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Los hombres de Dios, cuento de Miguel Tonatiuh (México)

Los hombres de Dios de Miguel Tonatiuh (1)

La escucha de la Palabra en la vida de la Iglesia

Un día, bajo la influencia paterna, decidió convertirse al judaísmo a pesar de no poseer alguna herencia sanguínea que lo identificara con esa comunidad. El padre de Dante, llamado Mario,era un hombre blanco con cabello cano, tenía poco conocimiento y siseaba al hablar. No veía los objetos más allá de su nariz. No importaba nada, ya que tenía una sola certeza, y es que había insinuado durante mucho tiempo que deberían ser parte de esa comunidad, “Es el pueblo elegido por Dios”, decía y así Dante tenía una verdad en la vida ser parte del esos prodigiosos elegidos; así se salvaría de su estulta vida de pastelero. Para tal efecto, compró un libro del Talmud en lenguas hebrea y española; así como una Torá de bolsillo, según la tradición oral. Repetía de forma incesante algunos salmos para alentar su fe, específicamente, lo único que buscaba era la prosperidad económica de los judíos. No importaba entender nada de la lengua hebrea. Fue así como aprendió algunas palabras de libro sagrado, incluso comenzó a usar la kipá sin saber que sería siempre un gentil.

Así, según él, mostraría su anhelo de pertenecer al clan. Su plan fue más allá. A los treinta años se circuncidó para cumplir con los rituales de Abraham, pero algo en el ambiente parecía rechazar su inclusión al gremio de empresarios, su poca afición a la lectura sería un obstáculo. Desconocía en el fondo que el pueblo judío era el pueblo del libro, por lo tanto, todos los días hay que hacer una lectura de la Torá. Eso no le agradó.

“Padre, me rehúso a leer”, decía. Y su padre, decía que tenía problemas de hipermetropía: “Hazlo tú, yo no puedo”. Y completaba: “Al menos uno de nosotros se salvará. Recuerda que la religión católica es para los débiles, no debemos confiar nuestro crecimiento industrial a esa fe”. No se sabe si las ínfulas de superioridad eran del padre o del hijo. Habían creado un universo tan personal que las verdades del padre, ya eran las verdades del hijo que ya no se distinguía entre unas y otras. A pesar de que el padre tenía estrabismo, aún podía leer, pero siendo mayor y el más experimentado estaba en su derecho de negarse, confiriendo así la responsabilidad al hijo.

Un pastelero llamado Dante, regordete y barba rala, tenía un pequeño café en una comunidad cercana a la ciudad de México.  Para Dante era difícil comprender el español, ya que había abandonado sus estudios secundarios. A pesar de ello, se hizo el propósito de ser un judío disciplinado. Comenzó a leer y solo conseguía deletrear: L-os- hom-br-e-s de- D-i-os…

Su devoción fue tan grande hasta que consiguió lo que estaba buscando: un rabino. En realidad, era un timador profesional que vio la oportunidad y quiso iniciarlos en los secretos del Talmud y la Torá tanto a padre como a hijo. Incluso pudo hacer que ambos entrasen de forma clandestina en una de las sinagogas, con lo cual, la mitad de su sueño había sido cumplido.

Por otro lado, el falso rabino incluso hacía un esfuerzo para no reír frente a él, sabía que sería una presa fácil y comenzó la venta de la naturalización hebraica de este humilde pastelero de colonia popular.

Y ese fue su orgullo. A partir de ese momento portaba su kipá y cada vez que preguntaban la razón de portarla, él respondía: “Es que soy judío”.

Así sucedió por un tiempo. El pastelero consideró que su mundano acto le abriría la puerta de toda la comunidad judía y así pertenecer a la clase elevada de la sociedad. Soñaba con el rabino llamándolo a la casa de oración: indudablemente, el falso rabino desapareció. El timo estaba hecho, ya no era necesario inventar más jerarquías. El pastelero había obtenido lo que quería y el falso rabino poseía los bienes que le había cedido Dante.

Un día, ignorante de la situación del rabino, Dante buscó por teléfono al guía espiritual. Nunca lo halló. Supuso que había cambiado de número y salió a buscarlo en su templo. Llegó allí en breve. El sitio estaba desolado y triste.

La gente que cuidaba el espacio lo recriminó por estar cerca. “Señor, retírese. Esta es propiedad privada”. Dante explicó que hacía apenas unos días había estado allí y que se había convertido al judaísmo. Ése era su templo. “Aquí no hay templo o sinagoga como usted dice. Esta es una construcción histórica y está en obra”. Dante insistió, pero se detuvo al ver los peldaños y las estructuras que daban mantenimiento al exterior. Cayó en cuenta de su error. Se disculpó por incomodar a la gente y solo pidió le permitieran ver el interior. Le dejaron pasar y él reconoció el lugar. Estaba en estado de derrumbe. No lo recordaba de esa forma. “No hay nadie aquí desde hace más de veinte años”. Dante se dio cuenta que todo era una ilusión. Recordaba su circuncisión que aún dolía. Su padre le llamó, de pronto y le dijo que había encontrado al Rabino, pero este había caído enfermo de fiebres y tuvo que salir del país.

Dante agradeció lo hubiesen dejado entrar y se retiró.

El ladrón había huido. Nadie lo conocía. Dante decidió no decirle nada a su padre. Días después, el padre del pastelero cayó enfermo del mal de la fiebre. Delirante, el padre decía.

—Busca al Rabino y que venga. Creo que voy a morir.

—Sí.

Salió del lugar, tomó su camioneta y espero a que su padre muriera. Tardó dos días en morir. Cada uno de ellos, el hacía el mismo ritual.

Hasta que la noticia llegó por su madre. Él supo que era hora de regresar a casa.

Una vez en su domicilio, descendió del vehículo tomó la kipá y la lanzó al suelo y la pisoteó. El sueño del padre se había ido con él.

El llanto fue su único consuelo. No pudo enterrar a su padre. Tuvo que incinerarlo por temor a los contagios en mitad de la peste.

(1)

MIGUEL TONHATIU ORTEGA

1/07/1979

Lic. Letras hispánicas

Ensayista, narrador y poeta.

Publicó el libro de relatos El Mal en el 2010, participó en Antología “Cuentos desde el sótano” en el año 2015; publicó en 2016 el libro de poemasCanto para domar serpientes y Sol afilado en 2019.

Finalmente,la novela Otra Lluviaganó mención honorífica en el VI Premio Nacional de novela negra en el 2012.

Ha hecho colaboraciones para las revistas electrónicas:Salvo el crepúsculo; Radiador Magazine,Jus,Letra Franca,Horizontum, Cráneo, La piraña,Anestesia, Mood Magazine y Tiempo de Zacatecas.

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