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«Densidad de la materia» o selección de poemas de Francisco Robledo (México)

Francisco Robledo(1)

I
Un hombre está dispuesto a morir en cualquier momento
y yo muero con él cuando tú te vas
con tu mirada acaparando toda imaginería que contengo
hasta mi cuerpo y todas la nubes y toda la tierra y todo plano vegetal
cabe en ti y en tu mirada y yo muero
cuando hablo en voz alta para mis adentros y sólo es para regañarme
muero, porque tengo descendencia de alicante,
de español porque mis ancestros se tragaron uno.

II

Muero por el silencio glaciar de tus manos.
Soy sitio de indiferencia y piedras que me caen de tu mirada.
Muero y no por senil ni de covid
ni por ingratos que sueñan jugar a las carreritas
en bulevares por los que atropellan, chocan, se vuelcan
haciendo explosión de juegos artificiales
a las tres de la mañana cualquier día de esta ciudad
llamada Puta.
Bares con cervezas de a treinta hacen que mejor me vaya a dormir temprano,
entonces sé que muero porque las dejaron de vender a diez todos los miércoles
y luego los jueves también.
Las puertas del Confesionario dejaron de abrirse para dejarnos salir a las siete de la mañana,
con el sonido de las guitarras moto que rumba tras de nosotros.
Mis amigos, yéndose por el resumidero a expandirse en este ancho y árido mundo.
Muero porque me quedé solo y todos poco a poco fueron desapareciendo de mi espejo, de mis pensamientos.

III

Muero cuando por las mañanas
al borde de la precariedad y el insulto
me retienes ante tu sexo de ángel de la guarda
brilla
aroma de vanidades
la delicia ante mí y yo no puedo llegar a puerto
y me dejas pez muerto flotando en tus aguas.
Podríamos hablar de que se nos hizo tarde para la vida
fornicado encima de todos los muebles,
y muero, porque sólo somos tú y yo
dejándonos existir.

IV
Dices que no y ya yo sólo por engaño propio
siento como si un terremoto de 1985
me derribara la columna, y
muero cuando muere el vampiro de la colonia Roma,
y tú, bailas sin música, desnuda bajo la luz de mi cigarro.

V
La densidad de la materia no es más que un saco lleno de palabras
por las que antes de que se materialicen
paso entre ellas como en un campo de batalla
como si todas fueran angosto callejón por el que apenas quepo.
La densidad de la materia ¡ah! esa orquesta de instrumentos tirados encima de los árboles.

VI
Aquí, la densidad de la materia no es más que la sensación de cuando
tú y yo tenemos que hablar,
y me dices que no lo sabías y me tienes que mostrar,
entonces, te bajas delicado los pantalones
yo, cachorro
me tienes de rodillas,
hincado, restregando
minino, mi rostro en tus partes de ángel de la guarda.
Soy, gracias a ti, un animal domesticado a tu placer.
Te saboreo a todas horas y muero,
muero cuando me lo niegas,
y yo, humano imbécil, creo merecerlo todo.

VII
Muero porque me tengo que despedir de ti cuando ya te vas a trabajar
y caminamos hasta la esquina para que tomes el transporte público
que quisiera carroza con tal de hacerte saber que quiero lo mejor para ti.
Lo mejor, entérate.
Mirarte desde la banqueta, tu hermoso trasero subir por la escalinata de la bestia.
Tomas asiento entre desconocidos
que todos al tiempo, como si viajeros de la eternidad en el camión, te has hecho uno con ellos y también con ellos me miras y me dices adiós con tu delicada mano
y yo digo adiós
y muero y sigo diciendo adiós a todos los tripulantes
que por la venta, me siguen mirando.

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Semblanza (1)
Francisco Robledo, Saltillo, 1990. Vagabundo en bicicleta sobre el cielo, desertó la carrera de Letras Españolas, desde entonces narra, a veces poeta. Le gusta el punk y otros vicios. Ha publicado para diferentes medios impresos y digitales. Administrador de siniestros en la revista online Juguete Rabioso. Antologado en Cuentos para una tortuga y una bolsa para el mareo (Ediciones con Tinta Ebria, 2015), Mínima, antología de microficción (Editorial Pape, 2018), en el mismo año por mención honorifica en el Gran premio Nacional de Periodismo Gonzo, y en Pinos Aalados. Una selección. (Pinos Alados, 2020). Hace collage, coedita, diseña y distribuye fanzines. Autor de la plaquette de poesía; Un Rechinar de dientes (Coyonoxtle, 2017), y de los libros; Cutre maquillaje crónica de un falso vacacionista (Sophia, 2018), El inexistencialista (La Terquedad Ediciones, 2018), Madre orgasmo (Cisnegro, 2019) y No se lo cuentes a nadie (crónicas desde el moridero) (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2019). En la actualidad trabaja en un fanzine; Kafka tríptico involuntario de insectoterapia, y en una novela de terror cósmico. Gana dinero como librero en la calle de su ciudad.

Ilustraciones de Pher Galván

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