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Apuntes para una historia del haiku en la República Dominicana

Por: Alfonso Caraballo

La escritura y lectura de haikus cobra día a día mayor presencia en el horizonte cultural de la República Dominicana y va pasando poco a poco, del ámbito de la excentricidad al de la cotidianidad, por lo menos, en la esfera de los que gustan de los vastos manjares de la lengua.

Se trata de una modalidad de expresión poética que se originó en Japón, durante el siglo XVII, según no pocas versiones, como una práctica entroncada en la poesía china, el sintoísmo, el taoísmo, el confucianismo y el budismo zen. Desde entonces le tomaría varios siglos llegar, cabalgando a lomos de aventureros de la cultura, al idioma de Cervantes.

Se tiene la publicación del libro Un día… poemas sintéticos, del poeta mexicano José Juan Tablada, en el año 1919, como la entrada formal, con el paso más firme, del haiku en castellano, pero, específicamente ¿cuándo llega a la República Dominicana y cómo ha sido su trayectoria?

Antes de pasar a esbozarla, ensayaremos una caracterización del haiku, más que una definición, porque su variedad, dinamismo y complejidad, reenviarían a dificultades teóricas que simplemente trascienden los límites de estas líneas.

Desde esta perspectiva, la primera definición que conviene citar es la de su propio creador, Matsuo Bashō (1644-1694). Para el vate japonés, haiku es simplemente esto que llega en un lugar y en un momento, una noción muy jalonada por sus concepciones filosóficas religiosas budistas, dada precisamente a su orientador espiritual en una conversación sobre el tópico.

Esta famosa definición, por un lado, reduce en extremo el objeto hacia aspectos más ideológicos que formales y deja a la intemperie los resortes estilísticos que producen su peculiar efecto estético. Por el otro lado, remite a un facilismo compositivo excesivo. De abstenerse exclusivamente a ella se podrían elaborar versos muy budistas, pero muy manidos, en franca contravención a lo que es un poema, que en occidente propende más a la creación que a la redención.

En contraposición a la esencialidad de Bashō, la Real Academia de la Lengua Española nos brinda una definición ceñida con extraordinaria tacañería semántica a lo estrictamente formal. La RAE reduce el haiku a uno de sus constituyentes, la métrica: Composición poética de origen japonés que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente.

Pero, llegados a este punto, ya tenemos dos características que al menos dan cuenta de la genética y el fenotipo literario del objeto. El haiku, en su etapa matricial, es contemplativo y en términos formales, apunta a la brevedad extrema. Vale decir que es una tentativa literaria que busca expresar lo máximo con el mínimo de recursos, incluyendo en su arsenal el oportuno manejo de silencios.

Dando un gran salto en el tiempo y el espacio veamos que plantea el erudito argentino Jorge Luis Borges, que escribió haikus y teorizó sobre su peculiaridad formal constitutiva.

Borges, con su acostumbrada minuciosidad analítica, extrae lo que para él es el factor estilístico esencial del género, lo que vendría a ser la haikuidad, aquello que hace que una expresión literaria pueda calzar en la categoría de haiku.

Al desplegar el ejercicio Borges compara dos haikus para él prototípicos, uno de Buson (Sobre / la gran campana de bronce / se ha posado una mariposa), con otro de Bashō (El viejo estanque / salta una rana /ruido del agua). Acto seguido entra en la definición, primero por descartes, para luego saltar a su corazón:

[…] en ambos haiku no hay metáfora, no se compara una cosa con otra. Es como si los japoneses sintieran que cada cosa es única. La metáfora es una pequeña operación mágica. Hablamos por ejemplo del tiempo y lo comparamos con un río, hablamos de las estrellas y las comparamos con ojos, la muerte con el sueño. En la poesía japonesa se busca el contraste. Vemos el contraste entre la perdurable campana y la mariposa efímera.

Con lo que ahora podemos decir que se trata de una forma de expresión de carácter contemplativo, extremadamente breve y que utiliza el contraste entre fenómenos percibidos como extremadamente disímiles o distantes, pero vinculados, porque en el universo todo lo está.

En materia de definición de haiku, según la filóloga japonesa, experta en el género y su expansión en occidente, Seiko Ota, Paz fue el poeta que comprendió mejor la esencia del haiku (Ota, 2013, p. 110) y su noción, supera a las visiones de introductores del haiku al mundo inglés o francés (p. 111). Veamos qué plantea el premio novel mexicano, que como Borges, inicia con descartes:

La poesía de Bashō no es simbólica: la noche es la noche y nada más. Al mismo tiempo, sí es algo más pero es un algo que, rebelde a la definición, se rehúsa a ser nombrado. Si el poeta lo nombrase, se evaporaría. No es la cara escondida de la realidad; al contrario, es su cara de todos los días… y es aquello que no está en cara alguna. El haikú es una crítica de la realidad: en toda realidad hay algo más de la que llamamos realidad; Simultáneamente, es una crítica del lenguaje[…] (Bashō, 2016, p. 53).

El mismo autor, en el ensayo Tres momentos de la literatura japonesa arroja más luz cuando, al igual que Borges, se adentra en la búsqueda de la haikuidad, el cómo produce el haiku la experiencia estética que le es peculiar:

Desde un punto de vista formal el haiku se divide en dos partes. Una da la condición general y la ubicación temporal y espacial del poema (otoño o primavera, mediodía o atardecer, un árbol o una roca, la luna, un ruiseñor); la otra, relampagueante, debe contener un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra, inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas. (Paz, 1987, p. 129)


Paz resalta el carácter connotativo, no simbólico, de los elementos que entran al haiku y precisa el recurso del contraste señalado por Borges, entre dos niveles de realidad, uno espacio temporal, el otro eventual. Ambos, presentados como exteriores al sujeto que estructura poéticamente su experiencia.

Y como este trabajo aborda una perspectiva de carácter histórico del haiku en República Dominicana, incluiremos la opinión sobre la materia, desde esta ladera, de uno de nuestros poetas e intelectuales, José Mármol:

Lo que impresiona de un haiku bien logrado es, sobre todo, la plasticidad con que la palabra se resuelve en la imagen escrita. La economía de sílabas, se responda a la métrica clásica de 5-7-5 o liberándose de ella, es, después de todo, un ardid.

La eficacia estética de esta forma japonesa de expresión poética radica en que el signo se transmute y devenga sonido del agua, luz de luna, silbido de un pájaro, quietud de un estanque, serenidad del bosque, desnudez de un cuerpo y por qué no, hendidura y fulguración, paradójicamente suave, del pensamiento devenido relámpago y armonía del suspenso. La escritura se hace materia de la imagen, en la plenitud lograda de un haiku respirado, vale decir leído y sentido. (Mármol, 2018)

El también poeta dominicano y estudioso del haiku, Basilio Belliard, resalta otros elementos que le son consustanciales y con los cuales redondeamos esta presentación tan tentativa como provisional:

En el haiku […] lo dicho se congela en el instante, en un lance de la percepción. La fugacidad de las cosas se detiene en un eterno presente, que niega y disipa el pasado y el futuro, la memoria y el olvido […] no hay sucesión sino congelación del transcurrir. […] el yo autoral se despersonaliza. (Belliard, 2019)

En síntesis, el haiku es una expresión poética extremadamente breve, que estructura mediante el lenguaje una experiencia percibida en su singularidad, muchas veces de entidades disímiles o distantes, que coinciden por un instante en el mundo exterior o en la intuición del haiyin, que aspira a reproducir en el receptor esas sensaciones, sirviéndola en imágenes, sin rebuscamiento ni intelectualismo, preservando la desnudes de la experiencia, perfecta en sí misma, sin los añadidos de la subjetividad del transmisor, que sería un lastre.

Pensándolo bien y viéndolo mejor, haiku es algo más que simplemente lo que ocurre aquí y ahora.

Y ya armados con las nociones vistas del haiku, podemos iniciar el periplo de su entrada a los 48,442 kilómetros cuadrados de la tierra de Juan Pablo Duarte.

El haiku ingresa a la República Dominicana con la publicación del libro High Quality, LTD, del poeta Alexis Gómez Rosa, en el año 1985. A partir de esa fecha se darán a la luz otros textos, aunque en una primera etapa de manera muy esporádica y luego, con la incorporación de más autores, a un ritmo creciente.

En el proceso de incorporación y aclimatación del haiku al suelo de Quisqueya hemos identificado tres períodos marcados tanto por importantes variaciones desde la perspectiva editorial y estilística, como por el incremento de sus cultivadores y lectores.

La primera etapa que hemos denominado inicio, abarca un lapso de 25 años, desde el 1985 hasta el 2010, caracterizado por la asistematicidad de las publicaciones y por una fuerte imbricación de la estética del haiku con poéticas occidentales en boga.

La segunda etapa, el despegue, de carácter transicional, cubre los años comprendidos entre el 2010 y el 2012. La producción de estos dos años reporta una mayor aproximación a las técnicas del haiku clásico. Los autores de este período se han beneficiado de un mayor acceso a la literatura de los clásicos del haiku japonés y de mayores contactos con haiyines contemporáneos de otras latitudes a través del Internet.

La tercera etapa, la del auge, se prolonga desde el 2012 hasta nuestros días. En esta se presentará una mayor variedad de estilos y propuestas, desde la que defienden la apropiación desde la perspectiva caribeña, pero sin abandonar los fundamentos clásicos, como el kigo y la referencia a la naturaleza, hasta los que retienen solo la métrica, y en algunos casos ni eso, y lo lanzan a aventuras temáticas y formales iconoclastas.

Primera etapa: el inicio (1985-2010)

Como hemos dicho, la primera etapa del desarrollo del haiku en la República Dominicana inicia en el año 1985, cuando se publica High Quality, LTD, de la autoría del poeta Alexis Gómez Rosa, y se prolonga hasta el año 2010, con la publicación de Huellas de unicornio, del haiyin Rafael García Bidó.

Hemos seleccionado el año 2010 como cierre de la primera etapa porque a partir de esa fecha se produce un cambio importante en algunas de las características que le dan su fisonomía: lo esporádico de las publicaciones, la flexibilidad métrica, cierto vanguardismo literario o la recurrencia al tópico naturalista a lo japonés.

Pero el elemento más característico de la etapa de inicio es lo esporádico de las publicaciones. Durante los 25 años de esta etapa se publicaron apenas 8 títulos. Entre el primer texto de 1985 y el segundo de 1993, transcurrieron 8 años.

Otra particularidad de este período es la participación masiva de hombres, con solo un título publicado por una mujer, Nube de caramelo, de Johanna Goede, con lo que ella se constituye, no solo en la primera autora dominicana de haikus, sino además, en la primera en producir un libro para niños, de ese género literario, en el país.

Es notable que aunque durante la etapa de inicio la generación de los 80, más abierta a las manifestaciones y corrientes literarias exóticas, estaba en pleno auge, la gran mayoría de los escritores de haiku de este período provenían de la promoción literaria de posguerra, con la excepción del poeta Basilio Belliard, que se convierte en el primer ochentista en publicar haikus, recogidos en su poemario Manual del peregrino, del año 1999.

El periodo de inicio cierra con la publicación del libro Huellas de unicornio (2010) del haiyin Rafael García Bidó. Con este texto el haiku producido en República Dominicana dará sus más contundentes muestras de madurez al reflejar en su factura un mayor dominio de los mecanismos expresivos propios del haiku, a la vez que es capaz de adaptarlo a las peculiaridades espacio temporales de la cultura caribeña.

Con Huellas de unicornio García Bidó culmina un largo recorrido tras la conquista de los engranajes expresivos del haiku y sus recovecos, que ya había obtenido más de un reconocimiento en el exterior.

Es así como, por ejemplo, en el año 2005, Luis Corrales, director de la revista electrónica El Rincón del Haiku, y Vicente Haya, considerado como el mayor experto en haikus de lengua castellana, doctor en filosofía y traductor de japonés, con el propósito de publicar la antología Poetas de corazón japonés, seleccionaron de entre todos los haikus publicados durante los primeros 5 años de existencia del citado medio, algo más de 250 piezas consideradas como las mejores, entre esos haiyines estuvo Rafael García Bidó, definido en el sitio web como uno de los nombres fundamentales para entender la actual evolución del haiku en las letras hispanas. (El Rincón del Haiku [s/f])

Más tarde, el 27 de noviembre del 2007, la Facultad de Derecho de Albacete publicó los nombres de los seis ganadores del II Concurso Internacional de haiku entre los que Rafael García Bidó resultó ganador en los renglones Segunda mejor colección de haiku, y el Tercer mejor haiku del concurso, con el haiku Comprando el Pan, perteneciente a su libro Lluvia de mayo.

A partir del año 2010 el haiku en el país profundiza sus raíces, expande su follaje y se hace más consciente de su envergadura y de los desafíos que implica adueñarse de esa fórmula literaria caracterizada por conjugar, tanto en sus entrañas como en su epidermis, la potencia expresiva de lo breve, lo sencillo y lo sublime.

La etapa de inicio cierra con la publicación de una obra que ha logrado el reconocimiento de su calidad en múltiples ocasiones y certámenes y a partir de ese momento se incrementa el número de autores que publican sus trabajos con nuevas vertientes y apuestas conceptuales, unas más felices que otras.

Los autores de la etapa de inicio, con sus correspondientes obras y fecha de publicación son los siguientes:

Alexis Gómez Rosa, High Quality, LTD, 1985
Rafael Abreu Mejía, Hay Q RAM, 1993
Julio Adames, Bajo un velo de llama, 1999
Basilio Belliard, Manual del peregrino, 1999
Rafael Ciprián, Poemas del silencio, 2004
Guido Riggio Pou, El otro jardín, 2004
Julio Adames, Hebras de tiempo, 2005
Johanna Goede, Nube de caramelo, 2006

Segunda etapa: el despegue (2010-2012)

Situamos el inicio de la segunda etapa, el despegue, en el año 2010, con la publicación del libro Huellas de unicornio, del poeta Rafael García Bidó.

Este es un periodo de transición en el que confluyeron un conjunto de factores que dinamizaron el cultivo del género en lo que tiene que ver con la maduración de las concepciones estéticas del haiku, una mayor cantidad y diversidad de autores, así como de obras publicadas.

En esta fase se alcanza, por primera vez, un ritmo de publicación de un libro por año, con la especial característica de que corresponden a dos autores, (Rafael García Bidó y Luis Reynaldo Pérez) que han recibido el reconocimiento de premiaciones, el primero, en España y el segundo, en el país.

García Bidó amplía sus aportes en el año 2011 con Verdor claro y oscuro, libro reeditando en el 2018 en el que presenta haikus y haibun agrupados según la categorización clásica japonesa, como otras más propias del Caribe: primavera, verano, otoño, invierno, Año Nuevo, la lluvia, el ruiseñor, la noche.

Por su parte, Luis Reynaldo Pérez, con su libro Temblor de Lunas, es reconocido en el año 2011 con el I Premio Nacional de Haiku, organizado por el Ministerio de Cultura, con los auspicios de la Embajada de Japón. Temblor de Lunas, fue publicado el año siguiente, en el 2012.

Tercera etapa: el auge (2012)

Situamos el inicio de la etapa de auge en el año 2012, fecha en la que el ritmo de publicación se estabiliza, por primera vez desde 1985, con la publicación de más de un libro por año, en promedio, llegando en el año 2013 a la cifra récord de 6 títulos publicados. Un verdadero hito, sobre todo si se compara con la cantidad de 10 títulos publicados durante los 26 años de lo que denominamos la etapa de inicio (1985-2011).

Los siguientes años con mayor cantidad de textos presentados son el 2015 y el 2017, con 5 publicaciones, respectivamente.

En total, desde el año 2012 hasta el 2021, cuando escribimos estas notas, se han dado a la luz 32 títulos diferentes, distribuidos en 24 autores individuales y 4 antologías, con lo que el total general de dominicanos que han publicado sus trabajos se eleva aún mucho más.

Una novedad del período de auge es la vertiginosa cantidad de mujeres que se incorpora al cultivo del género, encontrándose más de una con varios libros publicados, como Rosaura Bretón con Agua Mansa (2015), Lucecitas del rocío (2017) y Deidamia Galán, Para romper este silencio (2013) y la antología Cerezo en flor (2013).

En el concierto de esas voces femeninas participan con un libro publicado Gladys Almonte, Miradas (2013); Graciela de la Cruz, Ritual de arena (2015); Miriam Mejía Campos, Aletear de libélulas (2016) y Anny Concepción, Haikus de sangre (2017).

Otras mujeres que han publicado sus trabajos en antologías son: Albania Vásquez, Altagracia Mayí, Donis Tejada, Enid Sofía Rodríguez Mercado, Isis Martínez, Ivelisse Guerrero, Jema Marie, Luz María Abreu, Magda Fernández, María Hortensia de la Cruz, María Luisa Taváres, Marielle Valdez, Mercedes Oller, Miosotis Peña Nolasco, Nancy Cáceres Arias, Odalis Rosario, Quenia Severino, Sorilenny Custodio, Yaneiry de la Cruz y Maljorys Peña.

Entre los hombres haiyines que en esas mismas antologías han presentado sus creaciones al público lector están Alfonso Caraballo, Bernardo Rijo, Dharwin de los Santos, Elvin Fernando Ramírez Rambarde, Emilio Vásquez, Francisco Herrera Catalino, Jeremy Then, José Alfredo Padilla, José Ceballos, Luis Enrique Vásques, Maggiolo Cornielle, Máximo Then Zorrilla, Moisés Régis y Víctor Nolasco.

