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pensamiento creativo

Escombrario & otros poemas de Nicolás López-Pérez

Muestra de escritura de Nicolás López-Pérez

Escombrario

Los escombros, lo que fue y lo que será. Los escombros o una selección. Del universal al particular. Una operación, una reacción literaria frente a la memoria. A un afán de fechar un tiempo cuya poética se escribe, se encuentra como terminaciones nerviosas en el cuerpo del texto. A un afán de archivar sueños y meditaciones para dar casa y caza a la vida. Un beso a la memoria. Constelada.

en esta ciudad de almas rotas todos los barcos que jamás zarparán los amores que miran a las muchedumbres como preguntándose a dónde van y para qué tocar las puertas o digo portones del cielo sin embargo tocan con fuerza agitan esas manillas sin sosiego manillas con forma de león hasta que alguien responda la respuesta no tarda surge a partir del hastío o de la compasión o más probablemente de la culpa y se abren las puertas aunque se palpita un fuego inextinguible ahí abajo fuera de esta micro cósmica en la que vamos abriéndonos camino a través de las periferias de una inmortalidad negada los extramuros quizás vamos en la ruta directo por calles que se deshojan directo al centro de las cosas tragamos ciudad la consagramos con las palabras con los ojos con la voz aunque el agua pesa sobre los nervios de los próximos años el invierno siguiente vendrá peor que este lo sabemos esa angustia es disimulada entre las costuras de los bolsillos de terciopelo y tu chaqueta amarilla o tal vez un sueño entre tanta noche desfondada las estrellas gritan nos abrazamos por las ventanas los transeúntes en la noche algunos presurosos por llegar a sus casas otros caminan de prisa dando la apariencia de tener algo por qué responder como nosotros que vamos a comprar un mueble para nuestra casa y seguir siendo adultos o quizás solo una apariencia proyectada para encajar en una sociedad que no nos ama y que no amamos el tiempo nos da una tregua la extrañeza de los que nos fuimos con la ola y nos quedamos a mirar el tumulto de ventanas que son nuestros vecinos con esas caras acusadoras preguntándonos por el auto y los hijos a mí me gustaría decirles

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LAS CIUDADES EN RUINAS

Desde que abolieron el calendario gregoriano no sé qué día es. Tampoco el año. Desde que terminó el cristianismo no sé qué fue de dios. Tampoco tengo noticias de los santos. Ya no hay nadie que controle el pasado ni el futuro. El presente, esa viscosidad, es mordisqueado por serpientes y flechas. Réptiles desde las entrañas de lo que fueron países. Con lengua propia y veneno creador se abrieron camino entre las costuras de la muerte, la rajaron y luego de eso, tomaron su lugar. Entonces se quedaron en la tierra y se unieron con los cables que dan electricidad a todos los campamentos. Reinan para los marginales. Con el cuerpo en la tierra. Las flechas, por su parte, aferradas al viento y a los cielos, ocupan el espacio de vigilancia. Cuidan de los sueños de las serpientes. A veces, les sirven la comida. Desde que las ciudades explotaron no sé cómo me llamo. Tu nombre también naufragó. Y yo me creo el más allá. Cuando pensaba que todo se desmoronaba hasta que nos comieran las serpientes y su descendencia. No. De ahí que nos temen. De ahí que las serpientes sepan dónde estamos. De ahí que las flechas abandonaron la península. El día que nos separamos fue el comienzo de mi nulidad. Ese día, recuerdas, cuando estábamos llegando a la fuente del cáncer. El núcleo del futuro: la reconstrucción de cada gota esputada por el cosmos. Las serpientes trajeron de regreso a la ciudad para habitarla. Confinadas a las ciénagas y pantanales, drenaron el tiempo para usurpar el planeta. Se llevaron el calendario y la religión. Nos desterraron a una era de plutonio. Todavía recuerdo. Lo diré para que sigas existiendo como poema, como fisura en el muro de mis lamentos. Una herida enorme. El dolor de los escombros vendrá sangrando entre mis manos de acero radioactivo. Cayó el sol. Vienen las serpientes. Se iluminan las ruinas. Lárgate de aquí. Lárgate.

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DER SPIEGELSAAL

El azar es el punto de presión. El cuerpo ingresa, abre la puerta. A casa, como a la guerra, se vuelve desnudo, animal, y con las cicatrices en brazos, piernas. Y lo indeleble, cerca de cada iris y las sienes. Se deja tocar por la ventilación, el cuerpo se enciende como si no se quisiera olvidar. Su geometría es pegajosa. Escurre, piensa en algo, se dice a sí mismo el nombre de la tempestad, el mismo del horizonte, irredento; de la cera que se derrite si el sol se acerca de a poco. Irredento, se insiste, porque está viendo algo inédito en toda su vida. La sorpresa se repite, un espectáculo fantástico sucede. Entonces, viene un pensamiento sobre una ciudad. Eso puede ser Santiago, Berlín o quizás, Lima. Y ese nombre puede ser la calle de su último beso, a ciencia cierta, el primero de otra vida. Una nueva vida. Una vida muerta. Siempre está la posibilidad de que algo sea y no. La operación de un beso es tan delicada como la construcción de un espejo. La boca es lo evidente. Primero, al marco. Contornos y fronteras. Para el vidrio, juntar los químicos. Hervirlos. Ajustar el sueño para expandir la realidad. Lo demás, preparar el momento. El espejo no necesita vidrio para reflejar algo. El espejo puede ser la naturaleza, el trastorno o aún más intensamente, el encuentro con lo que se dejó atrás. La separación de los padres, la peladilla sufrida o un primer lugar que no se entendió. El espejo es uno mismo. La forma son los otros. El reflejo simplemente ocurre. No pregunta ni cómo ni cuándo. Solo ocurre. Forma. Y deforma. Como un poema, como una ficción favorita o un cuento que se oye por primera vez a los cinco años. El espejo no engaña, uno engaña al espejo. Es uno el que cambia de trayectoria a la luz y cómo se ve sobre las cosas. La luz principia. El espejo es un pequeño universo de universos donde no existe el bien ni la verdad ni la belleza. Es un lugar cualquiera pero específico. Un cuarto propio. Una intimidad tan íntima como la mano aferrándose a los muslos. Es un tiempo. Un tic-tac de la piel, de gallina, enternecida, temblando de cielo. Enloqueciendo por el mito, por las piedras. Estas piedras. Con las que construyeron la casa de los espejos. Su casa.

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La violencia creadora

(poema en LSD, extracciones)

€n el momento no se habla de la violencia creadora porque todo es violencia creadora —escupe un poema que habla de aviones estrellados en el pacífico y de pumas y náufragos huyendo del crepúsculo amatista de la cordillera— los cuervos saben que es hora de exagerar el olor a hueso mojado saben que es septiembre

(…)

las pocas son palabras la luz se repliega aterrada en el camastro de bosque nativo nidos desnudos

esos pájaros van a morir famélicos por las costas

(…)

—sabes viene la violencia entre las c o s a s el tiempo se frota contra la soledad de un sol ciego ya no habrá babel al cambio de lengua pestañea piensa en los tiempos de los desconocidos

(…)

qué terrible presagio como llegar a casa con las flores equivocadas para la persona menos indicada y después en un santuario de finuras viene una fábula el hijo que no tendremos preguntándome con insistencia «papá para qué sirve la historia de héroes coronados alabados cuya vida privada nunca importó» paso a pensar en todos los cuadros que pertenecen a la historia del arte por esta cabeza pasan los cuadros los bocetos los borradores que la historia de la extinción humana ha visto revelarse

(…)

mientras nos concentramos como nunca entre una página y la otra quizás muero de la boca de una pistola

(…)

el escenario de la violencia vuelve a la playa se da lectura a nuestros nombres en el braille de los desfiladeros tatúate las puertas con los párpados mira entre las bisagras oxidadas

(…)

—sonrisa de esfinge escarba
traga
dime sonrisa de esfinge
«losmuertosviajan
viajan los huesos»
¿tan lejos está la maduración de los lapachos?

