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Chikchischay Paraschay & otros poemas de André Gutierrez

CHIKCHISCHAY PARASCHAY

Y los apus se quedan blancos.

Solamente ver sus ponchos blanquecinos,

Y sus chullos ennegrecidos por las nubes,

Daban respeto a los viajeros.

Hukumarine está ahí,

Echada en una pampa llena de ichu,

Sobre ella las pariguanas y las kiulas

Bailan y cantan al tayta inti.

Solamente chichischay llego,

Formando nevados y pampas frías.

Las llocllas viven y gritan al cielo nublado,

Andan y siguen avanzando entre quebradas,

Llegan al mayu Tambo y se juntan,

Como dos amantes en la fría puna.

Ese es chikchischay en la sierra,

Porque después de tanta piedra helada

Llega la purificación del paraschay,

Las gotas caen rápidamente

Y el alma de la tierra ardiente

Se calma y crece gentilmente.

Los puyus lloran y solo se atreven

A lanzar rayos de alegrías entristecidas

Y truenos de emociones sufridas

Chikchischay paraschay es así,

Deja a la pachamama fértil,

A los cerros vestidos elegantes,

A los ríos cantando carnavales,

A las kochas albergando la vida.

Es así, dejando un recio aroma

A tierra mojada y un pueblo mojado…

Los puyus se dispersan y se van,

Y chikchischay paraschay nos deja para volver en carnavales

Y volver a cantar en las frías calaminas.

¡Hukumarine está seca hermanos!

¿Dónde está esta chikchischay paraschay?

Ya viene hermano, pero ¿por dónde?

ALTO RUNAKUNA

Y el crudo frio nos envolvió,

La densa calima que no nos deja ver,

Nos lleva a un lugar cuyo nombre,

No sabré explicar, pero tratare.

Tal vez no haya más que decir,

Pero el pueblo nos llama señores,

El pueblo pide a gritos que retumban,

Retumban entre las angostas quebradas,

Retumban las palabras en quechua.

Y el grito no es suficiente, y aquí nosotros,

Pensando que lo pueblos, no viven.

¡Mentira hermanos míos, los pueblos,

Mi pueblo, no han muerto! Vivimos

Y reímos en las quebradas, en las punas,

En chozas con techos de calamina.

Y los que vivimos ahí, los que tristemente

Nacemos ahí, los que valientemente

Salimos en las noches frías, los que arduamente

Caminamos 2 kilómetros y medio,

Lo que humildemente utilizamos ojotas y

Los que honestamente usamos ponchos.

¡Es que aun piensan que los pueblos,

Mi pueblo, ¿han muerto?! ¡¿Es que siguen

Pensando que el alto runakuna

Tiene que vivir así en la puna?!

¡Si es así, ¿Por qué yo estoy aquí?!

Patakheña me lo dijo en Chirimayuni:

“los perros degollaran tus huesos,

Los zorros devoraran tu carne india,

Y los gallinazos absorberán tu alma serrana.

No vayas wawitay, verdad es lo que digo”.

Si es así gran Pataqueña ¿Por qué sigo vivo?

¿Por qué esta ciudad aun no me devora?

¿Por qué aun el Misti no me bota de su tierra?

¿Por qué Pichu Pichu me dejo entrar?

Dime Patakheña, ¿me mentiste?

Y ahora estoy frente a ustedes,

Tratando de que este poemas llena de voces,

Voces de mis hermanos de los pueblos

Sean escuchadas, mientras nos ves.

Y nos ves sentados en la San Camilo,

En Victor Lira, en la Paucarpata y en todas

Las calles del cercado. Y si quieres vernos más

Ven a la Avelino y nos veras sentados

Ofreciéndote verduritas y cerealitos

Tal vez quieras ver más, ve a la a Altiplano

O a los Incas y veras que de tus bolsillos

No gastas nada para llevarte algo a casa.

Si hermanos, estamos en todas partes,

Pero a veces nos preguntamos,

El por qué esta tierra extraña nos recibió,

Por qué estamos vivos bajo el Misti tutelar

Por qué los guardias de la blanca ciudad

Aun no nos botan de su ciudad.

Si es así, ¿Por qué aun vivimos aquí?

Vivimos porque es lo único que se puede hacer,

Vivimos porque vivimos en las sonrisas de los niños de la puna.

Y ¿Por qué yo vivo? Pues hermano mío,

Aun no sé porque yo vivo, y ni tampoco se

El por qué estoy en esta ciudad enorme.

Pero sé que vivir por mis hermanos,

Por mis paisanos, por mis padres,

Por mis abuelos, por la Medaly,

Me acerca más por lo que vivo,

Me acerca más a lo que amo.

Y ahora hombres humanos que me ven,

Tratemos de vivir por algo,

Algo que merezca amor y compasión.

Vivamos en las sonrisas de los alto runakunas que los ven pasar,

Vivamos en las sonrisas de las wawas que piden un trozo de pan,

Vivamos en las sonrisas de los allk’os que mueven su cola por una caricia.

Vivamos hombres humanos, hermanos,

Por los alto runakunas de nuestra patria.

Y el crudo frio empieza a desaparecer,

La densa calima cegadora se despeja,

Ahora vemos un pueblito frente a nosotros.

El camión se detiene suavemente

Y la gran pampa se llena de gente.

Gente con niños, con polleras, con ponchos, con llicllas,

Con mantas, con chullos y con ojotas.

Si hermano mío, los alto runakunas han llegado.

LA REYNA

Gira en el círculo en medio de la plaza,

La miro desde arriba con afán de abrazarla.

Gira en el círculo y la veo andar,

Andar con una pollera roja y un verde,

Que me deja perplejo en mí hablar.

Solo aquella noche, oscura y fría,

La plaza se siente un poco viva,

La gente baila y gira en los círculos,

Las mujeres mueven sus sombreros,

Sombreros con flores de bellos colores

Y las polleras giran y brillan,

Con la luz de una bella luna reluciente.

Solo aquella noche, cuando saliste y

Vi en tu corona, la luna hermosa blanca,

En tus cabellos, el alegre viento inefable,

En tu rostro, la rosa sublime del pueblo,

En tus ojos, el translucido rio de la quebrada.

Y ahora, solo me quedo viéndote ilusionado,

Desde aquella torre de la iglesia,

Mientras bailas y giras en ese círculo.

Ya es media noche, y el riesgo es seguro.

Bajo de la torre, me dirijo a tu lado,

Mas no puedo seguir adelante.

“Apúrate webon, que está haciendo frio”

“Si la sacas, yo me bailo con la Maciel”

“Miren, después no se achiquen“

La apuesta asegurada y forjada por el frio,

Solamente la vista se fija en ti

Y el corazón late rápidamente.

“Apúrate, no seas webon”

Se siente como los pies dan tres pasos,

Los latidos se aceleran cada segundo,

Ella está ahí, girando su pollera y sonriente.

“¿Quieres bailar conmigo?” susurro en su oído.

Sus ojos sorprendidos significaron un acepto.

El huayno alegre resonó en los oídos,

La emoción del zapateo temblaba la tierra,

Y el corazón se calentaba con los cantos.

Ahora, los dos giramos en el círculo,

Bailando y mirando la dulzura del cielo estrellado.

AMARU

-Taytallay, triste he soñado esa noche.

Pues los pajaros y los allk’os estaban llorando,

Y las wawas no paraban de chillar en las chozas.

Taytallay, déjame contarte mi sueño.

Como hombres hemos nacido, y como hombres hemos de morir,

Pero indio muere en el campo, triste, junto con su padrecitos,

Y rezamos a Dios tatituy piadoso y al Kalachiri honroso.

Pero esa tarde sentí frio,

Sentí que la muerte ya estaba llegando, y no llegaría con diosito.

