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Hay una chica que me gusta & otros poemas de Bernabé de Vinsenci

1.

Hay una chica que me gusta
como tantas aunque suelo enamorarme fácilmente
con demasiada rapidez
que
en cuestión de segundos
me desenamoro
no es que busque apaciguar
mi infierno sexual
solo busco
cobijarme en las manos de una mujer
para saber si todavía existo
o sólo se trata de envejecer
en el desamparo:
 cada uno halla a su madre
en una mujer desconocida
y al encontrarla
pierde la certeza de las cosas
como por ejemplo
el día y la fecha
en que renunciamos a la niñez.

2.

Sucede, muy a menudo, que
somos prolongaciones de nuestros antepasados:
por ejemplo, Juan, mi tío murió de cirrosis, era:
mujeriego y vago;
yo que escribí sandeces
me tenían por bohemio,
estúpidamente bohemio.

A los 22 sufrí un diagnóstico psiquiatrico
-y juro-
no pudieron calmar mis tempestades;
de a poco fui maldiciéndome
y de a poco las maldiciones fueron llegando; algo así:
todo lo que sale de tu boca te condena;
a los 19 me acostaba con mujeres
que jamás me complacían.

Me enamoré de
veteranas,
en particular una mujer de Olavarría;
estafé a mi madre pecándome
maldecí a mi padre
me burlé de mi mejor amigo;
fui hombre porquería
hombre mundano
hombre viciado, etcétera,
aunque nunca tuve el corazón
cegado de malicia ni espanto
ni, tampoco, homicioso;
el error más grande, acaso fue
matar mentalmente a mis seres queridos
uno a uno
como si los arrojara a un precipicio
donde el precipitado era yo.

3.

Quedé
así
atragantado
con los te quieros
ahora
entre latas de cervezas
tampoco
podré decirte te quiero
ni que me cuentes tus desamores;
ya no sé si sabrás
a lo mejor sí
que mi mal fue silenciar la palabra
¿deberé aprender a confesar la verdad?
sí sé de mis epifanías
de que el camino me fue mostrado
y que eras
una reedición de un viejo amor;
ahora que me entrego
dosificado
deshecho
sin esperanzas de paraísos
puedo decir
a duras penas
te
pero el quiero
ya no
ya no podrá ser traducible
a tu lengua de otros hombres que amaste
y que seguramente amarás:
porque toda alma en pena
no encuentra su amor justo.

4.

Debajo de tu cama
hay sobras de psicofármacos,
un yuyal indómito que nadie pudo cuidar, atrás
ya no hay bosques ni delincuentes de gallinas,
no lo dijiste, no lo murmuraste:
yo me convertí en el bosque.

Busqué antídotos para
tu ira
tu verborragia
tus enojos
tus delirios:
jamás los encontré si no ayer
cuando te abracé y besé tus pómulos,
mientras vos reías desdentada,
al punto de un ataque de risa,
sin embargo
yo fui hasta vos
con una infancia perdida
que encargaste de precipitarla
a un pozo ciego:
la lejanía en manos de desconocidos.

5.

Ahora estarás acostada
asediada por las tinieblas
con un chorro de pis en las entrepiernas
y los gatos merodeándote la cabeza
y los perros aullando en tu ventana;
me hablaste de un bosque peligroso
atrás
de cadáveres
violadores
drogadictos
y que todos se escondían allí.

Temo más por vos que por mí:
porque el bosque comienza y acaba en vos.

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