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La propiedad y originalidad de la escritura (o leyendo la re-escritura de Valeria Mata) por Julio Barco

Texto crítico sobre Derivas de la autoría no solamente Valería Mata (taller editorial La Balanza, 2020)

Por Julio Barco

La cuestión de la originalidad y autoría de lo que hacemos los escritores y poetas es determinante para comprender de qué va la calidad de lo que buscamos al crear. Yo creo que esa calidad va de la mano con la comprensión de los flujos y signos ya edificados. Esto, que en realidad, no es novedad, sirve sí para entender de qué va la escritura y la re-escritura. Se escribe oyendo la escritura ya creada. Se re-escribe sobre la comprensión de lo ya escrito. Tomando actitudes.

Por ejemplo, frente a Rubén Darío, Vallejo asume una postura primero de asimilación, luego de separación y después de innovación. Un proceso que se evidencia en cada una de sus obras, logrando así una propia trinchera. Hay una influencia que apaga a otro, otra que rebela un lazo, otra que permite observar una mejora. Es lo que planteaba alguien como Pound sobre los diferentes tipos de poetas.

Bien, hoy divagando por las redes, encontré el libro digital Derivas de la autoría no solamente Valeria Mata. Este libro, curiosamente, viene de otro llamado plagie copie manipule robe reescriba este libro de No solamente Valeria Mata, lo que genera una comprensión de réplica y re-escritura de un trabajo que justamente propone esa meiosis literaria: duplicar un artefacto que duplica.

Para elaborar lar arquitectura argumentativa, Mata se ayuda de las propuestas literarias de Macedonio Fernández, quién influenció al propio Borges en abordar la literatura desde la lucidez como lo lúdico. Mata cita: » Quien posea talento puede entresacar de obras ajenas —es decir, pertenecientes a la comunidad de la cultura— los elementos ya elaborados que le permiten avanzar en su propia concepción sin detenerse a reelaborarlas —un carácter, un rasgo, una escena, un adjetivo, una figura, una resolución— como en ciencia cada sabio aprovecha lo ya pensado y verificado por otros.»

Es decir, el que hace actualmente un libro, según este postulado, sigue una dinámica científica y de comprensión y uso del gran Inventario Humano que es la Literatura y sus derivados. Mata no olvida que la idea de autor y artista son parte del Renacimiento:

» El uso del sustantivo ‘artista’, de hecho, se impuso hace relativamente poco, cuando a finales del siglo XVIII se empezó a designar así a los pintores que antes eran conocidos como ‘artesanos’. Poco a poco se fue produciendo en la palabra ‘artista’ un cambio de connotación: de lo descriptivo a lo evaluativo, con una carga de juicios de valor positivos. «

Y nos arroja a ver cómo las grandes obras de escritura que sostienen las grandes culturas (Las Mil y una noche, La Biblia, el Mahabharata) fueron obras colectivas y anónimas. Esto, para enfrentarnos a los problemas actuales del copyright .

Entender que el artista nace de los artesanos y otros cultivados de los tiempos donde empezaban a crearse las naciones nos arroja que, lejos del mito, el arte es un oficio y una construcción social. En ese sentido, lejos de invitar a perder la originalidad que un artista del lenguaje busca en sus escritura, nos hace reflexionar sobre las apuestas que encierra para la sociedad contemporánea entender el tema de los derechos, autor y otros frentes. Aquí, cita a M. Foucault, quién desde sus propuestas ataca el poder que se yergue sobre la idea de autor:

«En nuestra sociedad le damos un valor significativo a ‘lo que fue escrito por’ o ‘lo que dijo tal’, la firma es garantía, los discursos que están marcados con el nombre de su autor implican un valor de verdad. Sin embargo, no siempre fue así. »

Como también nos invita a entender la idea del autor que planteaba Barthes, acerca de romper ese pacto del autor como fin único y verlo como espacio donde se dan y reconocen los signos:

«…planteaba que el texto es un tejido de signos en constante diálogo provenientes de los mil focos de la cultura, un espacio de posibilidad en el que se condensan diversas escrituras, ninguna de las cuales es la original. De acuerdo con Barthes, eso que hemos llamado ‘autor’ es una construcción moderna,…»

También nos habla de Ulises Carrión y su libro El arte nuevo de hacer libros. Con Carrión, Mata dialoga para ampliar la idea de que uno puede «usar» lo que guste en su propio arte sin temor al plagio. Cito:

«…que no necesariamente deben ser portadores de la intencionalidad del autor, pues las palabras que los conforman pueden ser ajenas, tanto así que sitúa al plagio como el punto de partida para la creatividad. Carrión quiso romper con la imagen del autor que al escribir revela su intimidad y exploró con varias herramientas para evitar usar la expresión como medio de producción textual.»

El poeta usa y escucha. La literatura se alimenta de todo. La poesía igual. Si nos aventuramos a observar la literatura como un acto vivo, como un acto de creación de vida, veremos que incluso en la propia biología las células viven por multiplicación y ramificaciones según su necesidad.

Si, como observaban los románticos, sea Novalis o Goethe, todo es semilla, es decir, germen o posibilidad, podemos atinar a pensar que dentro de todo el mar de las letras hay también procesos biológicos naturales y que dan nuevos brotes o rebrotes. Tal es así, que las estéticas más importantes se van imponiendo y generan autores nuevos que usando los viejos aportes, logran ciencias nuevas. Entender tu Tradición es ubicarse dentro de un eje más preclaro desde el que ejecutar tu arte.

El asunto de trabajo de escribir como un trabajo colectivo es un punto que yo personalmente sospechaba desde antes y ahora leyendo este excelente texto puedo afirmar que la literatura en su desarrollo requiere absorberse a sí misma para seguir creciendo y poblándose, ¿acaso Los detectives salvajes no son un Rayuela renovado?

Y es que justamente, como nos recuerda Mata citando a Bretón, se hace literatura para «encontrar nuevos camaradas.» Pero, ese hacer amistad, no nace sino de conocimiento del espacio donde se desenvuelve la propia idea de lo literario;

Al observarlo, en relación a la literatura de estos días, pienso en lo que hace Enrique Vila Matas, su enorme motor de citas y guiños a la literatura de todos los tiempos; o el propio Joyce, en el Ulises, actualizando el viejo canto épico de Homero. Pensando en sus trabajos, la idea de plagio en todo caso, vendría a ser un ocioso trabajo de quién no puede usar lo viejo para innovarlo o actualizarlo.

La literatura se alimenta de sí misma como un animal hambriento. Mata, y este nuevo texto, nos invitan a la reflexión lúcida de la poesía, no como un don de algunos, sino como un trabajo de colectividad y grupo, de esfuerzo y conocimiento.

Si bien como decía Vallejo lo genial viene del pueblo y regresa al pueblo, observamos como en algunos casos esos esfuerzos solo se pusieron en el hombro de algunos.

Si analizamos las generaciones más importantes de poesía latinoamericana, por ejemplo, veremos que de los muchos que integraron esos colectivos, solo algunos lograron levantar obras importantes (sea Valdelomar en el grupo Colónida, o Bolaño en el grupo Los Infrarrealistas) y lograron así abrir un estudio sobre sus grupos.

Esto me hace pensar que la colectividad logra representarse en algunos autores. Es decir, la buena literatura es una arquitectura vastísima a diseñar, a crear, y amplificar; asunto que ya se puede ver en las ideas de Flaubert sobre la creación, o en Ramírez Ruiz y las orgías de trabajo.

Este lúcido libro escrito por Valeria Mata, que curiosamente al pregonar la perdida de autor, pero no busca ser anónima, nos invita a repensar los límites y alcances de la originalidad y la falsificación o las influencias.

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