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El corazón camaleón (o reflexionando sobre Camaleónica, novela de Daysy Arevalo) por Julio Barco

El corazón camaleón (o reflexionando sobre Camaleónica de Daysy Arevalo) por Julio Barco

El lenguaje es, claro, una suerte de animal: fluye y arde, se enciende o repta. Nos permite significar y significarnos. Crea realidad. Y espejo y laberinto.

Adquiere poder y nos rebela el interior. Al escribir adquirimos el tono de una voz.  Leyendo Camaleónica (2020, editorial Lee K´ana) de Daysy Arévalo descubrí la esencia interiorizado de su prosa. No estamos pues frente a un libro que pretenda mostrarnos una arquitectura extraña y que por ello sea neovanguardista, o coloquial, este es un trabajo más afín al ritmo interno. Un sentimiento de automatismo y resplandor; la necesidad de buscarse a sí misma en un desorden de sentidos y una serena observación son los elementos de este proyecto narrativo.

Esta es una novela de temperamento; que por el tono desgarrado y limpio recuerda paisajes de Arguedas, especialmente el Arguedas íntimo de sus diarios; ese que nos narra sus agujeros negros y explora su mente: pasión, comprensión, dolor, ternura; aquí hay exploración, nervio y soledad; curiosamente significativo resulta que Arevalo sea del sur peruano, de la misma ciudad de Arguedas y quizá por eso comparten esa sensibilidad en la naturaleza que pocos costeños mantienen.

En este libro los árboles de chirimoya, el pastizal amarillento y seco, la lluvia, las nubes recobran su lenguaje más fresco y experimenta una mutación arguediana, por adjetivar de alguna manera aquellos estados mágicos de la naturaleza que viven aún en el folclore andino; como en los cuentos del autor de Los ríos profundos donde los artistas de las arpas se conectaban con el sonido interior de los ríos, es decir, oyen el ritmo interior de la naturaleza para escucharse a sí mismos, en Daysy hay esa relación entre soledad y paisaje.

El artista del lenguaje habita su gramática como una sustancia viva. En Camaleónica la escritura nos muestra los tonos interiores, los cambios del blanco y negro, de la depresión que ya se torna medicable, como los colores de la naturaleza, donde se encuentran, como refractados, los matices que invaden el propio ser:

“Cuando mamá estaba por dar a luz papá no regresaba del trabajo. La noche en que debía llegar directo al hospital jamás apareció, fue cobarde, él estaba pasando por una confusión y profunda murria por la situación en la que estaban: dos jóvenes recién empezaban a vivir debían criar a otro ser.” (página 94)

Si para muchos pensadores franceses de la mitad del siglo XX, el pensamiento de la locura debe fragmentarse hasta pensarse con su relación al Poder, y así ceñirse a un análisis más dinámico, se observa necesario ver que ese poder, libre en la Literatura, es liberador, curativo y funciona como puerta interior.

Ahí habita la voz que no se ciñe a la realidad cotidiana, la que necesitamos explorar para encontrarnos, la voz de uno mismo. La historia de Esmeralda está narrada desde la sinceridad y el abandono de retórica para simplemente dibujar su propio interior: la temporada vital de una joven que descubre el mundo, la soledad natural en un espacio dominado por el trabajo y la poca responsabilidad de los adultos; soledad de niños mirando desde las ventanas, casas vacías. De eso, de esa contemplación se escribe, se siente, o se versa.

Un mundo convulsionado por los vaivenes mentales, donde se habita lo alto y bajo en la misma energía del ritmo íntimo andando y balanceándose en la mente; la bitácora de un corazón bipolar que sacude sus venas y narra. Esmeralda vive un drama interior que la lleva desde lo grisáceo a los colores, y simultáneamente le descubre el arte de narrarse a sí misma.

Lo mejor de este trabajo prosístico es la fidelidad entre las emociones y el pulso que mueve el mundo interno de Esmeralda. Si Francoise Sagan heredó la tradición literaria de Francia del siglo XX y escribió un bello libro llamado Buenos días, tristeza, por otro lado, y sin guardar las distancias, Daysy Arevalo entrega con Camaleónica su propio saludo tanto a la tristeza como a la vitalidad de la vida, con sus contrastes y vacíos.  

Lima, setiembre, primavera 2020

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