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«Cuentos de jóvenes peruanos» 10) Pequeña Mascota de Matías Aznar

Salimos a la oscuridad de la calle. Mi padre nos esperaba en su auto rojo. Caminamos bajo una luna muy blanca. Llevo a Pequeña Mascota entre las manos.
-Muy bien, suban atrás.

Fabiola no dice nada. Yo miro los ojos de Pequeña Mascota. Papá, silencioso, empieza a mover el volante. Salimos del barrio. Vamos por una larga carretera a la vera de unas pampas.      

-Papá, ¿crees que le hagan daño?

-No lo sé –entonces se volteó y nos dijo-, ya llegamos. Bajen todos y ya saben, mucho silencio. Pásame a Pequeña Mascota. Y dime Kety, -dijo mirando fijamente a mi hermana-, ¿ya sabes que vienes para despedir por última vez a Pequeña Mascota, verdad?

-Sí, papá.

El edificio era inmenso y marrón, aunque no tan alto, como una vieja caja de leche. Tocamos la puerta roja y después de unos minutos se abrió una ventanita, aparecieron unos ojos e inmediatamente la puerta se abrió. Tomo la mano pequeña y húmeda y frágil de Kety. Papá va delante, con sus enormes hombros, y lo seguimos por un corredor que, como única luz, tiene unos foquitos verdes que le dan un aspecto tétrico a ese largo pasaje. Llegamos a otra puerta. Alguien nos espera. El mismo guardián saca una tarjeta y la pasa por la máquina de la entrada.

Abren la puerta –chirría- y entramos a una salita. Tiene hartos adornos de leones y elefantes. Al fondo, en una silla roja, nos espera sentado un señor de calva afilada y ojos agudos.

– ¿Trajeron al pequeño animal?

Papá dejó a Pequeña Mascota en la mesa, con una fea capa de vidrio, donde pude ver varias fotos del señor. Pequeña Mascota salió de la chompa púrpura, con pelusitas de gato todavía alborotadas, y movió dulcemente sus ojos. El rostro del señor mostró un aspecto petrificado, aunque demasiado curioso para ser simple miedo.

Pequeña Mascota era una bola de pelitos prácticamente electrocutados, agitados sobre su cuerpo, como de peluche, con los ojos más abiertos y desorbitados que he visto en mi vida.

-Es fantástico.

Entonces, el señor se levantó de su asiento, fue hasta un alto ropero y sacó una botella de whisky, sirvió dos vasos; arrojo unos cubos de hielo con unas hermosas tenazas doradas. Vi como entraban dentro del agua dorada y se acomodaban, desbordando casi el contenido.

-Sírvase, señor Dylan, es usted un gran científico y sus aportes al entendimiento de la mente vienen siendo total, absolutamente aplaudidos dentro del campo de la neurociencia. Ahora, esto que tenemos aquí es una mina absoluta. Tenemos algo tan poderoso que me da pavor pensar en las miles de posibilidades que nos ofrece.

Kety, a mi lado, miraba silenciosa.

-Quiero ir al baño Matías, porfis, quiero ir a los servicios.

El señor nos indicó que saliéramos y entráramos al primer cuarto de la izquierda. Abrir la puerta y penetrar nuevamente ese corredor tétrico me causó vértigo, pero yo era el mayor y debía asumir. Abrimos la puerta y prendí la luz.

-Entra, Kety.

-Tengo miedo, ve tú primero y dime si hay fantasmas.

Entré: era un baño común y corriente, con su maceta de hojas verde oscuro encima del inodoro. Miré a ver si encontraba un animal mutante detrás de las cortinas del baño.

-Mira, no hay nada Kety, pasa.

Entramos y mi papá y el señor seguían charlando.

-… no hay forma de que nuestro proyecto fracasé, mire, – explicaba el viejo con lento y exquisito poder- usted solo debe firmar algunos papeles y el dinero llegará mañana temprano a su cuenta de banco…          

***

Ocurrió de noche, yo andaba mirando un vídeo de cómo hacer slime con escarcha, cuando un estridente sonido de vidrios rotos reventó el silencio. Mi hermano, Matías, salió corriendo de su cuarto. Yo, todavía electrizada del susto, dejé mi celular entre las mantas del piso y lo seguí. En nuestro patio de un enorme agujero emanaba mucho humo. Nos acercamos rápidamente, pero yo, de puro miedo, me quedé detrás.

