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DESCOMPOSICIÓN (selección poética de Daguedu Ledu)

DESCOMPOSICIÓN DE DAGUEDU LEDU

Daguedu Ledu -joven escritor peruano- nos ofrece una muestra de su esmerado y particular trabajo: Descomposición. Esta selección recoge algunos poemas que el propio autor seleccionó.

En el poema VI, expresa «mirar y ser el mar y no la espuma» lo que me trae a la mente los innmesos poemas marinos de la larga tradicón poética (Martín Adán: «Si quieres saber de mi vida vete a mirar el mar»,por ejemplo) donde lo ilimitado es precisamente la sustancia de CH2 que repercute sobre las rocas, la tierra, convulsionando con resuello la necesidad de la música del agua. Ya en el siguiente poema regresa a la misma idea «y si todos somos agua» nos expresa para declarar una guerra a la propia simetría de lo real y su símbolo. El mar como un poema que cada centimetro de agua dibuja y embiste.

Para volver al Poema XI, con la siguiente interpretaión de lo que anhela su ontologia, su deseo de ser «naturaleza azul» (Poema que nos evoca, ya desde el títulola vinculación de su itinerario entre lo divino y humano; una repinterpretaión de lo etereo como maifiestación donde se manifiesta la corporeidad y su vacío) Para llegar el poema XVIII donde nos ofrece la misma dirección antes mecninada en un bello destello «y el silencio es solo un niño con su agua de sonrisa» Finalmente la coleccioón se ciera con un poema dedicado a un trome: Julio Ramón Ribeyro. Poema de marcada ternura, que nos abre la complicidad con el autor de La palabra de mudo . (texto de Julio Barco)

I

Semejante a ser y verse en una mano
siendo brújula nocturna
sílaba o silbido
en esta esquina donde no se busca
el litro de lágrimas disjuntas

Surgimos del espacio acumulado por un polvo
tibio domestico mundano
no se ríe

Solo hay sombras
solo manchas de pies dejando las sandalias

Oh cuantos ojos crecen como hojas con escamas
cuantos números y letras nos inundan
Y este triste ser desnudo
no respira.

Solo junta y se distrae.

Un mito es madurez de tiempo
jaula
hogar difunto
panteón de tácitas estrellas
es adelgazar los huesos.

Llevar espinas tras el canto.
Ceder al pasto que se pudre
bajo la danza cotidiana.

Delante huyen pájaros ¡sí, pájaros!
cúmulo de música estancada
nutriente lágrima sin ojos
vidrio siendo letra
imagen derretida sobre espejos.

Desde allá los dedos duelen
aire el viento el aire
su desdén de lápida profunda
emerge.

A donde esta cáscara dentada
la virtud de estar
de ser un libro fluorescente
pausa contenida de palabra.

II

Acostumbrado a pantalones.
Suelas, polvo.
Alguna chispa devora un líquido que cuelga
En tanto arden otras huellas
esferas, aspirinas. 

Límite de pie bajo la espuma
vértices de huesos corrompidos,
árboles desangran sus cortinas
maduran como libros, libre
se desata la agonía
crecen avenidas lentas con asfalto
dejamos los zapatos en el agua
cierta carne nos refugia
sinapsis condenada a ser materia
a ser un hombre acostumbrado a sus pañuelos
materia
condenada a la conciencia
condenada a ser encierro
garúa destilada entre los dientes
ser la sal para los gritos
un tal vez devuelto a ser arcilla
o ser de aire
en este músculo de tierra.

III

Lamento del haba

Me confundo con lo antiguo
con lo elástico del ritmo.

¿A dónde irán los hilos
de esta polución de copa?

¿En qué coraza anidarán
los huesos imposibles?

Riñón o hígado desnudo
mi forma se difunde.

Como río
o pergamino abandonado. 

¿En qué aquelarre emergerán los puntos
de un tejido con sabor a sombra?

He de esperar las algas,
la maquinaria inventariada de una liga,
la válvula nutriente de una esfinge.

¿A dónde guiarán las aves
los colmillos de elefante?

¿A dónde
la caricia de la hormiga?

Ocúpame en la curva
de sauces que se quiebran,
las levitaciones de una orquídea sin espadas,
sin roídas longitudes clorofílicas,
sin desaparecer del guante a mitad del escenario
o perderse a un solo nudo de corbata.

Ocúpame del eco en el ombligo
mi transpiración de roca diminuta
envuelve de estadios el invierno
por cada imitación de píldora terrosa.

IV

Lenteja

No ha de ser aquí 
sino el grano, media 
luna reventada. sabor 
a estaca carcomida en un extremo.

La pálida caída de unas alas 
reptan, sin arrastre, 
hasta un sol en que respiran 
frágiles aviones,
abiertos o cerrados ¡mejor extintos!
podridos como lápices sin dedos 
que sujeten a sus nidos.
las narices de un pantano.

Y esta tecla luminosa, ¡esta tecla!
Anhela ser la uña 
que se arranca, 
la danza de una estatua 
dos lágrimas sin notas 
que derramen 
cada gramo 
de su carne planetaria.

V

He de oír lo caprino de las uñas
rebuznada en cada tilde. Es lícito
morderse en una roca.
Oh dientes,
Oh huellas.

Versículos de húmedos cordones
la piel ínsula sus pestañas
en tanto brilla. ¡Sí, tu aliento brilla!
y es el codo repujado de las ollas
Oh la pústula sinuosa, (devoción)
Oh los niños que sonríen bajo el agua
llevo ojos devorados en tu sombra
y nos demora el alfabeto
y sembramos calamares
abiertos y sudando como estrellas
y nos saludan las ventanas en tus manos.

No has de ser
sino la niebla, el eco diminuto de los liendres
lo tácito de un punto suspendido
y te canto. ¡Oh, te canto!
mi límbica caída olerá tu escoba
tejido por tejido, célula por célula
un no saber si se sabe lo que nunca
un no saber lo que se supo siempre
desde y mientras
duerman en la lluvia
las espinas.

VI

Madura la sal en el ombligo,
a lo ancho quedan pasos,
sucesión de ásperas pastillas,
golpe sumergido,
una plástica sanción de no medirse
de ligar alguna sed obscurecida
cierto límite de pausa intermitente.

Cierta piel errando las orillas,
mana témpano de sol contra natura,
espacio, espacio, espacio.

No hay olvido.

sólo pálpito de tiempo.

Brújula

tránsito nocturno. 

VII

De no arder el viento acude
.¿Será de hojas el silencio frío?
Será este pálpito de piedras amarillas

Una brújula delata la distancia
dimensión de páginas oscuras
la piel imita
el fuego duerme
el fuego…

Máscara de puntos dividida
a un mal que nos alcanza.

hallar las ruedas a tus pasos
mirada de silencio, ritmo,
mirar y ser el mar
el mar, el mar
y no la espuma

VIII

Marea

Cabe desde abajo la distancia
los pies orillan
su lejana oscilación de siempre
he de tolerar la piel
la sombra
la pausa en alimento
aquello que evitamos y nos mira.

Cabe no ceder las manos
a estas uñas que despliegan
la paciencia de cortar un pan junto a la mesa
o aspirar muy lejos el sonido.

¿Y si después de mí
tus ojos siembran el invierno?

¿Y si después el mundo cae
y somos todos
agua?

Arena se despierta.

Allá, la quebrada longitud del vino
sendero de agónicas hormigas
la cósmica apariencia de tu cuerpo
es tierra en origen silencioso
marea, marea, marea.

IX

Aquí los patios nacen del invierno
alguna sed distinta a ser la piel debida
en cada límite el hilo silencioso
los huesos nos erigen tibias páginas de agua,
hallar el ritmo en esta herida
medir el tiempo entre los pálpitos del sueño,
o ser la tierna conjunción de una mirada
que no alcanza las estrellas.

Buscar la gota que habilita
el lento despertar del aire
su quimérica evocación de sombra.

X

Bálsamo de peces
-en el hacha-

El juego sigue…
Columnas infinitas.

Celeste
árboles de canto

Laten látigos sin forma,
nombres comedidamente curvos
lejos
aúllan las orillas.

XI

Voz angelical

Ser las cuerdas que acompañan

                  (paralelas)

aquellas que se cruzan

Caverna fragmentada,
voz celeste en agonía.

Ser compás
anaranjado espacio,
oscuridad con ramas,
arbusto,
voz,
silencios amarillos
de luz
de sombra.

Ser un cierre,
de rectángulos,
naturaleza azul

Piezas que resuenan,
sutiles y sencillas.

XII

De pie los grillos mueven cada ola en la música del día.

No hubo lo celeste

Solo
vaho azul en los rebuznos
página adherida a los sonidos.

pálpito de oreja en las bisagras.

colmena
abrazada de espejismos

XIII

Retablo

A esta forma de sombra he llegado
a cargar de llanto las fosas
con su hueso enterrado a los nudos.

A esta lengua su saliva de grito se calla.

