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pensamiento creativo

[Y LA POESÍA ERA UN DERECHO NATURAL] Sobre Julio Barco (comp.) Yo construyo mi país con palabras. Metaliteratura/Lenguaje Perú, 2020 por Nicolás López-Pérez

por Nicolás López-Pérez

[Si te quedas en mi patria
muchacho muerto,
tu sol hablará por mis montañas.
Y otro mar guiará a tu cielo.
Lengua a lengua.
Mano por mano.
Eres un país de palabras,
tú construyes el ser peruano
con la claridad total del alba]

MEZCLAR MEMORIA Y DESEO, escribía T. S. Eliot. La memoria de otra combinación, en otro tiempo, uno fósil, ya definido y a la mano. En el poema, el tiempo es un asunto complicado y creativo. Variable. Parece supeditarse al verbo, pero no. El tiempo es una potencia. El poema es una potencia de algún lugar. Un proceso intuido e interconectado en la vida. Un deseo de hacer con palabras un edificio derrumbado. Arquitectura de paso. También es otras cosas. Conceptos, no se peleen. Y los partidarios, vale mejor brindar bien en alto. Todos y todas juntos. Yo construyo mi país con palabras es un sueño que reúne en la misma mesa a voces que aun coincidiendo o discrepando en los ríos del fluir poético, exalta y celebra la riqueza de poetas nacidos, criados o malcriados en el Perú y cuya vigencia en la década pasada constituyó un síntoma de fulgor en esta parte de Latinoamérica.

SE HA DICHO que nuestro siglo de oro es la poesía latinoamericana. Un siglo de oro que no dura cien años. Se renueva cada vez por cantares y faros monumentales a la orilla del Pacífico, del Río de la Plata, del Lago Texcoco, del Mar Caribe, del Atlántico; por cantares desde el corazón del Desierto de Atacama, del Monte Roraima, de los fiordos patagónicos, de los llanos del Orinoco, del Arco Volcánico Centroamericano, del Amazonas, del Chaco. América es un poema, un libro, una piedra rodeada por las aguas, como el primer continente Pangea lo era por el Océano Panthalassa. Sigue existiendo por la palabra.

EL CONOCIMIENTO DE LOS ORÍGENES PERMITE LA RESURRECCIÓN. A la cercanía, a la distancia. El Perú en este siglo XXI suma otro libro a sus crónicas que el futuro verá con gran interés. Cuando todo se reduzca a ruinas, a antiguas civilizaciones. Cuando llegue a la extinción a este estado de cosas. La respuesta a la pregunta que Charles Simic hizo en verso(“¿Y si los poetas fueran capaces / de transmitir el sentimiento de un período histórico / mejor que nadie?”) será sí.Otras circunstancias dirán, ¿la historia absolverá? Nunca sabremos. Seremos polvo digital. 

EL TÍTULO DE ESTA OBRA PROVIENE del poema “Héroe del pueblo” de Washington Delgado. Lo vi en los epígrafes que abren los fuegos literarios. No lo conocía. Lo guglié. Lo encontré en traducción bilingüe al húngaro. Paja. También dice: “Por el amor no por el odio he de sobrevivir / Yo canto en las matanzas, yo bailo / junto al fuego”. Me encantaría saber cuántas veces en la poesía peruana se ha escrito amor, fuego, muerte. Solo por curiosidad. El muestreo sería el trabajo de toda una vida, de dos o tres, ¿no? Esos términos funcionarían como un eterno retorno a “lo intenso” como motor de la escritura. Mi visión de la labor poética en Perú, me temo, no es imparcial. Por decisión telúrica. Hay poemas y poemas queremecen la piel y los huesos. No todos entran ahí. En mí. En ese lugar, la poesía peruana tiene bastante impregnación en mi propia experiencia lectora. Desde el barro lírico hasta el cielo gramatical. Arriba y abajo. Hace un rato releía pedazos de Intersecciones. Doce poetas peruanos (2009, compilado por Ernesto Lumbreras, publicado en México) y encontrándome en las páginas de Montserrat Álvarez, se me revelaron palabras que mejor dicen la idea que tengo en la punta de la lengua. “La poesía manifiesta su intensidad y la alteración que opera en el estado ‘normal’ de consciencia en el hecho de que excluye la contemplación sedentaria y compromete músculo y espíritu. Crearla o recrearla, pues, exige movimiento, ruido y furia” (p. 131, el subrayado es mío).

