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Carta a Germán Carnero Roqué de César Toro Montalvo sobre su último libro «En el embriagado morir de cada instante»

Si hay una generación que marcó una bisagra entre la poesía clásica peruana y la más renovadora fue la de La generación del 60. Aquí se oyeron nuevas influencias, tanto de la escuela inglesa, como de la francesa: Germán Carnero es una voz de aquellos días, una voz que aún vive y, felizmente, publica. Así, el año 2021 (Bicentenario del Perú) sirvió para entregarnos su nuevo trabajo En el embriago morir de cada instante (invito a leer aquí la reseña que escribí) Ya el crítico Ricardo Gonzalez Vigil estableció lo siguiente: «Mejor que nunca, en posesión total de sus capacidad creadora, hondo, humanísimo hasta las últimas consecuencias, enamroado contumaz de la magia de existir, Germán Carnero Roqué (peruano nacido en Ciudad de México, 1941) nos entrega su poemario más admirable». Palabras tajantes de uno de los críticos más importantes de nuestros tiempos. Así, el autor de «Triste Veranillo» (1998) y de «Un solo canto el canto del camino» (1985) nos entrega, a sus 80 años, su nuevo trabajo. Ahora les dejo aquí el manuscrito del crítico César Toro Montalvo, cuya lucidez nos abre nuevas lecturas y horizontes estéticos.

Julio Barco, Director de Lenguaje Perú

CARTA A GERMÁN CARNERO ROQUÉ:

Humanísimo de templanza de inquietud incontenible  recibí con fervor los originales  de tu libro en El embriagado morir de cada instante.

Perdona, de ser posible, la demora de los días que pasaron, absorbido estoy por mis constantes tareas de intelectual; Perdona, por todo mi apreciado amigo Germán Carnero Roqué.

Tu poética aquí alcanza una espléndida maravilla. Admirable canto de la vida humana, donde la estética y la filosofía han enriquecido la madurez que ya estaba garantizada en tu poesía anterior. Aunque nada parte ni nada se ha ido, es allí donde alcanzas, cimas del corazón amado. El encariñamiento como lo dices, no de azar ni de despedida, sino que además es de permanencia evidente.

No hay despedida sin existencia ni piedra que no sueñe; si, Germán, no es la edad que se despide sino es también el esplendor de haber vivido, vivido para la poesía, y como tú lo resaltas con relevancia.

Veinticuatro estancias se instalan en tu libro desde sus moradas como veinticuatro horas de la vida eterna. Más aún, seis escalas interpretan la poética del hombre, la pandemia inevitable, el partir con naturalidad, convivir con la playa miraflorina, estar trascendente ante Lisboa, y haber amado a tu Adita Esther con la apasionada maravilla de amar.

¿Pero, qué es la vida para un poeta tremendo como tú? ¿Pero qué se hace con la vida que es entrada y salida? ¿Qué es, si es parte de la morada? Es, en todo caso, un regreso desde donde nos hemos iniciado;  no es la muerte,  sino la vida que se supera con constancia.

 Libro existencial como el tuyo, En el embriagado morir de cada instante, no es sino la plenitud de la madurez poética a la que has llegado a la cima de tus poderes de poeta. Acaso nunca has sido un poeta torrencial, acaso el tono del estilo que cultivas, es entrañable y conciso, plácido y privilegiado, bohemio y amante, paternal Incontenible, esquivo a la vanidad, más cerca de la vida crepuscular de lo que es un poeta.

Tu legado poético, amigo Germán Carnero Roqué, es de festejar, alejado de los círculos, más bien nos ha entregado la primavera de los colores del amor. Y quién no recuerda tu eterna calidez social,  siempre en condición de equilibrio, esplendor y madurez

“Llegamos como el agua y nos fuimos como el viento” es una bella estampa de Omar Khayaam que si cabe para un poeta como tú. Amar el agua, es amar la vida; amar el viento, es armar la morada desde donde estemos. Pero también me emociona que recuerdes a esos dos amigos inolvidables, Juan Gonzalo Rose y César Calvo, amigos de ruta de tu generación, sin restar la hermandad con Walter Curonisy.

No eres  el marinero de los viajes sin regreso, es más bien, el tiempo de las olas que regresan en tus versos. Eres el poeta de la humana condición que celebra el acontecimiento del tiempo humano social. Te recuerdo, que eres caminante, amante de la divina juventud, poeta de la entrada y salida, soñador silencioso de la poesía, existencial eterno, haces el trámite evocativo para llegar a Dios, nostálgico y sorprendido, cosmogónico en edad, habitante que te haces luminoso en la efectiva filosofía humana, siempre Terrenal y sensible. Estás, de ser posible, son las líneas de una carta breve que te tenía prometido.

Gracias Germán, porque la vida, la vida, la vida se hace con la vida. Si lo sabes. Tú vives entre nosotros.

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