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4 poemarios para este verano (trinchera diálogos poéticos) por Julio Barco

Por Julio Barco

Con el afán de polemizar con las nuevas publicaciones de poesía peruana, abrimos esta trinchera dentro de nuestra web. Vamos a comentar libros y a seguir las tendencias y espacios o debates que estos generen. Abrimos la invitación para que nos manden sus poemarios si desean ser comentados aquí.

Hoy, domingo 12 de enero del veinteveinte, arrancamos con estos publicaciones:

1)Mike Paredes, Punqandes (ópera andina) Editorial Ediciones marginales 2019.

Entendemos que para Paredes la poesía es un retorno a las energías limpias de la materia. Ahí su cercanía con el fuego, elemento que sacude como temblor estas páginas inundandolas de la fogocidad creativa. Punqandes también aporta el deseo de ser un canto sobre la propia fecundidad. Observemos, por ejemplo, la estructura: Ovulación -Nacimiento-Inhumnación-Encuentros. Hay un diseño que no escatima en usar fotografías y lenguaje encima con el fin de aumentar la intensidad de su lenguaje. Mike Paredes también es fotógrafo y eso embalsama su trabajo de creatividad plástica.

Pienso en algunas palabras que se repiten: «Sol«, «sombra«,»golondrinas«,»peces«,»río«,»pastizal«,»árboles«, «piedras«. Estos símbolos de la naturaleza operan como energías que desencadean la música y belleza del lenguaje de Paredes. Por todo ello, Punqandes termina siendo un libro explosivo sobre el ande como sentimiento, el ande como torrencialidad y fuerza. Aquí algunos versos:

«los frutos/ semillas de nuestro amor ardiente» Tal vez, esa ausencia de metaliteratura (como en otros libros andinos como Apurimac Radio Poder, por citar un caso icónico dentro de este florecimiento andino en las letras peruanas) Versos sencillos y claros. El poeta no sopesa el lenguaje bajo un enmarañado campo teórico que lo muta y devuelve a diferentes cadenas de sentidos. Ni necesariamente crea una máquina pesada o trilceana: el aporte es de juego lúcido, de abecedario encendido. Amor es fuego y el diálogo que crea-espacio y tiempo son semillas. Hay algo vivo en estos versos de lo que lo emperanten con el amor o el fuego sideral. Un lenguaje pogeando.

Este es un libro que, de haber sido publicado entre 1910 a 1930, pertenecería a nuestra vieja vanguardia con autores como Alberto Hidalgo o Magda Portal. No obstante, como lectores, esperamos el texto definitivo de Mike.

2)Noctámzul de M. Román (Edición de Autor 2016)

Lo primero que me gusta de este libro es su formato: hojas amplias y letras con -calculo que 1.5. de espacio impoluto de respiración óptica- límites propios para un gozo lector; excelentes solapas y doradas letras en la portada que al moverlo sigilosamente producen destellos. Piola. Bacán pensar en que tu libro guarda necesariamente una forma. Excelente aporte para la idea de libro y el gozo que genera en sus variados formatos. Entrando en los versos, observo que los versos de Roman invitan a la complicidad del gozo de los sentidos, de la libertad, de la flexibilidad que produce en la textura poética el mantener el halo inherente de la infancia.

Quien se sumerja aquí con cierta candidez podrá comprender y entrar, a tiendas y sin disfraz, dentro del neovanguardista undo de Margaret: seres con enjutas piernas de jirafas y cuerpos de elefantes o niñas que hacen de sus propios pensamientos cadenas largas como serpientes y las desenrollan para regalarlas como flores. También hay lluvias y versos apasionantes como «Que placer el escurrirse mi razón mientras contemplo extasiado/ la llama ardiente de tu incalculable dulzura incendiar mi interior/ Arde fuego en la inmensidad de tus ojos./ te observo y tu derrites mis gélidas puplilas» o neologismos como «arcolirioposas» o «Nubelce».

Un lector fisgón podría cuestionarle su desmesurado uso de adjetivos («perpetua infancia», «purpurina ilusión»,»hechizados luceros»,»desborante alegría»;»acrisolado azur») pero nosotros creemos que adjetivar, cuando se tiene mirada propia, es signo de cordura y de personalidad. Estos son versos con personalidad propia, con voz desde la infancia que entiende todo, es decir, desde la magia. Si hacemos un juego con su apellido, es decir, con Oyanguren y omitimos el «Oyan» para colocar estratégicamente la «e» llegariamos a emparentarla con un autor como: Eguren.

Hay entre Eguren y Oyanguren una familiriadad no solo morfológica sino también espíritual. La niña de la lámpara azul podría habitar los vericuetos de este poema. No obstante, su mirada también descansa dentro de ciertos desbores interiores como en este verso «y no podré sino resistirme a ser/ un trozo de arena molido en el tiempo» o «Danza la esperanza en el/ fuego ardiente de una secreta pasión/ anunciando en mi horizonte/ grata sinfonía» Estos versos, más dentro de un estimulo rubendariano modernista, retrotraen su lenguaje a un gusto de antaño aunque revitalizado por la nocturnidad. Una nocturnidad donde la imaginación es el halo de la luna del verso.

3)Donde la luna estalla de Frank Hernández (La plaza editores-2019)

Impoluto y sin portada, tan solo con unas letras en vértical, Donde la luna estalla, no vaticina nada. El libro, interiormente, ofrece muchas Lecturas. De arranque, vemos la versatilidad del autor para saltar de la prosa al verso no ceñido sino al motor psíquico. Estamos frente a una poesía que asume su propia insularidad: mirada periférica, voz nerviosamente propia, juego con la tradición y atrevimiento de explorar lo real desde una mirada que termina siendo crítica y incrédula. Obviamente, que existe dentro de un legado que tiene a Verástegui, Ramirez Ruiz, Ildefonso, Chumbile, C. Oliva, (o el propio libro Symbol, o hartos de D. de Ramos) por citar a conocidos, un diálogo y similar conflicto: cuerpo, orbe, cuerpo, lenguaje, cuerpo, límite del decir, territorio, enigma del deseo de dibujar la totalidad del fúlgido cuerpo aunque presencia del final, de absurdo carnívoro («Monedas guardadas por las huevas en la canasta de la ropa sucia») Todo ello bajo el fuego de lo conversacional en tiempos de hiperestimulación mental.

El narrador yo-voz-interna de estos versos comprende y ejercita el campo de la poética como mecanismo de andar en calles, siguiendo los aportes de W. Benjamín, al expresar que toda ciudad se sostiene bajo lenguajes. Encerrado este sujeto-voz-interna su exploración lo conduce a un registro de su realidad. Y son justamente los encuentros con la realidad más contemporánea donde se hallan sus aciertos. Por ejemplo, «en la compu todo lo moderno debería/ ser cassettes flotando en el wáter» o imágenes de una sutil plasticidad -dibujos de la ciudad en pinceles caóticamente claroscurosas, como titilantes gallinazos reflejados en los vitrales de la ciudad- «Cruzando un hospital solo hay motores de refrigueradora» o de una desolación absoluta frente a la Urbe como «Casi todo es apremiante cuando el único techo son las propias manos/ Las paredes patean un reptil otra historia/ Mi cabeza en la ventana la dieta del sol» o imágenes de la convulsionada vida de los conos «Los borrachos se endemonian timbeando en sus mototaxis» También descata de la primera parte la reiteración de la necesidad de un prólogo en dos espacios Se necesita un prólogo (poema VII, pág. 15) u «Este es el prólogo de mierda» (poema X, pág 20) para después «No hay mejor prólogo para quién no quiere ver» (XV, pág30) lo que nos abre un poco la mecánica de este trabajo: juego dfe reiteraciones, imágenes de la ciudad, angustia frente al sinsentido, escépticismo, desborde de autoconciencia. O también la insersión de un diálogo que se opone a unos «fulanos» («Unos fulanos quieren que solamente el corazón sueñe y no sirva lo demás /del cuerpo») Entonces, se sienten y palpan los referentes contra los que ejecuta su lenguaje el autor: lo falso, las poses, las posturas snob.

Todos estos versos, elegidos desde la lectura propia, demuestran lo poco «poético» que termina siendo el proyecto de Hernández y eso lo emparenta con movidas donde esta pureza aterriza en lo coloquial, urbano surrealista, o delirante derrame de ideas e imágenes. La mentalidad y sus desajustes son el nuevo itinerario por donde la imaginación del poeta- cual Lorca con cuenta de facebook- deambula observa su propio ser. Me recuardo algo este libro a otros como Biohazard de Gerónimo Paredes o Santa Rosita y El Péndulo proliferante de Lauer. Trabajos que son también como viejos roperos con hartas pociones y metadiscurso y poesía dándose como fluidez del propio decir. Es decir, libros que, como los 5 Metros de Poemas o Un par de vueltas por la realidad, nos ofrecer el sendero que dibuja plastica y furiosamente el sofware del poeta. En esos vaivenes de la modernidad, donde negar el juicio del verso como establecimiento cultural o maquinaria de guerra de la época, termina derivando en un discurso donde el yo es corrosivo de sí mismo y se inventa desde un lenguaje lumpenizado frescamente por el caos. Hay -subrepticiamente- una propuesta, que nos recuerda lo que Zizek explicaba sobre lo invisible y visible del peligro, dado que detrás del caos del lenguaje y su crítica, se ve la giba de una maquinaria demente que tritura e incendia sueños. Aquí se observa una radiografía de ese remolino.