-¡Es una nave! ¡Es una nave! -gritaba Matías.

Y yo -aún con miedo- me acerqué.

Al fondo del inmenso agujero, observé una esfera fosforescente. Pequeña y hermosa como una ostra marina. Todavía pensando que todo era un sueño, vi cómo se abrió y apareció un pequeño «monito» (fue la primera idea que se me ocurrió: «un monito») Mi hermano y yo, nos miramos asustados, aunque igual con demasiada curiosidad para irnos corriendo.

-¿Qué hacemos, Matías?

-Mira, ve a mi cuarto y trae una casaca negra, lo abrigaremos y lo meteremos a mi cuarto mientras pensamos qué hacer.

Fui corriendo al cuarto de mi hermano. Entre las rumas de su ropa sucia y apestosa, encontré su vieja casaca negra. Ah, tengo que decirles que olía a gato y a cerveza. Corrí al patio.

-Detente ahí.

Me quedé asustada. ¿Qué había pasado? Observé bien. El pequeño ser flotaba en el centro del patio, como envuelto en una luz fosforescente que brotaba de sus cabellos erizados y de sus labios trémulos. Sus ojos fijos, como caramelitos perfectos, titilaban. No supe que hacer. Se mantuvo flotando, como absolutamente loca, durante casi un siglo. Luego, como si se tratará de un cortocircuito, se fue desvaneciendo la luz verde e interesa que flotaba alrededor de su cuerpecito y cayó al piso.

Rápidamente, Matías corrió y lo envolvió en su casaca, luego lo abrazó y entramos a su cuarto.

-Mira, no le vas a decir nada a nadie, ¿ok?

***

En la cena, Matías no dijo nada. Yo, mientras soplaba mi plato de sopa caliente humeante con choclo y papa amarilla, miraba sus ojos distraídos. ¿Por qué Matías no decía nada?

-Y ahora, ¿cómo pagaremos la deuda de la luz, Augusto?

-Tengo que ver si me sale esa chambita, pues. Vamos a ver qué dice el tío Nico, estoy esperando una llamada.

Papá tenía problemas en su trabajo. Era profesor de ciencias de colegio particular, aunque más amaba investigar sobre la mente, el cerebro y todo lo relacionado a las neuronas. Mi papá era muy sabio. Yo lo admiraba. Aunque jamás lo entendía.

-¿Escucharon un ruido raro hoy? La vecina me contó que algo sonó recontra fuerte, ¿no habrá sido una bala? –preguntaba mamá -, cierto, iré a recoger la ropa del patio, ¿saben si ya está seca?

Charly y yo nos miramos. Uno, dos, tres, cuatro… conté en mi mente. Y entonces, mamá lanzó un grito.

-¡Vilma! –dijo papá despertando de su espesos pensamientos- ¿qué pasó?

Acaban de conocer el enorme agujero del patio. Sonreí. Me pregunté qué andaría haciendo la pequeña mascota. 

***

Papá y mamá nos sentamos en la sala a conversar toda la madrugada sobre qué hacer con el pequeño extraterrestre. Mi hermana Kety quería que lo adoptemos como nuestra mascota. Papá decía que era totalmente peligroso tener un animal así, del cual “no sabemos nada y que es, en verdad, un fenómeno totalmente curioso para la naturaleza humana”. Mamá, estaba absolutamente espantada y quería deshacerse de aquel extraño ser. Mientras tanto, descubrimos algunas características del ser. Yo las anoté en mi cuaderno:


1)  Aquel extrañísimo ser se comunica solo con algunos chirridos; son largos, guturales sonidos, y algunos muy armoniosos.

2) No es un ser salvaje. Se observa que tiene una conducta tranquila y una inteligencia privilegiada. Es casi como un mamífero, posee cualidad de amar. Es afectivo.

3) No come nada, solo absorbe aire; al absorber aire, alrededor de su pelaje, flotan –como gusanitos- unas rayitas eléctricas fosforescentes.

4) Al dormir, suele flotar: se eleva en el aire y se hace una bolita de pelusas.

5) No sabemos su nombre. Parece que nos tiene confianza. No le gustan los chisitos ni el chistris ni los cuates. Le gusta la Inka Kola, el flan y las papas fritas.


Junto a papá cargamos la esfera donde vino el ser, excesivamente pesada a pesar de su reducido tamaño, y la pusimos en su mesa de trabajo; que, casi se desploma, aunque aguantó finalmente. Papá aparto una ruma de libros, se sirvió un vaso de vino y sacó una lupa.

-Totalmente, fascinante; absolutamente, fascinante; increíblemente, maravilloso. ¡Esta es una ciencia antigua! ¡Este es un

Observó que, alrededor de la esfera, había muchos códigos, casi como jeroglíficos, por supuesto, ininteligibles. Papá busco en google a ver si algo podía entender de las rarísimas escrituras.

-¿Entonces qué hacemos? –preguntó Kety.

Todos nos miramos y nadie dijo nada.

***

Diario de Kety, 11 de Mayo del 2034 (día sereno)

Papá dice que lo mejor es llevarlo a un estudio de científicos que lo puedan analizar. Lo que, a mi entender, significa simplemente: matarlo para abrirlo y ver cómo es por dentro. Eso es terriblemente horroroso. Siento mucha pena por esa pequeña criatura. En verdad, me da asco que mi papá y mi hermano quieran eso. Sé que nos falta dinero y que tenemos que pensar en nuestro futuro, pero no deseo que le hagan nada a ese animalito, que llegó de no sé dónde. Ah, cierto. Pienso, yo Kety, que deberíamos adoptarlo. Criarlo y darle mucho amor. A este ser que viene de tan lejos solo debemos darle mucho amor.

***

-¿Entonces flota y todo eso?

-Sí, bro –le contesté a Olo, estaba totalmente alucinado. Bebíamos vino, en el césped de parque, serenos y animados-, y se hace una bolita y todo eso y es bien raro y mi viejo quiere venderlo a unos científicos, solo que yo no sé si todo eso sea bueno.

-Sí, esos científicos son unas mierdas. Lo seguro es que lo maten para examinarlo. ¿Viste esa estrella en el cielo? Wow, tal vez sean otras esferas con seres viajando por todo el espacio. Alucina que mientras tomamos un vino, arriba vuelan y van todas esas esferas en millones de destinos y nosotros aquí atados como brutos a la realidad, al concreto, al trabajo, al dinero, ¿qué mierda es el infinito del universo? ¿qué carajo hacemos aquí embriagándonos de vino y virtud mientras en el cielo van y danzan esos seres?

A veces, Olo, se ponía poéticamente filosófico; por eso, amaba beber con mi pata Olo.

-Pasa el trago, Olo, no es gaseosa.

***

-Mire señor, entienda esto, usted tiene un ser totalmente raro entre sus manos, es necesario que tome una decisión ya.

-Lo comprendo, pero quiero hablar de dinero, es básicamente mi mayor preocupación.

-Comprendo, comprendo. Mire, qué tal su usted me da la cifra y nosotros observamos si es factible. Somos una empresa anónima y honrada, queremos complacerlo en todo y no serle esquivo en sus deseos.

-¿Qué tal cuatro mil dólares?

***

Diario de Kety, 13 de Mayo del 2034 (día sereno)

