red peruana de literatura

pensamiento creativo: poesía, literatura y más

Perú Arde (reportaje de la marcha del 12/11/2020 en el Centro de Lima) Por Julio Barco

Perú Arde

Por Julio Barco

Dedicado a todos los que protestan de modo libre y buscan mejoras para la sociedad

(reportaje de la marcha del 12/11/2020 en el Centro de Lima)

Marcha, en plena av. Nicolás de Piérola

La marcha contra Merino, presidente usurpador, no podía dejar de ser un encuentro masivo de fuerzas, juventudes y esperanzas de la nueva sociedad. Frente a un evidente juego de poderes entre el legislativo y ejecutivo, finalmente nuestro país quedó en manos de un nuevo negociante del pastel a cortar.

Frente a eso, de todos lados de la Capital, nos dimos encuentro alrededor de las calles céntricas de nuestra ciudad. Aclaremos que fue todo un apuro llegar al punto de encuentro: Plaza San Martín. Problemas no faltaron: calles cerradas con rejas y policías amurallando la ciudad, nos hicieron caminar infatigablemente buscando la calle necesaria para entrar al corazón de la ciudad.

Primero nos dimos encuentro en el Puente Balta. Abarrotado, bajo la luz del crepúsculo, era excitante ver a un mar de personas con mascarilla. Algunos policías de saco verde fosforescente pedían documentos a los muchachos. Los ambulantes corrían de un lado a otro cargando sus cajas de cartón o atados de plástico. El río de autos que cruzaba nuestros pies de norte a sur nos daba la idea de la hora punta. Bullicioso de  de una ciudad que trabaja demasiado y también protesta.

Paredes pintadas que señalan el rechazo al «nuevo» gobierno

 La consigna era y sigue siendo una: alzar la voz y mantener la lucidez ante el proceso de gobierno de cada Estados. La historia no puede ser únicamente escrita por el Poder. Es urgente escribirla con diversas estéticas y visones que permitan ver el maravilloso resplandor de la realidad. Estos ojos y voces son las que dibujan realmente el sistema tan corrupto que tenemos. La voz del Estado es una: acepten y callen.

Mi amigo Mario, eximio abogado con afanes líricos y Moisés, melómano de pura cepa, nos reunimos en Balta, como dije, y no encontramos modos de penetrar los recovecos siguientes. Pasamos por el Amazonas, el templo de los libros, y tratamos de penetrar hasta Abancay e imposible. Desde lejos, se veía a gente cruzando el siguiente puente y buscando métodos para llegar al centro. Regresamos por la Plaza de Acho, caminando al borde de la pista, cruzamos el siguiente puente y la misma situación: no hay pase.

Una muchacha regresaba también de las rejas y como la vi de lejos, le pasé la voz y se juntó con nosotros. Vi que su pañoleta tenía varios colores, casi un arcoíris y me gustó ese detalle. Me contó que venía a buscar a sus amigos y que vivía en paradero Piedra Lisa, unas cuadras antes de Puente Nuevo. Me dijo que su novia y un grupo de amigos estaban llegando al centro. Lamentaba la situación del gobierno. Le conté algunas ideas para cambiar el mundo.

Entramos finalmente por la av. Tacna, cruzando por el sótano por donde , que danzan en la avenida. Las bodegas y tiendas de chucherías místicas seguían abiertas. Seguimos andando hasta llegar a la av. Colmena. Ahí ya empezaba todo el concierto.

Las bocinas, griteríos, pancartas de paleógrafos, pancartas de cartones con tinta negra, pancartas de papel bulky impresos con la cara de Merino encerrado en una Tv y palabras como “Fuera Merino”, “Merino Usurpador”, “PNP vendidos” La fiesta de la protesta era total. Increíble ver tanta gente abiertamente dispuesta a marchar y protestar, a creer en la unidad y frente de una sola voz.

El brazo de personas doblaba por la Av. Nicolás de Piérola camino a la av. Garcilaso y sentí, después de meses de encierro por virus, la fuerza y fuego de la presencia del mundo. Un aire de libertad en el pecho y ganas de participar en el río de la multitud.  

Calles de Lima rechazando el «nuevo» gobierno

La jovencita fue a buscar a sus amigos y mi otro pata, Mario, se perdió de nosotros sin posibilidad alguna de volver a encontrarlo. Por cierto, hasta ahora pienso en la amiga que conocí, me pregunto si la volveré a ver en alguna otra marcha. Con Moisés, entramos por una calle de Colmena y dimos una vuelta buscando una tienda para cruzar el río de personas hasta el parquecito entre Quilca y la av. Tacna.  

