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pensamiento creativo

Me encuentro tal vez en mi estado más inapetente & otros poemas de María Ricse

Hay un lugar común

un espacio total
donde, imagino, te meces tú
sustancia precipitada al vacío
en comunión
de cuatro brazos extendidos
que piensan
– como las primeras veces –
en el estallido del vidrio
en las esquirlas deformando la carita
del hijo de Juan
desparramado el cuerpo
atravesada el alma,
y escapa de nuevo arriba
en rewind al borde del cemento
plantando cara
al duro amarillo al frío negro
la máquina destaza, y la mancha aquí ya es una sola


son dos, pegosteados y resecos contra la grava
de la acera que bulle y enferma
bien cansada, aburrida, bien harta
atareada
incólume a veces, abusiva
dolida,
turbada
de tanta muerte y enrevesado vacío
estrellados a esfuerzo de cuatro brazos
extendidos en una última petición a dios:
Morir,
no es precisamente lo que queremos.
Pero sí ser sustancia cuasi precipitada
más de una, infinidad de barrancos
“media vuelta
                        a su costado…”
como elementos que
somos de este conjunto
aventurado de sucesos cuya
locación se halla alegóricamente detenida
en la baranda del puente
en sus esquinas – noches tercas –
donde hube de apoyarme a
expulsar tragedias
tragar mi anemia
y dormir poetas.


Morir,
tal vez no sea lo que queramos, querido Juan.
Pero ya que el vértigo, pasión
y puente nos tientan a lanzarnos
y aseguran que nos recogerán
de poco habríamos de preocuparnos
por lo que resta de siglos
(solo tu cara, niño. Tu sangre inocente
de hijito de Juan)


Vierten agua en la plasta
la raspan, ahí mismo, con un rastrillo
acostumbrado a porfiar verídicos
mientras arriba, aferrados por encima
recaen complacidos los entes
al afectuoso ritual de duro amarillo
y frío negro
del que derivan


la niebla que cortan agitados aullidos
y las cicatrices que lucen, confundidos
no sé cuántas decenas de niños
desde que destruimos la vida de Juan
y encarnamos TODO en el rostro de su único hijo.

Escribo estos versos con cierta indulgencia

Demorado por el humo

no he corrido en pos de mí

                        abiertamente

Soy un grito que se dispersa en un embalse de materia gris

mi esencia es virgo

llegué poco antes que vinieras

incluso antes que sirvieras

o tan siquiera supieras

cuánto habríamos de perpetrar los viejos

si el dolor y la incitación que me pervierten

vuelcan mi carne en rudeza vegetal

y he sentido de un tirón

y herido de una sola pieza

aquello que la presteza del olvido se deba ordinariamente

a una cuestión de humanidad

de cuerpo vacío

pero ASÍ NO ES

Ocurre con el sol y con los átomos de nuestro mundo

compuestos por completo de infinita nada

que la suma de nulidades

perpetúa en su extensión

el mal hábito de vivir

presente en ciertos monos

por todo lo cual deduzco

cuando entiendo que movieron otro

que del rotar uñas entonces

y disponer los despojos

se ha tomado el modelo del mecanismo exacto

para tu conversión en Grito

Serás 2073, puede que parte de un sembrío…

La casa de virgo es la número diez

No cedas, hijo mío.

Me encuentro tal vez en mi estado más inapetente

apenas he mordido unas galletas
y sorbido algo de café.
Pero salí a caminar un momento
a la caída del sol
notando que, desde hace un tiempo,
amanezco constantemente empapado de tanto
dormir con la peor de las brisas del alba.

¿Cómo?
¿No es acaso el alba suave y fresca y maravillosa?
¿Tan suave y tan fresca y maravillosa que ha cesado
por completo la purulencia de tu dolor?
NO
Antaño conocí ciertos espacios sin cielo
donde colosos

sin sonrisa

sin ojos

atemorizaban a aquellos
que no veían mi amor.
A ti te dieron miedo, vida.
Yo permanecí tranquilo, con los poros abiertos
e inventé una historia para silbarla
el día de mi muerte: HOY.

(Entre el remolino de hojas
que escondo debajo mío,
buscando protegerlas del primer
maldito rayo de sol,
el cuaderno negro que me regalaste
rebosa sus márgenes y me pide que no cuente más)

Sin embargo, escribo.

La diferencia es que hoy bebo, fumo, estoy perdido
y casi me he olvidado de ti.
La mañana abyecta, no es primera vez que viene a llevarte.
SE LO HE PEDIDO
para evitar que, cuando intentes morderme
como antes el cuello
no sientas en lo hondo el sabor a mugre
seca, sudoración, belleza y mucha vergüenza
que el dolor de amar a la peor de las brisas del alba
trae consigo por haber abandonado la casa que era de los dos.

Ahora estoy muerto, perfumado de anhelos.
Por favor, no se te ocurra venir a verme.
Todas las gentes que asisten a este entierro
son también parientes de la misma alba,
hieden a la misma mugre
y es posible que exuden la misma sudoración.

(En la línea final dice que tú te vas y yo me quedo)

No hay remedio: tuviste miedo
y a las 4:00 am todavía está oscuro

pero AMANECERES CONTINUADOS SIN NOMBRE
me rodean mostrando el huesito tentador de la cadera,
me toman de la mano
y olvido quién eres, que sufres y me duele
entre el polvo azulado de su habitación.

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