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Literatura latinoamericana para descargar #50«Un día volveré por acá» de Samuel Simanca

Desde sus primeros versos, sentimos en Un día volveré por acá de Samuel Simanca una naturaleza conectada a lo personal: la casa, como el primer lenguaje de donde brota nuestra poesía. Tema, en sí mismo, usado en toda poesía (Vallejo, Watanabe, Borges, Pavese, etc, etc, etc) que recibe una realidad como deseo de expresarla, una que conecta hacia una fijazión que termina siendo la voz del poeta mismo,

esta casa dónde juguetea en la rayuela
la soledad.(1)

De estos versos cotidianos, caseros, pasamos a conocer la Urbe del poeta: soledad de quien «cuelga su lenguaje en el papel de la realidad«, habitamos la ciudad poetizándola para darle mayor intensidad; el ritmo interna no es el armoniosamente perseguido, sino el que tanteamos en nuestro interior,

Yo he colgado las palabras para que tú
continúes hablando
Así cómo el mar permite el paso al arenoso río
No he querido abrir mi boca(2)

La intimidad del poeta con el lenguaje generan una sola ramificación; un deseo de hablar desde adentro que termina atomizando un ritmo; «el mar permite el paso al arenoso río» Esa ramificación que expresamos es también una búsqueda, una necesidad o una sed. Es Simanca un poeta conociendo de forma inocente los lenguajes de la realidad; la inarcable naturaleza del ritmo del que al caminar inventa versos, al versar inventa el ritmo que la esencialidad interior permite develar y empieza a triturarse paulatinamente los párpados ante la vehemencia del signo. Al escribir nuestros primeros poemas somos fieles reflejos de toda la música de la realidad y buscamos, en el desasosiego del ritmo, una fuerza, un sentido, una dirección. Ese garabatear nuestra voz se torna una dinámica de la exploración y periferia. Simanca, novel aún, aunque dotado de una fina sensibilidad, destaca en lo breve y austero. Lo breve y hermoso de, por ejemplo, el poema Brizna, que condensa la naturaleza fugitiva y escéptica de este material,

Quién te recordará brizna de hierba
Quién sabrá de tus extrañezas(3)

No obstante, no solo se asoma a un espacio no problemático y desinhibido, sino, arriesga incluso a dar las primeras tonadas de un himno,

Y nadie vendrá a salvarnos
porque no necesitamos salvadores
ni políticos
ni patriotas
ni artistas
ni benevolentes señoras y señores
que nos vengan a dar arroz y cruz(4)

Mirada que no solo se queda ni pretende habitar el absurdo, la vacuidad, o la nadería mental de nuestros tiempos, pues, en su dinámica, desata la crítica y fermenta futuros himnos violentos que desataran la beligerancia en el ritmo que zurza su mente.

De Colombia podemos hablar largo de sus poetas nadaístas; de García Márquez y sus novelas que cambiaron la órbita literaria, o Caicedo, y su insoportable sensibilidad; pero son (tal vez) estas nuevas nuevas voces las que nos devuelven el delicado movimiento de la nueva poética colombiana, que tiene entre sus mejores cantores a Zeuxis Vargas o Porfirio Barba Jacob, sin olvidar al gran José Asunción Silva; ni desdeñar las genialidades de A. Mutis o la poesía esencialista de Eugenio Montejo. En fin, de esa tribu sale Simanca, con una poesía todavía fresca, sincera y que arriesga a mostrarse sin miedo al abismo. ESO, en tiempos de artificio, pose o dudas, es mas que sumatorio. Este es el primer poema de alguien que volverá a escribirse en el ritmo que su lenguaje poético persiga, porque, un día volverá a leerse por estos versos y descubrirá la luz de las primeras semillas.

Lima, Perú, 2020

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