Desde ese parque, se podía observar el movimiento de toda la multitud, andando en dirección a Parque de la Exposición, griteríos; algunos bebían en el parque, desde bolsas negras escondidas entre sus piernas; las chicas pasaban con pancartas largas. Después de charlar y coordinar con otros amigos que se hallaban en la marcha, entramos nuevamente a Nicolás de Piérola y compramos unas cervezas en lata en una bodega. Entrar el oler que todavía vivíamos en pandemia. El miedo de la cajera era inmenso. Y en la puerta, había un gigantesco frasco de alcohol gel. Un hombre entró sin mascarilla y mandó a un muchacho a indicarle que se retire del establecimiento.

El ambiente, como digo, dentro de local era ansioso y salimos al aire libre, con harta gente andando, y policías en las veredas, muchachos flacos tomándose fotos entre los postes; a veces, la multitud cercaba a una persona  y el chorro de celulares y luces caía en el acto. Parecía otra ciudad. Más posible, más abierta. El olor de aire picaba: pólvora y dinamita carajo parecía oírse en los labios de la señora que vendía caramelos en la esquina en una carreta azul donde, por cierto, se oía una chirriar una radio. Mascarillas blancas, mascarillas negras; por todos lados se sentía el miedo a cuidarse del coronavirus que tiene ya cercenada a una importante cantidad de peruanos.  

Parque de cruce de Quilca con Tacna

Nos sentamos en medio de la av. Tacna que antes de la marcha tiene miles de buses yendo y viniendo a todas las direcciones, sin embargo, a esas alturas del barullo estaba colapsada de personas dando una vuelta en dirección a Parque de la Exposición. Digamos que todo el perímetro de la marcha era Plaza San Martín, la av. Nicolás de Piérola, Tacna, Colmena, Parque de la Exposición. Una larga bandera bicolor como una lengua de fuego recorría las calles, sostenida por manos que la hacian ondear, mientras que por debajo corrían algunos jóvenes y otros tomaban fotos o trasmitian en vivo. Observando a todos lados, vi jóvenes sacando su celular para pescar una selfie oportuna, a otros tíos sacando cervezas y charlando, jóvenes de pelo rosado gritando entre la marcha; pocos simpatizantes de partidos, casi ninguno de los políticos que sale en la tele y pide que votemos por él.

Se nos acabó la cerveza negra helada en lata y seguimos andando en dirección a Quilca. Miré la hora y recién eran las 7 y 45 de la noche y una sensación de asombro me inundó. Ni si quiera eran las 9. Volví a ver el móvil y unos mensajes de Mario me llegaron. Le mandé mi ubicación pero era inútil. Así de grande era la multitud: te perdías y nadie te volvía a ver, ese sentimiento de inconmensurabilidad siguió por lo menos hasta las diez de la noche. Sin embargo, antes persistió la protesta.

Mario entonces se perdió y no volvimos a verlo. Una amiga de Moisés nos contó que estaba por el Parque Universitario y que estaban arrojando bombas lacrimógenas. Le mandamos nuestra ubicación y seguimos en andando por Quilca hasta llegar a la esquina del antiguo Teatro Colón. Gente iba y venía, en Quilca, sentados en las veredas algunos jóvenes de polo negro y pelo larguísimo bebían tranquilos y charlaban, qué sé yo de qué temas. En la esquina, pasó un tico y esperamos un rato antes de cruzar. Yo había llevado algunos ejemplares de mi libro Arder para obsequiarlo a «alguien importante» Pero nadie pasaba. Eternamente, cruzaba sobre nosotros un helicóptero y algunos drones burbujeaban. Toda esa calle estaba tomada por jóvenes que pintaban con aerosol mientras sus amigas los acompañaban iluminándolos con luz blanca. Otros pegaban papeles marrones contra el gobierno a punta de pura goma. Pasó un joven narrador pero no recordé su nombre y no pude llamarlo, era el adecuado para entregarle mi poemario.

Era un festival de la protesta donde todos, con diferentes sensibilidades, dejaban claro su negativa a aceptar un gobierno de la minoría legislativa. Caminar, dibujar, actuar, pintar; cada rama de la creatividad era claramente usada para este momento de unidad nacional. Festival de la indignación creativa, del vecino enojado, de los amigos unidos por una razón que causa muchísimo desconcierto a nivel nacional y nos deja claramente ver que no hay gobierno para la mayoría, sino para una pequeña minoría que tiene todo el poder administrativo del país. Esto pues no es posible y menos callar como siempre. ¿Qué es este país camino al Bicentenario? ¿Existió realmente una independencia? ¿Qué futuro hay para la gran mayoría en el Perú?

