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Ensayo: El hábito de la subversión (parte 3) por Max De La Rosa

En lenguajeperu.pe, continuamos con las entregados del ensayo El hábito de la subversión de Max De la Rosa, si desean conocer el anterior dar click aquí.

III. PERÚ, UNA REPÚBLICA EN FORMACIÓN HACIA EL ESTADO DE DERECHO

…por lo menos alguna instrucción
se había filtrado hasta los últimos
estratos del orden social.
Si bien ya casi nadie leía, por lo menos
todo el mundo sabía leer
e incluso escribir;
no había hijo de artesano
ambicioso o campesino desclasado
que no pretendiera algún cargo en la administración”1
Holes in our spirit causing tears and fears/
One-sided stories for years and years and years/
I’m inferior? Who’s inferior?/
Yeah, we need to check the interior/
Of the system that cares about only one culture”2

Diversas declaraciones y constituciones se hallan basadas en ideas que sostienen la lógica interna del plexo legislativo de cada país; las mismas que conforman una guía y fundamentos estructurales en la legislación internacional. Cabe mencionar que, a lo largo de la historia, fueron conquistadas con sangre, con razón, con lucha, con gente que se organizó, que pensó en un mundo mejor, mejor que en el que vivían, pues entendieron que debe prevalecer la vida, la libertad, la justicia y otros valores, ideas y principios que revisaremos en los siguientes párrafos.

Aproximadamente en el año 1222, Soundjata, fundador del Imperio de Mali, en la Carta de Manden o Manden Kalikan, declara la extinción de la esclavitud. La Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, indica que los hombres fueron creados en igualdad y que este mismo creador los dotó del derecho a la vida, a la libertad y la búsqueda de la felicidad; asimismo declara la legitimidad de rebelarse en contra de un gobierno que no cumpla con estos principios: “que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios” La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789 del periodo revolucionario francés le suma a estos principios el de la propiedad.

La Declaración universal de los Derechos Humanos de 1948, señala los principios de justicia, paz y la dignidad de la persona; asimismo enfatiza la “igualdad de derechos de hombres y mujeres”. Este documento señala también que “es esencial que los derechos humanos estén protegidos por un sistema legal para que el hombre no se vea obligado, como último recurso, a rebelarse contra la tiranía y la opresión.” Recordemos que esta declaración se realiza en un periodo posterior a la Segunda Guerra mundial, precisamente con el objetivo de mediar entre los países para evitar la bestialidad de las actividades bélicas a gran escala.

La Constitución de la República de Sudáfrica de 1996 también se fundamenta en las ideas mencionadas; del mismo modo, la Constitución de la República de Korea de 1987. La Constitución de nuestro país del año 1993, en los dos primeros capítulos indica los derechos fundamentales de la persona y el y los derechos sociales y económicos. En principio, se indica que el fin supremo de la sociedad y el Estado son la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad. Es a partir del reconocimiento de la dignidad de la persona que se reconocen los derechos fundamentales consignados en el artículo 2, los cuales tienen como eje fundamental las ideas directrices señaladas anteriormente: vida, libertad, igualdad, justicia, paz, la propiedad y felicidad.

En primer lugar, se respeta el derecho a la vida, debido que sin vida no es posible el individuo, de donde emanan los derechos y deberes, así como en consecuencia la sociedad. La dignidad como valor del ser humano se refiere a que las personas poseen un valor intrínseco de modo que no pueden ser usados en provecho de otro. En palabras de Kant: “…el hombre y en general todo ser racional existe como un fin en sí mismo, no simplemente como un medio para ser utilizado discrecionalmente por esta o aquella voluntad, sino que tanto en las acciones orientadas hacia sí mismo como en las dirigidas hacia otros seres racionales el hombre ha de ser considerado siempre al mismo tiempo como un fin.”3

Sobre la felicidad o base para ella, se requiere integridad moral, psíquica y física, como el libre desarrollo y bienestar, tal como se halla consignado en el artículo de nuestra constitución. En términos generales, la base sería el bienestar y la equidad entendidas como los requisitos mínimos que requiere una persona para poder decidir por sí mismo el destino de su vida sin limitaciones de diversas índoles como origen, género, características somáticas y situación socioeconómica.

