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Réquiem por un sueño: Valdelomar, o la resistencia literaria /Por Julio Barco

Por Julio Barco

Hoy hace 100 años murió el gran Conde de Lemos, Abraham Valdelomar.

Así, puse en mi muro de Facebook el domingo pasado. 22 likes, algunos llantos y otros un sombrío y gélido me gusta. Eran ya 100 años sin el talentoso escritor, periodista, poeta, caricaturista y, por encima de todo, agitador cultural, Abraham Valdelomar. 100 años, en realidad, es poquísimo. Si lo pensamos bien toda nuestra literatura, pienso, es bastante niña. Si seguimos a Mariátegui, la independencia con la servidumbre de España -ese sacudimiento de la estética y la apertura hacia una sensibilidad propia-llega con la vanguardia y los límites del decir se abren.

Junté las revistas que tengo sobre él y leí las reseñas típicas exaltando su pasión por la escritura, su fuerza para crear una época y trasmitir mensajes, es de-cir, su capacidad de ser un cerebro ardiente de todo su tiempo, una época (OJO: y sin que ello le impida tener una sensibilidad muy propia) Sin dejar de tener un mundo propio, sin dejar de sentir la animaversión de la vida. La gente suele decir que los escritores se mueren de hambre, pero pienso que eso es simplemente una mirada que aleja y pone prejuicio a la realidad de los escritores de un tiempo determinado. Valdelomar, su vida, es una resistencia desde su calidad de creador, por mantenerse lejos del hambre y muy cerca a la dignidiad de las letras. Sin duda, fue un tipo perseguido, cuestionado y odiado, pero del que se siente una inteligencia y ser muy vivos, que pergeñan en sus páginas una plásticidad muy palpable: una fuerza de la naturaleza, capaz de mover la simetría de los dientes de león.

Es que Valdelomar, es, muy de cerca, aquel loco que se obstina por volverse escritor en una sociedad donde aquello solo es hobbie o muy eventualmente arte de las clases adineradas. Todo da a entender que también fue por su particular forma de comportarse, -desenfado y polémico, como todo lúcido frente a lo ignominioso; como todo rebelde que lanza su piedra contra los vidrios del desprecio y lo solemne- que algunos llamaron snob o dandismo-que, ojo, son los residuos de la clase media que deja el nacimiento de la burguesía en cier-tos estados europeos(*), personas que no se adaptan a lo social y buscar seguir sus propios rituales, por ende son considerados decadentes frente a la vida y los valores establecidos por el Orden (Baudelaire, Wilde, por ejemplo). Esta actitud, en estas tierras de América, tiene pues sus contratiempos. Es decir, se le cuestiona básicamente su espíritu iconoclasta, crítico y directo; como también sus modales y remilgos.

Es interesante pensar como Valdelomar, al mismo tiempo, es una suerte de esencia: una forma de ver las cosas, un ritmo. (Ojo que con la moda posmoderna los estilos se rompen y metamorfosean, aunque siempre hay autores que encarnan la contracorriente e igual el arte como tal sufre vaivenes de toda naturaleza) Algo demasiado difícil para la sociedad que no aguanta nada fuera de su propio eje mental, que muta e iguala a los diferentes, que desprecia a sus lúcidos e ingeniosos escritores, que los atropella con quehaceres que los alejan del rigor de la pluma, que los alimenta en el desprecio y los educa en elpesimismo y la apatía.

Qué caro le costó eso al joven Valdelomar, delicado en sus versos, ampuloso en sus crónicas, inimitable en sus diálogos máximos, e incluso ensayista de las neuronas y su funcionamiento, sin olvidar sus cuentos chinos, sus cuentos prehispánicos y su trabajo de novelas breves, provinciano encima, para una ciudad tan hipócrita como Lima, donde perduran los valores del mercado como única opción de vida (**) y la pacata mirada de una ciudad con residuos coloniales, donde la clasemedia convive en su linda dignidad, en el objetivo de subir algunos escalones más en la comodidad y los bienes y los demás son rechazados, o sobreviven entre la mendiguez, trabajos a destajo, tiendas o bodegas, o marcianos de maracuya entre las camiones y micros de Puente Nuevo.