La terrible palabra del mundo se destruyó un instante. Con la juramentación de Merino a nivel nacional, a través de las redes y otras vitrinas, se expresó la indignación y sensación de golpe. Escuchamos la juramentación de los ministros sin inmutarnos para finalmente comprender que toda la pantomima era un juego de ajedrez donde Política, Poder y Recursos, es decir, el tablero que sostiene el esquema llamado Estado del país se disolvía.

Y todo desembocó en el puñete al vocero de Acción Popular, Ricardo Burga, mientras declaraba a la prensa nacional. Hubo opinión dividida. Incluso el cantante Gian Marco salió a decir que él no era caudillo, sino cantante, y que no estaba de acuerdo con la violencia; evidente asunto que se ironizó a través de redes. Sin embargo, este problema como todos saben no viene de ahora es, en realidad, desde hace tiempo cuando los gobiernos empezaron a robar, a enemistarse con la población, a menguar los recursos que deberían dedicarse a la cultura y bienestar general, porque dinero hay, sin embargo, es malversado. No era por Vizcarra por lo que los jóvenes salimos a marchar era, en realidad, por la indignación que causa esa criminalidad también llamada corrupción que inunda nuestra vida diaria, los diarios, la tele y el aire cotidiano de nuestro país. Solange, la amiga de Moisés, él y yo bajamos a Quilca nuevamente y nos encontramos con el poeta A. Chumbile, que venía junto al decimista Rafaelle Mejía y su novia, Velcy.

Charlamos sobre la poesía nacional, mientras al centro de la pista el poeta Domingo de Ramos, gran poeta de la generación de los ochentas, donde fue parte del colectivo Kloaka junto a R. Santibáñez y otros iconoclastas, bailaba frente a unas pancartas en el suelo, mientras se ponía de pecho con algunos autos que pasaban por la callejuela quilqueña; Moisés fue a tomarse una foto con el autor de Pastor de Perros (2006) Verlo de lejos me permitió sentir su energía vital, y esa intensidad que tiene para leer sus poemas como ríos desbordados. La calle seguía siendo inundada de toda clase de jóvenes, muchachos, ancianos, carros, bicicletas, motos. Chumbile dijo que la poesía nacional tuvo poco auge este 2020, sin embargo, le expliqué que yo consideraba que había pequeños esfuerzos, aunque significativos, por cambiar esa foto.

-A pesar de todo, es poco lo que se puede hacer — expresó Solange, mientras todos mirábamos hacia los costados — , mañana o pasado mañana juega Perú y la gente se olvida. Aquí nadie recuerda nada. La política es puro negocio.

-Por eso, mismo digo, -comentó Rafaelle-, por eso repito: los cantautores tenemos un trabajo importante de expesar la realidad peruana.

Poeta Domingo de Ramos de casaca roja hablando en la pista.

-El Perú primero — terció Moisés — , es hora de cambios fundamentales. Vamos a ver qué pasa con el gobierno.

-Como se observa, esta marcha es pacífica pero el gobierno siempre reprime — dijo Solange — -. Estuvieron tirando bombas en Parque Universitario.

-Bueno, vamos a seguir viendo las otras zonas — se despidió Chumbile — , cualquier cosa les avisamos.

Se despidieron y fuimos a acompañar a Solange a tomar su paradero. En las calles se veían retahilas de protestantes, largas filas que se paseaban en las veredas de la av. Garcilaso con banderas o polos blanquirojos y haciendo sonar tambores o panderetas y atravesaban los parques aledaños al hotel Sheraton, por donde cruzaban manadas de personas en todas direcciones. Ya era tarde. Onda: 11 p.m. Y todos regresaban a casa. Nos curzamos con otra amiga: Daria. Volvimos a Lima por el hotel Sheraton, donde los trabajadores estaban totalmente enrrejados, mirando desde lejos e indiferente lo que pasaba en la marcha, en dirección a la calle Belén, o a Quilca, (la manta que cubría el parque verdísimo y oscuro, apenas iluminada por la luz naranja que cuartea la ciudad: era acre, picante, lacrimógeno) cuando salimos de parque vimos a otro grupo incendiando unos cartones en medio de la pista. Y otro que le arrojaba botellas de plástico a un guardo de policias.

