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ÁRBOL MORA, sobre el poeta Tulio Mora, por: Julio Barco

Por Julio Barco

El año pasado mientras dictaba un taller de Poesía en el centro de Lima, llevé el «Cementerio General» para compartirlo con mis alumnos. (1) Lo leímos y se quedaron bastante curiosos, y fascinados, por la forma con la que Mora creaba sus poemas: personajes narrando sus vidas, todos dibujando lo axial del país: sus desigualdades, diferencias, sus temáticas que varian en todos los relieves. Justo por esos días recuerdo que fui a dejarle mi libro a Tulio.

Me perdí lateando por Miraflores y buscando su casa. Me abrió su esposa y le dejé el material. Mora ya estaba enfermo, por ello, se le difultaba atender. Luego me mandó un imbox expresando que le habían gustado por su fuerza y belleza. Al otro día, -domingo- G.Geraldo me llamó para comunicarme que Mora acababa de fallecer. Esa misma madrugada me acuerdo que nacio mi gato Jarry. L. Volviendo al tema de Mora, recuerdo que hace poco L. Saavedra me dijo que el nuevo libro de Mora está muy bueno.

Árbol de Mora. Lo editaron en Lancom. Pienso en los árboles y los poemas, asunto afin como las nubes y la mente, la mente y el río, o el río y la muerte, o el mar y el uno mismo arrebatado que poetiza. Ahora pienso en Mora, pero también en Pimentel, Verástegui, Ángel Garrido, Bernándo Álvarez, Carmen Ollé: una generación que no solo fue Hora Zero, aunque en ese grupo se formaron ejes poéticos demasiado interesantes. Mora teorizó Hora Zero. También cierra el libro con un poema sobre su época. Cito:

¡Mi reino por un manifiesto!
Sus amores, su geología, sus mentadas
tan comentadas
en doscientos estadios llenos donde se declaraban
resentidos sociales por los altavoces
con la verbosa indignación de un concierto. (2)

Los que leyeron el tomo Los broches mayores del sonido, editado y re-editado por J. Espinoza Sanchéz, y antologado por P. Guillén y el hijo de J. Pimentel. Lo cierto es que, en el prólogo, Mora,

Recuerdo que siempre me pregunté por qué Mora había omitido el segundo manifiesto de J.R.R. donde expresaba como H. Z. había tomado un eje decadente -algo que ahora pienso exagerado, aunque ustedes saben como era de absoluto J.R.R. Imagino que muchos peruanos ignoran que fue Hora Zero y qué de qué van sus libros. (3)Ese manifiesto, recordemos, fue entregado por Ramirez Ruiz antes de perderse en su viaje hacia el otro lado de la realidad.

No obstante, la obra y su trabajo es lo que más peso da. Y Mora, ahí, tiene obra, tiene ideas. Me gustan, por ejemplo, las ideas que vierte en los diferentes prólogos que escribe. En uno de Pimentel, Primera Muchacha, expresa lo relativo del valor de la poesía dentro del tiempo. En ese mismo prólogo, expresaba lo necesario de estar constantemente por encima de los límites /(o cercos, como los llama) que impone la realidad para seguir pensándola, expresandola, transformándola en arte.

Se hace necesario estudiarlos. Comprender que su temperamento de época nos refleja todavía. Que partimos de ciertos matrices que se abrieron y seguirán fluyendo. Mora, en una de sus entrevistas expresaba que, antes de mandar el texto al Casa de las Américas, le comentó el proyecto a Mazzoti y a César Calvo. Ahí capté que Mora no era un poeta instintivo como lo fueron Verástegui y Pimentel, por ejemplo, sino uno analítico, ordenador de los materiales, creativo de modo que pudeira armar sobre lo ya establecio nuevos axiales. Así pues, ahora lo recuerdo, se consdieraba el ensayísta del grupo.

Con Tulio Mora, Verástegui, Marco Aurelio Denegri, entre otros intelectuales y artistas recientemente fallecidos, nuestra sociedad pierde grandes intelectuales, que activavan la cultura viva. Hoy pregunté en mi cuenta de facebook, ¿cuántos recuerdan a los ministros que gobernaron el país durante las épocas de universidad de Vallejo? Nadie que yo sepa. Lo cual no quiere decir que no debamos saberlo por curiosidad o erudicción. Lo que quiero decir es esto: los poetas quedan, los políticos y su sapatrería se van. Frente a lo vasto, donde nada sobrevive, se ve como una pequeña hoja endeble; no obstante, en la eternidad que vivimos, tiene un peso, una fuerza, una medida, una perfección imperfecta.

El trabajo intelectual nunca es vano. Menos en un país donde se hace necesario soñar nuevas rutas, estimular otras, activar el pensamiento poético como alternativa a otros que no fomentan lo creativo. Por ende, es importante tener en cuenta su estudio, su crítica, su asimilación para nuestra propio enriquecimiento.

Notas:

(1)Como dato curioso, la edición de Cementerio General -que es de lejos el título más conocido de Mora- que tenía aquel verano era de una editorial chilena. La primera

(2) Ojo, de la misma época es el poeta chileno Roberto Bolaño, o los mexicanos Mariano Santiago.

(3) Entra a google, compra sus libros, investiga pues.

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