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Este instante es lo único que tengo & otros poemas de Alejandro Escudero

ESTE INSTANTE ES LO ÚNICO QUE TENGO:

la trompeta de Chet Baker estirándose
en la oscuridad de la habitación,
inquieta y dolorosa,
como un dardo estéreo de otra época
que me resigno a recibir
con su final en sordina,
mientras miro hacia el cielorraso
donde la ampolleta apagada
pareciera un ojo cerrado
que sin embargo me mirara
desde su propio sueño sin luz,
desde ése instante que fue y ya no tengo.

 

LO QUE SE AMA CUANDO SE AMA

es esa imagen confusa de la vida:

                                                           un parpadeo estrictamente ceñido a la muerte

                                                           en el que un niño chupa ávidamente la teta
                                                           de la fatalidad y la imprecisión;

es la belleza de un ojo penetrado por la podredumbre,
es una mujer a la que se mira hasta opacar su esqueleto,
es lo que el mar deja en tus redes
y que tú arrastras como el tesoro de un mundo irreversible
en el que el verbo es sólo un espejismo para fraguar toda la sed,
todo el ahogo, la angustia y la desolación toda;
y es la esperanza que se asoma tras cada derrumbe:

                                                                             un parpadeo estrictamente  ceñido a la vida

                                                                             con su nueva insignia utilitaria                                                    brillando a imagen y semejanza de cada usuario.

 

POR MOMENTOS NO PIENSO EN MI MUERTE:

le suelto la cadena,
la dejo que salga a cagar al patio
donde hay un jardín y una cala
que me abstengo de cortar
sabiendo que la puedo ver
a cualquier hora del día,
de vida a vida, de adorno a adorno,
hasta que en una de esas
deje de ser una flor y sea mi muerte
que vuelve de su breve paseo.

 

CÓMODAMENTE ME INCLINO POR LA RUTINA DEL BORRACHO:

la sigo sagradamente al pie de la letra,
no para olvidar una tristeza ni alimentar otra,
sino para que luego no se diga
que he dejado todas mis ocupaciones a medias.

 

TU ROSTRO ESTÁ SEPULTADO EN MI CARA:

soy tu mueca distante.
Que busquen tus huesos
en el esqueleto de la ciudad,
donde te has perdido
casi para siempre,
a no ser por ese parpadeo
que precede al flash
de un fotógrafo anónimo
que ha seguido nuestras grietas y su mapa:                                                                             una lucecita dolorosa
                                                                            que ha dejado tu negativo intacto
                                                                iluminando las islas de mis córneas.

 

UNA VEZ CREO HABER ADVERTIDO

que todo silencio resulta ser la voz de un dios en peligro;
de uno que caminara afiebrado por el mundo
con su manual y su pesadilla inabordable bajo el brazo;
y se detuviera en cada esquina
a esperarnos un consejo de primera necesidad,
o una conmoción exagerada por sus ojeras y sus piojos.
Algo, en el fondo, una palabra lazada a la bandada
que le calme ese desvelo de seguirnos llevando el amén.

 

 

LOS OLORES DE LA CALLE DIAGONAL CERVANTES

volvieron a su liviandad correspondiente:

                                                                         el de las tiendas hinduistas,
                                                    el de los restaurantes chinos y peruanos,
                                                             el del pasillo de las Chicas Express.

Sólo el tuyo me pesa cada tarde,
como un muerto vengativo
que se mezclara con los otros
para ajusticiarme a las 6 en punto.

 

SALTAR AL VACÍO

desde un vaso, una botella,
diariamente,
por la depre, el bajón, o la alegría,
sin mapa,
a lo que te lleve la corriente,
la espuma, la burbuja,
el río que desencadenaste;
y nunca saber quién chucha
te enseñó a bracear en la sangre.

 

 

ME SIENTO FRENTE AL PLATO DE POROTOS.

Lo miro con desconfianza,
como si no fuese yo mismo quién lo preparó,
o como si estuviera improvisando un guión
para montar una superproducción
y actuar esta costumbre de almorzar en soledad.
Pero esto no es una película ni un documental
ni mi comedor es un set de televisión
ni hay cámaras apuntando desde ningún ángulo.

Tomo la cuchara,
                                cuento hasta tres                                                                
                                                       y digo acción.

Alejandro Escudero (1980). Nace y reside en Santiago de Chile. Diseñador Gráfico Publicitario renegado. Varios de sus poemas han sido publicados por algunos medios digitales y físicos de literatura (en España, principalmente). En el 2013, participó en el Taller de Poesía de la
Biblioteca Nacional, impartido por el poeta chileno Tomás Harris Espinoza. En enero de 2019 fue miembro del taller de escritura de Poesía Asiática, llevado a cabo en el Espacio Estravagario, y dirigido por el Premio Neruda de Poesía 2018, Ernesto González Barnert.

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