Hay los pies sometidos al fuego,
a los gritos mordientes del invierno
hay el dejar madurar el recuerdo,
el olvido y sembrarlo
atrapar con los dedos la muerte que llega.

A esta pauta lo profundo acude
No se habita la risa,
el fulgor de mirar la cosecha

A esta forma de sombra he caído
y en la sangre nuestros vientos sonríen
su inocencia de luto conserva
un dolor arrancado, ignorado y mudo  

XIV

Un río de cuerdas sobre el tacto.

Un jardín de rejas negras
y el mar ¡Ah el mar!

en silencio.

Pobre el agua con alas de mosquito.

El acero y su sonrisa
nieve
amar la espuma

Pobre ese ruido de ortiga,
Su refugio nos envuelve.

Hay la cacería del verbo,
la estrategia de la amnesia,
la impotencia de saltar sobre una cáscara de mango,
el origen de la infancia,
saliva
olor a mujer u hombre
a bosque, viseras y aire. 

Hay la medida de un cuerpo,
la longitud de otro río
invadido de muerte.

XV

Acudo a ti
por cada tímbrico silencio
acudo

Para tus pasos al océano
podría no esperar el aire, podría
no agotar la resistencia del verano
sino crear el cósmico acertijo de tu beso

Mientras caen las estrellas de la nada
y yo y tú y solo
acudimos juntos al renacer,
al viento
en cada liquido misterio
a ti acudo,
a ti

Sobre mis pasos.

XVI

Es tardía la hoja en el borde.
caricia de humo en tanto
la luz es otra piel que nos mece.

Es esta jaula de sombra, la llave
su ráfaga distante, la lluvia.

Habrá un no ser de límite de ojo entre las ramas.
Para caerse con las huellas de otras manos.

Habrá otro respirar profundo
en este caustico poblar de horas

Mas después de tanto,
después del beso, los dientes y la lengua,
solo uñas, labios y silencio,
cómplice refugio de maderas

De tentáculos humanos sobre el polvo

Otro morder el pálpito
la música de olas 
y dormimos aspirando las palabras 
huesos en el aire

Un piso.
Un cielo con alas
blancas para los ciegos.

XVII

Cuanto deseo de tentar el frío
los dientes siembran vapor cedido a las cigarras.

Oh gigantesca ciudad de pasos,
devasto la ensoñación de la locura.

Para esto mueven su actitud de espuma

Lo callado de la espera (vida)
su diurna emanación de árbol
resolana de silencios,
si supieran de esa sombra,
de esa dimensión difunta
de apretar los dedos.

La ventana nos observa,
somos un fluir de huesos, piel y formas,
cápsulas, 
sueñan los planetas (amnesia)
hallar la cáscara infinita como un libro.

Volver a las ramas
a la construcción de la lengua,
noticia sin cadáver
sin el luto merecido del amor.

Y los jóvenes disfrutan del letargo
de nunca despertar en las palabras.

Volver y ser estas manos,
este vaso,
este trozo de silencio,
esta ola,
este zapato.

Nacer y ser ventana, ser
la ciudad que nos mira, respira y escupe.

Caminar y ser un gato, un perro,
la bacteria que no espera.

Dormir y ser la tarde,
ausencia en la saliva.

XVIII

Somos
cáñamo de partes desiguales
frenesí hasta la ruina
algo cuelga en la ventana
no aire de palabras
destino de colmillos
tal vez un punto
en una línea
es una línea
sobre un punto.

Anhelo
y el silencio es solo un niño 
con su agua de sonrisa.

XIX

El flaco más hermoso del mundo

A Julio Ramón Ribeyro

Julito, cuéntame más de gallinazos que no vuelan sobre acantilados a pie de la insignia de tus venas y convídame ese humo poderoso. Quédate, que aún extrañamos ser arcilla para tus pasos.


Tú sabías que esto de ser palabra es una jodida locura, sabías que nuestras manos tiemblan, que tocemos y sin embargo la sed nos mueve, nos da el coraje de escupir al aire, de mirar de nuevo nuestras manos.

Jodido es, flaco querido, apretar los dedos y crear historias. Ignorando el dolor, el hambre, el humo, la mierda que hay que convertir en oro ante el fuego, entre los dientes. Luego seguir. Ignorar a la mujer y al hombre desnudos, hacerlos aire y poseerlos, aspirar sus sombras y crear. Escribir con sangre, sudor y mierda, pero siempre escribir.

Y qué, si nadie nos lee. Qué, si lo escrito termina en la nada. Qué, si es lo merecido.

Julito, no tardes. En Lima se siente esa ausencia tan muda y sucia; que tú, muy bien conoces.

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