red peruana de literatura

pensamiento creativo: poesía, literatura y más

El arte es un cazador solitario (encuentro en Setiembre con Ladislao Plasencki), por Julio Barco

El arte es un cazador solitario (encuentro en Setiembre con Ladislao Plasencki), por Julio Barco

Frente a una casona amarilla, de más de cinco pisos, con la fachada llena de ventanas sin vidrios, o tapadas súbitamente con maderas, vive, en un segundo piso, el poeta Ladislao Plasencki.

Para entrar, hay que abrir una reja ploma, grande, dando una patada para evitar que se atasque. Es en la misma avenida Emancipación, por donde yo recuerdo que hace años tuve un taller gnóstico.

Lo cierto es que el poeta vive rodeado de sus cuadros, donde la materialidad y lo descarnado de sus aquellos cuerpos pintados dan una apariencia irreverente y barroca de su arte; con una bandera donde reposan los rojos y verdes, los azules y amarillos de sus lienzos. Sin embargo, el encuentro va guiado a otro tema: lo poético. Y se charla sobre referentes del nuevo y anterior siglo.

Dos motivos admiro de Plasencki: que a sus 75 años, este 2021, reciba el Premio de Novela Breve Julio Ramón Ribeyro y, también, su profunda convicción con el trabajo de su arte. Estos dos motivos se retroalimentan en los artistas de pura cepa; los que, atados a ese febril trabajo diario, hacen del lenguaje, los colores o las imágenes una masa a trabajar, un molde para crear formar a sus sentidos. Ese trabajo en Ladislao se observa en su consecuencia: permanecer escribiendo y pintando en la soledad durante años. Por algo vive solo. Y rodeado de cuadros y cuadros. Me obsequia cuatro ejemplares de sus obras.

Leo con curiosidad. La esfinge preguntona del desierto, Cantata a César Vallejo; Manantiales del Desierto, Los Versos de La Vía Láctea; Réquiem al pie de Barrios Altos, Las pesadillas de la hija del marqués; y la voluminosa novela Las flores de Babelia. Apilo todos estos títulos pensando que ya con tiempos les haré sus reseñas críticas y continuamos hablando. Voy por el segundo de los cuatro cafés que tomaré. Charlamos de Verástegui, Vargas Llosa, Bryce, Rodrigo Fresán, Padura, Bolaño, Vallejo y Blanca Varela.

Me cuenta tres anécdotas sobre la vacuidad del arte posmoderno. Y luego: Para vivir, hay que mantener un ideal; es la única forma de aguantar la vejez y no solo ser una materia más, sin objeto alguno, razona el poeta, el mismo que escribió: ¿Saben mis amigos que me he retirado del mundo?/ Aquí tengo radio sextante cuaderno lápiz una lata de conserva/ algo de vinos y mis favoritos:/ James Joyce / César Vallejo ¿Por qué he de extrañar el bullicio de autobuses la loca hostería el / mercado de pulgas/ donde siempre leo mis versos?

Poderosos versos que irrumpen la tarde, la misma donde charlamos y que curiosamente se alborota del bullicio de autobuses, pues, detrás de nuestra charla y el rock que suena en su equipo estéreo, canta sus versos la ciudad. Emancipación no es precisamente una calle poética: a la vera de sus veredas, se hospeda toda clase de objetos de usos médicos; farmacias de esquina a esquina llenan los bloques duros y rectangulares de la cuadra, y una cadena verde separa a los enajenados transeúntes de ser atropellados por el corredor azul.

(La ciudad, de por sí, tiene imágenes poéticas que algunos ojos de cuidadoso calibre pueden deshilvanar de la barahúnda cotidiana)

Suena la ciudad y suena la música de los versos, como una sola danza, como un espejo abierto a que cualquiera lo refleje y escuche. Suena no solo en su horrendo circo gris, sino en los laberintos mentales, o en la música de los manantiales del desierto. Y justamente de un artista de los desiertos de la ciudad hablamos: Humareda.

–¿Y qué tal lo de tu Premio Novela Breve Julio Ramón Ribeyro?

El pintor lúcido que se hacía el loco para desentonar la falsa moral del arte y la sociedad de su época –y que no bebía una gota de alcohol sino café con leche, asunto que acentúa Plasencki– entregando un ejemplo de consecuencia artística. De él trata la novela premiada, sin embargo, también recuerdo el subtítulo de la novela: Ave Soul; curiosamente, gran parte de sus obras tienen un subtítulo explicativo. Por ejemplo, Réquiem al pie de Barrios Altos lleva el subtítulo de Las pesadillas de la hija del marqués. ¿Ave Soul? Este subtítulo solamente me recuerda al poemario setentero de Jorge Pimentel, sin embargo:

–Se trata de una frase latina que se relaciona con cantos africanos y religiosos con lo que conecto el arte mismo de Humareda.  Ahora, lo del premio estuvo bueno. Pero yo creo que mejor es no ser celebrado en vida, y sí después de muerto. Yo me propuse trabajar en silencio durante años mientras iba perfeccionando mi arte. Desde los 18 años me propuse dedicarme solamente al arte, gané premios, insistí en la soledad, me mantuve al margen con la gente de la generación del setenta.

Salgo de la casa del solitario artista con la certeza de una entrega silenciosa y absoluta.

La soledad, el frío, cierta nostalgia, la tristeza de las bancas infinitamente solitarias, el eterno bullicio, la luz anaranjada, me mantienen reflexionando sobre cómo crece la obstinación de ciertas almas. Podría comer una pizza o una lata de cerveza pero, por un instante, me siento arremolinado de certezas: en medio de la caótica ciudad, la gestación de cualquier arte es la creación de un manantial. Más allá de la banalidad y de las falsas ilusiones paralizantes, hay un deseo terco que mantiene el ritmo en el pentagrama, el fuego de la escritura, el pulso del arte.

Y yo recuerdo, mientras deambulo en el empedrado justamente al frente de la estatua de César Vallejo la Plazuela del Teatro, en la segunda cuadra de Huancavelica, aquello que dejó escrito Quevedo en un soneto: la belleza es inquieta como el fuego. O, en mis juegos poéticos, la creatividad es inquieta como el fuego. Bellos y certeros versos que, bien reflexionados, son vino para el ser.  

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: