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Poe, sí. Péndulo de lectura, sí. -ensayo sobre Edgar Allan Poe por Hallie Hessen C.

Por Hallie Hessen Cáceres

Hablar de Allan Poe siempre es una novedosa fiesta. Toda impresión se le adhiere principio de análisis. Instintivamente escinde y, si no se encuentra otro elemento, se transforma en su propio espía. Especialmente cuando no es solo hablar de cuántas obras suyas se leyó, sino atreverse a ir tras él como quien se prepara a ver una película nueva y esperar su estreno. El punto de apelar a la crítica o el estudio es no dividir todo en blanco y negro. Dicho esto, empezaremos recordando que Edgar Allan Poe, en su vida artística bastante corta (1809-1849) y largo tiempo sostenido, gobernó el mundo literario del horror y la muerte, que presenta, en su momento, un nuevo tipo de ficción y poesía adelantada a su tiempo teniendo un impacto significativo en el mundo de la literatura.

Mientras que los románticos europeos basaron sus escritos en el respeto a la naturaleza y amor, Poe se ocupó de explorar el lado oscuro de la vida humana e incluso sus «románticos» cantos de poesía a hermosas mujeres ya fallecidas. No fue de esperar, pero Poe fue rechazado e ignorado en los Estados Unidos por sus cuentos siniestros puesto que no coincidían con el gusto literario americano de entonces. Por lo tanto, podría plantearse la pregunta de si Poe, en sus obras, ¿es realmente tan “romántico” como el período en el que nació como poeta y escritor?

Si bien solo unos pocos escritores estadounidenses (entre ellos, por ejemplo, Herman Melville, William Faulkner o Walt Whitman) reconocieron su genialidad, sus cuentos y poesías fueron bastante influyentes en Francia, ganando el interés de muchos poetas y escritores. El crítico y escritor Sam Moskowitz señala que Charles Baudelaire tradujo la mayoría de las historias de Poe como algunos de sus poemas en francés y la influencia de éste en su propia poesía, tan típica de su obsesión por la imaginería macabra y temas morbosos. Según Regan, Poe también fue admirado por los franceses poetas que siguieron la escuela del simbolismo, por ejemplo, Stéphane Mallarmé, o los posteriores autores Paul Valéry y Marcel Proust.

 A pesar que la mayoría valora a Poe como un “simbolista”, cuando podría designarse sus obras como “simbólicas”, es importante advertirse que llamarlo «simbolista» es entrar en una afirmación discutible y poco fiable. Es importante tener en cuenta que las obras “simbólicas” buscan representar cosas que no se pueden describir racionalmente, y significan especialmente emociones y estados de ánimo. Con la ayuda de un símbolo, por ejemplo, que representaba el contacto entre el mundo real y el mundo de nuestra alma, los simbolistas se esforzaron por percibir las obras de arte con cinco sentidos, haciendo hincapié en la figuratividad y la melodía. Esta perspectiva es semejante al planteamiento de Poe, porque pone énfasis en el estado de ánimo de sus historias y poesía, del mismo modo el impacto musical general. En sus relatos vastamente descriptivas, se ocupó de las emociones internas y el estado mental del individuo que lucha con cierta tentación de ser malvado, motivo que no puede comprender ni anticipar, pero que definitivamente lo hace sufrir al final. Poe parece ocultar el significado real tras el velo de la ambigüedad que ofrece un número considerable de interpretaciones, ya que hay tantos lectores que lo entenderían de una manera diferente según sus antecedentes o décimas de factores. Esto implica que Poe, casi instintivamente, empleó una forma de expresión “simbólica” en sus escritos, sin embargo, no utilizó símbolos para alcanzar el mismo objetivo que los simbolistas realizaban. Señala Fetcher, Poe rechazaba los ‘símbolos’ como tretas que se empleaban para desorientar y burlar al lector negándole una explicación y orientación. Dedicó expresiones como símbolos de varios significados, pero «‘símbolo’ era una expresión que se desvanecía de su vocabulario y en el fondo de sus obras más oscuras. Usó palabras por sus connotaciones indefinidas y evocadoras, creando una atmósfera en la que el lector se convirtiera parte de ellas. Procuró escrupulosamente por este objetivo, por consiguiente, termina relacionándose por medio de un arduo conjunto de ideas que proporcionarán la estimulación e imaginación del leyente. Es decir, Poe diseña una atmósfera que debe ser experimentada por los sentidos en lugar de la lógica, algo distinto al concepto que aclama el Simbolismo. Resulta recomendable no intentar categorizar al poeta en absoluto. Escribió sus cuentos y poemas en la época del Romanticismo, pero su romanticismo gótico no encontró el interés del lector americano medio del siglo XIX; sus obras eran altamente simbólicas. Y, sobre todo, recordar que compuso sus obras mucho antes de que el simbolismo fuera aceptado como movimiento artístico. Comparado con sus contemporáneos que son más viables de categorizar, Poe se resiste a una interpretación fácil y una generalización amplia. Tal vez debería ser llamado ‘romántico’ después de todo, porque principalmente se esforzaba por lograr efecto en sus obras, su objetivo no era transmitir un mensaje moral sino crear una historia o un poema que llegara a su lector el sentido de la belleza. Y en lugar de alabar la belleza en su concepto clásico del siglo XVIII, que rechazó, Poe se pobló de una belleza inusual y misteriosa que era más aceptable para los valores del romanticismo que para cualquier otro movimiento literario de la época.
Es así que el poeta vuelve continuamente a este su objetivo en todas sus obras; tal vez pensando o buscando lo particular y el estado reconocible de sus escritos entre el vulgo lector, desprovistos de interés,  que lo despreciaron y, con tiempo, aprendieron leerle con sobresaltos de conciencia.

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