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La feliz vida nómade o reflexionando sobre Historia abreviada de la literatura portátil (1985, Anagrama) de Enrique Vila Matas por Julio Barco

La feliz vida nómade o reflexionando sobre Historia abreviada de la literatura portátil (1985, Anagrama) de Enrique Vila Matas por Julio Barco

Corro el riesgo de sonar exagerado pero lo diré: el único defecto de las novelas de Vila-Matas es que son adictivas. Ayer, por ejemplo, terminé de leer de un solo tirón la excelente novela Historia de la literatura portátil, y volvía sumergirme en los destellos de genialidad de este autor catalán que barcelonés que logra una arquitectura donde la literatura brilla como argumento central.

Y es que si en Bartleby y compañía (2000) todo giraba en torno a autores que dejaron de escribir, o París no se acaba nunca (2003), donde se diserta sobre la vida bohemia parisina, o en Aire de Dylan (2012), (la penúltima que leí) que nos abre, como queda claro, un escenario donde la literatura y su mística son temas medulares. Pero, ¿de qué manera lo literario puede formar parte de una novela? Pregunta muy obvia si observamos cómo la literatura se alimenta de la propia literatura y puede, en ciertas obras, convertirse en núcleo del argumento.

Pues, sin desdeñar la realidad como tal, las historias vilamanianas giran en torno a las bitácoras creativas, miradas internas, actitudes y aptitudes frente a la realidad y la obra, observación y descripción de la realidad donde se ubica lo literario. Este regresar al autor (asunto que nos descubre un evidente dilema frente a posturas como la muerte del autor, dado que justamente volvemos al “autor” para convertirlo en materia prima de nuestro acto creativo) permite, como en los ensayos, buscarle un excelente juicio a la escritura, sus devenires y acciones sobre nosotros. Digamos que Bolaño o Cortázar son dos maestros de este género novelístico donde se narra la novela de los que hacen las novelas o poemas.

Bien, como dice Vila-Matas citando a W. Benjamín, “El pensamiento, que es un narcótico eminente” En Historia abreviada de la literatura portátil entramos al tema de los escritores nómades, también llamados shandys, es decir, vagos, o “niños irresponsables”, también considerados ya bajo un juicio más áspero y energúmeno, “máquinas sexuales,

Ningún shandy olvidó aquella consigna cazada al vuelo en medio de su huida despavorida, y eso permitió que el viaje shandy continuara: un viaje que, a todas luces, era un movimiento inútil, pues no se perseguía un fin u objetivo determinado. Eran como peregrinos medievales para los que lo principal era el viaje y poco importaba que llegaran a Canterbury, Jerusalén o Compostela. Sólo buscaban viajar contándose historias.

 estos hombres, además capturas por la soledad,

“La necesidad de soledad, junto con la amargura por la propia soledad, era una característica muy común entre esos alegres y volubles trabajadores que fueron los shandys. Para llevar adelante sus trabajos tenían ellos que ser solitarios, o por lo menos ni ligarse a ninguna relación permanente.”

La práctica de la literatura como un deporte de alto riesgo, con una religiosidad muy difícil de comprender y aprehender para épocas sin ansias metafísicas o deseos de totalidad, era un pasaporte que caracterizaba su afán creativo y deseo artístico, aunque ellos, como señala Vila-Matas, se fijan más en una actividad artesanal; tanto desdeñando el ecosistemas como de “encajarse dentro de una sola mirada”. Siendo primeros naturalmente suicidas lograr, a contra viento, una voluntad tenaz, que les permite seguir encaminados en su arte. Entre los que practicaron el shandysmo, la «literatura portátil» nos presenta a varios autores, entre pintores y escritores:  Vallejo, Huidobro, Cendrars, Picabia, el poeta Valery Larbaud, Roussel (el autor de Locus Solus, no el del Emilio), incluso autores como Scott Fitzgerald, Paul Klee, T. Tzara o Celine, o Aleister Crowley. Todos estos autores, durante algunos años, fueron miembros de una sociedad secreta de artistas iconoclastas, desenfadados y trashumantes. Algunos solo miembros de una noche, o en jornadas anuales, sin embargo, unidos un instante en esta secta artística.

La historia breve de la literatura portátil, por lo tanto, nos permite observar algunos abrevaderos de la movida de vanguardia de inicios de siglo, como un ensayo por intentar explicar los fenómenos de soledad y búsqueda personal que rodean a los escritores y artistas nómades; esos que, como señala el título, pueden ser transportados en una maleta de viaje. La maestría de Vila-Matas se encuentra en lograr armar un fresco vivo de todo el movimiento, de sus incognitas. Logra usar los esquemas vitales de lo literario como un arte para motivar una propuesta estética que logra ser un material que seduce a nivel de creatividad y de conectividad. Uno, de alguna forma, conecta con estos escritores que se alejan de las vidas sedentarias para buscar un trabajo más afin a su voracidad interna, esa sed última que conduce a que exista lo literario, su razón y su deseo, así logra entenderse con las reflexiones de René Daumal sobre la muerte de la literatura,

«Y en el peor de los casos, aun suponiendo que la gente deje de escribir cartas, la literatura no morirá mientras los poetas, además de escribir, sepan leer. Es decir, señoras y señores: Los poetas no morirán, precisamente porque mueren.»

Vila-Matas, que suele usar la propia literatura para crear nueva literatura, nos invita a entender los motivos estéticos y la sangre de esta tribu iconoclasta. Y es que los shandys no solo son bullangueros de café sino artistas muy comprometivos con el trabajo de reciclarse, innovar, crear, proponer un nuevo tipo de espíritu: un arte de lo mínimo donde, no obstante, entra la Literatura y el Universo, como la comprensión de la soledad, lo fragmentario, la división de las interpretaciones, la fuga, la muerte, la redención. Todo ello, claro, enquistado en el amor y obsesión al oficio de crear.

Foto de la web elcorreo

Enrique Vila-Matas es autor de las novelas Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973), Impostura (1984), El mal de Montano (2002), Dietario voluble (2008) y libros de cuentos como Chet Baker piensa en su arte (1994) o ensayos como Una vida absolutamente maravillosa (2011)

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