Nos detuvimos a observar el movimiento. Era un grupo de protestantes que entraban por la av. Garcilaso doblando a la derecha en dirección a la Vía Expresa. No había resistencia de los polícias. Simplemente corrían de un extremo a otro, arengando y gritando. Se suponía que ya era toque de queda pero todavía existía una enorme concentración tanto en Plaza San Martín como en la av. Garcilaso. Era interesante no ver a partidos políticos, ni agrupaciones de cualquier tipo, solo a civiles. Entramos a una calle cercana a Plaza Francia donde suelen jugar ajedrez, la encontramos vacía y nos sentamos a charlar un rato. El ambiente ahora estaba cargado de olor a cartones quemados, incendio que aprovecharon en armar algunos negociantes y bodegeros.

Como se ve, siendo las 11 de la noche aún pasaban «retahilas» de protestantes.

Nos despedimos después, ya siendo casi las doce y media de la noche. Moisés y yo fuimos en el mismo taxi. Oí la charla de un biólogo expresando la necesidad de mutar las células del cuerpo para conseguir vida eterna. Es raro viajar ahora en taxis con las tiras de plástico que usan para evitar el virus.

Bajamos en Puente Charapita y caminé a mi casa por el terral al pie de la carretera Evitamiento mientras calmaba a los perros callejeros con un silbido. Perros que me ladraban agitados y que solo podía calmar chasqueando cariñosamente la lengua en señal de paz y amistad.

Andando,a solas, lejos del inmenso barullo de gente, pensé en todos los que todavía seguían marchando y los que ya dormían. Una inmensa ciudad como Lima con tantas personas, diferentes sueños, deseos, señales, caminos, utopías. Un país con tanta desigualdad e injustucia social, donde solo un porcentaje de personas se reparten lo que naturalmente pertenece a todos. Frente a eso, queda insistir, de forma cotidiana y tenaz.

En un espacio social de esta naturaleza, donde los políticos son funcionarios y representantes de poderes que buscan seguir gozando de beneficios para ganar más dinero; en una sociedad donde culturalmente vamos a la cola de la región y buscando soluciones reales de cualquier modo; en una sociedad marcada por la violencia, ahora golpeada por un virus y por una tropa de criminales, ¿qué futuro nos espera? Yo no creo en salvadores ni tengo nostalgias de pasados gloriosos, lo que nos toca a nuestra generación es escribir otra historia, cambiar y propiciar la nueva constitución que nuestro país necesita, para oxigenarse del movimiento neoliberal que rige la sociedad, cultura y vida de nuestro pueblo.

(***)

Foto de la bandera del Perú paseánose por calles de Lima.

Hoy las primeras noticias que vi fueron las de algunos blogs, donde comentaban sobre algunos heridos e incluso un asesinado. Todavía no se resuelve el problema y resulta interesante saber qué sucedará con la resolución de Poder Judicial. El Perú es un país complejo y desigual, grande y muy rico, pero enemistado con su identidad propia y hace años tomado por una tropa de canallas.

Que nadie nos engañe: el Perú, con sus últimos 30 años de políticos presos o a punto de estarlo, es gobernado por felones que no buscan un crecimiento necesario, cultural y regional, que todos necesitamos. Ello, torna la vida política de exacta dimensión a la vida criminal. Aquí prima el: «piña pé», «ser vivo es mejor», «joder al otro es ser bacán». Y si ese logos prima en la cúspide de la jerarquía social lo que vemos es pobreza, desnutrición y falta de educación de calidad y vida de calidad para todos. Vemos que algo se repite: un cáncer arraiga en las instituciones que representan la «democracia».

Marcha multitudinaria Perú 2020 contra el gobierno usurpador

Sin embargo, hay algo que nace de toda protesta: la posibilidad de manifestarse y expresarse contra lo impuesto. Ello conduce a la rebeldía y al fuego creativo. Y algo nació en todos cuando el nuevo presidente asumió cargos de forma abrupta. Nació la indignación. Esa flor es creativa y crece incluso en los lugares más complejos e insulta y se enfrenta a todo lo falaz. Ahí viaja esa semilla. Una semilla necesaria para los cambios reales que toda sociedad que piensa en todos busca y requiere. La colectividad expresando su rechazo. Y en esa construcción participamos todos: abriendo espacios, creando, trabajando, dando el corazón, desatando la creatividad.

Mi país es pequeño — repito — casi un corazón. Un corazón que late fuerte y necesita la unión de todos. Aquí no hay ninguna moraleja final. La lucha sigue. Muchos no pudieron asistir a la marcha central pero lo hicieron desde sus casos, sacando banderas, golpeando los trastes, o reuniéndose en las calles. Hoy, mañana, siempre: la resistencia contra los abusos acaba de empezar. Y Perú camina hacia el Bicentenario. Yo me pregunto, ¿qué podemos celebrar?

Julio Barco, Lima, 2020

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: