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Sobre Copiar, cortar, pegar, cargar una nueva publicación de Julio Barco, en la editorial Seshat, Colombia. Junio 2020.

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Sobre Copiar, cortar, pegar, cargar una nueva publicación de Julio Barco, en la editorial Seshat, Colombia. Junio 2020.

El texto, Copiar, cortar, pegar, cargar del poeta Julio Barco es otra de las experiencias sensoriales con que éste escritor nos sorprende, con amplia obra y en una búsqueda de asimilación de formas de percibir, y trabajar el lenguaje que se extiende en incesante expansión.

Es interesante advertir que en la forma, parece ir en sentido contrario: hacia un abismo, mediatizado por el conteo en reversa de la batería de un dispositivo; y,  sin embargo los narrativos se expanden en un juego de síntesis de representación de las convenciones de comunicación, una injerencia de su tiempo y el impacto de la tecnología en su poética. El texto invita a reflexión, a reconocerse entre sus interrogantes y el devenir del tiempo.

Hay una apremio en el reflejo de la vivencia sobre el poema, como si estuviera ocurriendo, un dispositivo que involucra el contexto urbano; principalmente experiencias personales que no se acoplan al tiempo, se sostiene en una carga de incógnitas que son la visión del escritor, la épica de su búsqueda, sus arcanos y su estar poético.

Este fragmento aporta la fecha en que desata su inminencia, escribe:

«Pienso en el viejo Chinaski

                             Sus aburridos poemas de autoayuda
cuando todo alrededor tuyo se incendie conocerás la magnitud de mi amor
bah   

                  viernes de 2016 y escribo».

La temática de Julio Barco gira alrededor del amor, y aspectos existenciales relacionados entre sí, como panóptico de una convergencia entre vivencia y escritura y exponer perplejidades, su existencia dentro de su época, de su país, y su propio rol; temas que abundan en su obra.

Mientras la preocupación es por la forma de expresión, rasgos en que han incurrido sus precursores y admirados poetas, no es difícil encontrar las huellas en que el autor transita; un camino sinuoso, propio de nuestro tiempo, “el lector salteado”, como diría Macedonio Fernández, hacia atrás y hacia adelante, Barco va y vuelve sobre sus lecturas, este texto retoma el camino, que no parece haberse abandonado; en el 2020, escribe:

«Voy a ir a tientas Buscarte y amarte es el verso que tatuó en este itinerario Iré lejos hasta donde solo habite el Sol Un poeta del 2020 termina un cuaderno de lírica y desesperación / volcánicas nubes-los basureros cantan en las calles/«

Y hace muecas a su obra más reciente, el poeta dobla el tiempo entre sus inquietudes del pasado y del presente.

«Ebrio orinan en todas las direcciones,
                       la vida es un des(c)ierto»

Donde se menciona Des(c)ierto, publicado recientemente en 2020, bajo sello de Metaliteratura, Argentina.

No se puede decir que hay una continuidad de proyectos y vida en el 2020, donde se presenta una bisagra importante: hay una pandemia; el poeta  transcurre –transcurrimos– cuarentena.

Una característica especial en los títulos, un artefacto se descarga que más que medición de tiempo es como el descuento de una detonación; detalle que participa en la sensación de inminencia, y más de catástrofe, lo que es un contraste respecto a un texto donde el narrador expresa el  anhelo por el amor, desea, besa, en el recuerdo.

«Deseo más: espacio
                    y cuerpos / espacios y miel sobre mi

Furia«.

Otra característica interesante de la poética de Julio Barco, que es ya como un sello en su obra –se puede ver en Arder, gramática de los dientes de León, Des(c)ierto, Semen, simetría del joven sol, y en sus otras obras, es un autor prolífico–, es el andamiaje de los nombres.

Hay una andadura, una huella que el poeta revela en cada texto; nombres que hacen la poesía peruana –con ya importante tradición–; como también referencias a autores internacionales, lo que convoca poéticas escogidas de las que cuales abreva el autor, es así que tendremos presente otra épica: la de las lecturas que nos brinda un indicio de las influencias, las revela y expone, nombres como Plotino –filósofo al que se reconoce como el que establece la  belleza y lo positivo como búsqueda de perfección– ; y a J. Gil de Biedma , español, reconocido por su vida atormentada, cosmopolita y temibles poesías, reconocidas por el impacto mortífero sobre los intelectuales de los años 50; luego “C. Maillard”, Chantal Maillard, poeta de los 90 que rompe con moldes de la escritura dominante. Escribir en la misma frase estos nombres es un contraste potente, instaurar una polémica que revela los propios interrogantes del autor.

Julio Barco se mira en los espejos de escritores que, de una u otra manera, han contribuido a la historia de la literatura; en este texto se presenta lo intemporal, el desdoblamiento entre momentos de su impronta literaria, es un modo de dar cuenta de la fuerza con que empuja su propio tiempo; mientras transcurre aferrado a sus propias sujeciones:

«El universo, el mundo, necesito

Estar solo
                  de Pessoa, Vallejo,
Baudelaire, Chocano, García Márquez
                  de mi madre, mi abuela,
mis hermanas, mi tía, mis vecinos, mis ex
                   de mi tristeza, mi nostalgia, mis irresponsabilidades, mis inmadureces»

Los signos del lenguaje, son un límite que no le cuesta romper, sin embargo, detalles como el hecho de que el uso de las mayúsculas funciona como escalones y contrahuellas.

«forma Dios es el hombre que sueña con hacer su pollería Dios es escribir y no poder huir de tu época epifánica Dios es no tener un sol en los bolsillos pero ser el más genial tocando la poesía Dios es el idiota que oye a duke ellington»

La palabra en mayúsculas refiere a Dios, y la que debería ir en mayúscula, el nombre del músico en minúscula, hay una rebeldía a dejarse sujetar por lo convencional.

Resulta interesante este párrafo, ya que no puedo dejar de conectarlo con la mención de Maillard, un autora cuya influencia de la espiritualidad de la tradición India es una constante en su obra; lo que da cuenta de las inquietudes en que el pensamiento místico sobrevuela, con intensidad regular, en la obra de Julio Barco.

La poética de Barco produce la sensación de apremio y la inquietud sobre un desenlace y también nos expone los momentos de detención incómoda que produce la espera:

«(Usted puede dejar su mensaje en la casilla de voz)

         ¿Dónde estás?            ¿Ahora quién te hace el amor?

        ¿Ahora con quién caminas/…«

Expresiones románticas que neutralizan la impresión de melancolía, algo que no podrá concluirse; porque lo que pasa no es un destino, sino un transcurrir poético.

La poética de Barco coloca el núcleo bajo diversas perspectivas, se nutre de un pensar divergente y presente en los elementos de su época, la Internet, los dispositivos, los poetas de su tiempo y los maestros que los preceden.

Por momento, y en breves párrafos, Barco revela su universo de intervención:

«Amo eso: complicidad, verso

Movimiento vasto diverso

       en verso dicho: que el

lenguaje azote y dilapide.

Nadie exige nada: la poesía
                bamboleante
es un oficio que se juega la vida

frente a la ciencia y las

matemáticas. Ya no hay

libro de neurociencia que nos

atañe leer. –y aquí acabo
               de atarme los zapatos-

      Al otro lado cruzan,

Los buses. Puente Balta.

Camino por Acho. Digo arroz

Con pollo. Venzo mi noche más negra

Y me hago totalmente luz».

Está presente la geografía, inquietudes, gestos naturales que conviven con aspectos domésticos, alimentos, proyecciones de sí mismo como si se viera desde el punto de vista de una mirada angular exterior; el poeta nos invita a su cotidiano.

La poética de Barco no es fácil de recorrer, está inmersa en guiños, en observaciones, en reposiciones de otras poéticas, y en las de sí mismo:

«Te amo viernes de cualquier año un árbol hay en mi pared»

Esta frase, hace referencia a un dibujo que hay en la pared de su cuarto, la que es a su vez la tapa de su libro Semen, simetría del joven sol. Un gesto propio de su poética: señales que habrán de desentrañar los lectores, los guiños, la construcción del sentido, las referencias al pasado, en el cuerpo presente del poeta y en el cuerpo presente de sus textos.

Un viaje vertiginoso por la poesía de Barco, se asemeja a un viaje por la poética de su tiempo, de sus maestros, de la poesía peruana, de sus raíces, de lo cotidiano y de la vida del propio autor; expuesta en sensaciones y una pulsión incontrolable a reinventar un decir instantáneo, como ocurriendo simultáneamente, justamente el logro.

El texto deja un fuerte impacto en el uso de los glifos como una runa que se expande en una tercera dimensión:

JODIDO DE MÍ MISMO,ABRO UNA HOJA DE WORD Y ESCRIBO: ¿hasta cuándo

Aspecto que exhibe explícitamente el carácter insuficiente del lenguaje como reflejo de mundo, o vida; los elementos, la espacialidad, los usos anómalos, los saltos temporales, la tendencia figurativa, son rasgos que contribuyen a la ambigüedad  de su territorio de diseminación de sentido.

La relación del lenguaje es una emergencia en curso, sucede en un continuo devenir que ocasiona un fuerte impacto con los títulos de los poemas, producen una contradicción que apoya la validez metafórica entre denotación literal y vida, la forma se instaura en el proceso de divergencia en expansión de sentidos y la propuesta de resolución inversa a los títulos de los poemas.

Julio Barco sabe lo que hace, lo que expresa, es un escritor de su tiempo, ecléctico, prolífico y una tormenta dispuesta a permanecer.

Los texto de Barco adhieren a una perspectiva glotopolítica, inherente a las formas de los discursos de redes sociales; intervenciones en el lenguaje que funcionan como una búsqueda en la producción de sentido de su época en la que incluye dispositivos, aplicaciones y establece relaciones entre la realidad personal.

También es interesante la característica reflejo de esta propuesta poética con el libro de Martín Amis, La flecha del tiempo, donde se lee desde la última página a la primera y multiplica su sentido, así como frase a frase de cada página, al revés y al derecho. Este texto conlleva la misma intensidad: puede leerse desde la última página a la primera y el lector podrá disfrutar y sumar otra experiencia sensorial.

Ana Abregú.

Junio 2020.

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Julio Barco
foto: Mike Paredes

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