Taytallay esa noche soñé con Amaru,

Había salido del hatun mayu amazónico.

Solo era de verlo con su piel negra y sus ojos rojos de ira.

Se arrastraba entre los árboles, devorando a todos sus hermanos.

Taytallay se veía como se tragaba a los chunchos y a los hombres,

A sus chozas y a sus edificios. A toda la selva devoraba aquel día.

Pocos escaparon a la sierra, subieron y bajaron los cerros,

Dejaron los alegres árboles para adentrarse en el triste ichu.

Llegaron a los pueblos de adobe y contaron la tragedia que llegaría.

Amaru entraba ahora por los cerros nevados,

Formando quebradas hondas y vacías sin vida.

¡El Apu Huascarán ni con su frio lo detuvo en las alturas!

Y la misma tragedia se repetía en los andes.

Cholos y chunchos bajaban a la costa,

Y el murmullo de odio y recelo nuevamente nace.

La catástrofe es avisada y nuevamente advertida,

Lima crece y el monstruo de mil cabezas

Vuelve a crecer con los desgraciados.

Amaru baja deslizándose entre desiertos,

Y muestra sus grandes colmillos venenosos

Para tragarse al monstruo llamada Lima.

¡Amaru sigue hambrienta taytallay!

Y nada le hace daño a su cuerpo negro y largo,

Ni las armas y las bombas de los hombres

Hacen daño profundo a su gran alma negra.

¡Taytallay, dime! ¿Qué hacer? ¿Despertara? ¿Nos devorara a todos?

Es cierto que hemos podrido este triste mundo,

Que hemos perdido en el camino lo que nos hace hombres.

¡Ay taytallay! que Amaru no abra sus ojos rojos,

Que siga durmiendo en el hatun mayu amazónico, que siga…

-¡Don Justino! ¡Un chuncho ha venido gritando, esta donde la Felipa!

-Ayayau, ay taytallay, obedeceré tu gran orden, ay Dios tatituy.

EPILOGO DE AMARU

Amaru es Yakumama, y Yakumama es Amaru.

Los dos nacen en hatun mayu amazónico,

Los dos crecen como dioses venidos del rio,

Y los dos tratan de abrir sus ojos rojos de ira.

Amaru es Yakumama, y Yakumama es Amaru.

El nombre es tan grande como el cuerpo,

Pero el miedo es más grande que los dos.

El tayta inti se escondía entre las nubes,

La mama killa se ocultaba entre sus hijas,

Y la pachamama dejaba su fertilidad.

Tal vez por eso Amaru abrió sus ojos rojos,

Deslizándose entre esta tierra agreste,

Y devorando la maldad del hombre humano.

El presagio estaba frente a nosotros,

Pasando día a día, y el hombre sufriendo en el alma

Llorando en el corazón, mientras ríe por fuera

Y se desgarra brusca y rápidamente por dentro.

Somos la maldad misma hombres humanos

Y llegamos a ser más malvados cada tiempo.

Es cierto, ambos son lo mismo,

Y ya despertaran y nos devoraran con sus mandíbulas

Solamente espero que el tayta Kalachiri o Pako

Me conviertan en orqo legendario.

Tayta, ¿si puedes hacerlo? ¿Puedes hacerlo por tu hijito?

Ay taituy… ya nos volveremos a ver en janajpacha.

Andre Gutierrez Calizaya

Nací el 2002 en Arequipa. Conocí el quechua y el mundo andino a través de Lucco y Curo a mis 6 años. Empecé a escribir mis primeros cuentos y poemas a los 15 años, gracias a la profesora Doris, luego conocería a la poeta Melina Gamarra del Castillo y a ASOLAPO (Asociación Latinoamericana de Poetas, Artistas y Escritores Latinoamericanos). A los 16 fui presidente del Parlamento Andino Juvenil. Ahora pertenezco a la asociación cultural de la Chimba, donde escribo en español y en quechua, en indio y cristiano.

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