Lo curioso es que, justamente todos estos desajustes, lo conducen a crear su propia idea del «genio». Y esa idea, incómoda para muchos mentecatos, lo traduce precisamente en las páginas más reflexivas de Belmonte, el trágico,-su libro sobre un torero español- Valdelomar afirma que :

El hecho de que un genio no dé todo lo que posee no quiere decir que no sea el que más da de todos. Creo que la obra genial tiene que ser superior a la vida porque es el FRUTO de la vida en un estado de exaltación momentáneo; punto tan culminante a veces, que la misma vida que llegó a él no podría volver a ascenderlo. (…) Una prueba de ello es que los hombres de genio marcan a través de su producción un punto máximo que supera a todas las obras y que es aquel donde reside el quid de la genialidad.

Para después seguir con que:

(…) el personaje incorpóreo y superconsciente que anota un fenómeno mientras la conciencia duerme y divaga; aquél a quien algunos llaman, sin conocerlo, instinto y que tiene más conciencia que la conciencia; aquél que avisa el peligro, que guía hacia el amor, que establece la simpatía, que crea la obra de arte, que establece la simpatía, que nos da las grandes ideas; aquel ser incorpóreo, imprecisable, que los egipcios llamaron intuitivamente «Ka», el doble, el otro Yo…

OJo, lean bien: la mayúscula del primer párrafo es mía: fruto. F-R-U-T-O, en muchas páginas de sus artículos justamente Valdelomar expresa ese de-seo de corporalizar los sentimientos, –de hacer verdad lo que bulle en el in-terior del galope de la actividad literaria- de hacer real el bagaje del cerebro, volver escritura lo real. Es que, el genio es el hacedor de los frutos y su propia naturaleza es el néctar de donde se desprenden.

Es obvio que en Valdelomar encontramos intuición y belleza. Otro detalle curioso: el más polémico de los autores de su época, no termino la universidad. Eso, en muchos de sus textos, eleva el propio sustrato de su escritura de la banalidad más somera. He ahí lo ju-goso del arte de Valdelomar, lograr que sus letras sean gozosas como las de un fruto, alquimizar la realidad hasta volverla propiamente naturaleza.

Y eso busca Valdelomar hasta su trágica muerte a los 33 años: crear la miel, esbozar una galaxia personal, tarjar suavemente la forma. Lo curioso es que igual existe otro Valdelomar: el político, el caricaturista, el periodista, entre otros menos célebres,con los que su ingenio se refocila. Todos conviviendo en la misma mente y cerebro del joven de vestir atildado, corpulento aunque delicado andar, sensibilidad de párvulo y polémicas a flor de piel.

*

Y me pregunto ahora, ¿de qué otras formas hacer respetar el oficio? ¿acaso a los empresarios y mercaderes dueños del país les importa elevar el pensa-miento y la inteligencia de la sociedad? Ellos felices de que la mayoría sea amante de la tele y no tenga voluntad de aprendizaje, o ¿acaso los congresitas de aquellos años eran acérrimos lectores y eruditos preocupados por el devenir de la lengua poética? Valdelomar, como cualquier joven lúcido de ahora, com-prendía la indiferencia en el que viven los escritores en países como el nuestro: banalidad y desencanto. Acérrimo a sus ideales, como un buey, tuvo que ser nuestro amigo Abraham.

Pensemos en autores de su tiempo, es decir, los que se movieron alrededor de la VANGUARDIA: Vallejo, Moro, Federico More, Oquendo de Amat, Magda Por-tal, José María Eguren, Churata. Grave e impecable generación. (Ya me daré el tiempo, en mis siguientes artículos, de comentar sobre estos autores)

No obstante, el liderazgo del alba fue del Conde de Lemos: abrió puertas, les dijo a los demás la literatura es segura, ok, podemos escribir, avanzar, hacer, ordenar, manifestar, jugar con el caos. Es esta actitud vital la que me interesa, a diferencia a de otros escritores de su tiempo, no era de una clase pudiente. Tenía que ganarse el pan y sin dejar por eso de escribir. Luis Alberto Sánchez en su bello libro Valdelomar o la «BELLE EPOQUE«:

La expedición al norte, como podría llamarse aquella romería cultural, tenía como antecedente inmediato las conferencias ya pronunciadas a su autor en centros; las que habían reafirmado a su autor en dos certezas: primera, que el trato directo con el público posee innegables ventajas y atractivos, y segunda, que en una tierra de ciegos, el tuerto es rey.

Esa resistencia literara, entonces, siendo sinceros es el viaje de un salmón: mucho más fácil hubiera sido dejarse llevar por la corriente, ser uno más de los tantos intelectuales de aquellos tiempos, amoldados y sin caracter ni capacidad de singularizarse. La escritura, pues, nunca fue ni será un juego banal de fin de semana. En una de sus cartas, de 1918, escribe a José Torres:

La técnica se adquiere con el trabajo, como el músculo con la gimnasia; PERO ESA CHISPA DIVINA que caracteriza al artista no la dan las universidades en LOS CARTONES DE FIN DE AÑO.

En otra carta, dedicada esta vez a uno de sus grandes amigos, el poeta de los Antipoemas, Enrique Bustamente -olvidadísimo para estos tiempos- le escribe:

La vida en Lima ya es imposible. Una suprema estupidez lo invade todo, desde la POLÍTICA, último refugio de los que aquí vivimos, hasta la Universidad, eterna consagradora de nulidades.

No es un tema tabú pero hay que decirlo claro: tomarse enserio el arte literario, en estos tiempos nihilistas, es hasta tragicómico. Y es, sin duda, una apuesta absoluta, total. Poreso, yo croe que esa apuesta es también la gran enseñanza de Valdelomar. Por eso, atinadamente, dice no es básicamente un oficio ni tiene valor. Entre tantos falsos profetas y estólidos, Valdelomar, se alza, frente a una multitud de escritores poco honestos y desanimados, que ya cuando tienen familia y puestos asegurados se aferran a lo estático y dejan de perseguir la sed literaria. Poetiza entonces «Yo me siento morir entre esta horda vana;/ mi talento es para ellos como una flor malsana».

Todo lo demás se torna un cuerpo de ataques sobre su propia realidad: hacerse escritor en medio de los cerdos e hipócritas.

Es decir, es Valdelomar una de las primeras presencias literarias que en-tiende la escritura como una cotidianidad, un modo de vida (ser y estar), y bajo ese halo se forma su crítica, su queja, su escándalo y su resolución logra crear una obra que, en sus mejores versiones, Yo creo que por este desfile de convicciones, Valdelomar se hace nuestro primer escritor moderno.

Es decir,el primero en entender los trabajos en la realidad y en la realidad simbólica, de sabotearlos o reordenarlos, usando con lucidez los medios de la época. Trabajo de alfarero y de ideólogo. Es, en suma, un escritor moderno porque si lo tuvieramos vivo, nos podría conversar y entendernos y mantener un diálogo afin, a pesar de los ya 100 años de su trágica muerte. Y esto se puede comprender al leer la lúcidez detrás de sus textos.

Vallejo, uno de sus mejores amigos, quizá lo dibujó mejor que nadie en una crónica sobre su muerte:

El hombre bueno e incomprendido; el niño engreído, con noble y suave engreimiento; el mozo luchador, el efebo discuto del arte; el vencedor de la muerte y el olvido.Abraham Valdelomar ha muerto; el cuentista más autóctono de América; el nombre más sonoro de la última década de la literatura peruana.

Pienso en los curiosos adjetivos con los que dibuja el autor de Trilce, al Conde de Lemos: engreido, noble y suave. Curiosamente, en la actualidad, sigue vivo in-cluso para los que no son muy cercanos a su obra, ya que su rostro ilumina los anaranjados billetes de cincuenta soles. Y en los colegios de todo el Perú, uno de sus cuentos, El caballero Carmelo, sigue siendo lectura escolar obliga-toria .

Pienso que para estos tiempos, son idóneos los grupos de critica y aventura poética (***), como en su tiempo fueron los colonidos, el grupo que lideraba el Conde de Lemos. Estamos en una época donde la informacion es muy fluida, aunque se tiende por un evidente vacío o humor vacuo, el acceso al arte literario es cada vez mas inmediato.

Algunos cuestionan esto y piensan que lo banalizan; yo creo que la difusión lo hace cotidiano, diario, le da una frecuencia que antes era insospechada. Vale, en todo caso, recordar las palabras de Ivan Klima, en una trevista con Roth, que expresa estos desvaídos tiempos: Sé que, seguramente, algún día terminarán para nosotros estos tiempos en que los libros de poesía se editan en tiradas de decenas de miles de ejemplares. Supongo que una ola de basura literaria y televisiva invadirá nuestro mercado, y no veo modo de que podamos evitarlo.

Notas :

(*)Recordemos que, gracias a la burguesía y el derrocamiento de las monarquías europeas, las empresas textíles florecen de modo desmedido.

(**)Y si no te ajustas, para la GRAN MAYORÍA, eres un loco, vagabundo, desquiciado, muerto de hambre, paria, perro, serrano. (GRAN MAYORÍA = estructura del orden simbólico)

(***)Y la pregunta del mes en lenguajeperu.pe es: ¿No tenemos acaso acceso a muchos libros GRATIS, a muchísima información y a comunicación más directa no solo a nivel local, sino internacional?

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