón; para los efectos prácticos de nuestro análisis no habría manera de diferenciarlas de la “wasintin”, o casa colectiva, que fue célula de la marka (Castro Pozo). En la promiscuidad del ayllu primitivo las relaciones de consanguinidad son igualmente intrincadas, confusas, tanto que el parentesco es clasificatorio como en los pueblos indogermanos (Cunow). El anciano del ayllu se convierte en el Achachila freudianamente.

Es fácil además comprobar que el positivismo buscó en la entraña de la sociedad primitiva con los mismos resultados del materialismo dialéctico: ambos encontraron que las ideas míticas o numinosas corresponden a fenómenos biológicos o económicos, y que sólo la inevitable anfibología del idioma tribal o clásico explica la aparente diferencia de las mismas.

2.- EL ABSOLUTO

El absoluto del hombre primitivo –frutos, vivienda, frío, calor, etc.,– ha mantenido sobre él una influencia decisiva hasta el momento en que ciertos factores extraños a la simpleza de sus costumbres vinieron a reemplazarlos por un nuevo absoluto.

Por ejemplo, si la aclimatación de la Chokhe (papa) fue el gran problema agrario de los habitantes andinos, era natural que la providencia de la lluvia formará parte de su más elevada y compleja concepción metafísica originando al dios meteorológico por excelencia: Wirakocha.

A su vez el sistema de regadío por medios en su tiempo de extrema habilidad, engendra entre los persas una religiosa veneración por las canales, a punto de sugerir una teodicea, y si los cánticos del Zend-Avesta tienen un valor litúrgico no es tanto por ortodoxia cuanto por la importancia agrológica y técnica de la sabiduría de Zoroastro…

Ya no es un personaje insólito el espíritu diabólico que enloqueció a Fausto y pretendió desbaratar la castidad de Jesús. Sus armas: radio, rayos X, capital financiero, foto–telegrafía, gases incendiarios, etc., pueden ser utilizados hasta hoy por el más estandarizado de los ciudadanos; se ha perdido el pavor del endriago; el diablo de nuestra época es un Leviatán mecánico de costillas de platino, cuyo saludable corazón palpita con cinco mil caballos de fuerza. En esta época de la conquista del átomo y de las secreciones endocrinas ni el más majadero de los poetas concebiría al Mesías bajo su dulce túnica inconsútil; el mesías contemporáneo es marxista, freudiano, calvo y cínico.

Lo pintoresco ha muerto.

Wirakocha no es pues otra cosa –y es cosa de todas maneras– que un acontecimiento psíquico en el cual la chokhe y el chacarero se complementan.

La coexistencia de estos dos elementos: trabajo y naturaleza, revelan el concepto que de totalidad y de mundo tiene el hombre, y patentiza su sentimiento de las cosas…

3.- MÉTODOS EMPÍRICOS

Apliquemos a la elucidación de estos problemas una lógica manual –lógica manual que en este caso equivale a lógica instintiva, o a lo que Hegel llamó el “acontecimiento psíquico”– y veremos que la unidad del ser en la vida se realiza más directamente cuando el hombre se liga a la raíz de intereses de su grupo, entendidos por su absoluto, el que a su vez sería solo la metafísica de su técnica. Es decir, el absoluto se genera cuando el hombre se sirve –porque los domina– de agua, viento, calor, fuerza eléctrica, luz incandescente, automóvil, avión, radio, caballo, carreta, etc, etc., unidades útiles de su mundo vegetativo. Mientras este consorcio no se efectúe, es lógico presuponer que el hombre primitivo o moderno se halle incompleto y, por tanto, no alcance la presciencia del mito, su unidad o sinergia… De esta suerte, cuando necesiten disponer de todas sus fuerzas individuales o colectivas, los cristianos emitirán a Cristo en la misma dignidad jerárquica en que los americanos emitimos al Anchancho…

Posteriormente este suceso de calidad manual asume prerrogativas y posibilidades infinitas…

4.- LOS SÍMBOLOS

No es preciso entonces que las cosas sean; nos basta con su utilidad, pero una forma no puede ya pasarse sin la otra; y se arriba al ápice de un cierto pragmatismo en el que tanto podría descubrirse el pensamiento de Spinoza, Demócrito o Bentham. En efecto, no es imprescindible que las cosas sean; basta que las cosas devengan útiles; y como la utilidad es un concepto práctico, se deduce que todo lo útil es real… He aquí como ninguna de las religiones positivas, ni aquella que padeció la alquimia tomista, puede evadir este imperativo.

Tan pesada y grosera intelección tiene sus símbolos, y esos símbolos en nuestro mundo están representados por la Mamata o el Jañachu, aquella, animación de la tierra que produce, éste, del dios solar, fálico y genitor. En el mismo plano de equivalencia Keyserling colocará al mito del chofer; George Sorel el de la huelga general…

5.- EL MUNDO MECÁNICO

Una vez que el absoluto agrario y doméstico posee representación objetiva y política, porque ha superado las relaciones elementales del clan, formando un todo homogéneo y  expansivo, sólo la máquina, este organismo dotado de pequeños secretos y en el que se continúa la técnica primitiva, conformará nuestra virtualidad psíquica.

De este orden de posibilidades han nacido las grandes doctrinas ontológicas y han nacido también las grandes ciudades, reclámense de la antigüedad, el presente o el futuro.

Aquí estamos ya frente a la mitologización del instrumento, es decir del fruto artificial, y ello aunque absurdo y paradojal aparentemente, es posible, en sus consecuencias, el de mitologización es un proceso de diferenciación y de síntesis, por tanto de utilidad, y la máquina es aquel episodio sensorial en que el hombre ha materializado sus entelequias. Por este camino el hombre se encamina a la formación del hombre.

