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ANDROCEO SIN GINECEO & otros poemas de Piero Anicama (poesía limeña)

SOY DE ESOS POCOS

Soy de esos pocos que nacieron
para erigir versos.

Soy de esos pocos que usan de
enseres a la creatividad, a la
originalidad y a la precisión.

Soy de esos pocos que tienen de
esposa a las letras, de amante a
la musa y de amiga la imaginación fructífera.

Soy de esos pocos que piensan
demasiado, para luego parir
buenas ideas y abortar a otras
que son gimnospermas.

Soy de esos pocos que poseen
el privilegio de tener al lápiz
como varita mágica.

Soy de esos pocos que a la hora
de escribir son vasallos de la
mente y del corazón.

Soy de esos pocos que abonan
el folio antes de sembrar letras.

Soy de esos pocos que dejan un
pedazo de su alma en el papel.

Soy de esos pocos que, teniendo
el corazón veraniego, iluminan y
acaloran sus sentimientos.

Soy de esos pocos que ni en
otoño se desprenden de las
ramas, por amor intenso al árbol
del arte.

Soy de esos pocos que se
empapan con la lluvia de versos.

Soy de esos pocos que con el
uso de la mente pueden crear un
jardín en cada escrito.

Soy de esos pocos que tienen
polidipsia de beber litros
poéticos, y también polifagia
de comer kilos poéticos.

Soy de esos pocos que sienten
orgullo de llamarse liróforos.

ANDROCEO SIN GINECEO

Labios cabizbajos que anhelan
con vehemencia el elixir de la
melifluidad.

Ojos ilusionados que saltan
de sus abismos, cada vez que
están acorazonados.

Cuevas nasales que se cansan
de ser ambientadas con un
aire inodoro o — en malas
ocasiones — pestilente.

Orejas enojadas de oír ruidos
ásperos y vociferaciones
superfluas.

Pecho desatendido que sirve
de almohada para alguna
cabeza en tregua.

Cabello de olas bajas que
esperan las caricias de
manos ajenas.

Brazos afectivos que ansían
atrapar a alguien en su
figura geométrica.

Manos frías que lloran por sus
poros, al necesitar de un tacto
tibio.

Muslos enjutos esperando ser
la banca hospitalaria para
nalgas cansadas.

Corporeidad entera que
contiene en sus paraderos, las
palpitaciones y los deseos más
efervescentes.

Soy un androceo sin gineceo,
pues, ya describí lo que
reclama cada parte de mi
cuerpo.

MANOS QUE BAILAN

Manos que bailan alocadamente,
mirada fija que la alienta.

No te rías, no lo digo a broma.

Manos de manía extraña, pues,
¿quién podría mover los dedos,
y hacer que rasquen una
superficie plana?.

No te rías, no lo digo a broma.

Tengo los dedos bailarines, de
esos raros que poseen los
pasos que deberían tener mis
pies.

No te rías, no lo digo a broma.

No hay horario alguno para que
estos dedos se desesperen, ya
que bailan en casi todo el día.

No te rías, no lo digo a broma.

Pobres dedos que bailan en
discotecas vacías y sin música
alguna.

No te rías, no lo digo a broma.

No bailan estos dedos delante
de gente extraña, a menos que
todo el mundo sea mi familia
de sangre.

No te rías, no lo digo a broma.

Incluso escribiendo estos
versos, mis dedos sueltan el
lápiz para bailar.

No te rías, no lo digo a broma.

No sé como deshacerme de
esta manía, desde pequeño lo
hago y ahora mi cuñado me
dice suricato.

No te rías, no lo digo a broma.

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