red peruana de literatura

pensamiento creativo: poesía, literatura y más

El viajero del espacio (o reflexionando sobre Cosmonauta y otros poemas de Julio “Se busca”) por Julio Barco

El viajero del espacio (o reflexionando sobre Cosmonauta y otros poemas de Julio “Se busca”) por Julio Barco

La poética de Julio “Se busca” ejemplifica bastante bien aquel imperativo que ya ilumina su nombre: la idea de buscar, encontrar, la idea de perderse y “andar perdido” en un viaje espacial es vital en las páginas de Cosmonauta y otros poemas (ed. Poetas del Asfalto, abril 2018) Citemos: Nací Cosmoauta /y por eso trastoco sin miedo ni apuro el vacío
/confundo a capricho todos los tiempos
. La idea de no tener arraigo, de no ser de ningún lugar, se posesiona en estos versos como la brújula rota de un eterno caminante.

Esta coreografía contra una geografía perpetua logra tatuarse una poética sencilla, que fluye y conecta con una serie de estados internos. Poesía del interior, donde se observa también la metamorfosis con la realidad digital, sea para dar una idea del uso del artefacto: “arácnida genial en las teclas de ordenador” O para manifestar el interior, que al ser espejo del propio humano produce una sensación de infinito interior, o de no-lugar abierto; ese no-lugar verásteguiano que inicia el poemario Taky Onkoy (“Abandonar para siempre la historia antes de ser crucificado por el rencor”) que nos devela la necesidad de navegar; pero también ese no-lugar como la internet misma, donde no estamos actuando en un tiempo espacio sino en la posibilidad del límite, donde el yo se bifurca a un espacio de interacción que priva al cuerpo de interacción aunque sublima el deseo, es decir, la psiquis, o el “ser”; y en contrapunto con la máquina: “que alguna vez quisieras atrapar en el caos de tu archivo/Y entre tanto ya no hay caso/“S…F21/el programa no contiene sentimientos” Por ende, ese navegar virtual, en el caso del Cosmonauta converge en una interacción no solo de sentidos que se expanden, sino de lógica inherente al propio caminar. El cosmonauta avanza, a ciegas, en  el vacío. Lo que nos permite explorar esta poética de un navegante nocturno y de linderos abiertos.  Las pinceladas de estos poemas nos acercan a ese mundo gaseoso que dibujan sus páginas, no es superficial el dato que deja el poeta al inicio cuando, en el centro del encuentro creativo, nos confiesa que, “Me decías que no puedo ser poeta /sin embargo no me conformo:/Salgo todas las noches de mi tumba/con mi tarro de mermelada/a lamer/a escribir y repasar mis páginas en blanco/que nadie supo colorear/…ni siquiera tú.” Esa materialidad brumosa se debe, por un lado, a que nada arraiga la mirada del poeta; suobscuridad es mayúscula, su absurdo total; el cáncer, la soledad, el hartazgo, entes latentes.

En ese desquiciado paisaje interno, donde se asoma tan solo un gramo de Joyce y quinientos gramitos de Micheaux, el vate se desgarra: “Una guitarra en arpegio entre tus piernas cruzadas/ Un rinoceronte bostezando en los relojes/ Un cigarrillo sin cáncer/ Un planeta gratis/ Infinitas horas de vagancia forzada/(…) Aquí en mi estación de papel cometa solo digo:/ que no se preocupen ya por mí/ que nunca pienso regresar tan pronto” El atolondramiento como lucidez vital es una secuencia clásica que ya explicaba, entre 1870 a inicios de 1910, algunos poetas de la estirpe de Rimbaud, Baudelaire, Darío, etcétera.Se intuye una poética desintegrada, de quien va dejando piedritas en el camino que se pueden observar de lejos, a modo de constelación de heridas, de verdades que magullan. La compota como el magma vital que necesita el poeta mientras crea; como ese maremágnum que sostiene la realidad y el deseo. En el prólogo de esta edición, que nace del carismático como vehemente  Richie Lakra, líder de la revista Poetas de Asfalto, nos habla de que Julio Gómez, (o Julio “Se Busca”) también posee pluralidad de talentos, como músico de la escena punk de fines de los ochentas, o de solista de discos conocidos como Cuasimodo Apasionado tenemos también una surtida galería de dibujos de Fernando Laguna, y comentarios detallados sobre la poesía de «Se busca» a cargo de Cassamar y Virginia Benavides. Motivos de más para darnos una vuelta por el espacio sideral de este cosmonauta, donde se oyen confesiones que, aunque sean de otra galaxia, nos devuelve a la realidad más nítida “El Perú es un hombre que está en coma desde niño/ … y ya no aguanta más”

En este libro, menudo y conciso, de poemas regulares con versos logrados, podemos situarnos, por eso, ante una mutación de la poesía, en constante fluidez: si con Rubén Darío, el poeta fue un parrarayos de Dios, sin con Huidobro, un Pequeño Dios; si con Heraud, un río; si con Pimentel, un caballo; sin con Vallejo, un lóbrego mamífero que se peina; en los versos de Julio “se busca”, el poeta es un eterno astronauta perdido en la galaxia de su propia mente. Y lo mejor, no desea volver a pisar la tierra.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: