red peruana de literatura

pensamiento creativo

LITERATURA PERUANA PARA DESCARGAR #28 «RESPIRAR» DE JULIO BARCO PARA DESCARGAR- GRA(TU)ITAMENTE

HAZ CLICK AQUÍ Y DESCARGA RESPIRAR

COMENTARIOS SOBRE RESPIRAR:

ROBERTO BERMUDEZ GRAU
(cuentista y profesor)

Como en un mundo que se desmorona la poesía de Barco se despliega en avalancha arrasándolo todo. El libro, más que una integración de las partes que nos componen como seres de la posmodernidad, es más bien un estallido, pues no se contenta con nombrar, sino que busca y consigue sacudir, poner a flor de piel nuestros conflictos: ¿la globalización nos conduce a la atalaya de la comunicación o nos empuja al abismo? El poema resulta el puente fronterizo entre la destrucción y la continuidad del lenguaje avasallado por las máquinas. La voz poética dominante es colectiva, todos comparecemos en ella de alguna manera, todos vibramos con ella, es musical, sensorial, una dulce conjugación rítmica de huayno y jazz, la suma de todas las culturas a la que todos podemos acceder si estamos dispuestos a seguir las reglas del juego “ingrese su contraseña”, como una nueva aldea de conexiones interpersonales, una comunión de las masas. El libro, en cuanto a la forma, también concurre a la metáfora del río, desde su dinámica textual, su despliegue zigzagueante y sin estribos. En el lenguaje, el río se desborda por completo, inundando los campos bien cuidados de las sintaxis y formalismos para transgredirlos con una luz fresca y novedosa donde abundan los diminutivos, los giros verbales, la replana y la jerga inocente. Este caudal posee en sus aguas borrascosas una idea germinal que será un punto de partida: la formación de un nuevo lector de poesía. Nuevos ojos para mirar el poema, sin tapujos ni ataduras convencionales, una sensibilidad más abierta —potenciada por la dinámica visual—, partera de nuestro tiempo, pero que sigue conservando, intacta, la convicción más clásica del género; conmover, internalizar, contrastar con la palabra escrita la vida misma. La referencia más inmediata del valiente libro de Barco está en los cinco metros de poemas de A. Oquendo. Como en él, Respirar simboliza un punto de quiebre, un entendimiento cabal de que la poesía necesita ser expresada de una forma tal que pueda homologarse  con la vida, todo esto  sin dejar de emprender la búsqueda del hombre, en pos de sus grandezas y desvaríos.

MIGUEL ILDEFONSO
(poeta)

Respirar de Julio Barco es el primer libro de poesía que publica, su ópera prima. Y cabe la definición de ópera para este libro operístico, de una amalgama de notas, ruidos, armonías que deviene en un hibrido aparato de sentidos que remecerá la mente y el espíritu de sus lectores. En la primera mitad del siglo XX Carlos Oquendo de Amat, en esos nostálgicos años de la Vanguardia, nos entregaba un breve libro que se desplegaba y se leía como si se viera una película. Hoy, Barco, nos desenrolla un discurso, ya no con el entusiasmo del viejo cine, sino con la globalización del internet. En esta era – en sus inicios llamada Posmoderna – en que todo discurso se procesa mediante la computadora y las redes; el poeta reactiva una nueva poética de la fragmentación y la multiplicidad de referentes creando una arquitectura movible. Aquí se “resemantiza” a Ginsberg y a Juan Ramírez Ruiz, para denunciar, golpear, incitar, delirar, ante una sociedad que excluye y enajena. Porque si bien la tecnología de hoy permite la conexión a niveles nunca antes existentes; también margina, excluye, o, por último, uniformaliza, en esa navegación virtual que se hace cotidianamente con un aparente no-centro. Barco se rebela y se enfrenta poéticamente a la voracidad del nuevo mundo dominado por el Mercado-Capital. Es por eso que se instala en la marginalidad de una ciudad devoradora, violenta, pacata e hipócrita como es Lima; y desde esas orillas subyugadas de la Modernidad es que levanta su voz ante el descarnado furor de la sobrevivencia. Este es el cantar del siglo XXI de Lima.

Calle NN, 2017.

Armando Arteaga
(poeta)


RESPIRAR OXIGENO PARA VIVIR Y MORIR DE AMOR

EN EL LARGO CAMINO QUE TIENE EL TRAJINAR DE UN POETA lo que queda de su viaje por la vida es su propia obra poética. Sus poemas son espinas que va esparciendo en su extremado sendero.  Jack Kerouac hablaba de una línea recta, de un viaje muy especial para clarificar las penurias de una verdadera acción.  La convicción de un poeta cuando escribe sus poemas está siempre refrendada en sus propias palabras y en sus acciones, no importa que estas acciones sean arbitrarias, horrísonas, desorejadas, lo que importa es que se escuchen esas palabras con claridad, que la vida y la obra lleven inmersa una música que sople las palabras, las letras, las comas y las tildes, que van formando los nuevos vientos de los textos y los libros.

“Respirar”, este trascendente libro de Julio Barco, trae en su afán de apertura y búsqueda de innovación, todo un lenguaje de sugerencias musicales buscando trascender los territorios vigentes de los sentidos, trastocando las órdenes más sugestivas de la realidad. El poeta viaja por su propio infierno en esa objetividad que confronta el ser limeño versus lo foráneo. Abre su camino para lograr un lenguaje sugestivo, muy cercano a una sensibilidad aprendida de los poetas de la Generación del 70:

Pasa un taxi y suena John Lennon

Hace años,  recuerdas, como esas canciones eran pajaritos.

“Respirar” busca el oxígeno que falta en las ciudades, detesta el smog que pulula en las calles de una ciudad como es Lima, urbe monstruosa, donde pululan los ghettos culturales. 

Tiene el “How to read” (Cómo leer) en cada poema, en cada texto, nos lleva de la mano por una lírica que resulta de la traducción lineal de los pasajes idiomáticos del habla popular y de los escenarios rústicos y sensibles ante el horror humano, que interesan a nuestro autor y que recrean su presente e imaginativa versión urbana. Por momentos el viaje de cada poema es un empedernido recorrido por imágenes que el lector tiene que soportar en el dinámico vaivén de este viaje.

Lo sombrío y la praxis creativa van de la mano, alegrando el corazón del hombre sencillo, común y corriente.  El duro trato que pone la voz del poeta proviene de la convicción de mostrar lo áspero de la drástica realidad vivida y soñada por el poeta.  El idioma es un medio de comunicación, ya lo dijo Ezra Pound, para darle sentido al lenguaje, hay que representar el objeto, emocionar el sonido y el ritmo hablado, usar exactamente las palabras reales: fanopoeia, melopoeia, y logopoeia.

De este modo, el respirar de la escritura de nuestro poeta va por los afanes y conceptos de la vanguardia, tiene conciencia estética, y se mueve en una multitud de influencias que le sirven para exagerar y definir una propuesta moderna, donde la finalidad y la misión de la poesía es hacer un breve paréntesis de estridencia:

Carnívoro animal de intensísima luz
Colores & sobre la depresión,
Despliego flores, eucaliptus, ungüentos de miel & erro
Serenamente fluyendo por los edificios
Despejando palpando mis manos bajo mi propia temblorosa luz

En fin, creo que la poesía que escribe Julio Barco tiene conexión con diferentes etapas y escuelas, en lo formal como en lo temático.  Lo cotidiano está presente, hablando desde su propio sufrimiento como ser pensante, sensible, y rescata lo conversacional del cariz social y lo existencial que tiene y reivindica la protesta.  Una forma de sentir la vida y la muerte. Su poesía evoluciona en lo ético y en lo estético, entra al prosaísmo y abandona el discernimiento sentimental desde un discurso de la visceralidad oral: 

Años atravesado por la fisonomía de la plenitud entre mototaxis
Azules vagabundeando en la carretera & aves bailando brillando titilando en lengua
¿de la vida? ¿de la muerte? Y qué seremos ahora
Que yo te recuerdo

Con “Respirar”, el poeta Julio Barco asume las posturas poéticas de varias generaciones, las hace suyas porque es heredero natural de ese lenguaje.  Su producción poética heredada de otros tiempos no desaprovecha los aportes sinceros que él le impone en su vox propia, hace la crítica, cataliza el sueño de la libertad del hombre actual: cosificado en urbes y enormes laberintos de ladrillo y cemento, y calles múltiples que van a ninguna parte.  La poesía de Julio Barco es de otra forma también, expresionista, porque denuncia lo insensible entre la rebeldía y su lucha contra la retórica.  Una actitud anticisne, un compromiso con el dolor humano, donde la misión del poeta es denunciar lo injusto.

JULIA WONG
(poeta)


Palabra y aire, lenguaje y pulmón. Una lírica que rompe con lo reaccionario del término auténtico y local para arriesgar el desboque en la representación de una Lima urbana “on hold”. Hold es una palabra en inglés que se usa en las comunicaciones telefónicas, para aguantar al otro. No se sabe porque le hacen esperar. Si el interlocutor va al baño. Si van a revisar el caso, si hay demasiados clientes esperado, si no les da gana de responder.

Barco, desgarra ese “Hold the line” limeño (o el aire) reclamando una voz propia pero universal…, para volver a respirar desde un pulmón externo. En el poemario de Julio, Lima se revienta. Ese “hold” que la ciudad pretende transmitir con un señorío arquitectónico contrastando el desencanto de la periferia. Se justifica con la ebriedad y el margen descentralizado a pesar del aire cargado de otros respirantes conmueve…, no sabemos convocar lo que Julio convoca: Aire limpio, entre toda la bruma y alquitrán. Julio respira una suavidad auricular, de una aorta exvótica. Pranayama limeño. Del que solo los corazones situados atrás de la espalda, los que reciclan el óxido de carbono y respiran por nosotros.

YHAN KORONEL
(poeta tacna)

RESPIRAR” DE JULIO BARCO

Existe un grupo de poetas herederos del mejor axioma horazeriano y su poema integral: “Sólo una poesía que integre y totalice puede incorporar y ofrecer un válido registro de la experiencia de este tiempo sacudido por todo tipo de conmociones”. Son poetas que continúan el imperativo del Verástegui de “En los extramuros del mundo”, el Pimentel de “Ave Soul”, y el Ramírez de “Un par de vueltas por la realidad”. No es difícil encontrar una actualización de esta poética fuertemente mixturada en un elemento gramatical que sigue haciéndole caras a las estructuras de la sociedad, no sabemos si consciente o inconscientemente, en diáfana crítica. Puede que esto no sea más que una concesión a la moda, o una seria certeza que delinearía el campo de acción y la conciencia social que algunos tienen, lejos de otras vertientes que hacen poesía de la poesía, o poesía del lenguaje como divertimento. En esta veta de poetas muy conscientes de su tradición se inscribe Julio Barco, nutriéndose del espectro de la poesía lúcida y viva, con aciertos y excesos, que señalan el múltiple estro de la joven poesía peruana.

En “Respirar” (La Chimba, 2018), la escritura de Julio Barco recuerda la literatura de las calles, el lente filmográfico que revela la poética de la inka cola en un chifa luego de hacerle el amor a una ex, o la escritura de una carta de amor en una cabina de internet donde niños ratas dotean. Su poética expresa el conflicto poesía vs urbe, espacio o punto de encuentro que resulta vorágine, pues devora todo a su paso, transformando lo simbólico de la ciudad en un imaginario de la individualidad que frisa el solipsismo En este movimiento, Julio Barco se reconoce un sujeto marginal. El yo poético configura un personaje de suburbio que positiviza su día a día mediante un flujo de conciencia bien anclado en el presente, sin temas previos que desarrollar, más que su propia percepción, siempre inmediatista.

Los poemas de Julio Barco no tienen causas ni temas previamente esbozados. Su poesía es la articulación del sujeto únicamente con los significantes más que los significados. Sus interlocutores se cuentan con los dedos de las manos: su yo especular, quien se observa como el aeda de estos tiempos, que bien podría resultar el ángel de la escritura que es la naturaleza misma de las cosas; las amantes, representadas por su deseo, que es energía libinidal organizando su mundo poético y subjetividad; y algunos espectros que son invocados como simbolizaciones de su otredad. De esta manera su poética es revelación y autoconocimiento, en medio de la rutina limeña en su variante chicha, lejos de los idílicos espacios llenos de rococó y aristocráticas maneras de existir. Lo excluido y marginado hace una lírica de su no todo, la otra cara de lo que no es, y de la cual extrae estricta identidad.

Un acercamiento a la composición poética en “Respirar” lo podemos encontrar si utilizamos tres vectores que miden lo que podemos llamar  fuerzas estructurantes: logos, pathos y eros. En este volumen de poesía la mayoría de poemas combina esta tríada con monólogos verborrágicos que hacen preguntas y metacognición sobre la existencia humana y sus alrededores; ese punto de inflexión en que diferenciamos el adentro del afuera, que mezcla logos (conocimiento) y pathos (padecimiento), siempre dirigidos por el eros (deseo y goce). Esta manera de organizar los poemas en inusual automatismo, lo podemos ver en “I SEE YOUR FACE BEFORE ME”, que empieza dirigiéndose al objeto de deseo: “Una hippie argentina/Frente a los autos detenidos/& el tráfico: su dulce cabellera parpadeante.”, para luego reflexionar tomándola como punto de referencia de sus malestares: “Amo a las niñas, los árboles, las veredas/ mis sucios zapatos y les canto./ Y estoy solitario por Tayacaja buscando/ la hilarosada del atardecer, lo más intenso/ Es explorarnos, ubicarnos/ en el eje de nuestra desnudez.”

Sin embargo, no todos los poemas dosifican de forma equilibrada esta tríada. Gran parte de los poemas son frenéticos ejercicios de escritura automática, verborréica, dando como saldo poemas que inician bien, poemas que fluyen y que se desbordan en ritmo vertiginosos sin redondear su causa y medida, arremetiendo únicamente los voltajes de la creación, caballo desbocado, donde sólo importa la resemantización en pro de un imaginario que dota al autor de estricta identidad o self. Poemas como “It never entered my mind”, “I want to talk about you”, “Don’t blame me” que son parte del primer grupo de poemas, sostienen la estructura triádica arriba mencionada, el deseo dando paso al conocimiento y el padecimiento, que es motivo para tocar temas como el sentido de la escritura, la relación yo/lenguaje, el complejo de identidad, la realidad resemantizada, los valores y emociones humanos en todos sus colores. Todo entra en ese motor de la escritura que es “Respirar”.

Si hay que elegir poemas que representan este momento poético de Julio Barco, elijo “& MENTE FLUYE TEJE & TEJE FLUYE MENTE F L O R E C I E N D O”, “C R U Z A N D O O UN ABISMO CON TU NOMBRE DE SOLAPA EN EL CORAZÓN”, y “A MI BRO ALEX”, de breve y por lo tanto menos ampulosa estructura, con un manejo circular y temático que hacen digerible una lectura plácida para quien quiera acercarse a la portentosa poética de este autor limeño. Nuevamente en estos poemas encontramos en primer plano el deseo y goce del autor, y como fondo la ciudad con toda su flora y fauna que dota de contexto y sentido a la peculiar experiencia de vivir la poesía en tiempos donde lo simbólico (leyes, normas) censura y castra a lo imaginario (el yo). Por este hecho, la poesía se nos aproxima no como una vía de escape, sino como un estilo de vida, cuyo lenguaje crea anticuerpos frente a la aplastante realidad donde la voz del poeta no se pierde sino organiza la experiencia de los sujetos.

El poeta dice: “Los globos coralinos de los chifas oscilan/ Sirven en platos blancos los wantanes – la tele proyecta noticias/ & todos nos perdemos & somos caos en el juego de las máscaras”, retratando el medio de donde nace su discurso, para luego protestar el pathos que lleva dentro mediante el logos: “y yo sé que todo esto nos destruye/ y nos ata/ Todo es una ciudad- una ciudad infectada y también es mi cuerpo/ Y mi lengua” (IT NEVER ENTERED MY MIND); actitud que le rescata de la psicosis, pues el poeta nombra lo que no puede ser nombrado. No experimenta el lenguaje como otredad o sentido oculto. “Mi verso lo escribo/ Porque Susana, la vecina, nos compró un panetón/ y Molina –viudo adusto- me vendió arroz a 1.20 el medio kilo./ Solo así entiendo el verso/ No me encierro con locos/ A contarme leyendas/ No me importa la teoría del poema/ ni corregir para que me quieran más.” (“C R U Z A N D O O UN ABISMO CON TU NOMBRE DE SOLAPA EN EL CORAZÓN”). Actitud iconoclasta que demuele los templos de la poesía peruana.

Mi conclusión es que hay una filosofía de la poesía en Julio Barco, que es perceptible para quien no canoniza maniqueamente lo bueno de lo malo en materia poética sino para aquellos que ven en la poesía pensamiento salvaje, psicoterapia alquímica, política subversiva. Es lo que veo en su actitud poética, que flota y proyecta entrelíneas la energía del sujeto que se reafirma en sí, no por una causa social, no por un ideal antropológico, sino por un individualismo anarquista que está en comunión con los elementos que lo configuran. A mí me parece que este autor no es de esos poetas que hacen currículum o trayectoria literaria para aspirar a algún cargo de la burocracia cultural. Julio Barco es un bárbaro que espera las trompetas de un apocalipsis que busca un nuevo orden. Su obra apunta a un fenómeno que supera y escapa las tediosas formas del libro para volver a sus fuentes: la vida misma. Su poesía te dispara a las calles, a la realidad peruana, al simple estar vivo y su esplín en todos sus matices. Que el público decida si estos poemas tienen alguna utilidad y si merecen sobrevivir al tiempo. Yo prefiero al lenguaje como herramienta, arma y hogar. Tacna, setiembre 2018

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: