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La infancia como genialidad en Trilce de César Vallejo por Julio Barco

Por Julio Barco[1]

Lo primero que se siente al leer Trilce de César Vallejo (1892–1938) es una voz pueril, una voz casi infantil que se sacude de angustia, de recuerdo, de nostalgia, de ímpetu, de absurdo y de terror. Sin embargo, en cierto modo, la oscuridad del lenguaje de Trilce de Vallejo permite que se diga toda clase de ideas sobre su música.

¿Poesía críptica? ¿Lenguaje alienígena? ¿Desmitificación del yo poético? Un lenguaje dulce y agrio (o triste). Algunos opinan que se trata de un libro que critica al capitalismo, otros que ofrece una ventana sobre el absurdo y destruye las convenciones y límites del lenguaje poético de entonces. No hay que olvidar que este libro se escribe justamente en una época de grandes incendios contra el poema y, en general, contra el texto Tradicional.

Ya no eran tiempos de Darío, ni de Nervo, ni de Chocano, ni de Salvador Díaz Mirón, ni de Vargas Vila, donde todo aterrizaba en el lenguaje cuidado, claro y fino del Modernismo. Un lenguaje con certezas, que no duda de su propio programa. Y ahora, desde la otra orilla, pensemos en la ruptura: Huidobro, Apollinaire, Joyce y una larga lista de autores de la misma envergadura.

En ese sentido, Vallejo no es un poeta del Modernismo pero sí de la Modernidad, es decir, de una nueva sensibilidad que nace nuevos descubrimientos, guerras y avances científicos. No olvidemos que, tal y como lo llamó Haya de la Torre, serranito machacón[2], lector de la propia tradición española[3] y de las nuevas voces, esta modernidad no es un atributo espontáneo sino parte de una obstinada y singular preparación intelectual.

Sin embargo, frente a la construcción de Trilce, hay una escena con Manuel González Prada, que Vallejo escribe a modo de crónica y que sintetiza  un preámbulo a este poemario:

–En literatura –prosigue–los defectos de técnica, las incongruencias en la manera, no tienen importancia.

–Y las incorrecciones gramaticales –le pregunto– evidentemente. ¿Y las audacias de expresión?

(Manuel González Prada) Sonríe de mi ingenuidad; y labrando un ademán de intolerancia patriarcal, me responde:

–Esas incorrecciones se pasan por alto. Y las audacias precisamente me gustan[4].

Es este diálogo de 1918 (es decir, 4 años previos a la publicación de Trilce), a mi entender, funciona como escarceo del proyecto futuro. Puede servir para entender la respuesta visceral a entidades tan respetables como la gramática española y decirse por versos que se atrevan a quebrarla:

Vusco volvvver de golpe el golpe.[5]

Entre otros poemas de la misma característica. Tal como lo llamó Enrique Anderson Imbert, se trata de una poesía del escándalo.[6] Escándalo contra los académicos, gramáticos, lingüistas y demás actores de la cultura letrada que pretenden estancar el sentir poético. Algo medular dice Antenor Orrego en el prólogo sobre el libro: “El niño decide destripar su muñeco. Lo destripa.”

Si para Baudelaire la genialidad era recuperar la infancia, en este poemario Vallejo no es sino –en muchos poemas– un niño desterrado del calor materno, de la familia y en las tuercas desgarradoras de la realidad; desterrado del círculo, es decir, 1 niño, que se asume en la construcción de su propia identidad, en el juego que lo libre de su Yo, es decir, en su propia construcción:

Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza.

Vallejo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada
a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde
hay algas (…)[7]

Curiosos versos que nos aproximan a esa creación del Yo, tan propia de los poetas auténticos que, en sus divagares, buscan ser fieles a sí mismo, sin embargo, en su propio sendero verbal se siente el paladeo de la música del coro.

