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La mente como caballo de troya (o reflexionando sobre Entrega para uno de Piero Miovich, Ed. Martropía Cartonera, 2020) por Julio Barco ([1])

La mente como caballo de troya (o reflexionando sobre Entrega para uno de Piero Miovich, Ed. Martropía Cartonera, 2020) por Julio Barco ([1])

Como si de un sueño griego a la orilla de Troya se tratará, en Entrega para uno de Piero Miovich (Ed. Martropía Cartonera, 2020) regresamos a esos versos iniciativos donde el poema es una confidencia de un yo que, al plasmarse, duda de sí mismo y poetiza según la experiencia que descubre al pasar del instinto a la metáfora, al sujetarse del fluir al símbolo. Por algo, este trabajo lleva un subtitulado llamado Una introspección de ego adánico.

Las preguntas son siempre obvias: ¿en qué momento se forma el Yo de poeta? ¿Cuándo y de qué manera surge la originalidad de un poema? ¿Un poema es espejo o laberinto o itinerario de uno mismo?  ¿Si el yo es otro[2] porque inexorablemente los mejores poemas nos suenan a una sola y gravosa nave llamada Yo? Es curioso que justamente este género, el de la poeisis, que tuvo en Grecia aquel rótulo del lirismo, sea hoy el que más arriesgue a la hora de dar una radiografía del interior del ser humano.[3]

Y es que la poesía, aunque lleva aquel molestoso límite y posibilidad del Yo es justamente por ello que resulta —sutil paradoja — tan plural a la hora de entenderla, practicarla o leerla. Es que el mundo interior de un poeta es el mundo interior de cualquier persona solo que intensificado, elevado, sublimado y desfigurado; por eso, la poesía, aunque escrita con un yo, nos acerca a nosotros mismos, y ahí su conversión. Por ello, la poesía es un regreso a esos laberintos que habitamos aunque no necesariamente narramos. El que ve, narra lo que muchos ven pero no pueden decir. Ver y decir es el poema. Para cruzar este esquema, Miovich despliega un poemario en dos frentes: tanto la parte de Héctor como la de Aquiles.

Estas dos figuras sirven para que el autor divague sobre su materia:

De niño hipotequé
al hombre
busqué una vida decente
inventé historias

Mis palabras
debían ser adultas
tenían que usar corbata
                                         buscar el fin del mundo
[4]

Este vivir en el lenguaje es, en realidad, vivir en la conciencia del lenguaje actuando sobre uno. Por ello, es inevitable que los trazos de este poeta vengan desde un estridente nihilismo,

Me muevo
carente de sentido
¡guiado no sé por qué premuras!
soy masa informe

En la senda de Vallejo en Trilce, el nihilismo practicado con parsimoniosa y sensual mirada es también un acto del cuerpo que de tanto observarse pierde los esquemas, se enreda en si mismo, copula en su propia mente como si esta arquitectura, la de intentar conocerse y escribirse gracias a la voz interna, se tratara de  un caballo enorme que busca incendiar la nueva Troya,

El sinsentido cava
un espacio perfecto
un universo
una caracola
quizás quieras acurrucarte…

Por ello, estamos  frente a un breve caleidoscopio  interior que no exime la tristeza, ternura, soledad, sinrazón y curiosidad propia de la infancia. Si la primera parte, Héctor, es la construcción de la voz poética; en la otra, Aquiles, es el proyecto de una épica.

Como saben, quedó en los hombros y la ira del hijo de Tetis librar la batalla en las arenas troyanas. Lo que nos acerca a este héroe es, sin duda, ese tesón de anteponer su vida ante la gloria. Esta aparente sinrazón lo conduce a ser un personaje que todos recordamos, por su temple frente a la muerte como puente a la gloria. En Miovich, lo aquileo no deja de ser sexualidad y deseo,

No quedan fuerzas…
un nido vacío
entre las piernas
mendigo de existencia
comanda…

SE HA DEVALUADO LA
GLORIA
PARA


Piero Miovich

Lo sexual como puerta hacia la identidad o (como sugiere O. Paz) mutación del erotismo a la metáfora yace en varios lados de este poemario,

y quisiera que no tuviera fin
que guiara mi esencia
y la impulsara
al firmamento
como peso muerto que eclipsa

mi libido primitivo…
¡único óbice!
¡única verdad!
 

Si la gloria del Aquiles griego era alcanzar la inmortalidad, ¿qué se puede esperar de un Aquiles posmoderno o contemporáneo? Tal vez, el heroísmo de estos poemas no sean sino un remanso entre las agitadas aguas, un instante para ingresar a esos espacios donde habita lo eterno, donde Aquiles se reconoce y emprende su épica, sin olvidar que justamente es un héroe por su talón; y en estos versos, ese talón lleva al mar de los sentidos,

Tejo cuentos para no verme vulnerable
pero
en el fondo
quisiera ser amigo de todos los que conocí.

Haber conservado sus pasos celestes
en mi talón de Aquiles…

Entonces, ya no hay forma de acceder al Olimpo ni ser la figurita que un joven recorta para pegar en su cuaderno escolar; ahora ser héroe es transitar entre la realidad, el rencor, la sinceridad y los deseos; es afirmar la voz propia en un laberinto de cuerpos,

Que sus sonrisas
ampliadoras de mundos
y tejidas a mi piel
impidan
mi muerte lenta y joven,
atravesada por el deshonor
de verme héroe siendo pobre
solo un mezquino
que rechaza el pan
cabalmente
una paria

Muy lejos de que esta honestidad sea factura propia de Miovich es, en realidad, el canto coral de una generación que intenta franquear las murallas de Troya de siglo XXI a través del arte, los versos, la intensidad que abre la palabra.


[1]Julio Barco (Lima, 1991), estudió en la Universidad Nacional Federico Villareal, Lima, Perú. Autor de los libros Me da pena que la gente crezca (Arteidea Editores, 2012)Respirar (La Chimba Editores-2018-Premio Gremio de Escritores)Arquitectura Vastísima (Editora Huachumera-2019-Premio Huauco de Oro)Arder (gramática de los dientes de león) (Editorial Higuerilla-2019)La música de mi cabeza-volumen 7 (Lenguaje Perú -Editores) En novela, este 2019, presentó Semen (música para jóvenes enamorados) (Lenguaje Perú- Editores) Ese mismo año, fundó la web lenguajeperu.pe Fue fundador y director del grupo TAJO. Este 2020 sorprendió al público lector al editar cuatro libros en tiempos de Covid 19: Des(c)ierto (Metaliteratura, Argentina 2020), la re-edición de Semen (Metaliteratura, 2020) y dos volúmenes en Colombia: Sistema Operativo (SO, 2020) y Copiar, cortar, pegar, cargar (Obra Abierta, Colombia, 2020) Actualmente es redactor de Literalgia y Lima Gris y gestor del proyecto cultural Poético Río Hablador, que desarrolla proyectos de poesía en El Agustino y dirige la web Lenguajeperu.pe, que es una nueva bitácora nacional de poesía y arte peruano y latinoamericano. Actualmente, termina de escribir sus nuevos cuatro libros: Poetizando (ensayo poético), Enrique (Novela), y los poemarios Mosaico (poesía) y Cuaderno de Trabajo de la nueva poesía peruana (parte 1) Obtuvo una mención honrosa en el XI concurso Poeta Joven del Perú (2020) con el poemario Semillas Cósmicas. Pertenece al staff de la editorial Instituto Cultural Iberoamericano, con sede en Madrid, España.

[2] Como sugiere Rimbaud.

[3] Apropósito de todo esto, es interesante observar como el tema del Yo se desarrolla en varios poetas. Algunos, disidentes desde el lenguaje apelan a su destrucción, y, otros, no pueden sino entregarse a su composición. Y esto me hace recordar lo que el poeta Jorge Teiller expresaba en una entrevista para La belleza de pensar: “hay que cultivar el yo, no destruirlo” Teniendo en clara cuenta que el yo del poeta no es ego ruin y plástico, sino máscara bendita, de guerra, de identidad y de apertura. Poetas como Pessoa explorar ello en una pluralidad de matices que nos llevan a pensar borgianamente que todos los hombres son uno solo. Aunque esto último, sea toque de crítica entre sociólogos, etólogos y otros doctos.

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