Cuando el grupo cinegético se bautiza con el nombre de un animal: Kunturi, pongamos por caso, es que se adueñó de la técnica rampante del ave en su beneficio, y ambas fuerzas entrabadas dieron origen a cierta unidad social y mental que denomina por antonomasia a la familia o al grupo. El mito de la antigüedad se ha convertido en la máquina de hoy…

Por tanto es imprescindible diferenciar dos naturalezas por lo menos, la naturaleza nativa y la naturaleza mecánica: ambas denuncian la naturaleza inmanente del hombre.

6.- UNA ANTROPOLOGÍA

Todavía podríamos buscar otras formas u otras pruebas a la paradoja con el proceso de los mitos y el examen de algunas piezas tiwanakotas o nazcas, de la impropiamente llamada alfarería obscena. Lo que el alfarero indígena quiso representar en el hombre que posee sexualmente al Puma, no fue el vicio nefando, para el que su imaginación moral carecía de refinamiento y decadencia, pues luego elevó el producto intelectual de este hecho a mito o tótem de su pueblo o familia. El Hombre-puma, o el Hombre-kuntur, indicarían más bien que el indígena se adueñó de la fiereza del mayor felino de sus montañas, o de la altivez del ave vulturina, de su audacia y fulminante poderío, y que adornándole de tales dimensiones ajenas a su naturaleza objetiva, pudo sacar de ellas características propias, inconfundibles.

Tampoco Quirón, el sabio centauro, es más que la animación de un arquetipo en que el hombre aparece dominador de la bestialidad oscura. Pueblo que consubstanció la gracia de la forma, el griego al concebir las nupcias de Leda con el Cisne, ofrecía una versión del procedimiento genésico que no sería rivalizado por el cristianismo en la transfixión de la carne, cuando María, madre de Jesús, aceptó la semilla divina por intermedio de un ave pasional: la paloma; porque en Leda, en el transporte sexual, hay siempre más sustancia en movimiento, mayor volumen y materia que discurre, mayor juego de luces y de sombras…

La virgen judía acepta el acoplamiento en una actitud mística; el ave rijosa no la hiere; su maternidad se diluye en un deliquio; y porque de su vientre virginal se ha tomado una carne pura, como dice Juan Crisóstomo, no concibe al homúnculo; concibe un aroma eterno…

Zeus, más psicólogo y conocedor del corazón femenino que la paloma del Paracleto, para poseer a una de las tentadoras bellezas de la Hélade, se convierte en una lluvia de oro…

7.- MONISMO

El principio de que todo es naturaleza se confirma, pues, en esta etapa del desarrollo mental del hombre. Así, cuando Waldo Frank asegura que la máquina es también un instrumento de la adoración animista de la voluntad, ofrece una genial síntesis del proceso social y descubre que el verdadero significado de eudemonismo es la utilidad y el servicio.

La utilidad común condujo a la invención de la máquina y del utensilio, los mismos que en determinado momento fueron máquina y utensilio de sangre. Cabe decir que en el mundo mecánico deviene el mundo primitivo, que nuestro totemismo zoomorfo se prolonga en la mística de un Gregorio Nazianceno que en la urbe multisonora se precisan diferenciar los ruidos de la jungla, como en el visaje ingenuo de Charles Chaplin relampaguea la triste alegoría del hombre del hacha de piedra y de la flecha de sílex…

8.- ENDOLATRÍA AMERICANA

Consecuentemente, no es sólo naturaleza lo que sale de las manos de Dionisos, sino todo aquello en que el hombre puso su voluntad de vivir. El mundo fáustico de Nietzsche es también una antropología y una medida de la naturaleza: el mito representa la expresión de esa unidad.

El hombre y su grupo no alcanzan otra forma de entendimiento que tales símbolos suprafísicos, porciones algebraicas de pensamiento, verdaderos sentidos de disciplina aplicados al trabajo… La percepción trascendental de que habló Kant, y en la que estableció el pródromo de su metafísica, no es más que la percepción alegórica y antropológica del mundo; lo que Wundt aclaró diciendo que el mito es la proyección más o menos total del sujeto sobre el objeto, y es obvio que en este caso el sujeto sea el hombre y el objeto su devenir…

He aquí los elementos panteístas de nuestro mundo: todo vuelve a todo; todo es todo; nada es todo. Nuestros agricultores son un códice de esa sabiduría, y los actuales tanto como los antiguos, pues viven en constante endolatría; y al juzgar a sus divinidades como a la animación de la madre tierra, considerándose ellos mismos –hallpa kamaska– energía organizada de esa unidad profunda e insondable –Pachamama–, rinden sus tributos a la tierra significándole la inmensidad de un estupor de que ellos mismos son objeto. Por eso para nuestros abuelos como para Heráclito, la muerte no es sino una devolución de la vida, y tan segura certidumbre se comprueba en los chullpares donde junto a la momia encontramos las provisiones necesarias a las prolongadas caminatas, atención concedida no al espíritu, “forma subsistente” que falta en la ideografía indígena, sino al individuo –unidad terrestre– que luchó junto a sus contemporáneos. Esta devolución del hombre a la vida por la muerte, y el concepto de que en cada fragmento de la materia existe una síntesis del todo inmortal (el “átomo inmortal” de Demócrito), nos arrastran a establecer que la concepción atómica de la vida se compagina con la concepción animista de la naturaleza, formas primarias de representar ese Universo de que la máquina también resulta un “determinante”, una imagen y una medida.

Gamaliel Churata

Revista de Bolivia. Año 1, N° 2, 1 de agosto de 1937.

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