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Multiplicado (o reflexionado sobre Pessoa por Wong de Julia Wong, Ed. Hanan Harawi, 2018), por Julio Barco

Multiplicado (o reflexionado sobre Pessoa por Wong de Julia Wong, Ed. Hanan Harawi,2018), por Julio Barco


El más impresionante suceso de la poesía última de Portugal fue protagonizado por un joven negado a la vida social llamado Fernando Pessoa. Adicto a la escritura, Pessoa deambula en las sombras de una sociedad indiferente a su aventura épica y poética. Escribe a mares, se multiplica en muchos heterónimos, deja una huella imborrable dentro del arte de vanguardia, exige colocarse a la altura de Whitman, discute desde diferentes estados poéticos filosóficos sobre el sentido de la vida.


Esto, recién unos años después, nos resulta fascinante y descubrimos el poder de un universo devorando por un lado la tradición portuguesa con Camoes a la cabeza, pero también con otros varios poetas inmensos como Sophia de Mello Breyner, Eugénio de Andrade, Herberto Helder, Nuno Júdice, o José Régio o Vitorino Nemésio. Sin embargo, fue Pessoa el nuevo “Supra-Camoes”, es decir, el nuevo mesías de las letras portuguesas.


Es con aquel iceberg con quien Julia Wong se observa y traduce. Un espejo como Pessoa, o digamos, como Shakespeare o Moliere, nos enfrentan directamente con el gran infinito que somos. Es que son estos autores titánicos quiénes se enfrentan a la totalidad del interior de humano, explorar, definen, encuentran las máscaras. Frente a eso, Wong analiza las reverberaciones de yoes poéticos. Y esto genera, pues, un texto entre lo filosófico y poético, dintel de la mezcla y experimentación donde la efige de Pessoa sire como eje de interpretación.

Fernando Pessoa, censurado en Portugal
F. Pessoa


Simbolizarse a sí mismo es plantearse un lenguaje frente al silencio, ese no sonido que ilumina todo rastro ajeno a lo humano, Wong escribe a modo de código y clave:



Lenguaje: Sonido
Sonido: Naturaleza
Naturaleza: Proceso de Conciencia
Proceso: ser
Ser: sonar



En este lenguaje tensado por el signo ( : ) que abre la posibilidad de una mutación interna se observa una interesante y reflexiona idea sobre la naturaleza del lenguaje, la mente, la escritura, la poesía. Más allá de una explicación que no resulta nada engorrosa dado que una palabra nos explica otra (y viceversa) podemos conceptualizar una poética interna dentro del engranaje de este trabajo. Volviendo al tema anteriormente planteado, el silencio, curioso signo que conecta con la mente de Pessoa, es un tema nuclear. Cito otros versos del estupendo poema LA ETERNIDAD DEL VIAJE:


El sonido del silencio (no, no son Simon and Garfunkel, sino el
futuro de la humanidad.
(…)
El acto humano es hacer sonar al silencio.
(…)
Cada minuto nace un nuevo sonido sobre la faz de la tierra


Y es que Pessoa por Wong se torna un proyecto raro, que no pretende encajar en un solo trabajo, aunque se intuye que es un programa donde la búsqueda interior personal (ese eterno no saber a dónde pertenecer salvo, y siguiendo a Pessoa, a ese raro universo llamado Lenguaje) Por ello, este texto es una suerte de tratado donde se contrapone la mirada de Pessoa y sus mutaciones con el lenguaje de Wong y su propio no saber pertenecer,


La voluntad empieza por ahí: hacer y deshacer todo. En el lenguaje, este juego empieza en el cerebro. Tenía casi once cuando empecé a viajar sola a visitar a papá. En el avión me metía al baño, con la ropa que mi mamá me había embarcado y la cambiaba por otra que llevaba. Me avergonzaba cómo me vestía mi mamá.


Por otro lado, observo que la construcción de un poemario es la prolongación de una posibilidad, es decir, el poema se mantiene en un estado “siendo”, sin embargo, al crear un libro se imponen todo tipo de límites ya que lo que uno piensa en la posibilidad creativa no es absolutamente correspondiente al producto final. Cerrar un universo es limitarlo, aunque interiormente se plantee como un no-lugar y, por ende, sea un espacio mental infinito. Ahí la paradoja del libro: soportar bajo un límite lo inconmensurable del universo. En esa reflexión, este trabajo tiene una fragmentación que lo aleja de un determinado género. Es diario, es cuentario, es poemario, es un libro de aforismos y ensayos, y se expande a ser un tratado sobre la propia poesía y los territorios que habitamos.


Sin duda sería interesante pensar que solo se detiene aquí, sin embargo, el proyecto del libro también es conectar los lenguajes con otros lenguajes como fotografías y también con boletos de viaje. Otros puntos que suman a la comprensión de este trabajo son sus pasajes de intertextualidad con la poesía de Luis Hernández ,


Esta anhelada coherencia, dice Luchito Hernández, uno de mis poetas peruanos favoritos, demuestra que el balance buscado entre materia y color son asuntos importantes para la poesía.


Igual resulta atractivo las ideas que explora Wong sobre los alimentos y la poesía, con el bellísimo pasaje donde reflexiona sobre el sabor de las peras peruanas y el de las peras orientales,


Muy buenas ambas, pero tan diferentes, tan opuestamente amarilladas, que una casi lindaba con el crema pastel y la otra se asemejaba a un cuerpo de mujer sentada pero intocable, verde y despampanante.


Los frutos como los poetas atomizan la sustancia, es decir, la esencia de un canto o sabor. En el poema, como en el fruto, se goza de una textura tanto psíquica como mental. El sabor es una fuerza de pensamiento. La poesía resulta, por lo tanto, una suerte de banquete para tiempos vacuos, pero también el propio “comer” resulta inherente a la condición humana. Wong lo resume tajantemente:


“Pienso que Pessoa escribía de acuerdo a su dieta.”


Sin detenernos en la profundidad frente a la comida, que vuelve, por tanto, ese acto cotidiano en un acto sacro, tenemos que concluir manifestando que este trabajo encierra un estimulante estudio sobre la posibilidad de las identidades, las falsas apariencias del yo, la forma cómo la Literatura alimenta la Literatura.

En suma, una máquina interna que resulta atractiva tanto para una lectura plenamente estética, como para un acto silencioso y reflexivo. Wong conecta con Pessoa para intentar huir de su propia y fugutiva identidad. En una de sus últimas entrevistas le preguntaron a Wong si existía alguna razón para no tener edad. Sí, afirmo, para escribir. Y enamorarse.

Foto de el diario Perú 21

Julia Wong es autora, entre otros poemarios, de Un salmón ciego (2008), Los últimos días de Buddha (2002), La desmineralización de los árboles (2014), Mongolia (2015), Ladrón de codornices (2005), entre otros.

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