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El papel de la literatura en la sociedad por Hallie Hessen C.

«Si la moral puede prescindir de mí, el arte no puede negarme crear mi cínico nacimiento como pequeño dios. Así, asumo mi sarcástica arrogancia naciendo como otro ser; algo solamente mío: los fragmentos que me habitan para bien o para mal.»— Hallie Hessen Cáceres
A Vaadhoo

«Un escritor, cuyas obras no tuvieron éxito, con facilidad se vuelve un crítico ácido; así un vino débil y sin sabor puede convertirse en un vinagre», decía Fiódor Dostoyevski.

¿Es posible siquiera mirar la literatura social o políticamente, o existe de forma independiente? ¿Qué significado guarda la literatura en nuestra sociedad?
En Ciencia Física se habla del Arrastre del Éter donde se postula que éste no sólo hace un espacio-tiempo de curva masiva, sino que también arrastra el espacio-tiempo local en movimiento alrededor de sí mismo mientras gira, al igual que el aire en un tornado. La cantidad de arrastre es directamente proporcional al giro.

¿En qué semejanza deberíamos incluir la explicación física teórica con la cuestión que lleva el título de este escrito? Que, del mismo modo, y desde un punto de vista científico, el ser humano, a través de su vida o propiedad, puede influir significativamente en el desarrollo social; “tanto como se gire, arrastrará”.

Viajemos en el principio cuando la literatura no se reconocía como tal. El mundo vivía solo para vivir. Le inquietaba no tener nada nutritivo entre los dientes. De modo que se ocupó de estas cuestiones existenciales amanecer tras amanecer. La necesidad de alimentarse estaba en primer plano, al igual que el placer y el trabajo duro. Vivió sólo una vida, la suya y a justicia, con más o menos intensidad de lo que experimentamos hoy día. Cazó su comida, la mató y la comió con deleite y orgullo, porque sabía que era necesario para la prolongación de su vida. No por un acto de maldad, sino por una cuestión de naturaleza y sobrevivencia. Era humano en el sentido biológico, pero no humano en espíritu. Después de todo, cerraba el día, desgastado físicamente por la misteriosa contención de la vida tangible en contra de lo que posiblemente soñaba –o la mezcla de ambas– sabiendo que no existía nada más por contemplar. Quedándose así con el estómago lleno y más solo con sus sentires. Estas inconclusas cuestiones de sí, llevaron al hombre a obedecer y buscar su fuero interno.

Desde que se nos revela la escritura y la arrolladora capacidad de su buen uso, nació un hombre completo y capaz de extraer la tragedia de su propia alma, alma interna que es igual a toda su especie.

La literatura, en esencia, ha sido una de las artes más punzantes de manifestación rebelde a su anónima figura que, por calles recortadas, transitó mucho tiempo su propia celda, acarreando sobre sus hombros el salto de un pasado —como si del sorpresivo salto de un gato se tratara. Su voz, cobijado en clandestinos bares, salones de estudio, almuerzos familiares o en el secreto público de discusiones beodas, conoció la posibilidad de desligar el lastre, y, con recaudo, esperar presto a su traducción por la mano que escribiera y acentuara fuerza en las palabras; es decir, la literatura como generador de preguntas y no respuestas. Llegando a ser, como lo sería, el análisis de sangre para un médico. Tal vez buscando enlaces del pensamiento y el encuentro de razones, sin pretender tener el principio de verdad, sino, en semejanza a la ciencia, buscar la confiabilidad y despertar del individuo con el proceso abierto.

La capacidad de escribir y leer tiene el poder de mostrar cómo actuamos a través de la belleza del lenguaje. Debido a su trascendencia, nos enfrentamos a diversas escenas que nos muestran la miseria y la desesperación o la armonía y la felicidad. Pueden ser escenas que nos conmuevan y con ello nos cambien. Desnudarse a resguardo de las palabras, cinglar con valor o el lujo excesivo del error en la que se cae con entereza tanto como se vive.

De modo que permite un medio tradicional en el contexto de la educación cultural o amamantamiento, sin embargo, en el contexto de la educación política, lo literario como principio de mediación es bastante notable a primera vista, sean unidimensionales «o representaciones indiferenciadas en blanco y negro». Capaz de expresar las ambivalencias y la multidimensionalidad de un tema mediante el uso de metáforas, analogías o imágenes que permitan un espacio para la interpretación y la reflexión, es decir, la experiencia cotidiana y la formación de ideas literarias. Así, la sociedad se permite abrir nuevos espacios de experiencias, vivencias o formación.

En un ejercicio mental, remontándonos en la Alemania totalitarista, Bertolt Brecht fue uno de los muchos escritores alemanes que abandonaron su país durante la Segunda Guerra Mundial y tuvieron que seguir viviendo y escribiendo en el exilio. Desde comienzos, Brecht se preocupó por luchar contra el naciente nacionalsocialismo en Alemania, que también es reflejada en sus obras.

Interminables veces tuvo que cambiar su paradero en el exilio; de 1933 a 1939 permaneció en la ciudad costera danesa de Svendborg. El nombre del «Svendborger Gedichte» se remonta a esto. Más allá de que Brecht mostrara la ambivalencia («mis contradicciones», como lo llamaba él) en muchos aspectos de su vida pública y privada. O si fue primero un artista o un marxista o un reformador social. Y no sea cierto que al comienzo del desarrollo marxista de Brecht hubiera una carga social, como la que Engels, por ejemplo, presentó en su descripción de «La situación de la clase trabajadora en Inglaterra». Lo cierto es que un problema literario estimuló a Brecht a ocuparse de la nueva doctrina social. (Le había quedado claro que sus anteriores intentos dramáticos se habían metido en un dilema insoluble: o los temas que más le interesaban no podían presentarse o perderían su verdad cuando los reutilizara. Tuvo que buscar un nuevo modo de representación, para lo cual encontró la explicación teórica en el marxismo.) «Difícilmente fue la piedad o la búsqueda de justicia lo que llevó a Brecht a Marx y Lenin. O el patetismo revolucionario que lo atrajo al socialismo”, escribe el investigador literario alemán Hans Meyer. Siguió el rastro de la teoría social marxista para encontrar una salida a sus problemas literarios sin resolver, y quedó irresistiblemente fascinado por ella. Un camino desde el dramaturgo expresionista, desde el representante de una objetividad libre de tendencias y un artismo amoral, hasta el marxista «culto» preparado por el filósofo Korsch. Aunque la obra de Brecht se divide tradicionalmente en múltiples fases y se puede comprobar que su punto de vista ha cambiado varias veces, el fenómeno de la falta de «estabilidad de carácter» en sus héroes es constante. No obstante, el objetivo aquí es demostrar que este alejamiento del héroe ejemplar y coherente con el carácter hacia la figura principal «sin carácter», moralmente cambiante, concebida como un objeto de estudio, resultó una importante ayuda didáctica para el propio Brecht y el contenido y la forma de muchos de sus libros. Aproximar la opinión de Brecht sobre la importancia de la literatura, está fuera del alcance de su propia creación, pero necesaria en la sociedad y su política en general.

Los “Poemas de Svendborg”, especialmente los poemas “Una visita a los poetas exiliados” y “A los nacidos después”, así como su “Cartilla de guerra”, son ejemplos que muestran cómo Brecht atribuyó una importancia social a la literatura y que, evidentemente opinaba, ésta no podía, inevitablemente, distanciarse de los acontecimientos sociales y políticos. La cuestión de cómo Brecht no solo comenta la política y la sociedad con su obra literaria, utilizando algunos ejemplos de su exilirismo(Ilirismo: fue un movimiento de integración lingüística, literaria y política que surgió entre los eslavos del Imperio Austro-Húngaro a mediados del siglo XIX), es también iniciar discusiones y, en última instancia, vivir en carne propia el nacionalsocialismo al cual plantará rostro escrito dejando de lado la ideología comunista que mamó y nacieron sus escritos mucho antes. Alejando, un poco, la política que abrigaba Brecht, hemos de resaltar, sin mezquindad, su preocupación por fomentar la capacidad crítica en el individuo sin ser seducido por las emociones de los personajes en escena. Esta búsqueda causó mucho ruido en los espacios del teatro hasta verse por encima de ella.

En una cita, tan pronto como describiría en una carta abierta de 1942 a Karin Michaelis, amiga suya, la relación con su exilio, contiene una clara indicación de que, para él, la política y la literatura no deberían verse por separado. Y por la misma causa su destierro:

«Querida Karin:

No creo que te sorprenda mucho estar en el exilio; en cualquier caso, me sorprendería más si no estuvieras en el exilio, con tu amor por la verdad y tu ira contra la injusticia. […]» 

Brecht retoma la difícil situación de los exiliados en sus «Poemas de Svendborg» y así habla de su propia situación. Se ocupa del nombre del emigrante. Aquí estamos hablando de emigrantes, aunque, según Brecht, los emigrantes, incluidos ellos mismos, son refugiados, desplazados y exiliados. Y por razones de seguridad tuvo que dejar el exiliado danés en Svendborg para Suecia antes de que el “Svendborger Gedichte” pudiera aparecer en 1939 y entre otras cosas.

De modo que los libros que ha producido nuestro mundo son testimonios de nuestra humanidad. Describen cómo vivimos, vivimos o incluso viviremos. Nuestra felicidad y nuestro miedo se esconden en él. Así es como la literatura nos ayuda a ser más sensibles.

Permite a las personas reconocerse a sí mismas e intercambiar ideas con los demás, sin importar cuán diferentes sean en términos de sus ocupaciones, sus planes de vida, su lugar en el espacio geográfico y cultural y sus circunstancias personales. A pesar de todos los detalles de sus circunstancias, es preciso desterrar la idea de que gran parte de nuestra sociedad sujeta poco juicio, porque esa es una actitud condescendiente que se ha vuelto cada vez más común entre los sectores poco profundos. El ser humano tiene muy buen instinto cuando se trata de su propia situación de vida. Por ejemplo, en lo político, no se le puede seguir diciendo que los gobiernos en turno lo están haciendo mucho mejor si lo experimentan de manera diferente. Puede comprobarlo por sí mismo. Como tampoco se trata principalmente de crear un monumento a los poetas o su tiempo. Más bien, la recapitulación en sí utilizarla para la sobrevivencia y no precisamente para alcanzar a una posición segura. Porque si algo tiene la literatura es que siempre ha permitido a las personas trascender la historia y dejar constancia de dónde provienen las verdades que siente.

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