Hoy fuimos a caminar al parque con mi hermano y su amigo Olo. Los dos conversaban sobre libros y cosas así y yo me sentí totalmente aburrida. Quería saber que pasaba con la Pequeña Criatura en el parque del barrio. Lo metimos dentro de la mochila. Olo trajo latas de cerveza y se puso a tomar con mi hermano. La Pequeña Criatura, apenas y era dos ojitos observando desde una rendija de la cremallera. Sí, todo el parquecito estaba rojo de atardecer, y la Pequeña Criatura se escapó de la mochila. Ni mi hermano ni Olo se dieron cuenta de su travesura. Yo la observé: salió, movió los ojos, la luz clarita del día hiriendo sus hermosas pupilas: cristalinas y raras, locas y como de sapo, como demasiado grande. Lo primero que vi es que la Pequeña Cosa se asustó de ver a tantos niños corriendo, o bajando de los columpios o caminando en todas direcciones. Entonces empezó a flotar. Nadie tuvo el tiempo de observarlo. Yo estaba muerta de miedo. Fui corriendo a decirle a Matías y a Olo. Los dos mi gritaron y fueron corriendo a buscar a Pequeña Cosa, (o Pequeña Criatura, me gusta las dos formas de nombrarlo) Y los niños y niñas, entonces, empezaron a chillar al ver que flotaba aquella bolita de pelos. Algunos pensaron que era un globo de peluche, otros simplemente lo señalaron. Los adultos, como siempre, no se dieron cuenta de nada. Pero los niños y niñas sí que se dieron cuenta de todo. Pequeña Criatura se hizo como siempre una bolita y empezaron a circular alrededor de su pelaje los “gusanitos fosforescentes” como los llama mi hermano. Ahora, tuve mucho miedo de que le suceda algo, de que algún malévolo señor se quedará con nuestro amigo. Hecha una bolita brillante y curiosa, siguió ahí; mientras los niños y niñas, muy lelos, siguieron mirándolo. Olo tuvo la idea de hacer un muro con ladrillos para poder llegar a la altura y sujetarlo y guardarlo. Yo miraba a todos los niños y niñas absolutamente fascinados. Me gustaba ver a esa bolita de pelo flotando, pues, me hace pensar que la vida no es solo lo de la tele. Demoraron como un universo entero en traer las piedras, pero finalmente, Matías pudo alcanzar a Pequeña Criatura y lo metió violentamente a la mochila. Cerró la mochila. Ahora pienso lo solo que debe sentirse Pequeña Cosa de Pelos Largos y Gusanitos fosforescentes. De seguro, debe extrañar su casa. ¿Cómo será su casa? Mi papá dice que viene de un mundo totalmente inteligente. Creo que papá quiere venderlo y mis ojitos se llena de lágrimas y debo ser fuerte porque Matías dice que no debemos Debe venir de tan lejos, pues, ahora que miraba la cápsula me pareció muy hermosa y rara. ¿Cómo habrán hecho esa cápsula? Matías dice que tal vez fue fundiendo metales raros y activando una fusión entre química y no sé qué otras cosas. En verdad, yo no comprendo de lo que hablan. Solo sé que ese animalito yace solitario aquí. ¿Pensará en sus hermanos, en su papá, o nunca los extrañará? Yo tengo miedo. Miedo de este mundo que mata a los extraños. Mi mamá acaba de gritarme para que baje a cenar. Tengo que cerrar estas palabras por ahora. Seguiré escribiendo.

***

Papá lo dijo claramente:

-Nos vamos a llevar a ese animal a un laboratorio, ya tengo el contrario en mi cuenta de Gmail. Necesito que ustedes me acompañen. No llores Key, son científicos con harto conocimiento y sé que serán bastante amables con Pequeño Objeto.

-Pequeña Criatura, papá –dijo Kety, casi llorando-, Pequeña Criatura, papá…

-Sí, bueno, calma Kety, tú sabes muy bien que se nos hace imposible tener a este “animalito” con nosotros, ¿verdad?

Yo siempre, en verdad, admiré a papá. Él, era profe de ciencias, claro, pero trabajaba demasiado y tenía una curiosidad infinita. También me daba pena que Pequeña Criatura se fuera, pero sabía que era inevitable. Mamá trajo la olla con la sopa y sirvió generosamente a todos. Luego se sentó, apretujó un limón en el líquido caliente y dijo:

-Tenemos muchas deudas. Este ser cayó de cielo, es cierto, como un ángel. Y tú, Kety, deja ya de lloriquear, ¿sabes que las niñas bonitas como tú no deben llorar, cierto?

-Sí mami, pero me da pena que Pequeña Criatura sea maltratado…

-Entiendan esto –dijo papá-, no podemos cuidarlo, no sabemos de dónde viene, no tenemos los recursos necesarios ni la capacidad de poder alimentarlo y darle un buen hábitat…

-Pero lo queremos…

Entonces sucedió: Pequeña Criatura apareció flotando frente a nosotros. Mamá lanzó un grito y papá se quedó estupefacto. Flotaba en el aire, con sus gusanitos verdes alrededor de su cráneo. Tranquilamente se quedó suspendido en el centro de la mesa. Se paró orgullosamente al centro de la mesa y empezó a gemir un código que nadie entendió. Papá estaba totalmente mudo. Entonces, para sorpresa de todos, apreció en su frente un holograma. Y en el holograma, un señor explicando lo siguiente:

“Señores, señoras, soy Miller Saénz, del planeta 009924, esperamos que este mensaje sea claro y comprensible para su especie. Queremos expresar que somos una especie R4T5 ubicada en el sistema Andrómeda, cruzando el Sistema Trébol, a la izquierda de la constelación de Sapientalites. Somos una sociedad dedicada al cultivo de la mente, nos interesa la naturaleza y perseguimos el conocimiento. Nuestro mensaje es para pedir ayuda. Se nos agotan los recursos de un mineral llamado Protimbus, necesario para alimentar la industria que da vida a nuestro sistema, gracias a una Maquina Idónea, sistema que adquirimos tras muchos años de búsqueda. Como otros sistemas soltares aledaños, necesitamos ese mineral para poner en marcha nuestra propia vida. No tenemos más puentes que los Krimbells, nuestras eternas mascotas, que mandamos de planeta en planeta, buscando ayuda. Si oye este mensaje, te deseamos todo el bien de universo… es hora de cerrar la señal. Por favor, no se olviden dentro de la cápsula hay instrucciones necesaria para…”

Y terminó el mensaje. Pequeña Criatura se dirigió volando hasta mi cuarto.

***

-¿Entonces ese animal raro que tienen en casa vino de otro planeta buscando un mineral para salvar la existencia de su población?

-Eso es lo que te digo, Olo… luego revisamos la cápsula con mi viejo y encontramos varios códigos. Al volver a revisarlos por no sé qué número de vez, descubrimos que eran ecuaciones para volver a activar la nave. Parece que maneja un sistema muy agudo donde uno puede activar las máquinas en base a una serie de códigos.

-¿Y ahora qué harán?

Mirábamos las estrellas. Cielo grisáceo de la ciudad. Loquísimas  nubes, estrelladas y desgarradas, sombreaban el cielo.

-Papá piensa venderlo a unos científicos y así ganar dinero.

-Eso suena bien, de seguro le darán demasiados billetes, ¿te imaginas lo mucho que debe costar aquella criatura?

-Sí, lo sé, pero sólo pensar que hay otros mundos con gente y problemas me parece totalmente alucinante. Ya no sé si creer en Dios o en el Diablo, lo cierto, es que mañana iremos con el viejo y todo se decidirá.

-No me parece mala idea, especialmente, porque ustedes no pueden cuidarlo…

-Lo mismo dice mi mamá, pero es algo tan raro…

-Mira, -dijo Olo, alzando la botella de vino al cielo sin estrellas-, somos nada loco, somos una maldita partícula más. El otro día me quedé pegado observando un meme sobre cómo eran los virus y cómo eran nuestras naves, y en verdad, hay una coincidencia espeluznante.

-Miras muchos memes, bro, deberías dejar esas costumbres.

***

-Ok, ¿entonces así quedamos, le parece bien esa cifra?

-Claro que sí, ¿debo ir hoy mismo?

-Lo esperamos de madrugada. Ya sabe la dirección.

-Perfecto.

***

Diario de Kety, 19 de Mayo del 2034 (día triste)

Lloré todo el día y toda la noche.  Mi mamá piensa que exagero pero terminé por encariñarme a la Pequeña Mascota. Cuando todos se fueron a dormir, caminé silenciosamente hasta el cuarto de mi hermano. Pequeña Mascota estaba despierta. Lo cargué y fuimos a la casa. Lo puse en el suelo y vi como los gusanitos salían de su frente, pronto se juntaron y crearon un círculo, del círculo, como la otra vez, salió un mensaje:

“Este es el segundo mensaje que mandamos, por favor, no tomen en juego lo que decimos; es necesario que sepan que tenemos una urgencia, que somos una sociedad de más de 5000 años y que necesitamos seguir existiendo. Por favor, necesitamos el Protimbus. Les contamos que durante siglos estudiamos sus propiedades y logramos hacerlo funcionar como eje axial de nuestra propia economía y cultura. Estos seres que mandamos son totalmente inocentes. Solo llevan nuestro mensaje a otros mundos. Somos una cultura filantrópica: nos encanta aprender y estudiar; nuestra vida está llena de libros y de bibliotecas. Desarrollamos todo el conocimiento en miles de áreas. No usamos las escuelas, que fueron abolidas hace años. No tenemos preocupación por el hambre, porque fue nuestra principal preocupación como sociedad. Vivimos del respeto mutuo y recíproco. Somos sedentarios y cultivamos la mente. La mente es un cielo y nos conectamos gracias a ella con todos nuestros yoes de pasado. Vivimos en el presente continuo, que es pasado y futuro al mismo instante. No tememos a la muerte, porque la muerte no existe en nuestra sociedad. Todo gracias a las propiedades del Protimbus, que tiene facultad de reproducir las células muertas en un ciclo continúo de revitalización. Somos seres tranquilos, cultivamos el arte y la paz, creemos en la vida y conversamos con todo lo vivo….”

Entonces el mensaje se detuvo. Pequeña Criatura voló nuevamente, de un extremo a otro del techo. Los gusanos de su cabeza saltaban como chispitas mariposas. Luego se detuvo, se hizo bolita y cayó al suelo. Lo recogí. Era curioso saber que no pesaba nada, que yo, una niña cualquiera, podía levantarlo como quién levanta una pluma. Con miedo, pero decidida, abrí la puerta de casa, -no sin antes ir al cuarto de mi hermano y llenar la mochila con una almohada por si despertaba y se preocupaba por Pequeña Criatura. Luego salí de casa sin que nadie se diera cuenta. Los perros del barrio dormían. Tuve miedo de que los jóvenes que bebían y fumaban en la esquina me hicieran algo, pero estaban tan anestesiados que ni si quiera me observaron al pasar. Seguí hasta el parque. En verdad, me daba mucho miedo. Luego pasé por unos edificios solitarios y finalmente llegué al Monte. El Monte es el sitio preferido de Matías. Un sitio hermoso, donde se podía observar la ciudad y mirar las estrellas, con su acantilado, desde el que se ve un horizonte de árboles inmensos. Liberé a Pequeña Criatura de las mantas con las que la oculté y saltó al césped.

***

-… y podrá retirar sus billetes, señor Morei, ¿todo correcto?

-En verdad, le agradezco el trabajo que se tomó de revisar mi caso. Sé que esto es bastante delicado.

-Por supuesto, ¿me permite ver al animal?

Mi hermana me tiró de la camisa.

-¿Ahora sí se lo llevaran, cierto?

-No me molestes, estamos haciendo algo importante.

-Tengo que decirte algo.

-Espera, espera.

-No sé qué haces aquí, a pesar de tu edad, pero sí, tenemos que entregarlo.

-A ver, hijos, traigan esa mochila para pasarle al señor.

Fui hasta la mesa y observé el aspecto delgado y fino del señor. Me causó miedo. Su oficina era totalmente solitaria. Pensé en todas las cosas extrañas que podían hacer ahí. Puse la mochila en la mesa y regresé a la oscuridad.

***

Cuando lo vi en el césped mojado y escarchado sentí nostalgia de su vida. Lo vi mirando con curiosidad todo el entorno. No había nadie y el silencio era perfecto. En unas horas se lo llevarían y él ni enterado. Me emocionaba poder ver los árboles junto a ese ser tan rato. De súbito, los gusanitos volvieron a brillar en su frente, pero esta vez eran de varios colores: rojos, amarillos, morados y hasta anaranjados. Todos giraban en torno a su frente y formaron una especie de tubo de varios colores que se elevó al cielo. Yo me quedé asustada.

***

-Es evidente –dijo el señor mientras corría lenta, amorosamente, -como quién se prepara para un instante de mucho gozo- la cremallera de la mochila- que estos seres no deben caer en manos de cualquier niño o niña. Deben ser, simplemente, analizados por especiales que terminen conociendo de forma cabal la idiosincrasia de estos extraños seres. Es evidente, -lo dijo mirando a Kety, que parecía muy asustada, pero también a mí. (Miré sus ojos tristes, rojos, ansioso)- que debemos trabajar para fortalecer la necesidad de hacer de nuestros hijos seres más educados y preparados para la vida. Nadie como usted, señor Morei, para educar a sus hijos y hacerlos dueños del futuro. Hacerlos hombres y mujeres de bien que puedan aportar a nuestra corroída sociedad….

***

La lucecitas brillaban y se fusionaban todas en una sola luz grande como culebra en el cielo. De pronto, ahí donde terminaba el tubo de colores apareció la cápsula y descendió hasta Pequeña Criatura…

***

-… una sociedad como la nuestra necesita precisamente personas como ustedes: inteligentes, agudos, aguerridos. Seres con la capacidad de luchar por sus sueños. ¡Con mucha inteligencia y tesón! ¡Con harto amor y pasión! Su hallazgo es el hallazgo más revolucionario de la historia humana, por fin, vamos a probar la existencia de extraterrestres, ¿sabe lo qué significa eso, señor Morei? La sociedad de hoy no requiere solo gente de talento sino gente se sacrifiqué por los otros…

Entonces, el señor observó el interior de la mochila. Lanzó un grito. Miró a mi padre con odio. Yo no supe qué hacer. Y Kety siguió jalando mi camisa, diciendo, Matías, Matías, tengo algo que contarte

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