DEBÍ HABER ALTERADO LO ANTERIOR, es el lapso final, de 15 páginas,-aunque algunas de una densidad innecesaria (1)- donde los bloques de prosa-poética-delirante nos abren otras lecturas sobre la propia situación-alucinación. del yo poético. Discursos delirantes (y multiplico mi paranoia en un puente cercano a la pituqueria) o imágenes del vanguardismo clásico (La luna posa como un pulmón) o imágenes como video juegos dentro de la plasticidad del verso (Aislarse en algunos dibujos que se cumplen en el micro viendo al sol vomitar sobre el pasajero delante») o divagaciones sobre la idea del lenguaje ( El lenguaje perdido es la paga para algo degenerativo, o corta nuestros nombres para explicar cómo se mencionaese dato que nos hace tanto mal. El sueño donde el cielo es pesadilla en otro sueño, llueve podemos leer derramándose todo el asiento) o simples y burdas confesiones (Los trece años me exigían volver a Lima) y (Aún soy un niño, dibujo personajes de videojuegos de manera ridícula en mi cuaderno, por ahí algunos trazos forman alucionaciones de parejitas que se aman al lado de los arbolitos, y el sol está a la altura de los oídos, de las ramitas, y tal vez de la noche.) Con un epígrafe de René Char y una contraportada poema escrita por R. Jiménez (donde define el trabajo de Hernández como «sensacionismo hiperrealista») este poemario muestra mucho atrevimiento.

4) Desde el otro margen de Pedro Briceño Rojas (Bisonte Editorial)

Como un mensaje largo y fluvia dedicado a «Shaga», Desde la otra orilla» de Pedro Briceño Rojas, nos abre un vericueto desde la insularidad y lo descarnado. Entre sus versos se tocan temas como el sufrimiento, la pobreza, la marginalidad, pero desde un idioma impoluto de adornos o vanguardia. En algunos versos el poeta intenta fundar su justicación lírica «me disculparán ustedes/ pero es hora de hablar/ hablar siempre es una necesidad/ para quien no ha visto todo»

Y, siguiendo la empatía vallejiana por inclinarse a temas afines al dolor y el sufrimiento (que, nos arrojan, a la propia esencialidad) encontramos paisajes como «el corazón con sus huelgas de hambre solitario/ es un tráfico de mercados/ destinado al desequilibrio entre la oferta y la demanda». Hay no solo ese hálito vallejiano de lo religioso y político,sino también desde el halo de la orfandad familiar («he cogido un pañuelo y la espanto/ con la cólera de no verme solitario/a la hora de la cena familiar) Aquí también, lo familiar nos recuerda a otro tema del mismo reino de Vallejo (familia, desarraigo, pobreza, dolor, sufrimiento, crítica social) Pues, bien, al llegar a la mitad del trabajo vemos un epígrafe del mismo Vallejo que sintetiza la ubicación de lo humano dentro de su discurso: «Y el hombre sí te sufre: ¡El Dios es él!» donde vuelve a formar parte de un lenguaje que habla del vacío, del «gobierno de la sinrazón», o del «pan oscuro de nuestras bocas» Desde el otro margen, entonces, es un libro donde «el grillo no consuela» (como sentencia Eliot en el epígrafe del inicio) y la realidad y sus contradicciones.

Es verdad que Vallejo enseña a ubicar en el balbuceo de los yoes la medular del sentimiento y el eje de la emoción, y LEJOS DE METERNOS A UNA CONFIGURACIÓN DE VANGUARDIA vacua, nos acerca a los conflictos de la humanidad fomentadas por el Capital. Esto es lo mejor que recupera Briceño: la poesía como testimonio de una época hostil, la poesía como dibujo crítico en la nueva Mátrix; aunque como legado, todavía no asuma la totalidad del/ o los discursos. La ausencia de mirada o mundo propio a veces mata. En este caso, observamos, un intento de recuperación y de homenaje, y eso es válido.

(1) Y esto me hizo pensar en la densidad del nuevo lenguaje, como se va -en el deseo de ser originao o nuevo- volviéndose neobarroco.

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