red peruana de literatura

pensamiento creativo

Reseña crítica sobre «Cuerpo de Amor» de Diego Alonso Samalvides Heysen

El pasado viernes 17 de enero, el joven poeta peruano galardonado con el 4to lugar del Premio Nacional de Poesía Antenor Samaniego, presentó su primer poemario bajo el sello de la editorial Summa. Junto a Diego Alonso, en la mesa de honor se encontraban los destacados poetas Juan de la Fuente Umetsu, Sixto Sarmiento, Willy del Pozo y Harold Alva; quienes se manifestaron sobre la obra del joven vate.

Auditorio auxiliar del Instituto Porras Barrenechea.

A continuación, la reseña crítica que escribió el notable poeta peruano Julio Barco, quien fue laureado con el Premio Nacional de Poesía Huánuco de Oro (Edición 2019). Además de ser considerado como una de las promesas de la poesía peruana en la escena literaria contemporánea:

CUERPO DE AMOR, la inocencia de Diego Alonso Samalvides Heysen en su primera opera prima El amor, como tal, ya explorado por pre-socráticos, místicos, cristianos, trovadores, románticos, surrealistas, beat y demás, nos enfrenta a cuestionarnos: ¿Qué podemos añadir, nosotros, escritores del siglo XXI, a un tema tan manido dentro de la historia de las letras universales? Y, también: ¿acaso, el amor, no es el gran tema de la vida misma, eje del eje de lo humano? En el libro que usted tiene ahora en sus manos, lector, verá un diagrama amoroso, un bloque de poemas que exploran el tema, con invencible sencillez. Yo sé de este joven autor desde este 2019 -lector, tranquilo, curioso-, cuando me llegó un volumen de 4 diáfanos poemas que pronto subimos a lenguajeperu.pe. Sin duda, rescaté su aliento sencillo, esa pureza que levita sobre los poetas bisoños, que persiguen en la patria del sueño la rosa de su canto. Los ojos limpios que todavía no se han envuelto en la nitidez de la locura o la desmesura de la «autoconciencia». Como sabemos la poesía no es solo juego o pasatiempo, sino voluntad, fe, constancia (y mucha pasión): he aquí el primer volumen de poemas de Diego: Cuerpo de Amor. Libro que abrí y devoré lentamente, buscando el tono de su épica dividada en tres fragmentos: «Poemas Iniciales», «Poemas de amor» y «Tribulaciones», que son desde sus rótulos indicadores de los contenidos a versar. La sombra de la inocencia y la claridad inoculan en los versos su ritmo delicado. «Decir que te quise y que te quiero/ y que a ningún amor quise más que al tuyo/aunque no pudiera protegerlo» El cuerpo enamorado y su discurso. La frescura de su mirada, todavía nítida. El silabear el ardor de un cuerpo que sentimos nuestro y donde perdemos el yo, para el que el tú titile con furia. La frescura del primer júbilo que también es entendimiento del lenguaje, es decir, nacimiento del ser, que deviene en creación de «mirada o miradas», es decir, paladeo de las voces, entendimiento de la mesura y desmesura del agua, el fuego, el aire y la tierra de donde brota salvaje la poética. Frescura que también es límite -recordemos Trilce/Vallejo-aunque inicialmente se confunda con la amplitud de los sentidos. Lo cierto es que Diego Alonso es un jardinero fino, cándido. Tal vez, esta finura lo aleje inexorablemente de la poética de los Tiempos Actuales -angustia verbal frente a la imposibilidad de hilvanar un discurso de la totalidad de lo real, angustia y embrujo de infinito, embelesada por el flujo del internet, la depresión y las resquebrajaduras globales- y más cercana a nuestros grandes del género romántico: Romualdo, J. Gonzalo Rose, e incluso Eielson, pero quizá más cercano incluso a la sinceridad del primer Javier Heraud (¿O Sologuren, o Franciso Bendezú, o Carnero Roqué, o Arturo Corcura?), donde la diafanidad de la mirada le imprime un tono a cada verso. Todos ellos, embajadores de buen decir de la vieja lírica: finura infinita, elegancia, tenue calma. O, si ampliamos la imagen hasta la región hispana, veremos un acercamiento a Benedetti (el poema XXCIII, logra un acertado parafraseo con el autor de La Tregua: Yo sabía que quererte/ era como tenerte y no). «Cuerpo de amor», pues el espacio donde se da su consagración es el cuerpo y sus huesos, sus médulas y sus raíces. Y el joven bardo anota: «donde se anidan los rezos/ que han venerado tu imagen» (Poema VIII) Pero también comprende que «Frente a mi máquina /pulso las teclas que me llevan a ti. / La noche se ha adentrado/ y nada me cubre las llagas/ salvo el fuego inmenso/ que ya no nos rodea./» Una máquina que ciertamente crea belleza y eso ya es un aporte. ¿Qué es Cuerpo de Amor, entonces? Un aire tenue, de poeta que despierta y respira. No hay retorno: los poetas en el Perú nacen, se reproducen, reinan, mueren, se incendian, vibran, desaparecen, se disipan. Este es, pues, un árbol, esperemos el bosque. Y la vida, a la altura, de la intensidad, de los nuevos poemas, de seguro, nutrido de nuevos cantos, sabores, lenguajes y amores.

Julio Barco, diciembre 2019

El libro se puede adquirir próximamente en librerías a nivel Nacional.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: