Lenguaje Perú

Poesía

Churata: Lengua y lenguaje de América

Orígen – Jairo Alberto Maldonado Villamizar

AMÉRICA Y SU HABLA

Si América es una realidad genéticamente mestiza, la literatura americana debe ser  idiomáticamente híbrida.

Si se busca acentuar una radical americana en la Literatura de América, tiene  que comenzarse por acentuar menos el paisaje que la valoración antropológica.

La verdadera capacidad estética de América está en la sangre del indio, y por tanto la forma de hacer estética americana es hacer de América un mundo indio; que será indio siempre, si la genésica de la cultura la suministra el habitante en cuanto naturaleza y fruto. Si no conciliamos las prerrogativas del criollo con las mayores del indio, y de éste creemos que sirve más que menestral, covachuela, portero de hotel, pillastre electorero, alcahuetista, mientras para aquél reservamos los dones de la evangelidad, nunca tendremos un poeta indio, como en cuatrocientos años no hemos metido un santo cuprífero a las hornacinas ortodoxas, que no se escatimaron para negros ni amarillos.

El indio no es un subhumano, si ya sabemos que las imbecilidades de Sepúlveda fueron aniquiladas en su mismo vitriolo, es sí un subnutrido a causa de los sobrenutridos que lo apalearon y lo apaleamos todavía en prosa y en verso.

El gran poeta “indio” que es don Franz Tamayo, decreta que de él se haga artesano, mecánico, tal vez práctico en ingeniería. Mas no, ni se procure filósofo o esteta, que todo lo que ve con las elaboraciones de la imaginación le está negado. Realmente, por mucho que se medite en tesis tan insólita se penetra en sus razones. ¿Es que el indio es un animal detenido en las subestructuras de la volición instintiva? ¿Por qué constituiría ese estrato inmoble, si todos los pueblos, y los más típicamente manuales, como el sajón, han sido fecundos en poetas y filósofos?

Dígase que es más útil en pongo, y se comprenderá quien lo dice.

Es indio lo mejor del pensamiento de Tamayo (como yo lo sé); aunque sus vituallas mentales sean humanísticas y grecolatinas, no lo más valorizable en él, puesto que de valores de esa índole está abarrotado el “templum” mestizo. Vale lo que en él se explica como presencia de un sentimiento telúrico, por tanto indio: que no es mucho en cantidad.

Se explica el “yaraviísmo” mestizo como predominio de la sensibilidad lacrimosa e inferior del indio, lo que es falso de la más tremenda falsedad. Las inhibiciones del indio se las señalan y estudian en los burgos, si se las buscan en su mundo no existen. El “harawi” en sus fuentes es un canto sacudido por sentidos pánicos de la vida, es agrológico y nupcial, posee más calidad erótica que sensiblera. El padre del “yaraviísmo” es el cholo de ojos lemúricos que no cabe  en las ventoleras heráldicas. Ese encarpeta a su madre si es india y sólo llama a su corazón cuando siéntese poseído del pavor de la muerte.

El indio sólo sabe tres cosas claras: Cuando callar, cuando llorar y cuando matar… ¡Y no tiene imaginación! ¿Qué son la volición y la imaginación filosófica entonces? ¿Hay algo más en la tragedia griega?

Al diablo con la porra. No hay Literatura Americana porque no hay americanos.

El mito griego es el “alma mater” del mundo occidental. El mito inkásico debe serlo de una América del Sur con “ego”.

Patria no es la tierra del camino, es el camino de la tierra.

Y para ser “americanos”, la Literatura Americana tiene que comenzar por mostrarnos en sí el tumulto del pueblo de que es fruto y el punto lácteo del hombre. 

Gamaliel Churata

En: NOVA: Revista de información y cultura. Núm. 7, La Paz, 7 de febrero de 1963, p. 3.

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