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Reseña: Colina Cruz de Teófilo Gutiérrez/ por: Enmanuel Grau

Por Enmanuel Grau

Hay libros que cumplen y basta y hay libros que vuelan y están allí para servir de apoyo no solo al que se acerca a saciar la sed en el abrevadero de imágenes y resonancias que es la lectura, sino también a quienes buscan levantar palabras sobre la piedra sólida de la eficacia narrativa. Colina Cruz de Teófilo Gutiérrez (Hipocampo Editores)es un libro que enseña, sin ningún propósito, una verdad que palidece cada día más y a la que se aferran cada vez menos: la astucia en los procedimientos y la excelencia como destino de una literatura vivaz, profunda y llena de cabos concomitantes, donde el desarrollo de una historia está organizado con simetría y al mismo tiempo, alcanza una significación mayor que se dispara desde la rotundidad de sus bases, para dialogar a partir de allí con toda subjetividad.

Los cuentos que conforman el libro poseen una helada elocuencia que produce además de horror, una reflexión futura que empezará a operar retrospectivamente a quien conjure estos relatos y descubra que la violencia –hilo conductor de la Historia–, además de su dinamismo brutal, solo engendra desgracias.

El libro tiene como antídoto a la receta subversiva, el humor. Un humor festivo que recorre la totalidad de las historias y que varía de registro según se requiera, con una sutileza mayor, esa que hemos leído en los maestros del cuento latinoamericano y que hace que el libro respire por sus poros un rostro más amable para entregarnos, no solo las miserias de una comunidad (la de Guaranguillo, norte del Perú), sino también su pasión y su búsqueda; ese encuentro con una vida distinta en la que las ilusiones, a pesar del miedo y la sujeción, son posibles.

País Literario expresado con crudeza, relatos de gran fuerza realista de ricos giros expresivos y silencios que enfrentan desembozadamente al lector a un mundo que este cree reconocer, y del que va dudando poco a poco por la fuerza de los contrastes que esta ficción levanta como querella a una realidad inmediata, avasalladora e incomprensible.

Teófilo Gutiérrez consigue con este delicado volumen de cuentos afianzar una voz importante en nuestras letras y además y tal vez este sea su logro mayor: proponer en el reino de la “literatura de las redes”, banal y vacía, una literatura profunda y accesible a todo lector, bella y azarosa, una flor de fuego como ofrenda en la cima de una colina de violencia y sueños. 

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