DESDE MEZCLAR MEMORIA Y DESEO, ANTES HUBO 1 poema-collage con los epígrafes que Julio Barco, compilador y artífice de este libro, reunió para fundar este coloso de pensamiento poético. Tal vez un diálogo imaginario entre una deidad y un mortal, entre un poema y un poeta, entre una mente y un cuerpo. Las palabras están ahí. El ensamble es posible, otra vida también emerge de los torrentosos ríos de lenguaje. Que el lenguaje, en el poema, tácitamente nos prometa otra vida es una alegría. Una razón para permanecer con vida. La poesía es un destino que no nos pilla confesados. O ladrando, hablando con la botella de vino sobre la pared azulada, rodando por lugares que no son lugares para filmar una canción destrozada, en las palabras de Enrique Verástegui en “Si te quedas en mi país”.

DE LA ALEGRÍA AL JÚBILO. Barco escribe: “Poesía como máquina de sentido” (p. 3). O como una sinfonía que humaniza las cosas que toca y que no toca. Lo que toca es precisamente lo intangible en sus márgenes. Lo que no dice la poesía. Lo que ocurre en la experiencia lectora y de comunidad. El lenguaje es nuestro instrumento de sociabilidad. Accedemos a él por la vivencia común. Lo que no toca es precisamente lo que el poema dice. Ese sustituir las ausencias con palabras. Nunca antes hubo tantas palabras dando vueltas. Tantos muros digitales rayados. Tantos nichos y tantos cadáveres dentro. Nunca antes habíamos tenido tan pocas palabras dentro de nosotros. Nunca antes nos encontramos con una obsolescencia rápida de las frases. Una tras otra. Una en boga, al rato después se esfuma. Para no volver. Estasson una de las paradojas que componen la era digital, ¡aleluya por la explosión de autores y los quince minutos de fama augurados por Andy Warhol! Independiente de cómo sea el o la poeta, hay un motor que confiere sentido, constituye la confesión de un mundo, es una vela que enciende una esperanza en medio de la penumbra. Después de todo un poema cambia la consciencia del valor. Es valioso en otra medida. No es como un sol.No tiene avalúo pecuniario. “Poesía, mano vacía” escribió Martín Adán en su AloysiusAcker. O consúltese la sesión I en Notas para un seminario sobre Foucault (2018) de Mario Montalbetti.

UNA ALEGRÍA QUE ES ORO SIN SER ORO. Alquimia de las nuevas especies del verbo. La misión titánica de este volumen está en reinventar la Nueva Alejandría, la próxima Biblioteca del Inca. La globalización acelera los procesos creativos de la literatura. En ese tramo, entre las distintas formas escriturales de una geografía, se dan momentos de antropofagia. Pienso en ese ruido en el sentido del brasileñoOswald de Andrade. Un modo de reducción, una devoración crítica. Materiales provenientes de todos los sitios. Estoy pensando en los crisoles de poéticas, un poeta que alterna residencia; en un enriquecimiento de lo autóctono, de lo endémico, de lo local estilizado. La globalización digital nos alimenta de más literatura, de más testimonios, de más experiencias de vidas posibles. Amplía los márgenes de lo que creemos por mundo. Cada vez se corren las fronteras del propio lenguaje, esto es, del propio mundo (acúdase a la máxima del 5,6 del Tractatus de Ludwig Wittgenstein). Y hay obras que logran asimilar o incrementar el recorrido delos contenidos ajenos en las poéticas propias. Ya no es como hace cincuenta o cien años donde el influjo de tal o cual poética se marcaba en una nueva concepción de lo poético al interior de una tradición. Las practicas apropiacionistas, integradoras, referenciales y reescriturales modifican la relación del texto con la vida. Crece y se multiplica ese ideal de Juan Ramírez Ruíz del poema integral, esa totalización donde se amalgama el todo individual con el todo universal, la realidad acontecida y aconteciente (en “Poesía integral. Primeros apuntes sobre la estética del movimiento Hora Zero”, 1971). Esta nueva forma antropofágica genera un impacto democratizador de la palabra, de donde brota la esencia y el accidente de un cuerpo, una mente, una subjetividad que comparece en el inconmensurable río de la información. Las nuevas escrituras, no necesariamente acompañadas de una nueva sensibilidad (en términos de César Vallejo), proyectan un telón que muestra países imaginarios donde vale la pena desgarrarse por un instante de felicidad.

AÚN ESTAMOS EN UNA FASE INICIAL DE LO VIRTUAL. Esfuerzos como el de este libro serán valiosos cuando la guerra por la información y las obras se desate a todo nivel. Cuando ya no podamos compartir archivos de obras con la libertad que tenemos hoy, ¿qué haremos para continuar conectados a la literatura? Será un atajo mirar estos alephs. Un atajo al gran vademécum de lo que hablamos. La poesía peruana. Música de todas las regiones. Encabezada por los estruendomudos de Óscar Málaga, Miguel Ildefonso, Eduardo Borjas, Juan de la Fuente, Willy Gómez Migliaro, asoma la inclusión de otras vocestan interesantes como deslumbrantes como Julia Wong, Nilton Santiago, Carolina O. Fernández, TilsaOtta, Omar Livano, Arnold Francia Torres, MariannaEspezúa y Robert Baca. Todos y todas estrellas en un mismo firmamento. Y sumo a los demás nombres que pueden encontrarse en el volumen. Y los no dichos. La publicidad de este libro puede ser una buena opción para pescar más poetas. Especialmente en boca de los quejumbrosos, los inconformes, los majaderos y los fans. Una antología absoluta de la poesía peruana podría ser posible.

“La poesía, como registro humano, trabaja en el proceso de interpretar nuestras identidades y ponernosnuevos espejos, nuevos caminos y arrojar otra luzsobre la realidad. La poesía protege la invenciblecapacidad humana de crear, creer y soñar. Perú no soloes un terreno de corrupción y violencia, también lo esde arte y posibilidad” (p. 22). Estas son parte de las últimas palabras que Barco dedica antes de que los poetas entren en acción con sus propias actuaciones, sus propios sueños, sus propios miedos. La poesía es una historia no oficial de lo humano. Y la idea es que lo siga siendo. La contra-palabra, más aún en un territorio en conflicto con un idioma trasplantado. Las crónicas del Inca Garcilaso y de Felipe Guamán Poma de Ayala ponen de manifiesto una violencia creadora, fundacional, de un habla que se extiende en parte de la poesía peruana. Una imposibilidad de reconciliarse con la lengua oficial y buscar los subterfugios posibles para ejercer una resistencia desde el habla propio, uno que refunda identidad y consciencia. En el iter a la ejecución de Túpac Amaru, se declararon a viva voz las razones por las cuales se lo condenaba a muerte. Él habría preguntado a un fraile que lo acompañaba, por no entender el español. Sería asesinado en una lengua que desconocía. Su sangre fue derramada.

HUBO UN PEDAZO DE MUNDO QUE NUNCA SALIÓ DEL VIRREINATO. No hubo exequias, sino cientos de alienaciones. Desde ahí, una lengua que se heredaría sangre a sangre. El Perú como una herida siempre abierta. El Perú como un tiempo posible. El de una redención cuya carne y hueso es lenguaje. Si bien la poesía no es la cura ni curará esa herida, propicia el desarme y rearme de un idioma donde se puede participar de una esperanza como horizonte de sanación y luz. Barco pone, escribe otra página en el libro abierto del Perú, junta a voces que resuenan entre testimonio y potencia, entre logos y pathos. La pasión del (y por el) lenguaje. Desde ahí, la poesía, un derecho natural, palabras que están tatuadas en la correlativa con el número 51, en la habitación de Ugo Velazco.