El “yo” de este poemario, entonces, resulta  ser que no abandona sus ojos de niño, y allí yace su dolor.  Y es ese mismo sentimiento de verse inmerso en un mundo caótico y avasallador, destructor y absurdo, el que inunda el juego lírico de este poemario. Pienso en algunos versos:

Las personas mayores
¿a qué hora volverán?
Da la seis el ciego Santiago
y ya está muy oscuro. [8]

En este poema se descubre la voz detrás de los versos: el niño perdido en el devenir de la noche, el que busca a sus hermanos con los que jugaba a las escondidas, y pregunto ¿quién no jugó a las escondidas de niño? Este es un juego muy común entre los párvulos donde algunos se ocultan y otro cuenta para, ni bien terminar, empezar a buscar a los escondidos. Vallejo busca a sus hermanos, sin embargo,

Busco, llamo al tanteo en la oscuridad.
No me vayan a haber dejado solo,
y el único recluso sea yo.

Al encontrarse solo, empieza a paladear su ser. Este poema también sirve para observar la naturaleza interior del yo poético de estos poemas. Pues, no se trata de un niño cualquiera sino de uno que se siente especial, egoísta y genial a su modo,

Ya no tengamos pena. Vamos viendo
los barcos ¡el mío es más bonito de todos!
con los cuales jugamos todo el santo día,
sin pelearnos, como debe de ser…

Este fragmento resulta muy entrañable: se observa la sensibilidad del niño que se siente y descubre como un ser especial. Dice: ¡el mío es más bonito de todos! Y estos versos nos suenan como soberbios, dignos de un egocentrismo natural[9]. Este descubrimiento, simultáneamente, le permite sentir su propia conciencia, su otredad, la diferencia entre su mente y la mente de los otros. En ese compararse, se produce la alquimia de ser uno.

El sentirse único y diferente le da derecho a ser una voz singular. No busca repetir una retórica o legitimar otra, se afirma en su propio sentir, es decir, en la música de su galaxia personal. En poesía, reino de las influencias y las tradiciones, lo más valioso es lograr una factura propia. Harold Bloom[10], por ejemplo, diserta sobre la complejidad de este tema y la complejidad de todo artista moderno es ganarse su puesto en la Tradición. Vallejo se arriesga a hablar en  su código y fiebres ínsitas, a subirse a su propio barco. A sentir su propio Yo.  

Lamentablemente, la realidad se encarga de desarraigar todo este candor en la vida adulta; la realidad –como se sabe– no es precisamente un juego y esto produce llanto. Y, claro, ¿qué poeta no sufre en este mundo sucio y soez, sin sueños ni ideales, donde las utopías son meros accesorios y artificios, y nadie habla desde su propio lenguaje? La realidad, el convivir, falsea toda posibilidad de comunicación. Vallejo se esconde para jugar y al abrir los ojos no encuentra el afecto del hogar sino la crudeza del día a día,

Pero he venido de Trujillo a Lima.
Pero gano un sueldo de cinco soles. [11]

Vemos aquí, en estos versos, un lenguaje más desgarrado. No precisa de atavíos ni de pintura estética: es simplemente la reflexión de sí mismo. Voz y altura, rechazo y realidad. La poesía dibuja su identidad y la expande. El poeta no puede ser ajeno a su propia circunstancia. Yo soy yo y mi poema, y todo lo que me afecta a mí, afecta a mi poema, parece decirnos Vallejo ortegaygassetneanamente. Este poema se hunde en una sinceridad deslumbrante al confirmar lo ínfimo de su sueldo de profesor.  Esta aclaración nos permite observar dentro del esquema mental del autor, y, encontrar su honestidad como una estética. Sin embargo, tal como afirmamos inicialmente, Trilce es un libro ciertamente oscuro, raro, que fuga a una sola interpretación.

Lo es en la medida en que no se atañe a una lógica ni racional ni gramatical. El niño que juega con el juguete del lenguaje lo abre y lo destripa, empieza a encontrar lo absurdo de la realidad misma, encontrando los límites de la vida, el tiempo, la soledad, el fin de las relaciones de amor idílico, el fin de su propia eternidad y el inicio de la muerte. Sin embargo, estas ideas también se pueden sentir en otros poemas donde nos habla de azular y planchar todos los caos[12] Trilce es, digamos, la partida de nacimiento de una voz original. Vallejo nos enseña que el ego de un poeta es importante siempre y cuando haga florecer grandes poemas.

No obstante, el ego de Vallejo no es sólido como los de sus predecesores, es, en realidad, líquido, triturado. No es modernista, es moderno. Una mente genial de infante asustado y angustiado de realidad. Se deshace de los registros de Chocano y Darío para meterse a sí mismo, a su Ombligo, y nacer como el 1. Esto lo conduce al juego de los guarismos y al caos de su ser. Y, claro, se puede perfectamente atisbar en uno de los versos claves del poemario:

Estoy niño. Y otra vez rosa:
ni sabes a dónde voy.[13]


[1] Julio César Barco Avalos (Lima, 1991). Es Autor de los libros Me da pena que la gente crezca (Arteidea Editores, 2012), Respirar (La Chimba Editores-2018-Premio Gremio de Escritores), Arquitectura Vastísima (Editora Huachumera-2019-Premio Huauco de Oro), Arder (gramática de los dientes de león) (Editorial Higuerilla-2019), La música de mi cabeza-volumen 7 (Lenguaje Perú -Editores) En novela, este 2019, presentó Semen (música para jóvenes enamorados) (Lenguaje Perú- Editores) Ese mismo año, fundó la web lenguajeperu.pe Fue fundador y director del grupo TAJO. Este 2020 sorprendió al público lector al editar cuatro libros en tiempos de Covid 19: Des(c)ierto (Metaliteratura, Argentina 2020), la re-edición de Semen (Metaliteratura, 2020) y dos volúmenes en Colombia: Sistema Operativo (SO, 2020) y Copiar, cortar, pegar, cargar (Obra Abierta, Colombia, 2020). Actualmente es redactor de Literalgia y Lima Gris y gestor del proyecto cultural Poético Río Hablador, que desarrolla proyectos de poesía en El Agustino y dirige la web Lenguajeperu.pe, que es una nueva bitácora nacional de poesía y arte peruano y latinoamericano. Obtuvo una mención honrosa en el XI concurso Poeta Joven del Perú (2020) con el poemario Semilla Cósmica. Este 2021, publicó el poemario Mosaico (Chile/Argentina) y Con(c)ierto (Islas Canarias) También es autor de la antología Yo construyo mi país con palabras que recopila poesía peruana del 2010 al 2020. Actualmente, trasmite seminarios mediante dos plataformas: Lima Gris, en el programa Poetizando, y, Seminarios de Literatura, en el canal de fan page Lenguaje Perú.

[2] Leer el texto ¡Yo que tan solo he nacido! De Miguel Pachas Almeyda (página76) donde leemos que “Haya de la Torre no solo lo calificó como “serranito machacón”, sino que lo bautizó con el apelativo de “cholo”, de acuerdo con sus facciones mestizas con clara predominancia autóctona.”

[3] Justamente su Tesis de graduación se llamó “El Romanticismo en la poesía castellana”

[4] Del libro César Vallejo Corresponsal de prensa, 2017. Fondo Editorial de Municipalidad de Trujillo.

[5] Poema IX

[6] Del libro Historia de la literatura hispanoamericana, tomo II Época contemporánea por Enrique Anderson Imbert (Fondo de Cultura Económica, cuarta edición, 1964)

[7] Poema LV

[8] Del poema III, Trilce , de libro César Vallejo. Obra Poética, 2002. Editorial Peisa.

[9] Quizá, entrado en años, Vallejo regresa a expresar algo parecido cuando afirma que será más grande que Rubén Darío.

[10] Anatomía de la influencia (2011)

[11] Poema XIV

[12] Poema VI

[13] Poema XLII  (la negrita es mía)

Hablando de Vallejo Plaza San Martín
Seminario de Vallejo en Lenguaje Perú
César Vallejo en Lima Gris

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