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Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío (o un regreso a la voz del Bardo de América) por Julio Barco

Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío (o un regreso a la voz del Bardo de América) por Julio Barco (1)

La fuerza del modernismo cesó como corriente, sin embargo, tras un siglo de su auge, los lectores de estos tiempos analizamos las obras que nos dejaron. Como sugiere Garrido Málaver, en versos que valen bien el mármol, la forma pasa, la esencia queda.

¡Y qué esencia! Es como si una larga ola, al conquistar temblorosamente la costa, nos dejará muchos caracoles enterrados en su fugitiva y espumosa resaca. Entonces, arremolinados dentro del laberinto estético, acurrucados entre los siglos, llegan estos libros a nuestros ojos contemporáneos, y, los leemos como lenguaje de otro planeta.

Oscilan sus voces, no se apagan sus cantos, nos atrevemos a oírlos entonces, en su altura y calidad, en su densa marejada. Sí, es verdad: ya nadie escribe del modo “modernista”, y aquella forma que fue innovadora hoy pertenece a una retórica en desuso.

Primero, claro, porque es un estilo retrograda limitado a la métrica; por otro lado, la corriente fue apabullada por el auge del vanguardismo que impuso el verso libre y los modelos mallarmeanos que desplazaron el sentido de espacio y tiempo dentro de la página en blanco.

Es, sin embargo, ocioso e ignaro pensar que es una retórica vieja y muerta. Es necesario limpiarse del prejuicio que embadurna la estética de este periodo, para realmente observar sus aportes. No siempre leer poesía es entenderla, el “entendimiento poético” es la suma de un estudio para captar sutilezas y movimientos que retozan en lo poético.

De Rubén Darío a Vallejo, de Vallejo a Verástegui, pasando por Oquendo de Amat y Huidobro, sin olvidar a Girondo y Churata, sin desdeñar la fuerza de Lezama Lima y sus Eras imaginarias,  existen grandes pasos que son matices muy curiosos.

Pero hablamos de prejuicios que nos permiten observar que se trata de mera máscara[1], sí, pero también de arquitectura artesanal, de mecanografía de la Armonía. Se argumenta que solo es sonido y bellas imágenes que no forman parte del panorama de la región; también que todos son hijos de la Torre de Marfil, e ignorantes de la propia realidad.

Sin embargo, yo pregunto, ¿qué arte puede nacer de la mera generación espontánea? ¿Acaso –como sugiere Enrique Lihn– no hace falta primero roer aquella sustancia divina llamada poesía antes de pensar en desdeñarla?

Y – si observamos bien – el Modernismo fue una forma de recuperar los avances métricos del siglo de Oro, asunto en lo que Darío, como Vallejo, fueron grandes y lúcido herederos: los dos reciben una herencia, que es la tradición de la literatura española –Góngora, Quevedo, Cervantes–, y la configuran y adaptan a su propio sonido mental. [2]

Darío, de paso, le agrega la tradición francesa. A Verlaine, especialmente.

Por eso, para regresar a su música y fuerza tenemos que limpiarnos los ojos. Evidentemente, con los ojos de la mente, que son los que leen las sutilizas del poema.  Y ahí, entonces, veremos en palestra a Rubén Darío, José Santos Chocano, Antonio Machado, José Martí, Vargas Vila[3], que llegan a cantarnos en su propio ser –con el volumen de la retórica fundada en el equilibrio de la estética y la erudición– como nuevos bárbaros atravesando la vieja metrópolis lírica. Si algo nos embriaga del arte modernista es el acentuado esteticismo, la afirmación del poder de la palabra como alquimia[4], es decir, no eran absurdistas ni caóticos, sino, simbólicamente mágicos. La palabra es. El lenguaje existe como hechizo. Contrariamente a las estéticas actuales, el Modernismo planteaba también una iluminación interna, llegar a ese “azul” que Darío muy bien captó de Verlaine. El ex amante de Rimbaud lo dice del siguiente modo:

Fuis du plus loin la Pointe assassine,
L´Esprit cruel et le Rire impur,
Qui font pleurer les yeux d l´Azur,
Et tout cet ail de base cuisine
![5]

Repito las últimas líneas: Et tout cet ail ed base cuisine!, es decir, huye del ajo que hace llorar al Azul de la cocina. Por algo, Juan Valera lo acusó de galicismo y —como se verá más adelante—José Enrique Rodo le quitó la corona de “Poeta de América”, que volvemos a ponérsela, para proclamarlo como el Gran Patriarca. Y como Verlaine, la influencia de Catulle Mendés, padre parnasiano, que dijo:

