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La oralidad de la poesía peruana de los setentas en Ángel Garrido (1954, Cerro de Pasco) e Issac Rupay (1950-1974, Lima) por Julio Barco

Por Julio Barco

La oralidad de la poesía peruana de los setentas en Ángel Garrido (1954, Cerro de Pasco) e Issac Rupay (1950-1974, Lima)

1.  Mundos bifurcados: de la vieja a la nueva escuela

En el proceso de la legalización de las nuevas voces poéticas, en nuestro país, tuvimos una fuerte influencia de nuevas formas y sonidos usados como componente arquitectónico de las nuevas promociones poéticas.

Hay un quiebre evidente de retórica y métrica, de la Modernista a la Vanguardia, de la Vanguardia al Discurso Conversacional; ello, muestra cómo reflexiona y fluctúa la mente a la hora de hacer versos.

Una nueva escuela nace con la exploración de los nuevos lenguajes no necesariamente líricos de la nueva ciudad Letrada, es decir, se funden nuevos matices y sonidos; e ingresa la sensibilidad coloquial.

2. De un cuerpo de exploración en el sonido

Tulio Mora explica en el prólogo de Los broches mayores del sonido la postura que tienen los integrantes del movimiento Hora Zero frente a la Tradición. “Las transformación urbana del país se consolida en aquellos años de la aparición de Morales: Chimbote, Pucallpa, Huancayo, Juliaca, a partir de entonces ya tienden a mimetizarse con los barrios de Lima.” Los sonidos de todo este proceso cultura van a terminar construyendo las nuevas gramáticas que van a imponerse como voces emergentes, nuevas sensibilidades que van a seguir deshaciendo el cuerpo gramatical oficial.

El poeta, ya desde antes de 1970, siente la necesidad de afirmar su estética en sí mismo. Verástegui, Pimentel, Ramírez Ruiz, por ejemplo, se usan a sí mismos como Musas. Uno, al poetizar, se vuelve su propio médium poético. Entramos a la experiencia del uno mismo. Veamos esta misma experiencia en poéticas más insulares dentro de la misma Onda Conversacional y Coloquial. Pienso en poetas como Ángel Garrido. Cito:

“Los apurados la han convertido en su morada
entran y dejan ríos de emergencia
                                 mientras allí
a escondidas
                bajo nuestros ojos se aman los amantes

                                     Llegan
Huyendo de las miradas indirectas
riegan nuestro sueño y se van sin techo ni piso (y sin casa)
entre tanto pasamos tú y yo mirando los huecos de sus paredes
ninguna puerta ni ventana que quede
                                          ni si quiera nuestros sueños

Sólo tú y tus suspiros bajo las tardes
Yo y mis caminatas de Ángel Caído entre los bares

anda camina camina juan pescao
anda camina no seas descarao (del poema Nuestra Casa)

Somos testigos de una hibridación entre un yo poético que cuenta la desventura amorosa que atraviesa, ese idílico recuerdo que desgarra, con un ritmo interpretado por Bienvenido Granda & Sonora Matancera que viene de los espacios de la Urbe. La mente y creatividad de esta nueva generación de autores son evidentemente hijos de la poesía moderna de Pound como la de Elliot e incluso de la Generación Beat como del verso proyectivo sustentado por Charles Olson donde nos abre la posibilidad de poesía como método de respiración.

Hay, sí, un ritmo que suena a música de tribu, a concierto de una época: se mezcla la confesión de uno con el espacio que se habita, se hace una poesía oral, en el sentido de que persigue una música interna y no la adusta simetría de la métrica. El poema busca un ritmo interno y la poética es trabajar un cuaderno abierto de posibilidades. La poesía que practican no es pues sino fuerza del ritmo interno, y distanciamiento de una voz apersonal y ajena, para entrar a una visión vertical y directa:

Sentado en una mesa donde bebían amigos y profesores de la UNDAC
prosiguió:


“Desde hoy, no a su bastón ni al color siempre amarillo, abuelo Borges/
Y una y otra vez ya NO NAUFRAGIO, MR. Jorge Seferis
Y una y otra vez ya NO tampoco una Metamorfosis-Temporada-dolorosa
en este dulcísimo infierno. ILUSTRÍSIMOS AMIGOS, Kafka y Rimbaud,
Y así así así (del poema II POEMA EN TONO DE BALADA)”

Ángel Garrido, el autor de los versos que acabo de leer, curiosamente solo tiene un título llamado La visión del pájaro dialéctico. Extrañísimo libro difícil de encontrar y que no volvió a ser editado (lamentable historia de tantos otros autores que siguen sin renovar sus páginas y llegar a nuevos lectores) El toque de la poesía conversacional se supone es la de hacerse prácticamente un diálogo donde se hibridan los signos literarios y los manifiestos (aquí la idea política de reclama es oralizada para dar forma a una retórica visceral) fusionan un estilo y una música.

La canción, el quid poético, en Garrido es una mezcla del sonido de la calle: sea la música popular o las huelgas, protestas, los licores del bullicioso, los diálogos en los bares. El poema que acabamos de leer, por ejemplo, tiene un título que ya nos abre la idea del bar, la noche y los diálogos donde toda realidad poética se muestra con su propia intensidad.

La vieja música lírica muta a la música de la vida misma, de la modernidad y de su retrato. La poesía es sedimentación. La poesía se torna un trabajo también etnográfico, sea al capturar las tensiones y sensibilidades del ritmo de la época, o de fijar las armonías y estilos. Deserción de lo académico por inserción a la calle inmediata. El concierto es el que da la Tradición y la Realidad: la poética es una olla de multiplicidad de pensamientos y sentires. Es decir, la poética se abre al ancho mundo de la modernidad que habitan. Ello nos lleva a comprender lo que es naturalmente el Poema Integral: la formación de un sistema poético de ese infinito.

Lo mismo sentimos en José Cerna, César Gamarra, Manuel Morales o Mario Luna (o en poetas que no pertenecen a Hora Zero, sea en la onda oral beat de Málaga, la onda zen criolla de Watanabe, o la nostalgia de A. Arteaga) sin embargo, vamos a fijarnos en una voz más rara, la voz de Issac Rupay. Escuchemos:

Si no fuera por la respiración constante de mi estado
neurótico, no podría formar las palabras en versos
como el pentagrama de una sonata de Bach.
Mi cuerpo se alza más allá de los recuerdos
más allá de mis caminatas por el parque de las Mimosas
Más allá del viento que cruza
                     la ropa pegada a mi cuerpo
y la oscuridad de las hojas otoñales.
Comienzo a tomar partida y
mis solitarios pasos son
hierbas que se pierden por los arbustos.

Sentimos la misma tensión del autor y el movimiento de su mente. La poesía nace por respiración interna de un “constante estado neurótico”. ¿Esta neurosis acaso no nos recuerda a R. Darío? Por otro lado, vemos en esa crisis la propia necesidad literaria y poética de crear versos: una lucha desde la crisis y la autoconciencia que, al observarse a sí misma, no se anula, sino crea. Estos dos poetas nos abren parte de la movida Oral de los años 80. Curiosamente son dos poetas no tan celebrados dentro de ese horizonte poético. En los dos, observamos algo de Verástegui, algo de Ramírez Ruíz y algo de Pimentel, es decir, una especie de fuerza poética que los agrupa a modo de tribuna lírica donde todos comparten una suerte de concierto temporal.

3. El concierto de todas las voces: el devenir de la música

La poesía peruana, al abrirse a los sonidos de la realidad, funda su libertad en lenguajes viscerales que suenan muy lejos de las bibliotecas y que, sin embargo, terminan almanecadas como la miel en los estantes para futuros renacimiento. La oralidad conversacional es entonces una amalgama, una suerte de música coral generacional que abre la posibilidad del pensamiento y estimula los sonidos internos: el sonido que impele categóricamente a dar los broches mayores.

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