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Los campos magnéticos (inéditos)

ULTRAORTODOXIA

tanto te he escrito que pierdes tu realidad
ya no hay tiempo para una conversación sobre espeleología
ni hay hologramas que muestren con precisión tus ojos
tanto te he escrito que pierdes tu realidad
y las flores no alcanzan a reflejarse con precisión en tus ojos
tal vez se ha perdido bastante más que tu realidad
con respecto a las cosas ya escritas
no son más que obsesiones
y dogmas explicándome
una realidad que no es la tuya
esperaba algo del lenguaje y ya cambié de opinión
espero algo del fin del lenguaje
una colaboración parecida al fin de tu realidad
espero demasiado del mundo, de mi mente y de tu existencia
tanto te he escrito que no sé cuál es tu realidad
y me lo pregunto meses después, qué hacer
con trescientas cincuenta páginas, voy la cama
tanto te he escrito que no acertar a tu realidad
o irrealidad
significa otro verbo, otra acción
un poco deprimir, no espero que mis ideas sean definitivas
tanto te he escrito que tu realidad se funde con mi irrealidad
esta noche, después de cerrar mi libreta de terapia
esta noche me acostaré al lado de tu sombra y de tu fantasma
a contar las olas del mar
pensar en un día de sol, cabalgando por la arena
entonces mi sueño se levanta y se graba, se hace playa
entonces reparo que todo esto es mezquino para aprender a escribir de nuevo

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CANTO A LA GEOGRAFÍA

Esta mañana había un ramo de borrosas flores
flotando en tu pecho. Gerberas. Crisantemos.
Nomeolvides. Margaritas. Dientes de león.
Estaba feliz con esa postal. Estábamos tan vivos.
Era un sábado con el cielo resplandeciendo
entre medio del living. Fui al ventanal a fumar.
Decías que nunca habías visto un arcoíris
de fuego como el que se asomó ese día.
Frente a nuestros ojos. El cielo había estallado.
Sí. Decías que nunca habías visto a un cielo
esfumarse tan rápido. Lo que se escribe
ahí arriba es cosa de lugar indicado y momento.
Eran las partículas del país de hielo donde
despertamos. Eran las partículas de hielo.
Pensé que estaba entrando de nuevo en mí.
No. Decías que nunca habías visto a un cielo
arrepentirse tan rápido. Dije no. El cielo no.
No se arrepintió. El cielo avisó con cadencia
de culpa, nada más. Dudó. Aguardó. Y se arrojó.
A la mitad, se dio media vuelta y se fue.
Ya lo viste. Tal vez es el momento de golpear
los portones oxidados del cielo para quedarnos
furibundamente encerrados hasta que la luz
deje de ser solo una palabra de tres letras
en nuestra lengua vernácula. Decías que nunca
nos habíamos amado tanto, que estabas feliz.
La realidad en ti. Y luego los temblores lo
hicieron todo por nosotros. Yo también fui tú.
Nos quedamos a dormir en la tempestad.
En las cascadas de vino tinto. Después del vino:
el principio último de realidad en mi mente
tiene oportunidad un hongo atómico a todo dar.
Estoy escribiéndote un sueño, oh sí, un sueño
del que no voy a despertar al menos hasta que
ya no pueda volver a perderte, hasta que ya no
pueda volver a perderte, hasta que ya no pueda.

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Nicolás López-Pérez (Rancagua, Chile, 1990) es poeta y abogado de la Universidad de Chile. Codirige la microeditorial & revista Litost. Sus últimas publicaciones son Coca-Cola Blues (Ciudad de México: Vuelva Pronto Ediciones, 2019) y Escombrario (Santiago: Contraeditorial Astronómica, 2019).

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