De los anteriores, además de sus publicaciones antologadas han presentado títulos independientes: Alfonso Caraballo, Pétalos de asfalto, (2021) y Emilio Vásquez, Nubadas, (2017).

Además del significativo aumento de títulos individuales, la aparición de antologías y la incorporación de mujeres, la etapa de auge presenta una mayor variedad intergeneracional. En este plano, de la generación literaria de los 80 se integran el poeta, crítico y catedrático universitario Miguel Antonio Jiménez, que publica en su antología poética La magia de lo fluyente (2013) una extensa colección de haikus; el poeta Rafael Hilario Medina incluye haikus en su antología El arlequín y el minotauro (2015) y el también poeta y crítico literario Plinio Chaín hace presencia con la publicación de su primer libro de haikus: Efímero (2018).

Como hemos visto, la creación y publicación de haikus en la República Dominicana ha experimentado una verdadera revolución que se mantiene en auge, y mucho más si se toma en cuenta su expansión hacia el ciberespacio.

Uno de los factores desencadenante de esta dinamización es la labor de promoción llevada a cabo por el gestor cultural Alexis Peña, que con sus variadas iniciativas ha dado el más vigoroso impulso a esta modalidad creativa.

Alexis Peña además es escritor, profesor de escritura creativa y especialista en Administración Cultural, es fundador y coordinador del Taller de Creación Literaria Experimental Coiné (TCLEC). En el año 2011 obtuvo el primer lugar en el II Concurso Nacional de Minificción, que organiza el Ministerio de Cultura.

Una muy buena parte de los autores de esta etapa de auge del haiku dominicano ha pasado por sus talleres, encontrando en ellos la oportunidad de profundizar sus conocimientos y destrezas en la creación de esta expresión poética y entrar en contacto con otros cultivadores del género, dentro y fuera de nuestras fronteras.

En este sentido, otro de los aportes de Alexis Peña es la edición y gestión para la publicación de las antologías Mirada de Haijin (2015), 133 haikus con y sin Zen del TCLEC (2017) y Otro día los cerezos (2017).

En adición a todos estos esfuerzos, Peña creó en el año 2013 la Editorial Letra Erguida, especializada en textos breves (aforismos, microcuentos, letras de canciones, etc.) en la que el haiku y sus autores han encontrado unos de los principales mecanismos de divulgación, sin parangón en nuestra historia editorial nacional.

Otra de las herramientas promocionales de Alexis Peña es la creación de la revista Micros, especializada en minificción dominicana y caribeña, con su primer número publicado en el año 2021, en la que el haiku tiene un lugar privilegiado.

Alexis también lleva una intensa actividad en las redes, específicamente en Facebook, plataforma en la que dirige y anima varios grupos en los que interactúan y tienen presencia los creadores y consumidores de haikus.

Como hemos visto el haiku japones llegó a la República Dominicana en 1985 con el texto pionero de Alexis Gómez Rosa, High Quality, Ltd. y desde esa fecha ha ido penetrando en el corazón de los dominicanos y las dominicanas, con un ritmo en principio lento que luego se ha intensificado y diversificado.

Referencias

Belliard, Basilio. (2019). Pedro Paulino o la mirada del samurái. Plenamar.do. https://plenamar.do/2019/12/pedro-paulino-o-la-mirada-del-samurai/
El Rincón del Haiku. (s/f). Librería Electrónica. https://www.elrincondelhaiku.org/sec8.php.

KOBAYASHI, Issa. (1986). Cincuenta Haikus. Edición bilingüe: Poesía Hiperión, Madrid. Traducción de Ricardo de la Fuente y Shinjiro Hirosaki. Introducción y notas de Ricardo de la Fuente.
Mármol, José. (12 de septiembre, 2018). Haiku: tradición e innovación. El Día. https://eldia.com.do/haiku-tradicion-e-innovación/

Matsuo, Basho. (2016). Sendas de Oku.Atalanta, México. Traducción de Octavio Paz y Eikichi Hayashiy.
Ota, Seiko. (2013). Una sugerencia para el desarrollo del haiku en español. ttps://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/publicaciones_centros/PDF/tokio_2013/12_ota.pdf

Paz, Octavio. (1987). Las peras del olmo. Editorial Seix Barral: México.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.4 en línea].https://dle.rae.es[17/04/2021].

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