Aristóteles en su Ética a Nicómaco considera que la felicidad se halla entre las acciones deseables por sí mismas, así como la realización de “…acciones virtuosas, porque hacer cosas bellas y buenas pertenece [también] a lo que es en sí mismo deseable”. Para el filósofo la felicidad es conexa a la fortaleza, la templanza, la prudencia, la contemplación, la sabiduría, y el honor; así también asevera: “… será feliz la vida del que obre conforme a la virtud4” y considera que: “… el hombre feliz es el que vive bien y obra bien”. En este sentido entendemos la felicidad aristotélica como una ética, así entonces, el estagirita califica a la felicidad “como una especie de vida dichosa y de conducta recta”

La libertad, según el Diccionario de la Real Academia española, se define como la “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”, “estado o condición de quien no es esclavo”, “falta de sujeción y subordinación”. Asimismo, como una de sus acepciones también indica: “En los sistemas democráticos, derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas”.

En el libro La Política, Aristóteles considera la libertad como “el principio fundamental de la constitución democrática”, además considera que “uno de los caracteres de la libertad es el alternarse en la obediencia y en el mando” en tanto haya participación en el gobierno del Estado por parte de la masa popular tanto como los de condición económica elevada.

Con respecto al tema, Thomas Hobbes en El Leviatán señala que la “libertad se entiende [como] la ausencia de impedimentos externos, impedimentos que a menudo pueden arrebatar a un hombre parte de su poder para hacer lo que le plaza, pero no pueden impedirle usar el poder que le queda, de acuerdo con lo que le dicten su juicio y razón”. A este respecto subrayamos la importancia ética que condiciona el accionar de la persona en tanto el uso de las facultades intelectivas de razón y juicio que señala el autor.

Acerca de la propiedad y la paz, John Locke considera que la vida pacífica corresponde a la conquista del denominado estado de naturaleza, periodo en el que el hombre no vivía en sociedad y por lo tanto vivía en guerra de unos contra otros. Entonces, el Estado, como organización en la que el ser humano se desenvuelve necesita como condición primera: la paz. Asimismo, Locke defiende tres derechos fundamentales de la persona: la vida, la libertad y la propiedad. Éste último tendrá como principal generador al trabajo.5

Sobre el tema de la vida pacífica, Kant considera que el estado de paz es un deber necesario para el libre desarrollo de los individuos de una República. A este respecto, indica: “El estado de paz debe… ser instaurado6 debido a que reconoce que el estado natural del hombre es la inclinación por la guerra (estado de guerra), y si aún no se hallara en esta actividad, “existe una constante amenaza”7 en este sentido, asevera que la omisión de hostilidades no es una garantía de paz e insiste en la necesidad de mantenerla.

Sobre la justicia veamos las consideraciones de Platón y Aristóteles. En La República, Sócrates diserta sobre la justicia y lo justo. Indica frente a Trasímaco y Glaucón, quiénes afirman que lo justo se halla ligado al interés del más fuerte, es decir que quien se halla en el poder puede ejercer fuerza sobre los menos fuertes para obtener ventaja, pero Sócrates considera que la justicia es “la habilitad y la virtud” y que “el que es inhábil e ignorante quiere tener ventaja sobre el uno y sobre el otro”. Así también indica que ser justo es ventajoso, que la justicia es un bien que se debe amar por sí mismo, dicho de otro modo, sin búsqueda de obtener algún beneficio en desmedro de otros.

Aristóteles en La Política, considera que la justicia es la virtud perfecta, “porque el que la posee puede practicar la virtud con relación a otro, y no solo para sí mismo…”. Sobre la persona justa indica: “el justo será el observante de la ley y de la igualdad”. Así también afirma: “Lo justo, pues, es lo legal y lo igual, lo injusto lo ilegal y lo desigual”. Luego, señala: “llamamos justo a lo que produce y protege la felicidad y sus elementos en la comunidad política”. Cabe resaltar la mirada de este valor desde un punto de vista de ética ciudadana, o valor cívico.