ABRAZANDO Y AMANDO LA HERIDA, SE SALPICA BELLEZA. La Epistola a Belardo(Félix Lope de Vega) escrita por Amarilis trabaja la distancia, un amor que no se toca sino con la mente y el corazón. Hasta llegar a una antología en 2020, ya ido el primer quinto de siglo. Es notable el detalle de la portada, diseñada por la escritora argentina Ana Abregú de la editorial Metaliteratura. Una huella dactilar con la bandera del Perú. La poética es una huella dactilar. Una antología es una sugerencia y una sugestión. Tan vidente como ciega. Tan profética como noticiosa. Tan iluminadora como sombría. Hoy por hoy, hay un cambio en la función sociohistórica de armar redes y relatos de escrituras. La falta de límites, señalada por Barco, de esta selección de autores y poemas, es una invitación a la diversidad lírica, a esa selva de ecos, a una flora y fauna integrada por Edipos parricidas, por Telémacos defensores del arco y la lira y dromomaniacos de sus sueños y realidades que fluyen como un océano en caída libre. La poesía peruana está cargada de relato e intensidad, donde una nueva lengua funda otra realidad. Una problemática con la palabra del poder. A través del poder de la palabra. Un discurso alternativo frente al establishment y el tedio. Yo construyo mi país con palabras es una fuente fidedigna de un acontecer poético estallando (y que aún continúa) en la última década en el Perú y en la poesía escrita en castellano.

EN LA HERENCIA DE LA SANGRE, la del trauma también. Uno que se inmiscuye en la delgada línea entre vida y obra, entre escritura y vitalidad, entre el latido del corazón y la palpitación de la mente, entre la carne interactuando y el sistema nervioso traduciendo. Me recuerdo del aclamado filme peruano La teta asustada (2009) de Claudia Llosa. Un gran poema sobre un nuevo mundo, que reconcilia a Fausta, la protagonista, con su memoria hereditaria.

Pablo Neruda me recuerda en su Canto general “PATRIA, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre”. El esfuerzo de Barco por agrupar escrituras de la década pasada, de norte a sur, de oeste a este, ida y regreso, del cielo al infierno, del rizoma que es la Internet a la casita que es un libro. Las sangres donde queda y habita la palabra en estado salvaje. Un retorno a la patria, una trayectoria que se hace con las animitas de lenguaje que nos llevan al primer poema, al último y a la voluntad de coincidir en un pensamiento: una rosa de fin a principio, desde lo marchito hasta la semilla.

“Y la poesía es sonido enterrado,ADN impecable, callada herencia, sangre agrandada,invención perpetua” (p. 53) escribe Velazco. Un guiño a la segunda parte del libro: nuevo jardín. A los sesenta y un poetas se suman veintiún nombres de incipiente talento. Se agrupan, en el criterio de Barco, en la conquista desde el conocimiento de la tradición, seguidores de un lirismo recatado y conciso, ligados al grito urbano crítico, exploradores de temas familiares y neovanguardistas. Quizás sean las nuevas líneas de Nazca. Todo es muy incierto. Por ahora, un sueño de nuevas escrituras que nunca apaguen el combustible de un país, de una nación, de un continente y de un vestigio tan sorprendente como hermoso.Caos y cosmos con nombre propio. O como un orbe salió de la nada a una sola palabra: poesía, un derecho natural.

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Ejemplar de «Yo construyo mi país con palabras» Selección y prólogo de Julio Barco

PUEDEN ADQUIRIR UN EJEMPLAR DE «YO CONSTRUYO MI PAÍS CON PALABRAS» EN ESTE LINK :
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PUEDEN VER LA SEGUNDA PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGÍA AQUÍ:
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Nicolás López-Pérez. Rancagua, Chile, 1990. Poeta, traductor y abogado. Ha publicado: Geografía de las geografías (Chile, 2018), Coca-Cola Blues (México, 2019), Escombrario (Chile, 2019), Tipos de triángulos (Argentina, 2020) y De la naturaleza afectiva de la forma (Argentina/Chile, 2020). Cofundó la microeditorial y revista Litost y coordina el proyecto Astronómica de publicaciones. Colabora con la revista Metaliteratura. Administra la mediateca de poesía La comparecencia infinita. La costura del propio códex es su blog personal de traducciones y ocasiones.

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