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Tu constelación personal & otros poemas de Esteban Vega Landa

No me gustas vestida

Algo se pierde, desaparece
O aparece, brota torvo y molesto,
Entre las ropas
Esa piel artificial de burocracia
De alimento doméstico
Esa piel sintética que huele
A industria
Y si tengo suerte
A hospital.

O quizá sea yo
Que no me reconozco
No me hallo cuando estás vestida
Te prefiero desnuda, ciertamente
Y no por tu desnudez
Nada tienen que ver tus pezones rosados,
Tu vello púbico transparente,
Tus caderas anchas que me enloquecen
Nada
Es solo que la ropa esconde
Esa parte del ser humano que sí entiendo
La ropa es civilización
Tratos ajenos con un tiempo que no es nuestro
Como, por ejemplo
Estando desnuda el labial cayó al suelo
Y no te preocupo saber siquiera
Si el golpe sordo de la muerte
Pertenecía a nuestra dimensión.

Ahora, vestida, te has arrojado de bruces al parqué
Buscando al suicida
Cuando lo halles será otra pieza de tu indumentaria
Un instrumento más del engaño
Al levantarte
Vestida: completa
Ya no me gustarás, ya no te reconoceré
La noche habrá acabado, para siempre.

TU CONSTELACIÓN PERSONAL

“Trilogía de lunares y pequeños mundos.”

Quién dice que solo mis dedos crean mundos,
si en el lechoso adorno de tu velo he visto
las más bellas estrellas de habitantes luminosos:
como ojos que me miran,
como faros que me alumbran,
como campos de reposo.

Ese triángulo magnético de islas fugitivas,
de halcones que en tu pecho le dan vuelta a la vida
persiguiendo aquel cometa que permanece inmóvil:
detenidos en el tiempo,
como engañados por tu voz.

-Estaciones de silencio,
tridente de ilusión-

Herejía floral de tres pétalos,
tres mundos que habitan en ti:
como los estados de una diosa,
de la diosa que los lleva.

Que nada enturbie jamás tu alma…
Trinidad hecha Mujer.

Le Roi Noir

A mi padre.

Se cubren las nubes de auroras de fieltro,
ensillados gorriones esperan
la salida del alba:
el amanecer del silencio.

Oh caballero del yelmo de plata,
se ha hecho prisión tu cadena perpetua,
tu eterno esperar a que floreen los campos,
en tu castillo flotante,
en tus alados precipicios,
en tu haragán mandato,
en tu inútil gobierno.

Ora rey, ora caudillo,
febril tirano de sucia coraza,
¡maldita la hora en que viste la luz!
¡Maldita la luz que te ha visto nacer!
Oh caballero,
pobre niño, pobre genio.
Oh simpático príncipe, oh doncella en aprietos.
Ojalá se abra tu yelmo al caer de sus picas,
y se bañe tu adversario en tus rojos caudales,
las aves cabalguen a donde no alcance tu mano.
Que nada respire
hasta que te halles muerto.
Que el dolor te acompañe,
que se extinga tu voz.
Oh amado rey.
Oh amado hijo.
Oh amado padre.
Oh amado dios.

LAS GOLONDRINAS NO SON LIBRES

Perdóname, madre, porque he pecado
contra tus frías manos sujetas a las alabardas,
contra tu silencio
universalmente sabio.

Me revestiré manchado
antes de que mi espina toque la inocencia
y se una a la guerrilla
y se vuelva roja o rosa.

Manchado por la suerte
Parido por un nombre más que por una mujer
Son los techos las prisiones
Que no nos dejan ver las estrellas.

Es mi voz mi penitencia, madre,
pecador me hallo, pecador y muerto
pero defiendo mi pecado
porque es todo lo que tengo.
Puedes quedarte dormida

                                 Dormida y tranquila.

no soy más un viejo,
me he vuelto niño, como querías:
un niño muerto y ahogado en sangre,
pinchado por un fusil.
Madre, no soy un hijo

Soy un error de tu sistema endocrino,
soy tu pecado, madre,
es todo lo que soy.
Lo soy, madre,
para que tú si puedas ser libre,
para que nadie te mate por no querer parirme,
para que quieras ser lo que te plazca.

No como las golondrinas,
Que se morirían si intentaran volar como vuelan los niños.

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