Continúa el filósofo y señala que lo justo es algo proporcional. Si las personas son diferentes no tendrán cosas iguales. Si las personas son iguales obtendrán cosas iguales. Así también, quien tenga mérito obtendrá mayores ventajas. Luego se refiere a lo justo en tanto lo correctivo, por ejemplo, en un juicio, frente al agresor y la víctima “el juez trata… de igualar… con el castigo, retirando lo que corresponda del provecho del agresor” en beneficio de la víctima. Esto se entiende por ejemplo en tanto el pago de las reparaciones civiles, el pago monetario por la afrenta realizada.

Sobre la igualdad de los hombres, Thomas Hobbes en El Leviatán, manifiesta: “La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales8 en sus facultades corporales y mentales que, aunque pueda encontrarse a veces con un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es lo bastante considerable como para que uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender tanto como él.” En este sentido, continúa: “…en lo que toca a la fuerza corporal, aún el más débil tiene la fuerza suficiente para matar al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con otros que se encuentran en el mismo peligro que él “

III.I

Considero en la especie humana dos clases de desigualdades: una, que yo llamo natural o física porque ha sido instituida por la naturaleza, y que consiste en las diferencias de edad, de salud, de las fuerzas del cuerpo y de las cualidades del espíritu o del alma; otra, que puede llamarse desigualdad moral o política porque depende de una especie de convención y porque ha sido establecida, o al menos autorizada, con el consentimiento de los hombres. Esta consiste en los diferentes privilegios de que algunos disfrutan en perjuicio de otros, como el ser más ricos, más respetados, más poderosos, y hasta el hacerse obedecer.”9

A la luz del texto leído, las ideas sobre las que se fundan los Estados democráticos son las siguientes: vida, libertad, igualdad, justicia, paz, propiedad y felicidad. Entonces cabe preguntarse: ¿En nuestro país se reconocen estas ideas como directrices y/o fundamentos de la Nación? En el texto sí, obviamente, los tratados internacionales son parte de la legislación nacional ¿Y en la práctica?

¿Se respeta la vida de las personas que viven en las zonas de extracción minera? ¿Se respeta la vida en Pasco o Espinar? ¿Acaso en nuestro país hay niños con cáncer por consumir agua con metales pesados? ¿Sucedería esto en San Isidro o Miraflores o solo en las provincias? ¿Se privilegia acaso la obtención de riqueza incluso cuando el método de obtención del mineral y la producción de desechos genera muertes tanto en el ganado, como en las personas y el medio ambiente? ¿Somos totalmente de libres de opinar como se nos antoje sin miedo a que nos desaparezcan por cuestionar al régimen de turno? ¿Somos libres de hablar nuestro idioma oficial en quechua sin que se nos discrimine (incluso en el mismo congreso)? ¿Somos realmente iguales en este país? ¿Acaso hay exclusión entre personas de diferente color de piel o capacidad adquisitiva? ¿Todos podemos ser ministros? ¿Es real que existe una brecha social?

¿En este país hay realmente justicia o solo se obtiene justicia en tanto se pague cierta suma al juez o mientras el juez o jueza no se hallen amenazados por la mafia de turno? ¿Podemos vivir en paz mientras incluso hoy hay desaparecidos y asesinados tanto por el Estado y los grupos armados del Conflicto interno? ¿Las comunidades nativas pueden tener la propiedad de la tierra en la que han vivido incluso antes de la existencia de la República del Perú? ¿Se puede vivir feliz en el Perú, es decir, se nos da lo que nos es propio por ser ciudadanos, salud y educación de calidad por la cual pagamos con nuestros impuestos? ¿Podemos ser felices si al salir a la calle tenemos que andar alertas de no ser asaltados, violados, asesinados o secuestrados? ¿Las mujeres se sienten igual de seguras que los varones al transitar por la vía pública?

Repasemos entonces qué es ser ciudadano, qué es república, qué es democracia y qué es Estado de Derecho para saber si vivimos en un país que pueda llamarse como tal, o caer en cuenta si somos una sociedad aún en formación en miras a querer ser dignos de ser denominados República o país democrático. Según el Panhispánico del español jurídico, el ciudadano llega a serlo “cuando tiene reconocida la totalidad de los derechos fundamentales consagrados en la respectiva Constitución, teniendo derecho a utilizar las garantías de protección de los mismos establecidos tanto en la norma fundamental como en la legislación que los desarrolla”.

Este concepto se refiere a todos los habitantes de un país, sin ningún tipo de distinción (de capacidad económica o color de piel u origen). Así también Rousseau, nos señala que todos somos partícipes del poder soberano “partícipes de la autoridad soberana10. La ciudadanía no hace distinción si vives en un pueblo, a un caserío, etnia, comunidad nativa, en una barriada, en una montaña, en un distrito de alta o baja capacidad adquisitiva, todos somos ciudadanos en tanto seamos habitantes de este país, en ese sentido, todos, tenemos los mismos derechos desde Loreto hasta Puno desde Piura hasta Madre de dios. También los niños de Pasco que tienen cáncer por tomar agua con metales pesados.

La república, según el panhispánico del español jurídico, es una “Forma política del Estado cuyo jefe es elegido por los ciudadanos, directamente o a través de su Parlamento, por un tiempo determinado”. Con respecto a su etimología, res publica, se entiende como cosa pública de la cual participan todos los ciudadanos tanto como en su dirección como en la elección de sus representantes políticos. Recordemos entonces que del político del cual te quejas, no está en el hemiciclo de manera gratuita sino porque cierta fracción de la voluntad general de nuestra nación lo decidió así.

La palabra democracia etimológicamente se entiende como el gobierno del pueblo. Jean Touchard, señala tres elementos que la componen: la igualdad política, la igualdad social y el gobierno del pueblo. La igualdad política se entiende a su vez en tres conceptos. La isonomía, es decir, que la ley es igual para todos; la isegoria, la cual indica la igualdad en la participación de los asuntos públicos; y la isocratia la participación de todos los ciudadanos en el poder. En este sentido, si presenciamos que a un grupo se les trata distinto que a otro no se está cumpliendo, sino más bien se contraviene contra el sentido mismo del Estado; es decir el Estado no está cumpliendo sus funciones y hay que participar para detener ese contrasentido.

La igualdad social, a grandes rasgos, se entiende en términos de equidad y bienestar; dicho de otro modo, que todos los ciudadanos como tales tengan igualdad de oportunidades para el libre desarrollo de su vida. Con respecto al gobierno del pueblo, el autor enfatiza que el cuerpo cívico, en otras palabras, todos los ciudadanos están obligados a ejercer la soberanía: “Ser ciudadano ya es una función”. De igual modo, subraya que la soberanía “reside por partes iguales” en cada ciudadano.11 Sobre la igualdad social y su cumplimiento en nuestro país parece ser más una mirada utópica que una realidad palpable. Por otro lado, la soberanía la ejercemos en el sufragio y en nuestra participación política.

El Estado de Derecho, es un concepto en el cual el Estado tiene el deber de “procurar la satisfacción de los niveles de vida básicos para los seres humanos que lo integran”12. De igual modo, se caracteriza por la vigencia de la constitución, el respeto a la legalidad, la igualdad antes la ley, la garantía de los derechos y libertades, el respeto a la propiedad privada y los derechos políticos. Aguila, recaba de Alberto Borea que las características del Estado de Derecho son: la existencia de un poder limitado, la separación de poderes, existencia de órganos autónomos que controlen el poder y el reconocimiento de la responsabilidad del Estado. Como vemos, el poder no se halla en nuestro país en una sola institución, sino en tres: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Los tres se controlan de modo que quien lidera el ejecutivo, tanto como los representantes del pueblo pueden ser juzgados. El reconocimiento de la responsabilidad del Estado se refiere a que ningún funcionario se halla fuera de la ley, si comete un hecho punible por el código penal, será procesado con mayor peso que cualquier ciudadano común.

De igual manera, señala también las condiciones requeridas para la existencia de un Estado de Derecho, las cuales son las siguientes: gobierno de las leyes; voluntad de cumplir las normas; separación entre el Estado y la Sociedad; democracia, la asunción de la superioridad de la persona y el pluralismo y neutralidad política. Ésta última condición se entiende como tolerancia y “la obligación de las autoridades del Estado de comportarse con neutralidad en la administración y en la resolución de conflictos por parte de las autoridades del Estado”.13 Al leer estas palabras y definiciones, se respira el aire de utopía, de un Estado ideal antes que un ordenamiento concreto e identificable con lo nuestro. Al parecer la historia no es lineal, ni circular, sino un espiral, en donde repetimos algunas taras del pasado y seguimos mirando al futuro, hacia un país, hacia un mundo mejor, un ideal talvez irrealizable.

III.II ¿Por qué hay subversión?

La revolución… tiene dondequiera por causa la desigualdad”14

A propósito de la biología y nuestro tema, me parece apropiado realizar este paréntesis. Teóricamente hablando, los seres vivos desde estructuras unicelulares reaccionan con “violencia” solo cuando algún estímulo externo mella su equilibrio homeostático, es decir, su conformación física; en otras palabras la teleonomía, es decir el fin de cada ser es su propia existencia, de manera que se conserve y pueda manifestar su libre desarrollo. Entiendo entonces de manera análoga que una sociedad, también reaccionaría usando “la fuerza” para mantener estas condiciones propias y consustanciales a toda forma de vida.

En este parte del ensayo me interesa qué opinión tienen los grandes pensadores al respecto del surgimiento de un grupo de personas en búsqueda de subvertir el orden establecido. El objetivo al que apunto es a identificar las causas para entender las motivaciones, tanto como para tener claro qué se debe evitar para no generar en un Estado el surgimiento de partidos políticos radicales que consideren el uso de la violencia como forma de llegar al poder y colocar su propuesta.

Pienso que si se solucionan esos temas, es más fácil evitar el surgimiento de ideologías antihumanas o que éstas busquen llegar al poder mediante la violencia, desatando una vesania. Sucede pues que vivimos en una democracia, donde por definición, tenemos derechos políticos, y en teoría cualquier puede obtener un cargo público, ser congresista o presidente por ejemplo. El método para obtener un puesto de poder de este tipo corresponde a la elección popular mediante le sufragio, así que, en teoría, nadie queda excluido de poder llevar a cabo sus ideas de llevar bienestar mediante el servicio público a sus conciudadanos.

Aristóteles en La Política, nos explica que en un Estado, un grupo de personas ya sean privilegiados o no, al ver que la estructura del país o ciudad se haya constituido por una desigualdad fáctica, los llevará a realizar una revolución. Es decir, se reunirán y organizarán para pelear contra lo injusto mediante una sublevación. Así también, indica que una revolución puede llevarse a cabo en una democracia que por su propia libertad, los poderosos acaparen la dirección del Estado: “al aumentar el número de ricos o acrecerse el de sus propiedades, múdase el gobierno en oligárquico o dinástico.”

En la Edad Moderna, Hobbes, nos indica que el valor que todo ser humano debe propiciar es la paz, la cual considera como primera y fundamental ley de naturaleza. Así pues, en El Leviatán, el filósofo legitima el uso de la fuerza para establecer la paz, o para mantenerla: “y que cuando no puede obtenerla, puede entonces buscar y usar toda la ayuda y las ventajas de la guerra” en este mismo sentido indica que la labor de la sociedad es defender la paz “por todos los medios que podamos.”

John Locke, en su Segundo Tratado sobre el gobierno, nos indica dos razones para que se den las condiciones de una rebelión. Indica que si el Estado es dirigido por un poder arbitrario que hace sufrir al pueblo, así como él mismo que no respete los derechos de la población estará sujeto a una sublevación: “Un pueblo que es maltratado y cuyos derechos no son respetados estará siempre listo para, en cualquier ocasión, sacudirse de encima la carga que pesa sobre él. Deseará y buscará esa oportunidad que no suele tardar mucho en presentarse cuando se trata de asuntos humanos, siempre sujetos a cambios, debilidades y accidentes”. El pueblo, señala Locke, realizará estas acciones incluso cuando estos gobernantes hallan justificado su poder mediante fundamentos religiosos: “hijos de Júpiter, sagrados o divinos, descendidos de los cielos o autorizados por ellos, o cualquier otra cosa”.

Immanuel Kant en Sobre la paz perpetua, considera adecuado que una población “se sacuda el poder opresivo” mediante la revolución, en tanto el gobierno sea tiránico y éste quebrante los derechos de la nación: “: «¿Es la revolución un medio legítimo para que un pueblo se sacuda el poder opresivo de un, así llamado, tirano (non titulo, sed excercitio talis*)?». No hay duda de que los derechos del pueblo están conculcados y que al tirano no se le hace ninguna injusticia destronándole.” Asimismo, advierte que esta vía, al ser violenta, quienes la dirigen y asumen: “no podrán quejarse de injusticia si fueran vencidos en esta lucha y tuvieran que soportar las consiguientes penas.”