Je continue de voir l’étoile dans le bleu


Es decir, “Yo sigo viendo en el azul la estrella” lo que, indirectamente nos guía a la sensibilidad de Darío, sin olvidar el poema que le dedica a Mendés[6].Sin embargo, hoy hablaremos de Cantos de vida y esperanza (1905) Este poemario que se divide en un prefacio y en una sección llamada Los cisnes yotra llamada Otros poemas es quizá el poemario de mayor gravedad del poeta autor de Azul y líder absoluto de este movimiento. Es justamente en el prefacio donde Darío confiesa que,

El movimiento de libertad que me tocó iniciar en América se propagó hasta España, y tanto aquí como allá triunfo está logrado. Aunque respecto a la técnica tuviese demasiado que decir en el país donde la expresión poética está anquilosada al punto de que la modificación de ritmo ha llegado a ser un artículo de fe, no haré sino una corta advertencia.

Manifestando así el meollo de modernismo: el cambio y la renovación métrica. Por otro lado, da una advertencia sobre la subjetividad de su propio arte,

Hago esta advertencia porque la forma es lo que primeramente toca a las muchedumbres. Pero sé que indefectiblemente tengo que ir a ellas. Cuando dije que mi poesía era “mía, en mí” sostuve la primera condición de mi existir, sin pretensión  ninguna de causar sectarismo en mente o voluntad ajena(…)

El Darío que compone este libro es el que todavía sigue viajando, ya muchos kilómetros al sur de sus ambiciosos sueños. Veo a Darío viajando de Nicaragua a Chile, de Chile a Argentina, de Argentina a España, y leyendo, bebiendo, escribiendo, saboreando bajo el infinito cielo la bella y bruñida música de sus versos. Vida no ajena a carencias, necesidades y bohemias. Sin olvidar que ya es, como sugiere, el propagador de nuevo renacimiento de la poesía en español.

Todo ese trayecto encierra la propia odisea de armar su obra poética que, aunque parece ajena al entorno, capta de manera sustanciosa su instante y proyecta un tiempo donde se abre la pluralidad de miradas y sentires.

En ese punto, estamos frente a uno de sus libros capitales que nos descubren muchos mecanismos con los que opera Darío. Quizá uno de los más íntimos, tanto para entender su magnética personalidad como sus crisis y sueños.  

Este es el libro donde aparece el gran poema Lo fatal,

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

como aquellos versos de que dibujan al poeta de cuerpo completo, con los que justamente se abre el poemario,

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.


Por un lado, hablemos del prólogo y dedicatoria. El prólogo es uno de los textos donde el propio Darío postula algunas ideas claves sobre su propia poética. Siendo Darío poco dado a teorizar sus ideales, es este prólogo significativo para saborear algunos de sus designios:

Cuando dije que mi poesía era <<mía, en mí>> sostuve la primera condición en mi existir, sin pretensión ninguna de causar sectarismo en mente o voluntad ajena, y en un intenso amor a lo absoluto de belleza.

Siendo ya reconocido a nivel internacional como líder del Modernismo es bastante singular su afirmativa manera de sentirse  Uno y único en su arte. Lo que nos permite observar que no hay una pose falsa entre la necesidad de ser y hacer ante un público masivo y la de la intimidad personal, y, por otro lado, este prólogo también es una afirmación de la entrega total de un artista frente a su obra: intenso amor a lo absoluto de la belleza.

Arriba dijimos que era interesante también analizar el prólogo y la razón es que José Enrique Rodo fue uno de los primeros en intentar bajarse a Darío de su estrado; objetivo para nada sencilla tratándose de una época donde la prosa y las ideas, para tener impulso, debían ir en moldes vigorosos[7]

Hablamos de un larguísimo texto llamado parcamente Rubén Darío y que lleva el Su personalidad literaria. Su última obra, Rodó se da el lujo de pasar un examen a su lírica hasta el poemario Versos Profanos y otros poemas (1896) Entre otros apuntes, Rodó dice que estamos frente a un artista “poéticamente calculador” como también hace hincapié en la novedad de Darío:

Habíamos tenido en América poetas buenos, y poetas inspirados, y poetas vigorosos; pero no habíamos tenido en América un gran poeta exquisito. Joya es está estufa; vegetación extraña y mimosa que mal podía obtenerse de la explosión vernal de la savia salvaje en que ha desbordado hasta ahora la juvenil vitalidad del pensamiento americano (…)

Lo cierto es que este largo estudio sobre Darío debió deslumbrarlo o, cuando menos, causarle algún tipo de efecto, quizás antes que nada debió causarle una impresión la primera afirmación que da Rodó al decir que

Indudablemente, Rubén Darío no es el poeta de América.

Curiosa afirmación – y detalle más conspicuo todavía – sabiendo que Darío le dedica el poemario en cierne. Al margen de esta anécdota, Cantos de vida y esperanza resulta uno de los más logrados poemarios de Darío.

Si Azul es el proceso de una armonía y critica a la sociedad, gracias a poemas que buscan un giro y diafanidad rítmica, o cuentos que critica el proceso de la burguesía y el arte, es, Cantos de vida y esperanza un libro esencial para entender la poética de uno de los abuelos de la literatura contemporánea.

Este poemario tiene dos poemas que todos debemos aprender de memoria [8] pero también es una de las llaves más necesarias para degustar la magia de este enorme poeta.

Puede ver más sobre Rubén Darío, en los seminarios que le dedicó Julio Barco, en los siguientes Links:

Seminario Rubén Darío, 1
Seminario sobre Rubén Darío, 3
Seminario Rubén Darío 4


(1)Julio Barco. (Lima, 1991), estudió en la Universidad Nacional Federico Villareal, Lima, Perú. Autor de los libros Me da pena que la gente crezca (Arteidea Editores, 2012), Respirar (La Chimba Editores-2018-Premio Gremio de Escritores), Arquitectura Vastísima (Editora Huachumera-2019-Premio Huauco de Oro), Arder (gramática de los dientes de león) (Editorial Higuerilla-2019), La música de mi cabeza-volumen 7 (Lenguaje Perú -Editores) En novela, este 2019, presentó Semen (música para jóvenes enamorados) (Lenguaje Perú- Editores) Ese mismo año, fundó la web lenguajeperu.pe Fue fundador y director del grupo TAJO. Este 2020 sorprendió al público lector al editar cuatro libros en tiempos de Covid 19: Des(c)ierto (Metaliteratura, Argentina 2020), la re-edición de Semen (Metaliteratura, 2020) y dos volúmenes en Colombia: Sistema Operativo (SO, 2020) y Copiar, cortar, pegar, cargar (Obra Abierta, Colombia, 2020) Actualmente es redactor de Literalgia y Lima Gris y gestor del proyecto cultural Poético Río Hablador, que desarrolla proyectos de poesía en El Agustino y dirige la web Lenguajeperu.pe, que es una nueva bitácora nacional de poesía y arte peruano y latinoamericano. Actualmente, termina de escribir sus nuevos cuatro libros: Poetizando (ensayo poético), Enrique (Novela), y los poemarios Mosaico (poesía) y Cuaderno de Trabajo de la nueva poesía peruana (parte 1) Obtuvo una mención honrosa en el XI concurso Poeta Joven del Perú (2020) con el poemario Semilla Cósmica.


[1] Para Octavio Paz, en Los hijos de lomo, a la hora de analizar el Modernismo, se declara que el modernismo fue un juego de máscaras.

[2] Es menester analizar la situación de la poesía Latinoamericana en relación a estos dos artistas que desde sus propias sensibilidades, guiaron como antorchas el nacimiento de la nueva lírica moderna. Si olvidar a otros como Octavio Paz, Lezama Lima, Huidobro, Neruda, etc. Hace falta pensar el arte poético no en islas, sino en penínsulas que fluyen como un río infinito, el infinito río de la mente humana que es la poesía.

[3] Ya habrá tiempo de dibujar a cada uno de estos arquitectos de lenguajes vastos. Ya llegará la hora de conocerlos en su singular volumen

[4] Herencia de los simbolistas: Verlaine, Baudelaire, Rimbaud. Interesa observar que antes del movimiento, en la literatura española predominaban sensibilidades más nutridas por el catolicísimo o lo nacional.

[5] Traducción de libro Antología de la poesía francesa de Andrés Holguín

[6] Sin olvidar el poema que le dedica Darío a Mendés:
“Su ave es la venusina, la tímida paloma.
Vencido hubiera en Grecia, vencido hubiera en Roma.
En todos los combates del arte o del amor.
(del Poema Catulle Mendés)

[7] Pienso en M. G. Prada, o Vargas Vila, de alguna forma icónicos para esta época.

[8] Lo fatal y Salutación de optimista.

One thought on “Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío (o un regreso a la voz del Bardo de América) por Julio Barco

  1. Excelente texto crítico de Julio Barco sobre la poesía de Rubén Darío, «…uno de los abuelos de la literatura contemporánea», en palabras del joven poeta peruano Julio Barco. Muy pronto, en la Revista Kametsa de Perú, publicaremos este mismo texto crítico.

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