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UN CAMIÓN DE RUTA HACIA LA POESÍA DE TOMÁS RUIZ (o comentario al poemario Elogio de la nada de Tomás Ruiz Cruzado) por Julio Barco

UN CAMIÓN DE RUTA HACIA LA POESÍA DE TOMÁS RUIZ  (o comentario al poemario Elogio de la nada de Tomás Ruiz Cruzado por Julio Barco

Del libro «Elogio a la nada»

Para nuestra sección de homenajes Lenguaje Perú vamos a recuperar la voz de un poeta del Norte: Tomás Ruiz Cruzado. Y celebrar con nuestros lectores sus versos, su viaje y su arte.

La poesía peruana del norte viene dando voces de talla internacional. Sin duda, no solo el temperamento geográfico sino el valor y tesón poético personales. Hay algo interior que invita al poema, a forjarlo, como los antiguos hombres que levantaron ChanChan. Geometría y signo, barro y fecundidad, cuerpo y mente aunados a un trabajo febril por tallar el verso.

Al sur, como 2 reyes rojos, yacen Churata y Oquendo; al Norte, Vallejo y Ramírez Ruiz; al centro, cuatro: Chocano, Moro, Verástegui y Martín Adán. ¿Eguren qué hace? Camina solitario hasta su casa, de Lima a Barranco. Varela & Magda Portal escriben laberintos de barro que vivirán mil años. Y ese es del Norte más vivo por donde, como geiser, brotaron estos lúcidos cerebros para celebrar el ritmo de la vida, cantarlo y dejar sus huellas. Y Tomás Ruiz, un retoño más joven, escribe:

Si tuve un momento feliz fue cuando comía un pedazo de naranja
descalzo en la noche mirando el mar y las gaviotas
Escuchando relatos fantásticos en las regiones más subterráneas de Trujillo
Recuerdo al loco Beto al Ronco al Tato al Quinters
Casi todos han muerto Nadie los quiso Nadie nos amó Solo la noche (1)

De esta frondosa rama de poetas, nace la descarnada como vital poesía de Tomás Ruiz Cruzado; testigo de su tiempo: los años ochentas y la guerrilla sacudiendo todo el Perú; tiempo de crisis, locura, muerte, descontrol, colas largas, colegios destrozados y guerra. Por esos años, Kloaka, un grupo de poetas y pintores poetizaban desde la esquizofrenía de la Urbe.

Los poetas son seres que, sobre todo, buscan la libertad. Son tan libres en su quehacer que inventan los mundos, juegan con las posibles razonamientos del logos donde viven, y escarapelan de sentidos nuevos la sociedad de su tiempo. No soportan la realidad plana, aburrida, soporífera; avalan a su ciencia, incendian al mundo, dan sus claras y lúcidas flores. En sí, el poema es un motor de liberación de energías cuánticas que atraviesan la materia, y viajan en el tiempo; curiosamente este poder del poema, este ser en sí mismo atemporal y objeto que convoque ideas en los demás, -esta cápsula de la mente que es el poema, esta semila o semen que es el verso en la mente fresca y radioactiva y/o el lenguaje que se oville dentro de los signos fijados- es obviado y casi nada, repetimos, nada en una sociedad donde lo primario es el vestirse bien, comer, trabajar algunas horas, ser abogado o vender abarrotes, ducharse con agua caliente.

Tomás Ruiz es también un artista que buscó ir a contracorriente de rumbo de su tiemnpo: armó revistas, editó algunas plaquetas de poesía fotocopiada, se arrojó a vagar por Lima. Alejado de la fiebre del éxito que nubla tantos corazones, aceptó la belleza del fracaso…pero, ¿qué poeta de nuestro Paranso triunfó en la vida? Martín Adán, alcohólico; Eguren sin dinero para pagarse el bus; C. Moro dictando clases a niños tan fregados como Vargas Llosa; Romualdo abandonado en un cuartucho miserable… Vida del albatros ajeno al proyecto editorial con el fin de no vivir de aire, o lejano a la cúpula de poder que reserva la vida para algunos. Es que, Tomás Ruiz como yo o usted lector, comprendía que todo es dinero y si no tienes dinero estás jodido. Por eso, su verso le salía con rabia, con amargura, con desprecio hacia todos, desde la voracidad del tipo duro y el sensible que fue. Y escribe:

Aprendí a amar las piedras los camiones de ruta a decir adiós
Y me arrojé a las calles donde el hombre se descubre pequeño
y desesperado donde el destino es ciego e inexorable
Donde todas las muchachas son hermosas Donde se ama con dulzura
los vientres blandos
Ven David a conmover pequeño amigo mío Déjame tocarte.

Cosa comunicante, decía Hinostroza en su volada de Contrantura, y lo repetimos ahora, cosa comunicate es el verso de Tomás Ruiz. Un camión de ruta que afila motor en un lenguaje sencillo e intenso; especial pues el poeta logra dotarlo de magia lírica e hilvana su propìa música; vital y sincera, vemos un sonido detrás que no es la abstracción de una forma inssitentemente buscada para fruición y deleite de ego: es simplemente un testigo, un marinero en tierra, un desheredero de toda paz, un poeta.

Lo intuimos escribiendo en las aceras de lenguaje más callejero, -lejos del cómodo academicismo famélico que vigila lo correcto y crítica desde sus teorías heredadas en universidades yanquis-entre cantinas, y casas con dos o tres hijos y necesidades como pagar la cuenta de luz o comprar ayudín para lavar los platos, pensando en alguna de las muchachas a las que le canta, o en su pueblo, de que deseaba ser simple montaña, sin nombre, sin otro sabor que la vacuidad. Y es entre la luz y el vacío donde se desenvuelve su verso. Itinerario de la realidad de poeta en un tiempo brutal y hermoso; carnívoro y vital.

Es decir, expresarse de modo libre en una sociedad que cierra con frenos mentales las intensas posibilidades del lenguaje es cantar en el vacío, ese mismo vacío que celebra Ruiz Cruzado. Vacío de amor, vacío de futuro, vacío de esperanzas, vacío de dinero, vacío de alimento. Vacío. Elogio a la nada, entonces, es una prueba de que la poética de Cruzado llena heridas, llena enormes siderales huecos de su alma atormentada y sensible. Vacío de poder que es el poema. Y entonces la poesía es un sendero luminoso, que sacude su luz en nuestro ser.

Esa misma vacuidad que es la hoja de un papel y el universo poético que, sin embargo, solo gracias a ese peso del silencio, a esa NADA, a ese riesgo kierkegaardiano logran perder el equilibrio y conservarse a sí mismo. Poesía es nada, y también es arder, caminar, respirar y nadar, pero un nadar iluminado por la certeza:

Publico para que se piense que tordavía queda un imbécil que cree en la poesía
Porque en verdad no creo en ella Todo arte es inútil y acaso en ese vil vacío está
su belleza y el misterio de ciertos mortales…

Iluminar esos espacios con la poesía: arte inútil y necesario, dos cuerpos dando formas a una verdad contradictoria pero urgente: el poema no sirve para la revertir la realidad, pero sin poema no hay modo de soportar la realidad. No hay espejo a interpretar; ni argumento que mostrar de los espejos. Es curiosa como la palabra «luz» se repite, con sintóma de fondo de agua, como balbuceo de un obstinado cuerpo inundado de vida. Abrimos este poemario, al final y encontramos varios versos donde aparece. Cito:


Si toco una flor
La flor no es
La flor es luz
Luz la hierba
Luz mi voz
Luz

Palabra nada casual ya que, como advertimos, el poeta, en aquellos años de guerra, debe tomar partido y asume su propia vocación de desterrado por su corazón y arte, encontrando en la subjetividad la libertad que un partido revolucionario no le da:

Dejen que muera con mis manuscritos con la vergüenza atroz
de tímido adolescente No me reprochen nada es mía mi locura y mis sueños

La interpretación de hecho nos presenta la tonalidad de sus versos. Contradicción y utopía. Poética que cruza los caminos, latea entre camiones de rutas, observa y asume, es decir, que se desliza como río o huayco que permanece temblando de furia e indignación.

Lejos de ser un poeta icónico de este contexto como si lo fue, por ejemplo, Jovaldo, en Ruiz Cruzado se observa ese constante habitar el absurdo que es la guerra. Esa boda de sangre y hambre; para después conversar con la muerte, la guerrilla y los héroes. Es obvio que su libertad coincide con los que buscan el cambio social, aunque por su temperamento sigue un camino solitario:

Tú no sirves para combatiente -te dijeron-Y se marcharon entre el humo
y la muerte

Poesía plenamente testimonial muy diferente a la practicada en los cenáculos posmodernos atiborrados de ejes semánticos donde nada es verdad, salvo tal vez un bruñido concepto ampuloso de sentido dispuesto sobre una bandeja de formas interpretables.

Tomás Ruiz Cruzado es de otra época, en el tono romántico y pesimista, y sin embargo, afirmativo porque hace, edita, publica, ordena revistas; donde lo poético es subjetivo e irónico resulta una suerte de ave maldita, no porque contenga algún tipo de maldición o sea negativo, sino por su fuerza de hacer de su acto de libertad desde la poesía una posibilidad de negarse al automatismo diario, a esa enfermedad llamada cotidianidad, que se acepta sin chistar por una enorme masa de personas; Ruiz asume la poesía como brújula y no como canto para quedar bien con el líder político del momento; otra es también la reflexión la espesa y objetiva maraña de su propia Utopía:

Más aún los seres más bellos de la tierra son los héroes y los poetas miserables
injuriados olvidados Acaban su vida de mendigos de ciegos de putas miserables
desgraciados llenan las cantinas gritan al árbitro son hinchas de Carlos A
Mannuci viven en manicomios cementerios pobres…

Tanteando el terreno digamos que desde Vallejo hasta nuestros días la poesía norteña tiene excelentes guías líricos como Alejandro Romualdo que canta la libertad de Túpac Amaru, o gente más cercana como Rogelio Gallardo y su delirante bohemia donde ardió su ser y su poética; o más joven como Ray Paz, dilectos lectores de Heidegger que reducen el fluir de la existencia a un silogismo ontológico… observamos, entonces, un derrotero de voces donde la de Tomás Ruiz, con su bluyín y sus libros en la mano, transita y brilla, elogiando a esa nada, que finalmente es luminoso silencio. Patria de todas las voces, su lenguaje ahora es fervor en sigos que yo releo. Y Tomás Ruiz repite:

Mi patria no es el Perú mi patria es un héroe
Mi patria es un muchacho muerto.

(+++++ SOBRE TOMÁS RUIZ CRUZADO : Programa Fuego Perpetuo: comentario a «Elogio a la nada» (CLICK AQUÍ)

NOTAS:

1)Este y todos los poemas de este texto pertenecen al libro Elogio a la nada, editorial Santa Ángela, 2003.

(AGRADECEMOS AL AMIGO Ángel Yzquierdo Duclós por enviarnos las fotografías de las revistas Camión de Ruta, como las portadas de la obra de Tomás Ruiz)

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