Por otro lado, Rousseau en el Discurso sobre la desigualdad de los hombres, señala que debido a la desigualdad permitida por un gobierno, ésta obligaría a “la multitud oprimida, al ver su derechos y libertad extinguirse, tomar el camino de la sedición”, es decir, la población se vería obligada a “dejar el arado para ceñir la espada” generando un caos en el Estado de modo que el pueblo pelearía contra el pueblo para restablecer el orden; así quienes antes se encargaban de mantener el orden se tornarían “tarde o temprano en sus enemigos y tener sin cesar un puñal alzado sobre sus conciudadanos”

Así también Rousseau, en El Contrato Social, parte de la idea de que en un principio, los hombres, quienes no vivían en sociedad, con el objetivo de evitar los obstáculos que impiden su conservación en un mundo primitivo, crea el Estado mediante un contrato o pacto social. Este contrato, tiene como principios el la libertad, igualdad, la propiedad y el uso de la fuerza para la protección comunitaria. En este sentido, el filósofo enfatiza que si se viola el pacto, todos volverán a ser libres sin alguna sujeción al Estado creado en tanto éste se desnaturalice: “violado el pacto social, cada cual recobra sus primitivos derechos y recobra su libertad natural.”

Cada individuo entonces, mediante el contrato social, el cual es compromiso mutuo del público, posee una porción del poder político en tanto “asociado”: “Respeto a los asociados, estos toman colectivamente el nombre de Pueblo y particularmente el de Ciudadano como partícipes de la autoridad soberana, y Súbditos por estar sometidos a las leyes del Estado”. Dicho de otro modo, la persona tiene tanto derechos, como deberes. De este modo, el gobernador, presidente, quien dirige el Estado manifestaría la voluntad general. En esta lógica, el soberano/gobernador/presidente quien no cumpliera estas directrices, debido a que debe su existencia se debe a la legitimidad del contrato, desnaturalizaría el mismo, en palabras del autor citado: “sería destruirse, y lo que nada es, nada produce.”

A este respecto, se enfatiza en el libro que los hombres que conforman la sociedad se hallan en condición de igualdad, nadie es más o menos que otro. Se entiende al Estado como un organismo en el cual cada persona, cada es un “miembro del cuerpo”. Esto, debido a que la sociedad es un tejido de voluntades cuyo objetivo es tanto la conservación propia como la mutua. El contrato social no es entonces: “…un convenio del superior con el inferior, sino del cuerpo con cada uno de sus miembros; convención legítima, porque tiene por base el contrato social; equitativa… es común a todos; útil, porque no puede tener otro objeto que el bien general, y sólida, porque tiene como garantía la fuerza pública el poder supremo.”

Se enfatiza a su vez, la limitación de poder del soberano/gobernante/presidente en tanto representante de la voluntad general: “por más absoluto, sagrado e inviolable que sea, no traspasa ni puede traspasar los límites de las convenciones generales.” De esta manera se pone de manifiesto que el poder en realidad no está en quien dirige, sino en los contratantes, es decir la población y el gobernante es un delegado de la voluntad general. Para concluir con el recuento de este texto, señalamos que para el filósofo, el acto de quebrar el contrato social por parte de la población es totalmente legítimo, en tanto los ciudadanos no se hallen conformes con la representación o consideren que quien se halle al mando no cumple con la voluntad general: “ante el representado desaparece el representante”.

Este comportamiento de subvertir o trastocar el orden, se entiende en tanto se quiebren los objetivos del contrato social, la conservación, la libertad, la propiedad, la igualdad: “… no existe en el Estado ninguna ley fundamental que no se pueda revocar, ni siquiera el mismo pacto social, pues si todos los ciudadanos se reuniesen para romperlo de mutuo acuerdo, es evidente el acto sería legítimo”.

Veamos entonces, las causas. Éstas son la desigualdad, la injusticia, la búsqueda y el mantenimiento de la paz, un gobierno que se maneje con un poder arbitrario, el hacer sufrir a la nación, que el gobierno, la defensa de la libertad, la propiedad y la propia y mutua conservación. Suena simple, entonces que simplemente se respeten los derechos humanos, con que se cumpla en nuestro país, el artículo 2 de la Constitución Política sería suficiente. Así de fácil ¿Lo es? Ya está escrito, solo hace falta que se cumpla a cabalidad. Entonces ¿Cuál es el problema? ¿Por qué nuestro país periódicamente tiene rebrotes de protestas y surgimiento o avivamientos de grupos armados radicales?

La responsabilidad es de los decididores, de quienes se hallan en la dirección ejecutiva del poder, y de los que escriben las leyes. Pero, es la nación quien elige a estos individuos y hemos visto que estos son quienes subvierten el orden establecido de la República, casi todos los presidentes del pasado inmediato se hallan en la cárcel, así como tenemos congresistas recientes con investigaciones por pertenecer a mafias, a organizaciones criminales ¿Por qué elegimos delincuentes? No… ¿Por qué seguimos eligiendo delincuentes?

En Jirón de la Uníón, en el centro de Lima, frente a la Catedral de Lima, el Palacio de Gobierno, Municipalidad de Lima, la Plaza de Armas, con una voz aguardentosa, rápida y palpitante un hombre camina con unos cuadernillos fotocopiados en papel bulkin, dice: “Manual del pendejo, lleve su Manual del pendejo” ¿Acaso no es sintomático? Somos criollos pues, es una autocrítica, nos creemos pendejos pues, Llamamos, pendejo al “vivo”, al “mosca” al que saca provecho de otro. Así somos, admiramos a quien pueda sacar mayor provecho del otro. Somos pendejos pues, y nos enorgullece serlo. Nuestra política es pendeja, es viva, es criolla, es delictiva. Esos delincuentes si nos representan, por eso los seguimos eligiendo, aunque nos roben porque al parecer muchos de nosotros hemos normalizado que trabajar para el Estado es para robar.

De alguna manera nos movemos entre equilibrio y autodestrucción, entre paz y la propia aniquilación. Aquí a quien es honesto o hace o intenta hacer las cosas bien es un pavo, es un “sano”. Aquí hay que ser lo contrario, estar “enfermo”, tener el alma podrida para estar bien. Talvez debamos preguntarnos ¿Si me hallo en una posición de poder robaría? ¿Colocaría a mis familiares y amigos en puestos públicos que nos les corresponden por mérito? ¿Si soy un empresario pagaré a algunos candidatos a cambio de que creen leyes a mi favor? ¿Me importará si mi mina mata niños llenándoles de plomo la sangre?

Nuestra naturaleza humana, peleando entre el eros y el thanatos, esa búsqueda de sentir placer y displacer; entre bordes, entre extremos. No cabe duda que viajar en el chosicano es un deporte extremo y no deja de serlo porque no hacemos lo suficiente para que se siga arriesgando nuestra vida, es simple, sucede porque lo permitimos. Es como si nos balanceáramos cómodamente entre extremos y medios. Talvez estoy siendo muy duro con nosotros mismos, debido a que nos hallamos a merced de nuestros impulsos humanos más básicos… No, no lo creo, no somos solo animales, somos en palabras de Aristóteles, animales políticos, de sociedad, gregarios, así como también racionales, y es nuestro deber estar por encima de los instintos de nuestro cerebro reptiliano. Cuando dañamos la ciudad, la naturaleza, cuando robamos, hacemos daño a nuestra especie, hacemos un país peor, del cual nos quejamos y hacemos lo que solemos hacer, esperar a que venga otro tipo que represente lo peor de nosotros para colocarlo en el poder y que nos siga robando, porque también nosotros robaríamos, nos robaríamos por que somos pendejos y el que no roba, el que no tima, debe ser exterminado. Su existencia su presencia nos mostraría nuestra propia mezquindad, nos dejaría en evidencia.

Ni los partidos de izquierda o los partidos de derecha nos van a salvar de nosotros mismos. Este también es otro rasgo nuestro el de esperar. Esperamos mesías, esperamos salvadores. Nadie nos va a salvar. Nos queda construir y seguir construyendo, siendo responsables de nosotros mismos mutuamente. Tomar la posta y ser ciudadanos de verdad, estar atentos, estar alertas. Mantener el Estado de Derecho, de otro modo jamás llegaremos a ser una República de verdad, si el ciudadano se halla distraído la moral política se diluye y los valores se pierden mientras consumimos mucha cultura vacía que habla mucho y dice poco o nada.

Debemos dejar de esperar dictadores o mesías. Los dictadores no confluyen con las ideas, principios y valores democráticos por los que se ha peleado tanto para tener esta República. Debemos dejar la cruz en el relicario. Dejar de esperar a un Padre que lo solucionará todo con su magia. Dejar de ser ovejas en busca de pastor. Ya no vivimos errantes o bajo monarcas y ya no sacrificamos grasa de animales rogando a dioses que se fueron y han de venir. Ellos viven en los cielos. Nosotros vivimos aquí y lo más real que tenemos es nuestra sociedad, nuestro país, nuestro planeta. Seamos ciudadanos.

El esperar la acción de un padre me recuerda a Immanuel Kant, que compara la etapa previa a la Ilustración, como una condición de minoría de edad. Sugiere el filósofo que abandonemos esa situación de dependencia de “minoría de edad”, en este caso de esperar al padre, es decir esperar a un mesías que lo solucione todo. Seamos ciudadanos, la humanidad se halla en su edad adulta, se halla en condición de hacerse responsable del destino de sus vidas individuales y colectivas. Separa al pastor, no eres oveja, sé el pastor tú. Sino contribuyes a tu país, dejarás nuestro destino y el de tus hijos en anomia, y otro será quien la tome, como dice Platón: “el hombre de bien, cuando rehúsa gobernar a los demás es el verse gobernado por otro menos digno”15.

Continúo con Kant:

“Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía de algún otro”. Solo nuestra pereza y cobardía son las causas por las cuales “tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad durante toda su vida.16

La danza negra empieza de nuevo y eres otra cabeza que insertar/
crece entre mediocres culpando a los demás/
siervo absoluto, obrero del engranaje de las farsas/
¡desde dentro!/
disidentes de autonomía culpan a su progenie/
nativos de nada, adoradores de la carne/
encadenas tus ojos, encadenan tus oídos,/

encadenan tus sueños/ ¡tus sentidos! /

No puedes huir, no hay a donde/
es mi karma, es tu karma, nuestro karma/
es mi especie condenante y condenada, ¡maldita!/
somos la mierda de la (cual) que te quejas/
eres la mierda (de la) que me quejo/
heredero de nada, tributante de todo/
tus iguales son «tus iguales» (pero) y más fuertes que tú/
corea al sistema y aliméntalo de ti/
la culpa es sólo tuya, no busques más culpables/desde dentro!!!/
no busques la mierda afuera, que la mierda está dentro.”
17

1 Julio Verne. Paris del Siglo XX.

2 Rage against the machine. Take the power back.

3 Kant, Immanuel. (1785) Fundamentación para una metafísica de las costumbres.

4 Para el autor, la virtud es definida como “un hábito selectivo, consistente en una posición intermedia determinada por la razón”; es decir, la virtud se hace efectiva cuando nos enfrentamos a un fenómeno y elegimos la acción que sería término medio, cuando rechazamos los extremos. En este sentido, la actitud virtuosa, sería la mesurada y alejada de las pasiones.

5 Höffe, 2003:187. Breve historia de la Filosofía. Traducción de José Luis Gil Aristu. Publicado en alemán en el año 2001. Ediciones Península, Barcelona, España.

6 Kant, Immanuel. (1795) Sobre la paz perpetua.

7 Ídem.

8 Rousseau en su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, es del mismo parecer pues escribió: “los hombres… son naturalmente tan iguales entre sí como lo eran los animales…”

9 Rousseau (1755) Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.

10 Rousseau. (1762) El Contrato Social.

11 Touchard, Jean. (2000) Historia de las ideas políticas. Traducción de J. Pradera. Publicado originalmente en 1961. Editorial Tecnos. Madrid, España.

12 Aguila Grados, Bruno (2007). El ABC del Derecho Constitucional. EGACAL. Lima, Perú

13 Ibidem.

14 Aristóteles. La Política.

15 Platón. La República.

16 Immanuel Kant (1784). Contestación a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?

17 Dios Hastío. Por servir al engranaje

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